Las fritelle

Una de las ventajas de ir en invierno a Venezia, es poder disfrutar de las fritelle. Durante el Carnaval, y las semanas previas, las veréis por toda la ciudad junto con otros dulces y bebidas típicos de estas fechas.

Mostrador con variedad de fritelle y otros dulces típicos

Se trata de una especie de buñuelos, una masa de huevo frita con variados rellenos de crema, chocolate, pasas o zabaione que, por un precio medio de 1,50€, podéis encontrar en cualquier pastelería o cafetería. Las hay de mejor y peor calidad como en todo, pero allá donde las comáis, no os dejarán indiferentes.

Hay momentos en la vida que no tienen precio, ya lo decía un conocido anuncio televisivo. Y uno de ellos es ese en el que llegamos a Venezia y, sin siquiera dejar las maletas, tomamos el primer cappuccino, de muchos que vendrán durante los próximos días, con la “fritella” de rigor. Ritual, tradición, llamadlo como queráis, pero produce en mí una especie de catarsis que marca el comienzo de unos días en los que me abandono a la glotonería con avidez, es uno de esos momentos imprescindibles e imperdonables.

Cappuccini e fritelle

Estos buñuelos, que se cocinan y se venden por las calles desde los tiempos de la Serenissima, se comen en todo el Véneto y también en la región de Friuli. La fritella típicamente veneciana no lleva relleno sino que contiene pasas o piñones, fruta confitada y azúcar glass. Pero en los escaparates veréis una gran variedad de ellas, para poneros difícil la elección. Mi favorita es la rellena de crema y la de mi marido la rellena de zabaione (una crema de huevo con vino, a medio camino entre las natillas españolas y una mousse). ¿No se os hace la boca agua? Pues si queréis probarlas, ya sabéis, el próximo viaje a Venezia, intentad que coincida, si no con el Carnaval, al menos con las semanas precedentes.

Rosa Salva en Campo San Giovanni e Paolo

Como os digo, las venden por toda la ciudad en pastelerías, panaderías y cafeterías, pero os recomiendo que no dejéis de probarlas en nuestros imprescindibles: Tonolo, en las proximidades de Campo Santa Margherita; Rosa Salva, en Campo San Giovanni e Paolo;, Le Cafè, en Campo Santo Stefano; Rizzardini, en San Polo y Ballarin, cerca de Rialto. Os aseguro que no os defraudarán y si, a la vuelta, las añoráis aquí os dejo la receta para que sorprendáis a vuestros amigos y familiares:

Ingredientes para 6 personas:
400 g de harina, 100 g de uva pasa (podéis sustituirlo por cualquier otro relleno, al gusto), 1 cuchara de azúcar, 2 huevos, 1 vaso de leche, 1 vasito de ron, 30 g de levadura de cerveza, sal, aceite de cacahuete para freír (o de girasol si no lo encontráis), azúcar en polvo.

La elaboración es sencilla: lavad las uvas pasas y dejad que se hidraten en agua tibia. Desmigajad la levadura en una taza y disolvedla con 3 cucharas de agua tibia. Tamizad la harina en una taza y mezclad todo con azúcar y una pizca de sal. Colocad la masa en una fuente y añadid los huevos, el ron y la levadura diluida. Mezclad todos los ingredientes y añadid leche tibia, lo necesario para obtener una masa densa, y después colad las uvas pasas y secadlas. Cubrid la fuente y poned la masa a fermentar en un lugar tibio, hasta que doble su volumen. Poned en el fuego una sartén con bastante aceite para que los buñuelos floten dentro; cuando esté muy caliente, echad la masa a cucharadas. Cuando estén dorados, sacadlos del fuego, escurridlos sobre papel absorbente y espolvoreadlos con azúcar glas.

Ya solo os queda disfrutar de este manjar con un buen vino dulce o un espumoso y me contáis que os han parecido.

Fritelle

La estatua ecuestre de Colleoni

En Campo San Giovanni e Paolo, en el sestiere de Castello, se encuentran varias de mis atracciones favoritas de Venecia: la imponente Iglesia homónima, impresionante panteón de dogos; la antigua Escuela Grande de San Marco que, hoy en día, es un Hospital; las lanchas ambulancia “aparcadas” en el canal que recorre la fachada lateral del Ospedale; una de nuestras cafeterías favoritas de la ciudad, Rosa Salva y, en el centro de esta bulliciosa plaza, dominándola a lomos de su caballo, la estatua ecuestre de Colleoni, de la que quiero hablaros hoy.

Campo San Giovanni e Paolo

Por alguna extraña razón, las estatuas que encontrareis en vuestros paseos por Venecia, en su mayoría dominando los campi, tienen un significado importante para nosotros, un punto romántico que se suma al sentimiento por la ciudad, y solemos detenernos a admirarlas siempre que nos cruzamos con ellas. Y la estatua ecuestre de Colleoni es una de nuestras preferidas.

Bartolomeo Colleoni fue un condottiero, un mercenario, que prestó servicios a la República de Venecia durante varios años durante el siglo XV. Su relación con la Serenísima, estuvo llena de altibajos por su ambición desmedida pero precisamente esa ambición y su gran capacidad bélica, le hicieron amasar una gran fortuna. Se ganó la fama de bárbaro porque utilizaba la artillería en sus incursiones guerreras, algo muy mal considerado en la época, por lo que los dirigentes venecianos sentían una especie de amor-odio por él, ya que por un lado le necesitaban pero, por otro, se avergonzaban de sus dudosas prácticas.

Su enorme ego le llevó a exigir a la ciudad que su estatua ecuestre se erigiera en la plaza de San Marcos, pero Venecia, para evitar el culto al condottiero, encontró la forma de complacerle sin traicionar sus deseos: el monumento, que costearon sus herederos, se colocó en esta plaza que entonces aún conservaba el topónimo de San Marcos, ya que en ella se encontraba la Scuola Grande de San Marco, de modo que evitaron colocarla en la mismísima Piazza sin desobedecer los deseos del líder mercenario.

El condottiero Colleoni

La estatua, obra de Andrea del Verrocchio, intenta emular a Donatello, que había realizado una estatua al también condottiero Gattamelata pero, a diferencia de aquella, Verrocchio consiguió un gran dinamismo en todo el conjunto, ladeando las cabezas de los protagonistas, dotando al jinete de una expresión furiosa que le proporciona gran vitalidad. El caballo guarda gran similitud con los caballos de bronce de la Basílica de San Marcos.

Bartolomeo Colleoni

Existe una curiosidad que leí en algún sitio y me gusta contar: el escudo de la familia Colleoni, está compuesto por tres testículos, pues el apellido deriva del latín “coleo” que significa testículo. Pero si queréis verlo, tendréis que salir de Venecia y dirigiros a Bérgamo, donde se encuentra el panteón familiar y, a cuya entrada, se halla una representación de este escudo.

La estatua domina con sus dimensiones el campo, que como todos en Venecia es de irregular planta, formando un conjunto precioso con las fachadas del Ospedale y de San Giovanni e Paolo. Me gusta observar el trajín de los venecianos y visitantes desde el puente que desemboca en la plaza desde la calle Larga Giacinto Gallina. En invierno hay pocos turistas y muchos venecianos que van y vienen en su quehacer diario. En verano, la plaza se llena de veladores y tiene un ambiente diferente, pero no por ello menos encanto.

Vista del Campo San Giovanni e Paolo desde el puente

Cuando estéis en la ciudad, no olvidéis visitarla a media mañana y tomar un rico capuchino en Rosa Salva mientras disfrutáis a través de sus cristaleras de la majestuosidad del condottiero. Seguro que conocer quién fue Colleoni, os ayudará a contemplarla con otros ojos, pues no en vano contribuyó en gran manera a la formación de la gran potencia veneciana que llegó a ser la Serenissima.

El Carnaval de Venecia

El Carnaval de Venezia, el carnaval más antiguo del mundo, data del siglo XI, cuando los nobles salían con máscaras a mezclarse entre el pueblo y su objetivo original era conceder a la población más pobre un momento de diversión, de ahí lo de usar máscaras que pudieran ocultar la identidad facilitando el acercamiento entre las diferentes clases sociales.

La Bauta, típica máscara veneciana

La fiesta fue evolucionando hasta que en 1296, Christopher Tolive, Secretario del Dux, declaró festivo el día precedente al inicio de la Cuaresma, promoviendo así una festividad que mezclaba lo religioso y lo pagano; lo social y lo político; la desaparición de las clases sociales y el control de las tensiones de la época. Se construían grandes palcos en la Plaza de San Marcos y había, para deleite de la población, varias atracciones circenses, animales danzantes y acróbatas. Se comían frutas secas, fritos y dulces de todo tipo, algunos de los cuales siguen formando parte del Carnaval actual.

En los tiempos de la Serenissima, hubo épocas en las que el carnaval duraba 6 meses, desde octubre hasta el comienzo de la Cuaresma. En su máximo esplendor, durante el siglo XVIII, comenzaba el 26 de diciembre, después del día de Navidad, y su duración se extendía también hasta el miércoles de ceniza. Con la decadencia de la República Veneciana, Napoleón invadió la ciudad y prohibió los festejos del carnaval en 1797 por temor a que se generasen conspiraciones en su contra y no fue hasta principios del siglo XX cuando lentamente comenzaron a recuperarse. De forma oficial, el Carnaval de Venecia se rescató en 1979 y hoy en día recibe miles de turistas que a lo largo de sus tres semanas de duración, se funden con la población vistiéndose con multitud de máscaras, capas y trajes lujosos que se venden desde los puestos callejeros a los locales más selectos. El martes de carnaval, se alcanza la mayor cifra de visitantes y la ciudad bulle como en sus mejores tiempos.

Trajes de época

Durante el primer fin de semana del Carnaval tiene lugar la Festa sull’acqua. Un evento con varios actos que deja la ciudad en tensa espera durante el resto de la semana, pero sin desprenderse del ambiente festivo. Ese sábado, en el Rio di Canareggio, un desfile de carrozas acuáticas llena de luz y sonido los canales y en la Plaza de San Marcos se celebra el Gran Brindis, donde venecianos y turistas dan la bienvenida al Carnaval abriendo los bailes en la Piazza al estilo del siglo XIX.

Fiesta sobre el agua

El domingo por la mañana, desde la Punta de la Dogana, un desfile de diversas embarcaciones engalanadas, recorre el Gran Canal en dirección al Sestiere de Cannaregio. Es el cortejo acuático de la Asociación de Remo de Venecia en el que los participantes compiten por ser la embarcación mejor decorada y cuya protagonista es la Pantegana, una rata gigante que los venecianos adoran y que protagoniza el Svolo della Pantegana, desde el Puente de Tres Arcos parodiando el emblemático Volo dell´Angelo.

Cortejo acuático

Para los venecianos, la rata es todo un símbolo porque es el último animal en rendirse y morir cuando el barco se hunde, una metáfora de la resistencia de la Serenissima a desaparecer aun cuando su decadencia era ya irrevocable. Al término de la cabalgata, se premia a la embarcación elegida y se abren en la Fondamenta de Canareggio varios puestos en los que se reparten gratuitamente comida y platos típicos.

La Pantegana camino de Canareggio

El siguiente fin de semana, el sábado anterior al Vuelo del Ángel, tiene lugar la Festa delle Marie, un acto que, salvando las distancias, sería el equivalente a la elección de las reinas de las fiestas de las diversas localidades españolas. La fiesta es un momento único para admirar los trajes tradicionales venecianos. El cortejo sale de San Pietro in Castello y recorre la Riva degli Schiavoni hasta llegar a la Plaza de San Marcos, donde tiene lugar la presentación de las “Marías”. La coronación de la “María” ganadora se celebrará el martes Grasso, al finalizar el cortejo acuático que va de San Giacomo dell’Orio hasta la plaza de San Marcos. En otro momento os contaré su accidentado origen y porqué es un acto muy querido por los venecianos.

Desfile de las Marías

El domingo, tiene lugar el acto oficial del inicio del carnaval, Il Volo dell’Angelo. Tradicionalmente se lanzaba una paloma metálica desde el Campanile a la Plaza de San Marcos y posteriormente un acróbata ha sido durante años el encargado de lanzarse en tirolina, tirando confeti y caramelos y haciendo las delicias de la multitud que abarrota la Plaza de San Marcos y la Piazzetta desde primeras horas de la mañana. Desde 2011, es la María ganadora del año anterior quien desciende a través de la tirolina desde el Campanile hasta el Palacio Ducal.

Il Volo dell´Angelo

El acto es precedido por el Cortejo del Dux, que recorre la Plaza hasta el palco preparado a los pies del Palacio.. Il Volo dell’Angelo o della Colombina, da inicio oficialmente al Carnaval y a partir de entonces, habrá por delante 10 días de actividades lúdicas, diversión, juegos, bailes, actividades y fiestas privadas en los que los locales se ponen sus mejores galas y los turistas invaden la ciudad ávidos de disfrutar del ambiente festivo.

El Cortejo del Dux

Nuestras visitas a Venecia han coincidido con el primer fin de semana en varias ocasiones. Entonces todavía no hay demasiados visitantes y es un espectáculo disfrutar de la Fiesta sobre el agua en la tarde-noche veneciana del sábado. El domingo, la cabalgata acuática por el Gran Canal es un acontecimiento multitudinario en el que las embarcaciones se engalanan y los disfraces de los remeros son de lo más variopinto. Esos días la ciudad se ha vestido ya para el Carnaval pero sin las grandes afluencias de la semana siguiente, y aún es posible disfrutar sin demasiada aglomeración de los actos festivos, se ven ya los primeros trajes de época, las máscaras inundan las calles y los escaparates de las pastelerías y cafeterías comienzan a vender las fritelle, unos deliciosos buñuelos con rellenos diversos típicos del carnaval.

Rio di Canareggio

En uno de nuestros viajes, llegamos en el segundo fin de semana. Aquella vez, nos acompañaron mis padres y disfrutamos de la fiesta de las Marías en Castello y del Vuelo del Ángel desde la terraza de la Basílica. Fue una experiencia fantástica e inolvidable. Venecia, aun abarrotada, estaba preciosa, con los venecianos y visitantes paseando y dejándose ver y fotografiar con sus trajes de época, devolviéndole a la ciudad el lujo y la elegancia de los tiempos de la Serenissima. Puede que no sea la mejor época para descubrir Venecia por primera vez porque la multitud podría enmascarar su belleza atemporal, pero no hay duda que la manera de vivirlo contribuye a esa atemporalidad y, personalmente, creo que es imprescindible que al menos la visitéis una vez durante esas semanas mágicas. Por algo es el carnaval más antiguo del mundo. ¿Lo conocéis?

Comienza el Carnaval

La Basílica de San Marcos

Hace unas semanas os hablaba, en una entrada, de mi preciosa Piazza y os contaba los sentimientos que me embargan cuando estoy en ella. Hoy quiero detenerme en la protagonista indiscutible de la Piazza di San Marco: la imponente Basílica homónima, principal templo católico de la ciudad y un portento de la arquitectura bizantina.

Fachada principal de la Basílica de San Marcos

Basílica, Catedral desde 1807 e Iglesia Patriarcal, todos esos rangos que ostenta actualmente, nos permiten hacernos a la idea de la gran importancia que a lo largo de los siglos ha tenido en la vida de la ciudad; no en vano, su construcción comenzó cuando el cuerpo de San Marcos fue traído desde Alejandría, curiosamente, el 27 de mayo de 828, para después depositarse bajo su altar mayor.

Cuenta la leyenda que,para sacar el cuerpo del Santo de Alejandría, unos comerciantes italianos loocultaron entre su carga de cerdo, de manera que los musulmanes no pudieran sercapaces de detenerles. Al llegar a Venezia lo entregaron al dux, que ordenóerigir una Iglesia para albergar sus restos. Esta historia, se describe en ladecoración de los arcos de la fachada de la Basílica, junto a otrosacontecimientos de la vida de San Marcos.

Detalle de la fachada principal

La actual basílica, de estilo bizantino, se inició hacia 1063 tras el incendio de la anterior y fueconsagrada tan solo diez años después. Desde entonces, ha sido un icono en laciudad y, durante los años de la Serenissima, una ley de la República imponíacomo tributo que los mercaderes que hicieran negocios que llegaran a buenpuerto, debían hacer algún regalo para embellecerla. Este hecho, ha dado comofruto un magnífico templo de estilos, materiales y objetos diversos,convirtiendo a la Basílica en un museo de arte bizantino en el que destacan susmosaicos construidos con millones de doradas teselas.

En la inmensa cantidadde datos que podéis encontrar en internet, guías turísticas y otros medios, osinformarán exhaustivamente de su valor arquitectónico y artístico tantoexterior como interior. No quiero extenderme ya que, si os interesa y queréisleer sobre ella (os lo aconsejo), podéis acceder fácilmente a montón deinformación. Por ello, os daré una pincelada sobre lo principal y algunasugerencia totalmente subjetiva, pues cada viajero y cada turista es diferentey busca cosas distintas cuando viaja.

A la Basílica se debeingresar por la puerta principal, desde la Piazza. El acceso es gratuito y, sinentrar en polémicas, deberéis guardar un poco las formas en cuanto a vuestravestimenta: ni pantalones excesivamente cortos ni hombros al descubierto. No oslo permitirán con mochilas ni bolsos grandes, así que os enviarán a la consignasituada junto a la Piazzeta de los Leones,en la calle Basso. Allí os darán una ficha con la que podréis entrar sin tenerque volver a guardar la fila. Debéis comprobar los horarios porque varían enfunción de la estación del año y también según sea domingo y/o festivo. Yademás algunos días al año está cerrada. Al pie os pongo un enlace donde podéiscomprobar los días de cierre y algún otro dato de interés.

Una vez en el interior, dejaros llevar y observar con detenimiento la belleza que encontraréis ante vuestros ojos. Comprobaréis que las constantes subidas de las mareas han hecho estragos en el pavimento de mármol, que se muestra ostensiblemente levantado a lo largo de toda la planta de la Basílica.

Mosaicos en el interior de la Basílica

Como os digo, el acceso es gratuito pero una vez dentro, sí que deberéis pagar para ver la Pala de Oro. Es un retablo medieval de perlas, piedras preciosas y esmaltes dorados que se encuentra tras el altar mayor. Actualmente el importe es de 2€.

También de pago son elTesoro y el Museo, en la zona superior, a la que se accede por una preciosaescalera de mármol. En el Tesoro veréis varias piezas de oro, plata y vidrio deorígenes diversos pero mayoritariamente originarias del saqueo deConstantinopla y la entrada cuesta 3€.  

Personalmente creo que,lo que más merece la pena, es el Museo, en el que se encuentran los cuatrocaballos de bronce originales y toda una colección de obras de arte. Loscaballos formaban parte de una cuadriga que decoró el Hipódromo deConstantinopla y llegaron a Venecia tras la Cuarta Cruzada. Napoleón, cuandoocupó la ciudad, se los llevó a París, pero tras su derrota, volvieron al lugarque ocupan ahora. Subir al Museo, cuyo precio es de 5€, os dará la oportunidadde disfrutar, de cerca, de los techos de la Basílica. Intentad estar arribaantes de las 11:30. A esa hora, y hasta las 12:30, excepto domingos y festivos,iluminan los techos. El espectáculo os dejará boquiabiertos. No os cuento máspara no estropearos la sorpresa, ya me diréis…

Desde la zona superior,se accede a la Logia dei Cavalli, laterraza abierta sobre la Plaza de San Marcos, en la que hay una réplica de loscaballos de bronce. Las vistas de la Piazza, desde arriba, son preciosas y osquedaréis encandilados viendo a la muchedumbre que inunda la Plaza bajovuestros pies. La de ratos que he pasado ahí, embelesada, apoyada sobre labalaustrada y admirando la Torre del Reloj, las columnatas de la Piazzetta y la fachada del PalacioDucal, dejando pasar los minutos, sin más…

La Piazza desde la Loggia dei Cavalli

El año que nuestro viajecoincidió con el Carnaval, tuvimos la grandísima suerte de coger sitio en laterraza, en el lado del Palacio Ducal, y ver desde ese punto privilegiado Il Volo del Angelo, el acto inauguraldel carnaval veneciano. Era una mañana espléndida, fría pero soleada, entramosa la Basílica una hora antes aproximadamente y nos quedamos a hacer tiempo enla terraza. La experiencia fue irrepetible, veíamos cómo la Plaza se iballenando de gente, mucha de ella con sus disfraces de época y la mayoría conmáscaras recién adquiridas en los puestos callejeros. Fuimos espectadores enprimera fila del inicio del Carnaval. Es sin duda uno de los grandes momentosvividos en Venezia.

A menudo, amigos yconocidos cuando preparan su viaje a Venecia, suelen preguntarme por los sitiosy monumentos que no deben perderse y en función del tiempo que durará suestancia en la ciudad, suelo recomendar o no lugares como el Palacio Ducal,subir al Campanile, entrar en la Accademia o escaparse a Burano.

Pero, por supuesto, laBasílica es imprescindible siempre y merece la pena dedicarle al menos una horaa su visita aunque vuestro viaje a la ciudad dure un par de días. En ella estáacumulada la historia y el esplendor de los mejores siglos de la Serenissima y no podéis marcharos deVenecia sin haberla visitado ni haber fotografiado la Piazza desde el balcón.¡Os prometo que no os decepcionará!  

La Basílica nocturna

Basilica di San Marco
San Marco, 328
30124 Venezia

En esta páginaencontraréis más información sobre la Basílica y también, horarios y días decierre: http://www.basilicasanmarco.it

Cómo llegar a Venecia

Venecia es una ciudad de clima mediterráneo, lo que significa que la mejor época para visitarla es en primavera y en otoño, las estaciones más suaves y en las que podréis observar el ritmo de la ciudad a pesar de la cantidad de turistas que la visitan.

En verano, la humedad y el calor pueden resultar asfixiantes, y os aconsejo que lo evitéis. Pero si no podéis hacerlo en otro momento, no os preocupéis. Venecia es preciosa es cualquier época. Para disfrutarla, salid de las rutas y de las zonas más turísticas donde la gente nos os obligue a seguir sus pasos, perderos por sus callejones y disfrutad del paseo. Eso os dará un poco de aire y además os ayudará a conocerla mejor.

Pero yo suelo ir en invierno. En mi ciudad, a finales de enero es festivo local y eso conlleva poder visitar cualquier sitio, también Venecia, en temporada baja; con el plus añadido de que al no ser festivo nacional los vuelos resultan muy económicos. Así que, salvo que caiga en Carnaval, que la ciudad cambia por completo, para mí el invierno es una ocasión inmejorable para visitarla y disfrutarla.

En invierno apenas hay turistas, así que es fácil recorrer sus estrechas calles en soledad, donde los pasos sobre las losas centenarias retumban de fachada a fachada. Hay menos horas de luz, hace frío, a menudo niebla y el fenómeno del acqua alta os puede sorprender, pero nada de ello importa porque, para compensarlo, la ciudad se muestra adormecida y podréis encontrar estampas ideales… ¿os imagináis algo más bello que Venecia nevada, por ejemplo?

Venecia es una ciudad muy turística, de hecho es una ciudad que vive del turismo. Algunas fuentes dicen que más de 40 millones de personas la visitan al año. Como consecuencia, es fácil llegar hasta ella pues está muy bien comunicada por tierra, mar y aire. Seguramente habréis oído que en Venecia “no hay coches”. Es así. Salvo en la isla de Lido, el transporte público en la ciudad se hace a través de los vaporetti, una especie de autobuses acuáticos que circulan por el Gran Canal, además de conectar el centro histórico con las islas de la laguna. Por ello, los autobuses os dejarán en Piazzale Roma y los vehículos particulares deberéis dejarlos en los aparcamientos habilitados junto a él. A partir de ahí, vuestras piernas serán el mejor medio de transporte y cuando estéis cansados, siempre podréis tomar un vaporetto y dejaros llevar. 

¿Cómo podéis llegar hasta el centro histórico de Venecia? Os lo cuento en las líneas siguientes

La terminal de autobuses de Piazzale Roma

EN AVION

En avión llegaréis hasta el aeropuerto de Marco Polo, o al cercano de Treviso. Para llegar a Venecia desde España podéis coger un vuelo desde casi cualquier aeropuerto español. Hay vuelos diarios desde Madrid y Barcelona y vuelos habituales desde otras muchas ciudades. Lo mismo desde el resto de Europa. Tan solo necesitaréis vuestro documento de identidad o el pasaporte. Por precaución, no está de más para los ciudadanos de la Unión Europea, llevarse también la tarjeta sanitaria europea. Las aerolíneas, incluidas las de bajo coste, vuelan a Marco Polo (en Tessera, un barrio de Venecia cercano a Mestre a tan solo 8 kilómetros) o al aeropuerto Antonio Canova (en Treviso, a 40 kilómetros).

Una vez en el aeropuerto, deberéis elegir la forma de llegar hasta el centro histórico de la ciudad. No olvidéis revisar horarios e importes del medio elegido, pues los precios varían bastante y los horarios dependen de las temporadas. En las páginas web de cada compañía podéis informaros en tiempo real e incluso comprar los billetes, a veces con algún descuento.

Desde el aeropuerto de Treviso

El aeropuerto de Antonio Canova en Treviso, conecta con la terminal de autobuses de Piazzale Roma a través de autobuses de varias compañías. En una hora más o menos estaréis en Venecia.

ATVO es la empresa más utilizada. El billete sencillo cuesta 12€ y el de ida y vuelta 22€. Se compran en el mismo aeropuerto antes de subir al autobús o en su página web. Le cuesta unos 70 minutos llegar a Piazzale Roma.

BARZI es otra de las compañías que conectan con Venecia. La única diferencia es que va por la autopista, por lo que el tiempo del trayecto es menor, unos 40 minutos. Por lo demás, horarios y precios son los mismos.

También podéis utilizar un transfer, que es una opción más cara pero también más cómoda y rápida. Sale rentable si sois varios viajeros. Un chófer os recogerá en el aeropuerto y después montaréis en un taxi acuático que os lleve hasta el alojamiento. En internet podéis contratarlo por adelantado y ver las diferentes opciones y precios.

Desde el aeropuerto de Marco Polo

Lo más habitual es llegar al aeropuerto de Marco Polo que, además, tiene más opciones de transporte hasta la ciudad. Conecta con la estación de trenes de Mestre y con la terminal de autobuses de Piazzale Roma. Además, mediante taxi acuático conecta con varios puntos de la ciudad, entre ellos la Plaza de San Marcos.

Si llegáis a Marco Polo, estas son vuestras opciones:

1.- Taxi acuático: algo caro salvo que seáis un grupo. En 2019, el coste es de 120€. Funciona como el servicio de taxi en cualquier otra ciudad, por lo que tiene las ventajas de tener un vehículo para vosotros solos, poder ir en la cubierta y charlar con el chófer. Además os llevará hasta donde queráis ir, por lo que no tendréis que cargar con el equipaje por el laberinto de calles veneciano.

2.- Alilaguna: los Alilaguna son unos autobuses acuáticos que tienen varias líneas que conectan el aeropuerto con las islas de la laguna y la propia Venecia. El billete de un solo viaje cuesta 15€ y si compráis ida y vuelta os costará 27€. Para tomar un Alilaguna, antes de salir de la terminal de llegadas, subid a la primera planta y seguid las indicaciones de color azul que os llevarán hasta el embarcadero de transporte acuático, donde hay un montón de taxis y embarcaciones privadas de alquiler y de los alojamientos de Venecia. Las líneas que conectan con el centro histórico son la azul y la naranja.

Alilaguna

La línea naranja entra por el canal de Canareggio y llega a Rialto unos 50 minutos después tras varias paradas. La línea azul, va por el Gran Canal desde la Fondamenta Nove hasta la Plaza de San Marcos en unos 40 minutos. En función de la ubicación de vuestro alojamiento, podéis tomar una línea u otra. No os preocupéis, está todo bien indicado allí y en cualquier caso siempre hay personal dispuesto a ayudaros.

En mi opinión no merece la pena, salvo que vayáis de pie en el exterior, pues os acomodarán en la cabina del barco, abajo, sin apenas ver lo que hay sobre vuestras cabezas y sin disfrutar del espectáculo como se merece. Pero reconozco que es cómodo y según dónde vayáis, rápido, además de daros la oportunidad de tener un primer contacto con la ciudad y las islas.

3.- Autobús: otra opción es tomar el autobús de ACTV, la compañía municipal que gestiona el transporte público en Venecia (autobuses y vaporetti). La línea 5, es un autobús de línea regular que va haciendo paradas. Deberéis llevar con vosotros el equipaje porque no dispone de maleteros, por lo que si éste es muy voluminoso o extenso pueden poneros problemas para subir, ya que existen limitaciones. Le cuesta unos 45 minutos llegar a Piazzale Roma. Los abonos de transporte público para Venecia incluyen este autobús, por lo que podéis comprarlo en el mismo aeropuerto y utilizarlo ya para subir a autobús, en función del abono o billete que penséis que conviene a vuestra estancia y de los que os hablaré en otro momento. Si por el contrario adquirís el billete individual, su precio es de 2,50€.

Desde Marco Polo también podéis tomar el autobús de ATVO, de color azul, que va directo a Venecia, sin hacer paradas y en el que el equipaje se deja en los maleteros. Tarda unos 20 minutos en llegar a Piazzale Roma. La frecuencia es cada media hora aproximadamente y cuesta 3€. Los abonos de transporte público no incluyen el autobús de esta compañía, ésta es la desventaja, así que tenedlo en cuenta y no os equivoquéis porque los inspectores, si os pillan sin el billete adecuado, no tienen piedad.

4.- Tren: desde el aeropuerto también podéis coger el autobús que os deja en la cercana estación de Mestre (línea 15, precio 1,50€) y una vez allí, tomar un tren a la estación de ferrocarril de Santa Lucía, en Venecia por unos 2,00€. El tren atraviesa el Puente de la Libertad y es una bonita forma de llegar a la ciudad. Al salir de la estación al Gran Canal, os encontréis de frente la preciosa cúpula revestida de cobre de la Iglesia di San Simeon Piccolo. Es una visión impactante y si a eso le sumáis que ya habréis dejado atrás todos los vehículos, os daréis de bruces con la Venecia acuática. Esta opción es la más económica, pero la verdad es que se pierde algo de tiempo entre llegar a la estación de Mestre, esperar el tren y luego llegar a Venecia.

Por el contrario, el tren es una fantástica opción si estáis alojados en Mestre o si llegáis a Venecia desde cualquier otra localidad italiana, porque Italia tiene una fabulosa red de ferrocarril con muchos trenes de alta velocidad que conectan las principales capitales. Además, hay trenes a diario desde ciudades cercanas como Padua, Verona o la citada Mestre.

Tráfico acuático

EN COCHE

Llegar a Venecia en coche, es la peor opción con diferencia, pero si es inevitable, sabed que deberéis dejarlo en cualquiera de los aparcamientos de Piazzale Roma o Tronchetto que son bastante caros. Si lo dejáis en Tronchetto el tren automático People Mover os dejará en 5 minutos en Piazzale Roma. Los precios de los estacionamientos oscilan entre los 20 y los 40 euros diarios y en temporada alta puede resultar difícil encontrar hueco. Claro que siempre podéis dejar el coche antes de cruzar el Puente de la Libertad donde hay aparcamientos más económicos y tomar allí el autobús o el tranvía hasta Piazzale Roma.

EN BARCO

Para mi pesar, hay montones de cruceros con principio o final en Venecia. Los enormes barcos de los cruceros son muy invasivos con el medio ambiente de la Laguna y espero que en algún momento los responsables prohíban esta incursión, por muy bonita que pueda resultar. El barco os dejará en la terminal de cruceros al final de las Zattere y desde allí podéis tomar un vaporetto hacia el centro histórico o caminar dando un paseo por la preciosa Fondamenta frente a la isla de la Giudecca.

Y ¿cuál de todas las opciones os conviene más? ¿Cuál es la mejor? Pues, como todo, es para gustos y momentos. Dependerá de cuántos seáis, de dónde os alojéis o incluso a qué hora lo hagáis y el tiempo que vayáis a pasar en la ciudad. Mi cuñado dice que a Venecia se debe entrar por agua y puede que no le falte razón, es romántico y acertado, y además os pondrá en contacto rápidamente con ella.

Yo he probado todas las opciones y sin duda me quedo con la terrestre. Pero es una opinión muy subjetiva y personal. Ya os comentaba que el tren es una buena manera de encontrarse de frente con el esplendor de Venecia pero, para mí, es muy emocionante atravesar el Puente de la Libertad en autobús, dejando lentamente atrás tierra firme, con la laguna a ambos lados del puente como un pequeño avance de lo que espera después de él… me gusta el hervidero de vehículos en Piazzale Roma (autobuses, coches, o hasta el reciente tranvía) y saber que durante varios días no volveré a ver vehículos. Y me encanta saborear el momento, bajar las escaleras hacia el Gran Canal, subirme en la línea 1 del vaporetto y comenzar el trayecto en dirección a mi alojamiento… es como entrar en otro mundo, siempre, una y otra vez, siempre, me impresiona. Me siento delante, en el exterior, y disfruto: de los palacios con sus fachadas suntuosas o semi abandonadas que llevan siglos allí dejándose caer hacia el agua; del curioso tráfico acuático en el que confluyen góndolas, taxis y todo tipo de barcas de diferentes tamaños; del olor, ese olor tan característico de Venecia a salitre y humedad. Disfruto de todo ello.

Acceso a los embarcaderos de vaporetti

Sinceramente creo que es la manera más bonita de entrar en la ciudad, porque ésta se os irá mostrando lentamente, y os irá calando piano piano, iréis cayendo en ese embrujo mágico y nostálgico que entra por los poros y se queda ahí para siempre.

En ese trayecto, me gusta observar a los pasajeros que me rodean y envidio sanamente a los que llegan a Venecia por primera vez, porque tienen la suerte de vivir la sorpresa del descubrimiento, de lo inesperado. Luego me arrebullo en mi asiento y me dejo embargar por esa melancólica felicidad que no se disipará hasta que me vaya. Porque, como no me canso de decir, en Venecia nada ha cambiado desde hace siglos y ahí reside su belleza. Y, tal y como el amor de mi vida me susurró al oído en una ocasión, en Venecia… me siento en casa. 

Transportes venecianos

Un poco de historia

Cuando comienzo a preparar cualquier viaje, lo primero que hago es leer algo sobre mi destino: historia, cultura, forma de vida, peculiaridades… todo ello sirve para ponerme en situación y para entender mejor muchas de las cosas que me encontraré allí. En el caso de Venezia, esto se hace más que necesario, porque nada de lo que hayáis visto antes se asemeja lo más mínimo a esta ciudad. Y no será porque no hay sitios a los que les añaden “La Venecia de…” Pero, cuando lleguéis por primera vez, os daréis cuenta de que nada es como lo que hasta entonces habéis conocido, ni siquiera como lo habéis imaginado mientras preparabais vuestro viaje.

Venecia es una ciudad del noreste italiano, capital de la provincia homónima y de la región del Véneto. En la última glaciación, la subida del nivel del agua, formó una laguna y, durante siglos, los vénetos que habitaban la zona del continente, la aprovecharon para refugiarse en sus islas cada vez que sufrían ataques de los pueblos germanos. Pasada la amenaza, regresaban a sus pueblos en tierra firme, dejando atrás las aguas pantanosas de la desembocadura del río Po. Pero en el siglo V, algunos de esos habitantes del Véneto, no regresaron a sus hogares, de manera que aquella incursión que debía ser provisional, fue evolucionando hasta convertirse en La Serenissima, la ciudad más poderosa y rica de la Edad Media.

Gracias al comercio de sedas y especias de Constantinopla y Alejandría, al de productos exóticos y especias de Oriente y al de esclavos, madera o hierro con el centro de Europa, Venecia se transformó en la mayor ciudad portuaria del mundo y en el centro del comercio mundial, alcanzando los casi 200.000 habitantes. Para que os hagáis una idea de lo que esa población suponía para la ciudad, a finales de enero de 2019, su población es de 52.981 habitantes.

El esplendor de la ciudad es todavía visible en muchos de los Palacios que se conservan y especialmente en las fachadas de éstos que dan al Gran Canal. Un paseo por éste al anochecer, cuando la ciudad se dispone a dormir, es una experiencia imprescindible en vuestra visita a Venecia. Para ello, subiros a un vaporetto de las líneas 1 o 2, salid al exterior, y dejad que el reflejo de la tenue luz en el agua, las fachadas centenarias y los silencios nocturnos de la ciudad os embrujen. Hacedlo y me contáis, seguro que que será una experiencia inolvidable. Pero volvamos a La Serenissima…

El Gran Canal de noche

Su privilegiadasituación geográfica no evitó que fuese conquistada por el Imperio Bizantino enel siglo VI momento en que pasó a estar bajo su protección y su dependenciaadministrativa. Sin embargo, llegó un momento en que las familias ricasvenecianas quisieron ser gobernadas por uno de ellos y de ese modo eligieron alprimer Dux (Dogo en veneciano), que poco a poco se fue independizando delImperio Bizantino y adquiriendo un poder casi absoluto.

Los habitantes de lasislas de la laguna se concentraron en torno a Rivo Alto (Rialto), siendo éstala primera denominación de la ciudad, y se instaló allí la residencia del Dux.En el siglo X, la ciudad adoptó su nombre actual, Venezia y el título de LaSerenissima y se construyó el Palacio del Dogo en su lugar actual,extendiéndose desde la zona de la Plaza de San Marcos hasta Rialto.

Se cuenta que en el año 829, el cuerpo de San Marcos fue robado en Alejandría por dos mercaderes que lo sacaron entre un cargamento de carne de cerdo, de manera que los guardias musulmanes, no estuvieran muy tentados de comprobarlo. Al llegar a Venecia, se convirtió en el patrón de la ciudad y el león alado en su símbolo, una imagen que veréis a menudo en Venecia. Se levantó la primera iglesia de San Marcos para albergar el cuerpo en el lugar que ahora ocupa la actual Basílica. La historia del robo y traslado del cuerpo del evangelista, se cuenta en los mosaicos de la fachada de la Basílica de San Marcos.

El Dux, era un cargo vitalicio, al principio hereditario pero que terminó siendo electivo. Inicialmente concentraba todo el poder, lo que provocó grandes luchas entre las familias aristocráticas hasta el punto  de que en una rebelión se incendió la ciudad destruyéndose el Palacio del Dux y la primitiva Iglesia de San Marcos. Aquello sirvió para que paulatinamente fuese disminuyendo la autoridad del Dux, de manera que se elaboró todo un entramado de instituciones y figuras estatales que convirtieron al gobierno de la República Veneciana en algo único en la época: para evitar que un solo hombre detentase todo el poder, se constituyó la Signoria en la que además del Dux, el máximo representante de la República y paradójicamente el menos poderoso, se incluían el Consejo Menor y la Quarantia. Otros órganos de la organización administrativa y judicial de gran importancia y poder, fueron el Gran Consejo, el Senado y el Consejo de los diez. En total, unas 200 familias gobernaban Venecia, casi nada, ¿eh?

Cuando Venecia conquistóConstantinopla en el siglo XIII, comenzó su esplendor marítimo, naval,comercial y económico. Había nacido La Serenissima que, durante varios siglos,fue la gran potencia del Adriático. Con el inicio de las expediciones a lasIndias desde Occidente y el avance de los turcos desde Oriente, comenzó ladecadencia veneciana, que se veía siempre en el centro de los enfrentamientosde las potencias europeas, ávidas de terminar con su poder comercial. Lallegada de Napoleón en 1797 terminó con el último Dogo, Ludovico Manin y enmayo se declaró el fin de la República que pasó a estar bajo dominaciónfrancesa y austríaca alternativamente hasta su anexión a Italia en 1861.

Su intensa y extensa historia,sus pobladores, los pueblos bajo cuya influencia o dominación Venecia sedesarrolló, favorecieron la creación de un patrimonio cultural y artísticoenorme, que aún hoy podemos disfrutar. Porque como os contaba en la primeraentrada de este blog, el paso de los siglos ha cambiado pocas cosas en Venezia,que ha sabido mantener intacto el sentimiento de poder, independencia yexclusividad que la hizo ser la mayor ciudad del mundo conocido.

Cuando hablamos hoy de Venecia, nos referimos a su centro histórico, Patrimonio de la Humanidad, un conjunto de 119 islas y 420 puentes que las unen, formando un archipiélago al norte del Adriático, unido a tierra firme por el Puente de la libertad. En ese conglomerado de islas, puentes y canales, se guardan grandes tesoros que en próximas entradas os ayudaré a descubrir: palacios, iglesias, pinturas, esculturas, museos y comercios…bienvenidos a La Serenissima.

El esplendor de Venezia

Librería Acqua Alta

En Calle Longa Santa Maria Formosa, a poca distancia de la Plaza de San Marcos, se encuentra la librería más bonita que he visto jamás. Una librería llena de encanto, con un espléndido olor a papel viejo y humedad, en la que resulta difícil moverse y más todavía encontrar, por uno mismo, algo concreto. La librería está en un retranqueo en forma de placita de esta estrecha calle, en el sestiere de Castello, entre los Campos Santa María Formosa y San Giovanni e Paolo y fue inaugurada en 2004 por Luigi Frizzo, que recibe sonriente a todos los que nos dejamos caer por allí.

La primera vez que entramos, fue por causalidad. Íbamos camino de Rosa Salva para tomar nuestro capuchino con brioche (una de nuestras visitas imprescindibles en cada viaje) antes de tomar el vaporetto para ir a comer a Burano (otra visita indispensable) y, como casi todo en Venezia, la librería nos encontró.

Cuando llega el acqua alta, el fenómeno veneciano por el que la ciudad se inunda, la librería también se llena de agua. De ahí su curioso nombre y el hecho de que todo el género esté elevado del suelo.

Los obras, mayoritariamente de segunda mano pero también alguna novedad, se amontonan aparentemente sin orden (¡pero lo hay!) sobre todo tipo de muebles y objetos. Bañeras, sillas, góndolas, carretillas, estantes en sospechoso equilibrio o cestos, son recipientes válidos en este pintoresco lugar para alojar libros, revistas, postales, mapas, láminas, folletos o carteles, pero también a personajes del carnaval veneciano y a varios gatos que descansan, sin inmutarse y acostumbrados a las visitas, sobre los propios libros.

Por supuesto, entre sus ejemplares, podréis adquirir todo tipo de guías de Venezia en casi cualquier idioma, así como libros de Corto Maltés, Donna León o Casanova. Y textos sobre cualquier tema que os apasione. Nada aquí es casual, aunque lo parece. Si buscáis algo determinado y no lo encontráis, preguntad, os atenderán encantados.

En el patio lateral, podéis sentaros a ojear cualquiera de los ejemplares o, simplemente, observar a la gente que pasa frente a vosotros y disfrutar del ambiente. Allí nadie os presionará para comprar ni os meterá prisa para que os marchéis. Y si queréis, también podéis sentaros en la curiosa salida de incendios (al canal directa, ¡claro está!), en uno de los sillones dispuestos frente al canal, a leer o ver pasar las embarcaciones.

En el patio trasero, una escalera construida con libros, os asoma a un pequeño canal (no en vano, os animan a subir a disfrutar de las “maravillosas vistas”). Los libros son los peldaños y un remo hace de barandilla para ayudaros a subir y bajar. Una pintoresca escalera que hace las delicias de todos los que se asoman a este pequeño espacio.

No dejéis de visitarla, es uno de mis lugares favoritos de Venezia y os aseguro que merece la pena.

Dirección: Calle Longa S.M. Formosa5176/b – 30122 Venecia

Horario de 9.00 a 20.00 horas, todos los días

Librería Acqua Alta

La Plaza de San Marcos

La Plaza de San Marcos en Venezia – Canaletto – 1730

En Venezia solamente hay una Plaza, la Piazza de San Marco. El resto de plazas son campos o campielli. En otra ocasión os hablaré del especial y original callejero veneciano. Pero hoy os quiero hablar de la Piazza. Mi Piazza. 

Recuerdo perfectamente la primera vez que entré en ella, era un 29 de mayo de 2000 y acababa de casarme con el amor de mi vida, mi indispensable compañero de viaje y paseos por Venezia, con el que tengo la suerte de compartir esta pasión irracional por la ciudad. 

Entramos desde el Bacino, atardecía, varias losetas del suelo aparecían ya inundadas por la marea y en ellas el sol poniente pintaba la plaza con los reflejos de los mosaicos de la fachada de la Basílica. Sonaban las orquestas de los cafés Florián y Quadri. Bailamos, tonteando…estábamos felices. Fue una experiencia única y me impactó sobremanera.

Sin embargo, personalmente creo que la mejor forma de entrar en la Piazza por primera vez es desde la Calle Larga XXII Marzo, sin prisa, atravesando los arcos sobre los que se encuentra el Museo Correr y que abrazan la Piazza por 3 de sus lados. Encontrarse al frente el Campanile y la imponente Basílica. Es así como se aprecia la majestuosidad de la Piazza, pero también la belleza de la Basílica. Podría describir esa imagen con los ojos cerrados. 

Cuando estoy en Venezia, el tiempo se detiene, es como entrar en otra dimensión. Pero la Piazza…me deja sin aire, apenas soy capaz de hablar mientras estoy en ella, especialmente de noche, cuando los turistas ya se han retirado a sus alojamientos y los comercios y bares han echado el cierre. Cuando toda la Serenísima es para nosotros dos. 

La Piazza mide 180 metros de largo y 70 metros de ancho. Su construcción se inició en el siglo IX y no fue hasta casi finales del siglo XII cuando adoptó su forma actual. Fue pavimentada en el siglo XIII con ladrillos y líneas que facilitaban la organización del mercado y las procesiones. En 1723 se reemplazaron por un diseño geométrico de piedra volcánica oscura y blanca y se aprovechó para elevarla un metro sobre el nivel del agua. Así es como os la encontraréis actualmente, 3 siglos después.

No olvidéis que es la zona más baja de la ciudad y la primera por tanto en sufrir los efectos del Acqua Alta, pero es sin duda la plaza más bella del mundo (no las he visto todas, claro, pero no me hace falta, lo sé con seguridad). Seguramente habréis leído u oído que Napoleón Bonaparte lo definió como “el salón más bello de Europa”. Hay quien dice que la frase no es de Napoleón, pero sea de quien sea, yo no puedo estar más de acuerdo. 

La preside la Basílica de San Marcos, una obra maestra de la arquitectura bizantina. A sus pies, el Campanile, exento, de 98 metros de altura y a su derecha, el majestuoso Palacio Ducal que se abre al mar. 

A su izquierda, tras la Piazzetta dei Leoncini, la Torre del Reloj (que tardamos 6 años y 3 visitas a la ciudad en poder disfrutar). A continuación, las Procuradurías Viejas (del siglo XII), el Ala Napoleónica donde se encuentra el Museo Correr y al sur las Procuradurías Nuevas, la Logetta (a los pies del Campanile) y la Biblioteca Marciana (frente al Palacio Ducal). 

La Piazza se prolonga hacia el Gran Canal en la Piazzetta, donde dos columnas de granito, la de San Teodoro (primer patrono de la ciudad) y la de San Marcos (con el célebre león alado), crean una imaginaria puerta al Adriático. 

Todo un Museo al aire libre que como tal debe ser tratado, por lo que en ella está prohibido comer, beber y tirar basura. También está prohibido sentarse en los escalones que rodean la Piazza porticada. 

Hay incluso varias cámaras web instaladas en distintos ángulos de la Piazza que la muestran en tiempo real y, como imaginaréis, a menudo me conecto para transportarme hasta allí, admirar su belleza y envidiar a los afortunados anónimos que en ese momento la pisan. 

Cada vez que regreso es lo primero y lo último que hago, como un ritual: la saludo cuando llego y me despido de ella cuando me marcho, hasta la próxima vez. No en vano decía Sansovino que Venetia proviene de Veni Etiam (vuelve otra vez y otra vez). 

En próximas entradas os hablaré de cada uno de estos edificios que se encuentran en la Piazza, pero hoy quería hablaros de ELLA. Se lo merece. ¿La conocéis? ¿Os parece tan bella como a mí?

Venezia con Z

Comienzo este blog para dar rienda suelta a mi gran pasión: Venezia. Venezia con “z”, porque así se escribe en italiano y porque su sonido en dialecto veneciano es pura poesía. Venezia, la ciudad más bella del mundo, una ciudad que me caló tan hondo, que a pesar de haberla visitado en varias ocasiones, todas he regresado de allí deseando volver.

Venezia es belleza, romanticismo, magia. Venezia mantiene en alerta todos los sentidos y te envuelve en su halo de misterio, te obliga a respirar hondo y a mirar con otros ojos. No importa las veces que el amanecer te sorprenda en Venezia, pues siempre habrá algo nuevo por descubrir.

La primera vez que la visites, pueden ocurrir dos cosas: o que su conformada decadencia te decepcione, dejándote indiferente; o que su belleza atemporal te atrape para siempre.

En el primer caso, no pensarás en volver como no desearías hacerlo a ningún otro sitio de los visitados en tu vida. “Bien –pensarás-, ya la he visto, ya he estado en Venezia”.

En el segundo de los casos, jamás podrás desprenderte de la melancolía que la sola mención de la ciudad provoque en ti, y desearás volver una y otra vez sin saber por qué. En ese caso, cada vez que vuelvas a visitar la ciudad más bella del mundo, siempre habrá algo nuevo por descubrir, siempre un canal al otro lado del sottoportego, una puerta con postigos centenarios, un sello labrado sobre un umbral escondido, una inscripción a los pies de un puente…nunca, por muchas veces que hayas estado allí, nunca podrás decir, que has visto Venezia.

Y, sorprendentemente, por mucho que descubras en cada nueva visita, siempre parecerá que nada ha cambiado desde la última vez.

Venezia

En la próxima entrada os hablaré de…mi Piazza