Tapear en Venecia. I bacari

Un bacaro es un bar de vinos característico de Venecia, una tasca o taberna en la que tomar un ombra (una copa de vino) en la barra acompañada de algo rápido como los cichetti, típicas tapas venecianas.

En los bacari, encontraréis una amplia oferta de vinos locales y regionales, que a menudo se degustan de pie, por lo que lo mejor de ellos es que puedes montarte una ruta de bacari y probar los vinos y cichetti de varios bares.

Como los primeros bacari se abrieron alrededor de Rialto, es en esta zona donde se concentra la mayor oferta de estas encantadoras tabernas, que abren a primera hora del día y cierran, si abren por la tarde, sobre las 9:00 de la noche. Pero en todos los sestieri hallaréis locales donde pasar un rato delicioso y divertido.

Algunos bacari tienen cocina y ofrecen menú del día, pero los más clásicos suelen tener tan solamente las tapas que os comento, los cichetti. Suelen ser pequeños fritos o montados de pan con todo tipo de embutidos, quesos, cremas variadas, encurtidos o cualquier otro ingrediente. Rienda suelta a la imaginación. Pero fundamental… los cichetti no se comparten!. Si no queréis que os miren mal, no pidáis que os los corten por la mitad ni un cuchillo para ello. Dicen que cada vez que alguien pide compartir un cichetti, un veneciano muere de pena en algún lugar…

Podéis haceros una idea de la cantidad de vinos que encontraréis en un bacaro, dando un repaso al mapa vitícola del Norte de Italia. En él hallaréis muchas Denominaciones de Origen y tanto Venecia como el resto del Véneto son uno de los mayores productores de esos vinos. No dejéis de probar el Soave blanco, el tinto Valpolicella, el Bardolino, el Recioto de Soave (ideal a los postres) y el Prosecco, un espumoso suave, que es uno de los principales componentes del spritz.

¿Y sabéis de donde proviene la palabra bacaro? Pues a pesar de que se suele decir que viene del dios del vino Baco, esto no es así. Lo cierto es que proviene de la forma veneciana de decir “far bàcara”, es decir, “ir de fiesta”.

Y la denominación de la copa de vino como “ombra” (sombra), tiene su origen en los vendedores de vino que se colocaban al pie del Campanile, en la Plaza de San Marcos, e iban rodeándolo buscando la sombra para mantener la mercancía a salvo del sol y que, de este modo, estuviese más fresquita. En algunos cuadros de Canaletto podéis ver esa disposición de los puestos al pie del Campanile… así que “le ombre” tienen varios siglos a sus espaldas. Y es que Venecia, los venecianos y el vino, están indisolublemente unidos. Y nosotros cuando estamos allí, nos dejamos llevar…

Si queréis haceros una buena ruta de bacari, tomad nota de mis preferidos que, os advierto, no tienen por qué ser los mejores. Como siempre, es una opinión subjetiva basada en mis vivencias. Mis zonas favoritas son los alrededores del Mercado de Rialto y las Fondamente de detrás del Ghetto.  En Santa Croce, seguro que hay locales que desconozco porque salvo que estéis alojados allí puede pillar más a desmano y no es un sestiere que solamos frecuentar, pero en el resto de sestieri tengo unos cuantos “fijos” que me gusta visitar en cada viaje.

En el SESTIERE DI SAN POLO, en la zona de Rialto, se encuentran varios de nuestros imprescindibles:

Al Mercá, en el Campo Bella Vienna. Es un pequeño bacaro en el que el vino se toma en la misma calle. La oferta de vinos es fabulosa y podéis tomar unos mini bocadillos, parecidos a las pulguitas españolas, de embutidos y quesos variados.

All´Arco, detrás de la Ruga Vecchia San Giovanni. Tiene unos crostini fabulosos, mi favorito es el de baccalá, pero todo está riquísimo y también tienen una cerveza artesana de producción local de muy buena calidad.

Bancogiro, en la misma plaza San Giacomo di Rialto, cuando bajáis del Puente de Rialto. Los calamares con polenta son increíbles pero tiene bastantes opciones y de más contundencia.

Diavolo, L´acquasanta, en Calle della Madonna. Son conocidas las polpette, albóndigas de arroz a las que añaden carne y verduras o atún, pero tiene muchas más tapas en la alta vitrina tras la que encontraréis a Silvano, “il Diavolo”. Dispone de comedor para comidas y cenas más al uso, con comida tradicional y sencilla de la que se puede pedir media ración. Es muy familiar y acogedor y los precios están en la media de Venecia.

Dai Zemei, en Calle L´ogio.Me gusta mucho este estrecho bacaro en el que codearse literalmente con los venecianos. EL mostrador está repleto de cichetti y pequeños bocadillos de todo tipo de los riquíso embutidos italianos. Lo regentan dos hermanos gemelos y las paredes están forradas con cientos de fotos de gemelos enviadas desde todas las partes del mundo.

Do Mori, en Calle Do Mori. Para ser sincera me gustaba mucho más hace unos años pero el sitio es muy chulo, con decenas de vasijas de cobre colgadas por el techo y la oferta de vinos y cichetti es muy amplia. Yo lo conocí por los libros de Donna Leon y me atrevería a decir que ha muerto de éxito. Este último viaje de enero, vimos un grupo guiado de turistas dentro y no me gustó, le ha quitado el “sabor” que tenía antes, de taberna para venecianos. Y, además, se ha encarecido. ¿Por qué lo pongo pues? Pues porque ha sido durante 20 años uno de nuestros TOP y al menos por los buenos tiempos merece estar en mi lista. Soy una romántica…

Antico Dolo, en Ruga Rialto. Otro de esos sitios a los que volver y volver. La selección de tapas no es excesiva pero la calidad es increíble. Debéis sentaros sí o sí porque no tiene más que una pequeña barra en la que caben dos o tres personas. Sin duda, debéis probar la trippa, un plato similar a los callos españoles que a mí no me gustan nada pero que a Antonio le encantan.

En el SESTIERE DI DORSODURO, hay zonas en las que el ambiente a la hora del vermut o del aperitivo de la tarde os volverá locos y os costará decidir dónde entrar. Me gustan estos, pero seguro que no conozco otros muchos… de momento:

Al Bottegon (o Cantine del Vino Gia Schiavi), en la Fondamenta Nani. Una locura la cantidad de vinos que tienen. También variedad de tapas para acompañarlos, no dudéis hacer una visita si pasáis por ahí.

Osteria Al Squero, también en Fondamenta Nani. Tiene montones de pequeños cichetti, con decenas de variedad de ingredientes, para hacer las delicias de turistas y lugareños. Solo hay unas pocas mesitas bajas, muy juntas, pero lo ideal, si el tiempo lo permite y no estáis muy cansados, es salir al exterior y, apoyados en el muro de la Fondamenta, tomarse allí el aperitivo con vistas al Squero di San Trovaso. Es de mis sitios favoritos.

Osteria Ai Pugni, al pie del puente dei Pugni en Fondamenta Gherardini. Hay pocas mesas pero una buena barra y amplia selección de vinos. La entrada suele estar muy concurrida de venecianos porque no es muy grande y los clientes salen a la calle copa de vino en mano. Los cichetti están ricos y los embutidos son deliciosos. De precio moderado y personal amabilísimo.   

En el SESTIERE DI SANTA CROCE, donde las masas de turistas no son tan abultadas, especialmente me gusta éste:

Bacareto da Lele, en Campo dei Tolentini, un pequeño y acogedor bacaro donde hacer una parada al salir de la visita a la preciosa Iglesia de San Nicolás. Panecillos y crostini de calidad y alguna tablita de embutidos. Vino de la casa, tinto y blanco, rico y económico.

En el SESTIERE DI CASTELLO, nos gusta mucho pararnos en las tabernas de Via Garibaldi donde resulta fácil entablar conversación y también en las situadas entre Campo Santa Maria Formosa y Campo San Giovanni e Paolo. Estas son algunas:

Osteria Salumeria, en Via Garibaldi. Comparados con otros locales, este no tiene cientos de vinos o tapas, pero lo que tiene es de calidad y el dueño es amabilísimo.

Bacaro Risorto en Campo San Provolo. Buenos bocadillos y tapas variadas de calidad. Hay otro en Cannaregio. A la hora del aperitivo, se llena de lugareños con ombra en una mano y cichetti en la otra. Si hace buen tiempo, los clientes salen al Campo con sus bebidas y tiene un ambiente muy majo.

Enoteca Mascareta, en Calle Lunga Santa Maria Formosa.Si paráis en esta enoteca, os encantará la decoración, los increíbles vinos que poblan los estantes y el ambiente al más puro estilo veneciano. Si os gusta el queso, tienen cosas muy interesantes.

En el SESTIERE DI CANNAREGIO, nos encanta pasar un rato por la tarde en la zona de Strada Nuova y las Fondamente de detrás del Ghetto. Allí paramos sí o sí en estos bacari:

Cà D’Oro alla Vedova, en una pequeña bocacalle sin salida de Strada Nuova, frente al Campo Santa Sofia. Sus exquisitas polpette son muy conocidas y solicitadas y el vino de la casa no está nada mal. Si queréis comer algo más contundente, tiene servicio de mesas y platos muy ricos.

Sbarlefo, en Salizzada del Pistor. Lo descubrimos porque está debajo de nuestro hotel y nos gustó el ambiente de venecianos con la copa de vino en la calle. Tiene cichetti que son “fritos”, lo más parecido que he visto en Venecia a los de aquí y, como son las tapas favoritas de Antonio, entramos para probar. Aquí descubrimos el Hugo, un spritz veneciano a base de sambuco y hierbabuena que está delicioso y el Select, el bitter veneciano para spritz del que luego nos trajimos unas cuantas botellas para nuestra vermutería.

Baccaro Risorto Venecia, en Campo drio la Chiesa. De los mismos propietarios que el de Castello, rico spritz y precios asequibles.

Al Mariner, en la Fondamenta dei Ormesini. Esta zona es nuestra favorita porque tiene un ambiente fantástico al pie del canal y las ofertas son amplias, un lugar ideal para descansar si estáis por la zona del Ghetto o la de los Mori. En Al Mariner, podéis tomar un spritz a media mañana o al caer la tarde y picar algún cichetti, pero también tienen comedor y un risotto de morirse. Para darse un goloso capricho.

Al Timon, también en la Fondamenta dei Ormesini. Ya os digo que esta zona nos gusta mucho, y en Al Timon encontraréis gente a cualquier hora del día. La vitrina de cichetti es apabullante y el spritz está bien de precio y riquísimo. Si sois muy carnívoros y la echáis de menos en Venecia, este es un buen sitio para daros un gustazo, pues los platos de carne aunque no son baratos, son muy completos y el producto es bueno. Me apasionan la tablas de embutidos, los embutidos italianos están muy ricos!!!

Paradiso Perduto en Fondamenta della Misericordia. Buenas tapas y también comida de menú o carta, con mucho interés en los productos de mercado y de cercanía y rotación periódica de la carta de vinos. El ambiente es fabuloso, con música en vivo y otras actividades. No deberías dejar de probar el “gran fritoin” un plato a base de pescado frito que sirven acompañado de polenta blanca. 

En el SESTIERE DI SAN MARCO, nos resulta más difícil detenernos a tomar algo porque es la zona más turística y por tanto puede subir más la cuenta sin más justificación que la cercanía a la Piazza San Marco. Aun así, tenemos algunos “fijos” y otros que hemos visitado en alguna ocasión y que nos gustan mucho:

Bar Ducale, en Calle delle Ostreghe. Al pie de un canal y un puesto de góndolas, nos gusta porque los vinos son buenos, aunque algo más caros de lo habitual por su cercanía a la Piazza. Y la verdad es que tenemos una historia personal con él que le hace más atractivo para nosotros. Es pequeño y sin mesas, lo que le permite legalmente no tener tampoco WC, pero qué le vamos a hacer… es como “nuestro”. Más que cichetti, lo que tienen son una gran variedad de bocadillos en todo tipo de pan, que los pasan por el grill. Es una buena opción para una comida rápida y barata o si estáis cansados, para llevar.

Bacarando in Corte dell´Orso, en Corte dell´Orso.Otro lugar donde probar las polpette (de carne o de atún) y tomarse un buen vino en un acogedor ambiente. En ocasiones hay música en directo para una velada completa. El personal tiene mala fama, pero para ser sincera, yo nunca he tenido esa sensación y mis experiencias siempre han sido buenas.    

Si os gusta alguno que yo no conozca, sed generosos y contádmelo! Venecia hay que descubrirla también en sus bares y tabernas, así que estoy siempre deseando localizar sitios nuevos. Cin cin!

El listòn veneciano

En Venecia el lugar predilecto de los venecianos para pasear era Campo Santo Stefano pero, como todos los campi, estaba cubierto de hierba y, a menudo, barro. Por ello, se encontraba atravesado por un listòn de piedra que indicaba la zona transitable de manera cómoda y sin ensuciarse zapatos o faldas.

Este fue el primer listòn de la ciudad aunque después existió en muchas otras plazas, y también en algunas calles, para señalar alguna zona en particular. En este grabado de Canalettto, se ve claramente el listòn de Campo Santo Stefano.

Pero sin duda el más famoso fue, y sigue siendo, el de la Plaza de San Marcos. Las damas venecianas consideraban de gran importancia pasear por el Listòn de la Plaza de San Marcos (llamado Lista di Piazza), porque era el modo de exhibirse y de ponerse al día de los acontecimientos y cotilleos de la ciudad. Y, aunque cualquier persona podía pasear por el listòn, lo cierto es que un espacio que se reservaba a los nobles que, como imaginaréis, aprovechaban la ocasión para pavonearse, flirtear y dejarse ver.

Por ello, con el tiempo, el listòn se ha quedado para referirse en Venecia al paseo que va, en Piazza San Marco, desde debajo del Reloj de San Marcos hasta las dos columnas de los santos patrones de la ciudad (San Marco y San Teodoro) situadas en la salida al mar de la Piazzetta.

¿Y qué es exactamente el listòn? Pues hace referencia a las largas placas de mármol que se utilizaron para pavimentar las plazas. De ellas deriva la expresión “far el listòn”, que significa dar un paseo, o pasear, por la plaza. Y en veneciano, andare al listòn, es el término que se utiliza todavía hoy para decir “dar un paseo”.

Podéis apreciar esta costumbre en el cuadro El Listòn, del pintor veneciano Giacomo Favretto, que plasmó la animada vida veneciana del XIX en muchas de sus obras gracias a su privilegiada memoria fotográfica. Me encantan sus pinturas porque son muy costumbristas y me transportan a la Venecia de antes, una Venecia sin tanto turista, más vital, más callejera.

Y en esta otra imagen, el estado actual en el suelo de la Plaza, tal y como podemos verlo todavía hoy. La fotografía es cortesía de Venice in Pattern, que amablemente me la ha prestado para poder documentaros este post con una estampa presente. Venice in Pattern es una fabulosa cuenta de Instagram gestionada por dos chicas venecianas en la que aportan su particular vista de Venecia, y de sus elementos, a través de los patrones que dibujan. Son unos patrones fantásticos que plasman, con muchísimo estilo y desde la perspectiva de Ilaria e Ilaria, la Venecia que adoramos. ¿No os parece precioso el patrón que han creado para referirse al listòn veneciano? Os animo a seguirlas porque son unas grandes artistas, seguro que os encanta su trabajo, este es el link a su cuenta de Instagram: https://instagram.com/veniceinpattern?igshid=1rqu8oa65ku3f

Y ahora que ya sabéis un poquito más de este universo que es Venecia, la próxima vez que piséis la Piazza, recordad que hubo una época en que eran los venecianos y venecianas quienes la abarrotaban con sus charlas mientras lucían sus mejores galas y mientras recorrían, ida y vuelta, el liston de la Plaza. ¡Ay!, si existiese una máquina del tiempo…

Pasear por algunas calles de Venecia

Como os comentaba en esta entrada, al contrario que en el resto de Italia, donde las calles son vie, en Venecia se llaman calli.

Hoy vengo a hablaros de algunas de esas calle, via, strada que me parecen fascinantes y a las que por una u otra razón debéis prestar atención cuando paséis por ellas.

A pesar del callejero laberíntico de la ciudad, razón de ser del centro histórico de Venecia, no creo que os resulte difícil encontrar la ubicación de las siguientes calles y seguro pasaréis por alguna de ellas más de una vez.

Calle Larga XII Marzo, está repleta de tiendas de firmas de lujo. Esta calle desemboca directamente en la Piazza San Marco y suele estar muy concurrida. No tanto las tiendas… pero me gusta mirar los preciosos y exclusivos escaparates de luces resplandecientes y objetos codiciados. Es el centro de la moda en la ciudad. Y al final de ella la recompensa es fabulosa: es mi punto predilecto para acceder a la Piazza.

Tomando como punto de partida la Piazza, no dejéis de pasear por las estrechas callejuelas de las Mercerie. Abarrotadas de pequeñas tiendas (“merce” significa “mercancías”) de artesanos del vidrio, el papel, el cuero, a pesar de que también hay tiendas de todo tipo, me gusta callejear por ellas y transportarme a otra época. Acceded a ellas pasando por debajo de la Torre del Reloj y disfrutad del paseo y de los escaparates.

Calle o calletta Varisco tiene el honor de ser la calle más estrecha de Venecia y, dicen, que también del mundo. Mide tan solo 53 centímetros y la luz apenas entra por ella ni, mucho menos, el sol. Situada en Cannaregio, puede resultar difícil encontrarla pues no aparece en todos los mapas. Tomad como referencia el Campo Widmann. Como muchas calles de la ciudad, termina en un canal. Se ensancha unos centímetros antes de llegar a él, justo bajo el sottoportego que la conecta con el canal. Podéis leer más sobre ella en esta entrada que le dediqué. Y si tenéis tiempo, siempre podéis “jugar” a buscar otras calles estrechas de la ciudad como Calle Stretta en San Polo, de 65 centímetros de ancho o Calesela dell’Occhio Grosso en Castello (58 centímetros). También en Santa Croce tienen su calle estrecha, San Zusto de tan solo 68 centímetros de ancho.

En Castello encontraréis Via Garibaldi. Nos encanta pasear por ella por las mañanas y disfrutar del ambiente de las tiendas, los puestos callejeros y las terrazas de los cafés y tabernas. Es un canal de los que fueron soterrados con la llegada de Napoleón y se ha convertido en la calle principal de esta parte del Sestiere di Castello, la que se abre a la laguna. A mitad de calle está la entrada a los Giardini Pubblici donde se celebra la Biennale y en la que os recibirá el impresionante monumento a Giuseppe Garibaldi.

Strada Nuova, en Cannaregio, es una calle llena de vida comercial por las mañanas y de gente paseando o sentada en una terraza por las tardes. Encontraréis ambiente a cualquier hora. Conecta Rialto con la Estación de trenes Santa Lucía pasando por el Ghetto y Lista di Spagna. Repleta de tiendas, cafés y restaurantes, un paseo por ella os descubrirá sitios espectaculares como el Ex-Cinema Teatro Venezia reconvertido en un bellísimo supermercado, la Iglesia de San Geremia, la farmacia Ponzi (la más antigua de Venecia), la Cà d´Oro o la Iglesia de los Santos Apóstoles.

Riva degli Schiavonni. Una riva es un tramo de canal que era utilizado como muelle y, en ésta concretamente, los dálmatas amarraban sus barcos en los tiempos de la Serenissima. Numerosos artistas la han inmortalizado en sus obras y desde el Campanile di San Giorgio Maggiore se tiene una panorámica preciosa de su extensión por la cuenca de San Marcos, desde el Palacio Ducal hasta un poco antes del Arsenale y viceversa: las vistas de San Giorgio desde la Riva, devuelven fotografías impresionantes. Riva degli Schiavonni es el mejor sitio en el que os puede pillar el atardecer en Venecia, no os lo perdáis.

Fondamenta delle Zattere. Las zattere son los muelles. Pasear por ellos desde la Aduana hasta San Basilio os permitirá disfrutar de la preciosa línea de los edificios de la Giudecca, al otro lado del Canale della Giudecca. Y desde la Punta della Dogana se tiene una maravillosa vista del Bacino, de San Marcos, el Palacio Ducal, la isla de San Giorgio y la Iglesia del Redentor.

Un último apunte: en San Polo existe una calle que se llama Calle dell´amor degli amici, todo un canto a la amistad. La calle es estrecha y muy cortita, no tiene nada, absolutamente nada de especial… salvo el nombre, que me encanta. Por eso la añado a este listado. Y de paso rememoro aquella visita en 2015 con nuestros amigos Belén y Fernando, con quienes tenemos una foto preciosa allí.

Estas son solamente algunas de las calles por las que me gusta pasear con calma, pero recordad que en esta ciudad, lo mejor que podéis hacer es deambular sin prisa y perderos. Así es como encontraréis vuestras propias calles preferidas. Buona passeggiata!

Le moèche. Cangrejos fritos

Durante estos meses primaverales, entre abril y mayo (y también en otoño, entre octubre y noviembre) los cangrejos pierden su cáscara para poder crecer. Y es precisamente en ese momento, que dura un día, a lo sumo dos, en el que resultan un manjar exquisito. Tiernos y blandos, en Venecia se les llama precisamente moèche o moleche, que en dialecto veneciano significa “suave”.

Le moeche son los cangrejos en su fase de muda, nada más perder el caparazón, ese período en que resultan muy tiernos y deliciosos. La fugacidad del tiempo en que permanecen sin cáscara, hace que sea laborioso elegirlos entre cientos para su captura, y por ende, los convierte en un producto muy apreciado, y no precisamente barato. Desde 35€ el kilo, que puede llegar a los 50€ o 70€.

Al igual que las alcachofas de Sant’ Erasmo, son un producto de temporada, y en estos días comer moéche se convierte en un acontecimiento muy esperado por los venecianos que los consumen fritos tras enharinarlos ligeramente, o tras haberlos dejado remojar en huevo batido un par de horas, hasta que éstos lo han absorbido por completo. Se suelen acompañar de polenta, otro plato típico veneciano a base de harina de maíz.

Y en algunos restaurantes de la ciudad, se ofrecen como una de sus especialidades, como en la Trattoria Da Romano o en la Osteria Al Gatto Nero, ambas en Burano.

Le moèche se pescan en la laguna véneta, especialmente en la zona de Burano, Giudecca y Chioggia utilizando le trezze, unas redes que se colocan en las aguas poco profundas de la laguna y se recogen en zig zag. Los pescadores que se dedican a la captura de la moèca, se llaman “moécanti” y cuando sacan las redes del agua, seleccionan los cangrejos que ya están listos y se devuelve el resto al agua. Los machos, sólo los cangrejos machos. Las hembras siguen un ciclo diferente.

Así que cuidado porque, si os ofrecen cangrejos fuera de temporada, ciertamente serán cangrejos… pero no moèche. La cosa cambia y el precio también. Que no os den gato por liebre.

Si tenéis la suerte de que caigan en vuestras manos y queréis prepararlas, comparto con vosotros la receta de la Academia Italiana de la Cocina, para 4 personas.

INGREDIENTES

400 g de moéche

2 huevos

Harina

Aceite

Sal

PREPARACIÓN

Sumergir los cangrejos vivos en un tazón donde se hayan batido los huevos. Dejar absorber y luego enharinar y freír en abundante aceite bien caliente. Colocar las moéche fritas sobre papel absorbente y espolvorear con sal. Servir caliente acompañado de polenta a la plancha y un fresquito vino blanco… buon appetito!

Calle o Calletta Varisco

Entre las muchas curiosidades que tiene Venecia, una de ellas es la calle Varisco.

Esta calle es la más estrecha de Venecia y probablemente también del mundo. Con tan solo 53 centímetros, la luz apenas penetra por ella y su estrechez no permite que entre el sol en ningún momento del día.

La encontraréis en el sestiere de Cannaregio, en las cercanías del Campo Widmann y de la divina e imperdible Santa Maria dei Miracoli.

La calle comienza con una columna dórica y adentrarse en ella puede resultar algo claustrofóbico. Debéis pararos a mitad de camino y levantar la vista hacia arriba: a mí, que me gusta tanto la luz y el sol, me provoca un poquito de melancolía esa perspectiva, en la que parece que vas a ser engullido por las paredes de los edificios que, sorprendentemente, tienen ventanas a esta calle.

Si avanzáis por el sottoportego, tras ensancharse un poquito, llegaréis a un canal, así que para salir, tendréis que volver sobre vuestros pasos. Por ello os aconsejo que si hay alguien “dentro” esperéis a que salga para pasar vosotros.

Y si os ha gustado esta curiosa calle y tenéis tiempo, siempre podéis “jugar” a buscar otras calli estrechas de la ciudad como Calle Stretta en San Polo o Calesela dell’Occhio Grosso en Castello.

Ciao!

Las sirenas existieron en Venecia

En el siglo XVIII, las sirenas, existieron en Venecia. Tranquilos, no me refiero a los seres mitológicos ni a los personajes de cuentos infantiles, sino al nombre que se le dio a las góndolas que se adaptaron para el baño en la laguna. 

Veréis, llegó un momento en que bañarse en las aguas venecianas, se puso de moda y se consideró que esos baños eran beneficiosos para la salud. Esto propició que surgiesen muchos hoteles y establecimientos que ofrecían entre sus ofertas esos baños. Así que Venecia, haciendo gala de su capacidad de adaptación y reinvención, y por qué no, también bastante snob, construyó góndolas específicamente preparadas para ello, a las que se le llamó sirenas. 

¿Y en qué consistían estas sirenas? Pues nada más y nada menos que en unas góndolas que en lugar de fondo, tenían una especie de jaula de hierro en la que el atrevido bañista se metía y se sumergía en el agua para disfrutar del baño. Los gondoleros remaban contracorriente y de ese modo el agua producía una especie de masaje en el cuerpo del bañista. Como la “jaula” estaba cubierta por la “felze” la antigua cubierta que llevaban todas las góndolas para salvaguardar la intimidad de sus ocupantes, el baño se realizaba en la más absoluta privacidad. 

A mí, pensar en ello me produce un poquito de congoja porque soy bastante claustrofóbica pero, a la población de entonces, le resultaba de lo más excitante y apasionante. 

Desconozco si esta actividad estaba al alcance de cualquiera pero supongo que sería un pasatiempo bastante exclusivo por su excepcionalidad. Lo cierto es que no debían resultar muy cómodas, al menos visto desde nuestra perspectiva actual pero, en aquella época, fue todo un éxito. 

Una extravagancia más de la ciudad de los canales, históricamente caracterizada por sus excesos ¿no creéis?

El día de San Marcos, el día del amor

Hoy 25 de abril es un día festivo y especial en Venecia. Se celebra la festividad de su patrón, San Marcos, que murió el 25 de abril del año 68. San Marco sustituyó a San Teodoro como patrón de Venecia cuando su cuerpo fue robado en Alejandría por unos mercaderes y transportado oculto bajo una carga de carne de cerdo. La Basílica de San Marcos se construyó para albergar su cuerpo y en las portadas, entre los mosaicos que decoran la fachada, se cuenta este episodio del robo y traslado del cuerpo del Santo.

También hoy, 25 de abril, se celebra como en el resto de Italia, el Día de la Liberación Italiana, que conmemora el fin del fascismo en el país en 1945 y el origen de la República Italiana como la nación que conocemos actualmente.

Pero, además, hoy en Venecia, es el día del amor, la festa del bòcolo. El día elegido por los venecianos para dar rendir homenaje a sus parejas, a las que se les regala un bòcolo, una rosa, en homenaje a Maria Patercipazio. Maria fue encontrada muerta en su cama un 25 de abril con el corazón roto y una rosa sobre su pecho: la rosa que el día de antes le había entregado un compañero de su amado Tancredi, caído en la guerra en España contra los árabes y a la que acudió para ganarse el favor del padre de Maria.

Cuenta la leyenda que Tancredi, cayó muerto a los pies de un rosal y pidió a su amigo Orlando que llevara una de aquellas rosas a Maria como símbolo de su amor eterno. Maria no pudo soportar el dolor y murió al día siguiente, convirtiendo el símbolo de la rosa en símbolo del amor y desde entonces los venecianos, cada 25 de abril, regalan a sus amadas un bòcolo (capullo de rosa en veneciano).

El día es muy celebrado en la ciudad con muchos actos populares en las calles y una regata, muy querida en la ciudad, que parte de Santa Elena y llega hasta la Punta della Dogana.

Aunque este año vaya a ser muy diferente, seguro que las venecianas esperan sus bòccoli con la misma ilusión, pues siempre es buen momento para el amor y en Venecia, ciudad romántica por excelencia, AMORE se escribe con mayúsculas.

Las calles de Venecia

En Italia, a las calles se les llama Via. Pero en Venecia y parte del Véneto, el topónimo es calle (calli en plural) y deriva del latín callis, que significa “sendero”.

Algunas de esas calli tienen nombres muy curiosos y antiguos. La mayoría hacen referencia a los oficios que se ejercían en tiempos de la Serenissima, como Calle Botteri, Calle Del Pestrin (lechero), Calle de los Herreros o Calle del Horno.

Otras, toman el nombre de las familias nobiliarias que tenían sus Palazzi en ellas como Calle Cavalli, Calle Da Ponte o Calle Dolfin. No en vano, muchas de esas calles eran de propiedad privada y eso permitió que adoptaran el nombre de los propietarios. Y otras calles llevan el nombre de acontecimientos o lugares cercanos: Calle della Virgen, Calle del Perdón o Calle de los Asesinos.

También hacen referencia a las comunidades de extranjeros presentes en Venecia, en las que se concentraban asociaciones de estas personas y donde solían tener sus negocios y almacenes. Ejemplo de ello son las calli de los Turchette (turcos), Ragusei (Raguse, la actual Dubrovnik), Schiavoni (dálmatas), Armeni (armenios) o Tedeschi (alemanes). Otras, nos indican la antigua localización de actividades especializadas como talleres de tejidos y pieles procedentes de Ormuz, Asia (Calle dei Ormesini), Calle delle Frezzerie (fundición de flechas) o Calle Spadaria (fabricación de espadas).

La numeración de las calles en Venecia es muy particular. Las casas tienen un número progresivo por cada barrio pero no siempre están ordenados o son correlativos, por lo que orientarse en Venecia resulta complicado. Son los números cívicos y comienzan por el 1 en cada sestiere. A veces son muros ciegos o ventanas sin más, lo que significa que en tiempos aquello fue una puerta y otras veces, para añadir números, se añaden letras. En esta página podéis buscar los números si necesitáis orientaros para llegar a una dirección concreta.

Los números cívicos, en Castello, llegan hasta el 6828, en Cannaregio hasta el 6419, San Polo hasta el 3144, Santa Croce hasta el 2359, San Marcos hasta el 5564 y Dorsoduro hasta el 3964 a los que hay que añadir los 971 números de la Giudecca. La numeración se realiza en números rojos sobre fondo blanco y las direcciones en unos rectángulos blancos con letras negras llamados nizioletti en veneciano, porque recuerdan a un pequeño lienzo, un niziole.

Las calles aledañas a San Marco y a Rialto están siempre abarrotadas y a veces puede pasar desapercibido su encanto pero, si os adentráis entre las calles más apartadas de los sestieri más turísticos, descubriréis rincones preciosos. Aun así algunas de esas calles tienen su magia y bien merece la pena recorrerlas a pesar del gentío. ¿Damos un paseo?

El café y los Cafés venecianos

Os he hablado ya en varias ocasiones de mi pasión por el café italiano. Y es que el café en Italia, en general y en Venecia en particular, juega en otra dimensión.

Me gusta el café. Me gusta para comenzar el día sea la hora que sea cuando abro los ojos, como estímulo despertador pues, no en vano, la palabra “café” procede de la palabra árabe “qahwah” que significa “estimulante”. Me gusta también como elemento socializador a media mañana, cuando alguien propone una pausa a la jornada laboral. Y sobre todo, me gusta después de comer, en ese momento que se comparte en la sobremesa. 

La primera vez que llegué a Venecia fue también la primera vez que visité el “Bel Paese”, y el café me pareció fabuloso. Esa sensación de estar tomando café de verdad sigo experimentándola cada vez que visito Italia; tanto, que cuando vuelvo de allí, tardo varios días en volver a tomar café en los bares, porque en España a veces no es fácil encontrar un buen café y sin embargo, en Italia, lo difícil es encontrarlo malo.

A nosotros nos gusta tomar café en los lugares que con el paso de los años y las visitas a Venecia, hemos ido descubriendo. Seguro que hay cientos de sitios más en los que el café merece la pena. Pero estos son nuestros favoritos y nuestros imprescindibles, aquellos a los que vamos “de propio”. Porque al fin y al cabo las vivencias también forman parte de los favoritismos, y mis viajes a la Serenissima están plagados de bellos y románticos momentos en torno, también, a un café. 

Tomad nota y si descubrís algún lugar que merezca la pena, no dudéis en contármelo.

Rosa Salva: hay sitios que solo con nombrarlos te alegran el día, y este es uno de ellos. Situado en Campo San Giovanni e Paolo, no hay viaje en el que paremos al menos una vez. Y por supuesto, todas las que pasamos por su puerta. Nos gusta el ambiente, el local, los brioches, el café, le fritelleimposible pasar de largo y, seguramente, imperdonable.

Café Florián: un clásico entre los clásicos. El café más antiguo de Italia, en plena Plaza de San Marcos. Su interior tiene ese aire antiquísimo y romántico, en el que puedes sentirte como un veneciano más de siglos atrás. Merece la pena hacer una parada y disfrutar de un rico espresso entre sus mesas y paredes acristaladas. En verano, una elegante orquesta ameniza la terraza. Se paga, evidentemente, pero tomarse un café o cualquier otra cosa en el “salón más bello de Europa”, es uno de esos caprichos que hay que darse una vez en la vida. 

Bar Ducale: sin mesas, sin lavabos, sin turistas… este pequeño bar nos encanta porque está en los bajos de uno de nuestros hoteles de cabecera, porque el café está rico, es barato (es más fácil de lo que podáis pensar encontrar café barato) y porque allí es fácil sentirse uno más. Podréis tomaros el café “al banco” porque no hay ni una mesa,  rodeados de los lugareños y de los gondoleros del canal aledaño que entran a calentarse mientras llega su siguiente cliente.

Ballarin: en Canareggio, entre el Puente de Rialto y Strada Nuova. Uno de esos sitios por el que seguramente pasaréis de camino o de vuelta a Rialto desde el Ghetto. Vitrinas atiborradas de dulces donde la elección es difícil… si no es Carnaval. Porque entonces no hay duda: fritelle y cappuccino.

Mercato: en la zona del Mercado de Rialto, otro local diminuto en el que tomarse el café “al banco” por 1€. No tiene nada de particular más allá de nuestras propias vivencias, y es que este es uno de esos sitios que hemos ido visitando un viaje tras otro hasta hacerlo casi nuestro. Por eso lo añado a esta lista tan subjetiva, no esperéis más del lugar.

Nico´s: la “gelateria” Nico aparece en todas las guías turísticas como destino indispensable a la hora de tomar un rico helado italiano. Y os aseguro que no defrauda. El helado es fabuloso y el café, de calidad, a media mañana, se comparte con los venecianos que hacen su pausa antes de volver al trabajo. Si el tiempo es bueno, tiene una increíble terraza flotante sobre el Canal de la Giudecca con unas vistas, a esta isla, de quitar el hipo.  

Martini: en Strada Nuova, junto a nuestro hotel favorito. Curiosamente mantiene un cartel de “puerta estropeada” desde hace más de dos años, desconozco el motivo. En cualquier otro sitio me molestaría, pero aquí… le busco el punto de vista positivo a todo, así que forma parte de su encanto. El café es delicioso y las “fritelle” de Carnaval son de lo mejorcito. Cuenta con una vitrina de pastelitos surtidos y preciosas cajas de bombones y galletitas venecianas de las que podría llevarme una de cada. Algunas veces me dejo llevar por la tentación y pico alguna cosilla… me vuelven loca las cajas-lata.

Le Café: en Campo Santo Stefano, frente al “cagalibros”, es otra de esas cafetería – pastelería con preciosa vajilla de porcelana, vitrina a rebosar de dulces y personal de sonrisa permanente. Si nos alojamos en San Marcos nos acercamos más de una vez. Si lo hacemos en Santi Apostoli u otro lugar, paramos cuando pasamos por la puerta en alguno de nuestros paseos. Aquí siempre encontraréis lugareños charlando o leyendo el periódico. Me encanta el ambiente de camaradería que hay.

Tonolo: otro de nuestros TOP. No importa que no se encuentre en nuestra ruta. Este es uno de esos sitios a los que ir de propio. De toda formas, seguramente pasaréis por él de camino o de vuelta a Santa Margherita. Deteneros. El café merece la pena, y la vitrina de pastelitos, brioches y exquisiteces varias, invita a organizar allí una bacanal.  

Pero si no os pilla de paso cualquiera de estos sitios, no os preocupéis. Como os digo, es muy fácil tomarse un café de calidad a cualquier hora del día en esta preciosa ciudad. Una recomendación: el cappuccino se toma solamente hasta medio día, así que a partir de entonces, probad el macchiato (nuestro cortado) o el espresso (café solo, muy corto). Y por supuesto, acompañadlo de todas esas delicatessen que encontraréis esparcidas por la ciudad. Pura gula…

Plazas venecianas: i campi

Una de las curiosidades de Venecia, es que sus plazas no se llaman plazas. En Venecia solamente hay una Plaza: piazza San Marcos. El resto son Campo, Campiello u otra denominación. En esta entrada os hablé de la curiosa urbanística veneciana, echadle un vistazo si queréis saber más sobre ella y sus Fondamenta, Riva, Lista, Sottoportego y demás. Hoy os hablo de los Campi, que es como se denominan las plazas venecianas.

Un Campo, es una zona abierta, rodeada de edificios, más o menos espaciosa y amplia, donde suelen confluir varias calles. Muchos de ellos se encuentran delante de la Iglesia de la que suelen tomar el nombre y, otros, de los palacios de familias nobiliarias importantes que se encuentran en el Campo, de personajes importantes e ilustres, o de las diversas actividades que se allí se realizaban históricamente.

Durante muchos siglos fueron utilizados como huertos y como cementerios hasta la llegada de Napoleón, que ordenó que los enterramientos se realizaran fuera de la ciudad. Entonces comenzaron a pavimentarse en diferentes materiales hasta llegar a los actuales masegni , elaborados con una roca volcánica llamada traquita de forma rectangular por encima, la parte que vemos, pero trapezoide por debajo para facilitar su ensamblaje en el difícil terreno veneciano. 

En el centro de los campi, un pozo permitía el aprovechamiento del agua de lluvia y los brocales de esos pozos, hoy en día condenados, continúan formando parte de su fisionomía. Hay preciosidades en todos los estilos. En los paseos por la ciudad suelen pasar desapercibidos ante tantas otras bellezas, pero si os fijáis un poquito, seguro que os sorprenden.

Los campi, se muestran durante el día llenos de vida y, al caer la noche, la habitualmente escasa luz contribuye a dar al paseo nocturno un ápice misterioso que me hipnotiza.

Si queréis saber qué plazas-campi no debéis perderos en vuestra visita, tomad buena nota de mis favoritos, os los ubico por sestieri para que os resulte más fácil organizar la visita:

En la orilla izquierda del Gran Canal:

  • Sestiere di San Marco

No dejéis de pasar por Campo Santo Stefano. En el centro de la plaza se encuentra la estatua de Tommaseo, famoso lingüista italiano autor del primer diccionario de la lengua italiana y a quien los venecianos llaman cariñosamente “el cagalibros” porque los libros dispuestos detrás de su chaqueta, parecen salir directamente de sus posaderas. En este Campo hay dos Iglesias que forman parte del Chorus Pass, la Iglesia de San Vidal y, sobre todo, la Iglesia de Santo Stefano con varios Tintoretto en su interior y un techo de madera precioso.

Campo San Luca. Puede que no tenga mucho de especial, pero a mí me gusta mucho el ambiente de esta pequeña placita. Recuerdo una maravillosa noche con mis padres el año que estuvimos con ellos en Carnaval, en la única cafetería que pudimos encontrar abierta a las 10 de la noche, ratos de esos que se quedan grabados sin saber porqué. Quizá por eso me resulta tan entrañable. Y el rincón en sí me parece una preciosidad.

En Campo San Bartolomeo, al pie de Rialto y lleno de actividad a cualquier hora del día, se encuentra la farmacia Morelli, a cuyo escaparate nos gusta asomarnos en un gesto un poquito masoquista para contemplar, con tristeza, cómo disminuye con cada uno de nuestros viajes el número de venecianos empadronados en Venecia. En una pantalla veréis, en tiempo real, cuánta gente vive realmente en la ciudad. También hay un cartel en el que revelan la cifra de venecianos desde el año 1500.

Sabéis ya que me apasiona Campo San Giovanni e Paolo pues os he hablado de él en varias ocasiones. Allí se encuentra la Iglesia más grande de Venecia, la Basílica San Giovanni e Paolo, en cuyo interior hallaréis obras del Veronés o de Bellini así como las tumbas de varios Dux de la Serenissima. También la imperdible cafetería Rosa Salva; el Ospedale Civile con su imponente fachada renacentista; y la estatua ecuestre del Condottiero Colleoni. ¿Necesitáis más excusas para acercaros hasta él?

En Castello, no dejéis de visitar a lo largo de la mañana, el bullicioso Campo Santa Maria Formosa. En el centro se colocan un par de puestos ambulantes de frutas y verduras y hay un ambiente fabuloso. Está rodeado de preciosos palacios con fachadas en todos los estilos y además, aquí se encuentra la Fundación Querini Stampalia, una belleza de la arquitectura construida plantándole cara al problema del acqua alta que inunda la ciudad y cuyo interior es un libro abierto sobre las costumbres y la vida veneciana en el Barroco.

Campo San Pietro di Castello puede pillaros un poquito a desmano, pero el paseo hasta él merecerá la pena. Su inmaculado campanario de piedra de Istria, resalta en la explanada a la que se abre su fachada Palladiana en una insólita zona verde, todo un respiro en la ciudad. La Catedral de San Pietro fue la primera de Venecia antes de que se trasladase a San Marcos, la sede del Patriarca, y todavía en ella podréis admirar la Cátedra de San Pedro. Pasear por los alrededores es una delicia pues en esta parte de la ciudad, la vida parece más lenta y hasta los sonidos suenan diferentes.

  • Sestiere di Canareggio 

En Campo dei Mori os encontraréis, ancladas a una de las fachadas del Campo, las estatuas de piedra de los tres hermanos Mastelli junto a la de su criado, Antonio Rioba. Os hablaré en otro momento de estos personajes y de las leyendas que circulan acerca de sus vidas y de sus muertes. Mientras tanto, no olvidéis frotar la nariz de hierro del señor Rioba, pues dicen que atrae la buena suerte…

No podéis marcharos de Venecia sin recorrer las silenciosas calles del Ghetto y pasear por su dos Campi más especiales: Campo del Ghetto Nuevo y Campo del Ghetto Vecchio. Aquí parecerá que habéis cambiado de ciudad, hay un bullicio contenido que nada tiene que ver con el resto de Campi y un ambiente de espiritualidad que se acentúa al detenerse junto al monumento al Holocausto. En el último viaje tuvimos ocasión de realizar la visita guiada a las Sinagogas, una experiencia totalmente recomendable.  

En la orilla derecha del Gran Canal:

  • Sestiere di Dorsoduro

Aquí se encuentra Campo Santa Margherita, mi Campo favorito sin ninguna duda, el Campo entre los Campi. En esta entrada os hablé de él y os describía cómo cambia su ambiente a lo largo del día. A mí me gusta a cualquier hora pero en las mañanas especialmente, cuando la vida veneciana bulle en los puestos ambulantes y las terrazas soleadas de los bares y cafés. 

  • Sestiere di Santa Croce

En el sestiere de Piazzale Roma, no os perdáis el pequeño Campo dei Tolentini cuya Iglesia, San Nicolás de Tolentino, tiene una entrada preciosa que debéis visitar: un pórtico exento de columnas corintias que la hacen única en Venecia. Y frente a ella, al pie del canal, Bacareto di Lele es una opción fantástica para tomar un ombra y unos cichetti. Junto a la Iglesia, en Campazzo dei Tolentini, os asombrará la maravillosa entrada del Instituto Universitario de Arquitectura, una obra de diseño moderna de Carlo Scarpa ingeniosamente integrada en el urbanismo milenario de la ciudad.

En Campo San Giacomo dall´Orio, la vida se vive en la calle. Los alrededores están plagados de restaurantes y bares cuyas terrazas animan el sestiere más modesto de Venecia. La Iglesia de San Giacomo tiene un precioso techo artesonado de madera con forma de barco invertido que bien merece una visita. Esta Iglesia también entra en el Chorus Pass, así que si lo adquirís, no dudéis en acercaros hasta ella.

  • Sestiere di San Polo

Campo San Polo es admirable e inmenso. Aquí durante el invierno se coloca una pista de patinaje y en Navidad, varias casetas de artesanía y alimentación que hacen las delicias de lugareños y turistas. Rodeado de preciosos palacios, podría pasarme horas sentada en un banco contemplando a los viandantes.

Campo San Giacometto, a pie del Puente de Rialto, por las mañanas se llena de turistas, venecianos camino del Mercado de Rialto, vendedores, compradores y bacari atestados. Este campo, da nombre a la vida matutina de Venecia y también a la vespertina. Rodeado de soportales, que a un lado resguardan a los vendedores de cristal de Murano y otros recuerdos mientras que, en el de enfrente, los bacari van recogiendo a los sedientos transeúntes; por las tardes, alrededor de estos bares, el jolgorio domina el ambiente. En los otros dos lados de este cuadrilátero, la Iglesia de San Giacomo de Rialto, de entrada gratuita y, frente a ella, el popular Jorobado de Rialto.

El abrumador Campo dei Frari, se encuentra casi ocupado por la magnífica Basílica que le da nombre y en su interior hallaréis un retablo de Bellini y la tumba del pintor Antonio Canova. En el exterior, el altísimo campanile es el segundo más alto de la ciudad. Enfrente de la Basílica, el Café dei Frari, es un precioso lugar durante el día para hacer una parada y tomar un café o unos vinos y, por la noche, se transforma en Il Mercante, nuestra coctelería favorita de la ciudad y una opción fantástica para terminar un gran día con un buen trago. 

Espero que os sirvan estas recomendaciones para comenzar a preparar vuestra visita, por supuesto hay muchos más campi que merecen la pena y seleccionar entre tanta belleza es complicado, pero seguro que una vez allí podréis hacer vuestra propia lista personalizada. Ciao!

La primera mujer Doctorada: Elena Cornaro.

En un día como el de hoy, plagado de reivindicaciones, el día de la mujer, me gustaría presentaros a Elena Lucrezia Cornaro Piscopia, que nació en Venecia en 1646, en el seno de la familia Loredan.

Los Loredan fueron muy influyentes en la época y construyeron varios Palacios en la ciudad y los alrededores. Cuando os hablé de Campo Santa Margherita, os mencioné el Palacio Corner Foscolo, una de las posesiones familiares donde Lucrezia vivió algún tiempo y cuya fachada me fascina. 

Elena tuvo que enfrentarse desde su nacimiento a los prejuicios de una sociedad masculina, clasista y patriarcal y es una mujer más, de tantas, a las que la Historia no les ha proporcionado el lugar que les corresponde. Tiene el honor y el mérito de ser la “prima donna laureata nel mondo” es decir, la primera mujer en conseguir un Doctorado en una Universidad.

Nació en el Palacio Loredan, situado junto al Puente de Rialto. Su padre, Giovanni Battista Cornaro-Piscopia, fue Procurador y Tesorero de la República Veneciana y su alta posición le permitió vivir en la mismísima Plaza de San Marcos. Su madre, Zanetta Boni, era una campesina pobre con quien Giovanni tuvo varios hijos. Sin embargo, en el momento del nacimiento de Elena, sus padres no estaban legalmente casados. Cuando finalmente Giovanni y Zanetta se casaron, su situación de hija ilegítima no cambió: la ley veneciana excluía de cualquier privilegio noble a los hijos nacidos fuera del matrimonio aunque su padre la reconociera.  

A pesar de ello, por ser hija de quién era, disfrutó de muchos privilegios y también tuvo muchos pretendientes, a los que rechazó pues desde bien temprano fue consciente de que su talento sería olvidado en cuanto tuviera edad de casarse. Por ello, con tan solo 14 años, decidió hacer en secreto votos de castidad para alejarse de los roles tradicionales de la mujer e incluso más adelante, sin llegar a convertirse en monja por la “negativa paterna”, tomó los hábitos benedictinos. 

La posición social de los Cornaro le proporcionó la posibilidad de estudiar y con 7 años ya hablaba a la perfección latín y griego. Ahí es nada. También aprendió hebreo, español, francés y árabe, lo que le valió el título de “Oraculum Septilingue”. Y dominó las materias de matemáticas, astronomía, gramática, música, teología y filosofía, llegando a ser una virtuosa compositora.

Con estos méritos, no tardó en correrse la voz de su talento y su fama se extendió rápidamente. Se convirtió en todo un acontecimiento, una mujer sabia, que lo manifestaba sin pudor ni oposición familiar, era algo curioso y exótico en la arcaica sociedad del XVII, así que le invitaban a reuniones y sociedades de eruditos para escucharle hablar. Fue admitida en la Universidad de Padua y sus admiradores, entre los que se encontraban algunos de sus propios compañeros teólogos, propusieron a la Universidad que se le otorgara el título de Doctora en Teología, pero el Obispo de la ciudad se negó… alegando que era mujer. 

Para “compensarle”, le ofrecieron la posibilidad de Doctorarse en Filosofía, Doctorado que consiguió con honores después de un curso brillante y un discurso magistral de una hora de duración en latín clásico. Su examen, que debía realizarse en la Universidad, levantó tanta expectación que fue necesario buscar un lugar con más aforo.

Y fue así como en una ceremonia en la Catedral de Padua, ante las autoridades universitarias, estudiantes, senadores venecianos y diversos invitados de otras universidades, el 25 de junio de 1678 dejó a todos boquiabiertos y pasó a su notable y merecidísimo lugar en la Historia. El Tribunal evaluador, que debía deliberar y votar en privado, no dudó en emitir su veredicto públicamente, tremendamente impactados por la inteligencia y la erudición de Elena. La escena de su Graduación, fue inmortalizada en la Ventana Cornaro, una vidriera ubicada en la Biblioteca del Vassar College, una prestigiosa Universidad privada creada inicialmente para poner en valor el talento femenino.

Elena dedicó los siguientes años de su vida al estudio, a la impartición de clases de matemáticas en la Universidad de Padua y a obras de caridad. Falleció en Padua en 1684 de tuberculosis y a su muerte se le hicieron servicios funerarios en varias ciudades. Pero no fue hasta 1895, que una abadesa benedictina, decidió ir más allá: abrió su tumba, colocó sus restos en un ataúd y la señaló con una placa conmemorativa. Tal y como era su deseo, está enterrada en el Monasterio de San Giustina de Padua. 

Poco queda de sus escritos y trabajos, pero sí hay documentos de su influencia en la época a pesar de que murió muy joven. Desgraciadamente, el camino que parecía abrirse con Elena para las mujeres, fue olvidado durante siglos: 300 años tardó la Universidad de Padua en otorgar un Doctorado a otra mujer. 

Actualmente, en Rialto, en el lugar donde nació junto al Ayuntamiento, una placa que suele pasar desapercibida conmemora sus logros. Grabada con la fecha de su Doctorado, reza literalmente “Elena Lucrezia Cornaro Piscopia, nacida en el lugar de la placa en 1646, “prima donna laureata nel mondo”. 

En este último viaje a Venecia, fui tras los pasos de Elena Lucrezia en busca de la placa, había leído sobre ella y quería localizar el lugar donde la primera mujer Doctorada tenía su homenaje en la ciudad. Me costó localizarla más de lo que habría querido y creo que se merece algo más que una losa por encima de las cabezas en un lateral del Palacio. Pero era mujer. Y me gustaría pensar que tras su reconocimiento por sus contemporáneos hay más que curiosidad por la existencia de un talento femenino. No en vano, su padre, que tanto le alentó en sus estudios, utilizó su poder y su influencia para impedir que otras mujeres después de Elena siguieran sus pasos, para evitar que eclipsaran a su hija.

Por eso hoy, que quería aportar mi granito de arena homenajeando a una gran mujer, no se me ocurrió nadie mejor que la Doctora Cornaro-Piscopia.  

Rosa Salva

En el Campo San Giovanni e Paolo, se encuentra una de nuestras cafeterías favoritas y una de las visitas indispensables en nuestros viajes a Venecia. 

Se trata de la pasticceria Rosa Salva, cuyo café es espléndido, servido en bonita porcelana pintada de azul y su vitrina de brioches, pastas y pequeños bocadillos no os dejará indiferentes. Los precios son más que asequibles: el café entre 1,10€ y 1,50€ según cómo lo pidáis y los brioches en torno a los 2,00€ e incluso menos. 

Solemos parar aquí en nuestro camino hacia Fondamenta Nuove, donde cogemos el vaporetto que nos llevará a Burano. Pero además, aunque no vayamos hacia la Fondamenta, siempre encontramos un momento para atravesar su encantadora puerta de madera y cristal y dar rienda suelta a nuestra gula con los manjares expuestos en las vitrinas. 

Si el Carnaval está cerca, tienen de las mejores fritelle de la ciudad, con rellenos diferentes a cuál más apetecible. A mí me encanta de crema, a Antonio de Savaione. En cualquier caso, debéis probarlas si estáis en Venecia en las fechas pre-carnavaleras y también durante la celebración del mágico Carnaval.

Dispone de un saloncito con pequeñas mesas de sobre de mármol y pie de hierro, que suelen estar ocupadas de ociosos a media mañana o durante el descanso de la tarde, cuando las tertulias con amigos toman el relevo a la jornada laboral. Pero el lugar se presta a tomar el café en la barra, “al banco”, en una rápida parada para continuar el paseo o la jornada porque así podéis observar el devenir de los parroquianos. 

Rosa Salva es toda una institución en la ciudad, presente en la restauración desde 1879, y un sitio que no debéis perderos en vuestra visita a Venecia. Después del café, en el Campo San Giovanni e Paolo (Zanipolo en dialecto veneciano), podéis pasar un rato disfrutando del ambiente y de sus tesoros, ya que el canal que lo bordea le confiere una serenidad que enlaza perfectamente con el resto del conjunto: la impresionante Basilica di San Giovanni e Paolo, la estatua ecuestre de Colleoni y la magnífica fachada del Ospedale Civile. 

Y si el tiempo lo permite, un ratito sentados en un banco del Campo, os hará sentiros parte de la vida diaria de la ciudad. Si nos encontramos por allí… nos tomamos un café?, para mí, expreso, “al banco” y sin azúcar.

El cementerio de San Michele

En Venecia, la vida sucede por, para y sobre el agua. Y también, cuando llega el momento, la muerte.

En la Serenissima, los muertos se enterraban en las Iglesias y en los Campi, pero llegó Napoleón a ocupar la ciudad, dijo que aquello no era muy salubre y mandó que estos entierros se realizaran fuera de Venecia.

Es por ello que el cementerio de Venecia, como no podía ser de otra manera, es una isla, más bien dos. Porque es la unión de las islas de San Michele y San Cristoforo della Pace, cuyo canal de separación fue rellenado para convertirlas en una única isla, la “isola dei morti”. Por eso el cementerio tiene dos Iglesias, la de San Michelle y la de San Cristoforo, la primera de mayores dimensiones que la segunda. Y además podréis visitar la capilla Emiliana, que tiene una preciosa y extraña cúpula.

No es el único cementerio de Venecia, pues en el Lido hay dos más, pero sí el que tiene más encanto, auspiciado por las ruinas del Monasterio de San Michele y los cientos de losas y lápidas por suelo y paredes de su claustro. También por la equilibrada muralla de ladrillo que la rodea, guardando de las miradas curiosas lo que esconde en su interior.

Allí se encuentran los restos de miles de venecianos anónimos pero, también, los de personajes ilustres que a lo largo de su vida sucumbieron al encantamiento de la ciudad como Christian Doppler, Ezra Pound o Ígor Stravinski.

Dividido por confesiones religiosas y otros gremios, de especial curiosidad es la zona dedicada a los gondoleros, ejemplo de la vida acuática que gobierna la ciudad. También la zona destinada a cementerio militar, que más bien parece un parque, al estilo de los cementerios americanos. Y algunas esculturas que cubren las tumbas son de una belleza inefable.

A mí me encanta la vista que de la isla se tiene desde Fondamenta Nuove, a pie del embarcadero, camino de las islas, la visión del ladrillo, la piedra blanca y las cúpulas de los cipreses en el agua de la laguna, en un día claro, de cielo despejado. Y si al fondo se ven los Dolomitas nevados… hay imágenes que se quedan en la retina para siempre y esta es una de ellas.

Il Ponte dei Pugni

El Puente de los Puños es un pequeño puente situado en el sestiere de Dorsoduro, a medio camino entre el Campo San Barnaba y el Campo Santa Margherita, que podría pasar desapercibido si no fuese por las huellas marcadas en el suelo, en color blanco.

Estas huellas, marcan el lugar en el que se situaban los luchadores de dos familias venecianas muy poderosas: los Nicolotti y los Castellani, que se citaban aquí para pelearse a puñetazos (pugni). Dado que por entonces los puentes no tenían barandilla, el perdedor caía al agua, así que gana la banda que más contendientes conseguía mantener sobre el puente.

La verdad es que estas peleas eran de gran violencia y evolucionaron de los puñetazos a las armas provocando incluso muertos. Por eso se prohibieron en el siglo XVIII y se colocaron barandas en todos los puentes.

Si recordáis, en esta entrada os hablé del único puente que queda en Venecia sin parapeto, el puente Chiodo. Personalmente este puente dei Pugni me gusta mucho por la historia que tiene detrás pero también por su ubicación entre esos dos Campi y por su fantástico entorno. Campo Santa Barnaba tiene una pequeña anécdota personal que repetimos siempre que pasamos por allí y Campo Santa Margherita es uno de mis preferidos, así que por su ubicación cercana a éste, hay un ambiente fantástico de estudiantes y lugareños en los alrededores.

Junto al puente suele haber una barca amarrada en la Fondamenta que vende verduras y frutas frescas, con lo que el rinconcito se convierte en una preciosidad.

Y a sus pies, se encuentra la Osteria Ai Pugni, cuyos vinos y cichetti me gustan mucho. Qué más se puede pedir!

El agua alta (l´acqua alta)

La primera vez que me topé con la Plaza de San Marcos, la escasa iluminación que suele tener por la noche, se veía amplificada por los reflejos del agua que bañaba algunas losetas del suelo. Aquello no era más que el leve resultado de la marea cumpliendo su función, de subida a aquella hora que dejaba su rastro en esta zona, la más baja de la ciudad y la que antes sufre el acqua alta. Entonces, solamente se trataba de unos pocos charcos aquí y allá que en mi opinión contribuían a mostrar la Plaza más bella aún de lo que ya de por sí es, ofreciéndose esplendorosa a los que por allí paseábamos. Y así era, por supuesto. Venecia está construida en el agua, desafiando a la naturaleza, y paga su precio dejándose bañar por ella cuando las mareas actúan según su ciclo natural.

Sorprendentemente, pues la posibilidad de toparte con ella al viajar en invierno es elevada, tardé 14 años y 9 visitas en vivir una auténtica acqua alta. Durante algunos años, solíamos llegar antes o después de ella y lo único que la presagiaba eran las pasarelas amontonadas en las calles, listas para ser usadas en caso de necesidad. Y, no puedo negarlo, deseaba verla, vivirla y sí, también disfrutarla.

Así que en enero de 2014, todo se conjuró para que yo tuviera mi oportunidad. Llegamos a las 12 de la noche, lloviendo a mares, a la estación de Santa Lucía vía Roma, porque nuestro vuelo, que debería habernos dejado en la ciudad muchas horas antes,  había sido cancelado a última hora. La verdad es que suelo mirar el nivel de la marea en esta página web, pero aquel viaje, imagino que a causa de la cancelación del vuelo y del stress que supuso buscar una alternativa, no lo hice, así que no la vi venir. Tampoco caí en la cuenta cuando durante aquella primera noche, el sonido de las sirenas anunciaba a la ciudad lo que venía. Me limité a escucharlas, agotada como estaba tras un larguísimo día, en mi ensoñación nocturna, sin darle más importancia que la que daría a la alarma disparada de algún edificio cercano o de algún coche en otra ciudad.

Aquella mañana, tras el desayuno, Antonio salió a fumar… pero volvió enseguida: no podía salir a la calle porque estaba inundada. Me sentí feliz, a pesar de que durante los siguientes 4 días no paró de llover y de que cada 12 horas, con la subida de la marea, la ciudad se inundaba y las sirenas avisaban con tiempo de ello. Recuerdo aquel viaje como uno de los mejores, a pesar de toda la incomodidad, la humedad, la lluvia, la dificultad para caminar dentro del agua con las botas puestas, los rodeos que debíamos dar para llegar a algunos sitios y la imposibilidad de llegar hasta otros. No puedo negar lo que disfruté, lo preciosa que me parecía la ciudad y cómo de afortunada me sentía por haberla visto así por fin.

Pero ahora, con el paso del tiempo, he aprendido que la belleza de Venecia es ella misma. Y me siento algo avergonzada. Porque todas esas crecidas que anegan la ciudad, le hacen muchísimo daño, contribuyendo a su deterioro. Ahora la conozco mejor y con ello, o por ello, lo que supone para su continuidad el éxodo de habitantes, la llegada de grandes embarcaciones o la propia agua alta. Porque el agua alta es un desastre para la ciudad, para los venecianos y para el mundo. No tiene nada de Instagrameable, a pesar de que hasta yo misma me dejé llevar por la curiosidad, la ignorancia y el deseo de experimentarlo todo, y “disfruté” de mi agua alta con la pasión con la que todo lo vivo allí.

El acqua alta se refiere a los picos de marea que ocurren periódicamente en la Laguna de Venecia, causando inundaciones, especialmente en Venecia y en la vecina y preciosa ciudad de Chioggia, pero también en el resto del litoral cercano. Este fenómeno es frecuente en otoño y primavera, cuando se combinan el viento Siroco que empuja el agua hacia la costa y la luna llena, provocando inundaciones en la ciudad en mayor o menor medida y en ocasiones, mareas excepcionales como las que han ocurrido estos meses atrás. Lo habréis visto en medios diversos: la ciudad de Venecia ha sufrido, en las últimas semanas, las peores inundaciones desde hace muchos años, de tal alcance que se llegó a declarar la situación de emergencia climática de la ciudad.

Las consecuencias de esas inundaciones han sido bastante dramáticas y las imágenes que he visto me daban ganas de llorar. La peor noche fue la del 12 de noviembre, con una marea de 187 cm (la segunda más alta de la Historia tras la del 4 de noviembre de 1966) y ráfagas de viento de 100 Km por hora que empujaban el mar hacia el interior. Los daños son cuantiosos a simple vista, pero a posteriori, cuando el mar vuelve a su lugar y las aguas desaparecen, queda lo peor, el salitre, que se cuela por todas partes, metiéndose tras los mosaicos de la Basílica de San Marcos, entre los mármoles del Palazzo Ducale, en los comercios históricos o con encanto como la Librería Acqua Alta, por las ranuras de los primi piani de los centenarios edificios…

Y yo me siento impotente e indignada… Porque esto no es solamente causa de la madre naturaleza, ni del cambio climático, que también, pues las inundaciones han existido desde la fundación de la ciudad, recordad que Venecia está “casada” con el mar… no, lo de los últimos años es además y principalmente consecuencia de la intervención humana, de políticos que no saben lo que tienen entre manos y han permitido que los grandes barcos de los cruceros lleguen hasta el corazón de la ciudad.

Existe un gran movimiento que cobra fuerza cada día, que pretende sacar a las grandes naves de la laguna. Esta semana he leído que por fin parece que se han tomado medidas en serio y se están buscando bases alternativas donde estos grandes barcos puedan dejar a los turistas. Ojalá no se quede en una intención más o en otro fracaso como el lamentable sistema MOSE.


Hace unos años, se excavaron algunos canales de la ciudad para aumentar su profundidad y facilitar el paso de los enormes barcos de los cruceros. Estos cruceros sueltan marabuntas de turistas que pasan unas pocas horas en la ciudad (me pregunto cuál es entonces el prometido beneficio que dejan), causan accidentes (dos muy aparatosos en 2019), pero sobre todo, provocan un daño irreparable en el ecosistema de la laguna con sus grandes hélices y las sustancias que sueltan al mar, y lo peor, han modificado el asentamiento de la ciudad contribuyendo de gran manera a las inundaciones actuales.

Es necesario actuar ya, cuidar y conservar el Patrimonio de la ciudad si queremos seguir disfrutando de ella y de sus construcciones centenarias. Cuando oigo aquello de “Venecia se hunde”, me da mucha rabia, pero algo se me rompe por dentro…porque tienen razón.  

La niebla en Venecia

Si viajáis a Venecia en invierno, una de las cosas que os encontrareis con mucha probabilidad es la niebla. En veneciano, a esa niebla que envuelve la ciudad se le llama “caigò“.

A mí no me gusta el invierno. Me gusta el calor, el sol y los días largos del verano. El invierno es gris, apenas hay luz, los días son cortos y yo siempre tengo frío. No me gusta nada…excepto en Venecia.

Allí el frío también es húmedo y también se mete en los huesos. Recuerdo un año que éramos incapaces de estar en la calle más de media hora porque hacía un frío terrible. Una ligera brisa traía agua que se nos congelaba en la cara. Nada me hacía entrar en calor.

Pero no me importa. Es Venecia y allí ninguna incomodidad me afecta. Y además, está la niebla…

Os he hablado ya de la luz de la ciudad. De cómo cambia conforme el día avanza. Pues bien, cuando el día sale con niebla, algo altamente probable en los fríos y húmedos días del invierno, la luz es especial. Los edificios, el agua, los puentes, todo tiene otro color, otro matiz, todo se ve con esa pátina húmeda que acaricia la ciudad y la cubre con su manto para hacerla aún más bella y misteriosa.

Aquí en Zaragoza también hay muchas jornadas de niebla en invierno por las características de la ciudad, pero es más densa, más baja, más cerrada. En Venecia, la niebla parece suspendida sobre la laguna, quizá porque las estrechas calles le impiden penetrar hasta los edificios. Si sales al Bacino de San Marcos e intentas vislumbrar San Giorgio Maggiore o La Salute o la Punta della Dogana, apenas ves más que un leve boceto de ellos. Y a mí me parece preciosa, sí, también así.

Y ahora, imaginadlo de noche…

Qué hacer en Venecia

Habitualmente entre mis amigos y conocidos, cuando alguien va a viajar a Venecia, me suelen preguntan por lugares que ver, por aquello que no deben perderse o por los mejores sitios donde comer. Y además últimamente, he recibido mensajes privados desde el blog, en el que también, seguidores, me han consultado algunas de sus dudas.

La verdad es que, esto de dar consejos, me pone algo nerviosa porque, claro, yo tengo mis favoritos, mis imprescindibles, y me resulta difícil hacer un resumen de ellos porque al ser un punto de vista totalmente subjetivo, puede resultar decepcionante para los demás. Pero reconozco que también me gusta comprobar que mis favoritos se convierten en favoritos de otros visitantes, y que la ciudad os acaba gustando tanto como a mí.

En cualquier caso, y con la esperanza de que os ayude en lo posible, he pensado en compartir con vosotros ese pequeño resumen que, insisto, es una opinión totalmente personal, por lo que seguro que ni es la mejor, ni estará todo lo que allí luego veáis, ni por supuesto lo más importante o imprescindible y además, como suele decirse: son todas las que están…pero no están todas las que son. Es una aproximación a la ciudad de forma genérica, que podéis aplicar vayáis los días que vayáis. Para itinerarios o paseos más concretos aquí o aquí tenéis algunas opciones para visitar la ciudad en un día y os seguiré dando ideas en adelante.

Bien, como ya sabréis, Venecia se divide en seis barrios llamados Sestiere (a un lado del Gran Canal, San Marco, Castello y Cannaregio y al otro lado, Santa Croce, San Polo y Dorsoduro) y además hay otras muchas islas cuya visita, si tenéis tiempo, merece la pena: San Giorgio Maggiore, Giudecca, Murano, Torcello y mi favorita, Burano

De entrada puede parecer difícil moverse porque la ciudad es un maravilloso laberinto de calles, canales y puentes, pero no debéis preocuparos por ello, pues es un lujo perderse por ellos y deambular sin prisa, disfrutando de todo aquello que vuestra vista pueda alcanzar. Aprovechadlo porque así es como Venecia se muestra de verdad!

Para llegar a la ciudad tenéis varias opciones. En esta entrada os hablé sobre ello y os conté también que a mí me gusta entrar desde Piazzale Roma y recorrer el Gran Canal en el vaporetto, dejándome envolver en ese halo de misterio y decadencia que transmite la ciudad desde el agua. Así que desde Piazzale Roma o desde la estación de Santa Lucia si llegáis en tren, podéis coger el vaporetto 1 (o la línea número 2, que hace menos paradas, aunque tendréis que averiguar si os deja cerca de vuestro alojamiento) y una vez en el bus acuático, solamente disfrutad.

El paseo en vaporetto hasta San Marcos es una de las mejores cosas que hacer en Venecia, si no la mejor. Tendréis que hacerlo sí o sí, y si no es en el momento de la llegada porque vuestro alojamiento o vuestro destino se encuentra antes, buscad el momento durante vuestra estancia. Y es imprescindible repetirlo de noche, al menos hasta el Ghetto o de vuelta de él. Recorrer el Gran Canal por la noche es una experiencia inolvidable. 

Lo ideal es coger sitio en el exterior, en la parte de delante. Tendréis que ser rápidos porque hay pocos sitios y están muy cotizados y, según la época, lidiar con la humedad, el frío, el calor o los mosquitos…pero merece la pena. Validad el billete SIEMPRE antes de entrar en el embarcadero o tendréis problemas si sube el controlador. No es suficiente con haberlo validado la primera vez que hacéis uso de él si es un bono de varios días, sino que debéis hacerlo cada vez que cojáis un vaporetto.

Y, ¿qué visitar? Sin duda que vuestro primer destino será la Plaza de San Marcos y seguramente pasaréis por ella en más de una ocasión. Intentad hacerlo a diferentes horas del día y sobre todo por la noche. Su ambiente cambia conforme avanza el día y no podéis perderos el “salón más bonito de Europa ” en palabras de Napoleón. Y en la Piazza, la Basílica de San Marcos, está en el Top Ten. Es una preciosidad bizantina que se convierte en el primer imprescindible. La mejor hora para visitarla es sobre las 11, intentad llegar sobre esa hora, veis la nave de abajo y después subís al museo (en el que se encuentran los caballos de bronce originales) y salís a la terraza sobre la Piazza di San Marco. En esta terraza exterior hay réplicas de los caballos traídos de Constantinopla y una vista preciosa de la Piazza y la Piazzetta desde arriba. A las 11:30 y hasta las 12:30, iluminan la Basílica (excepto los domingos). Por eso es importante que lleguéis antes. Os sorprenderá más si no la encontráis iluminada de entrada. Los techos y paredes están forrados de millones de teselas. No os cuento más…

Junto a la Basílica, encontraréis el Palacio Ducal, otra maravilla histórica que no os dejará indiferentes. La verdad es que dependiendo de los días que vayáis a pasar en la ciudad, puede que no no os merezca la pena entrar y “perder” varias horas en la visita. Es una decisión que tendréis que tomar personalmente, aunque os diré, para ayudaros a decidir, que el lienzo de Tintoretto y la visita de los itinerarios secretos, os compensará si entráis…podréis caminar por dentro del Puente de los Suspiros y admirar el lienzo más grande del mundo.

En la Piazza, está el Campanile de San Marcos. Os recomendaría que elijáis entre él y el de San Giorgio, en una pequeña isla enfrente de San Marcos. En mi opinión, las vistas son más bonitas desde San Giorgio y tiene la ventaja de que según la época en la que viajéis, está menos concurrido. Pero desde el Campanile di San Marco, tendréis unas maravillosas vistas de la Piazza y de los tejados de la ciudad. Si os decidís por San Giorgio Maggiore, cuando bajéis del vaporetto, entrad en la iglesia y dirigiros al fondo a la izquierda, hacia el ascensor. Podréis visitar la iglesia al bajar y así es más fácil evitarse esperas a pie del ascensor.

Si habéis ido a San Giorgio, de vuelta, cruzad a dar un paseo por los Zattere y haced una parada en la terraza flotante de Nico’s a tomar un café o un helado. Estaréis ya en el sestiere de Dorsoduro, que entre mis tips preferidos tiene unas vistas preciosas de la laguna desde la Aduana además de la Iglesia de “la Salute” cuya silueta al atardecer, dicho sea de paso, es preciosa desde la Piazzeta. La entrada es gratuita y se ve rápido, y aunque me parece más impresionante desde fuera, en el interior guarda obras de Tiziano y una planta octogonal que permite admirar la cúpula central… y me encanta el suelo!!

En Venecia hay montones de museos y si vais poquitos días, tendréis que seleccionar alguno porque es imposible verlos todos. Si os gusta la pintura, os recomiendo sí o sí visitar la Scuola Grande di San Rocco: una clase magistral de la pintura de Tintoretto. Yo no me lo perdería, por delante incluso de las Galerías de la Academia o el Palacio Ducal pues la visita es más corta y la elección merecerá la pena. No en vano, le llaman la Capilla Sixtina veneciana.

Castello, es un sestiere que nos encanta por varios motivos, y uno de ellos es que en la zona entre Via Garibaldi y la Isola di San Pietro, os parecerá estar en una Venecia diferente. Tenéis que llegar hasta el “ospedale” (el hospital que tiene una fachada preciosa) en Campo San Giovanni e Paolo“, y junto a él, la Basílica en la que se enterraron muchos dux, así como otros personajes: artistas, militares o políticos. San Giovanni e Paolo, sobria y enorme, contiene obras de Bellini, Lombardo o Veronés entre otros. En este Campo, se encuentra Rosa Salva una de nuestras cafeterías imprescindibles, en la que donde está muy rico, cómo no, el café y además tienen unos de los mejores brioches de la ciudad…probadlos!. De camino os encontraréis con Campo Santa Maria Formosa, una plaza con mucho ambiente por las mañanas cuya Iglesia homónima entra en el Chorus Pass y un poquito más adelante mi librería favorita “Acqua Alta”. Buscad fotos en google…y no querréis perdérosla. Llegar hasta aquí es nuestro recorrido habitual para ir a coger el barco que os llevará a las islas, en Fondamenta Nuove.

¿Y dónde podéis tapear, comer o cenar? Pues cómo supondréis, la oferta es tan amplia y variada que utilizando un poquito el sentido común y saliendo de las zonas turísticas, la experiencia puede ser de lo más gratificante.

Podéis comer en la zona de Rialto después de haber pasado un rato curioseando entre sus concurridos puestos: está bien Alla Madonna, en un callejón que da al Gran Canal. En toda esta zona de Rialto hay varios sitios cuya calidad precio es muy buena, por ejemplo A le Poste Vecie. También en Campo San Giovanni Crisostomo, al otro lado de Rialto, el Barababao tiene platos de pasta deliciosos. O en la Taberna de San Trovaso, junto al Squero (taller de góndolas), se come genial. Aquí os hablé de algunas opciones y tengo pendiente otro post sobre mis favoritos por sestieri.

Para cenar, nos gusta ir de ronda y tapear por las diversas opciones que encontraréis. Por ejemplo, en la zona de Rialto, aunque el tapeo veneciano no se parece en nada al español, nos encantan Do Mori, Antico Dolo, Al Diavolo y Ai Gemei. Una ruta tras los ricos cichetti venecianos y sus fabulosos vinos, es una manera fantástica de terminar el día. Y también nos gusta mucho la zona de Fondamenta della Misericordia, detrás del Ghetto (merece la pena que dediquéis un rato a pasear por él), con un ambiente fantástico y que solemos recorrer para terminar en Cà D’Oro Alla Vedova, junto a Strada Nuova.

Además, no dejéis de ir hasta Campo Santa Margherita, y comer pizza al taglio en “Al volo”, un pequeño local en este campo, en el barrio de Dorsoduro. Esta plaza es bonita de día pero también de noche y hay varios locales donde tomar una copa. Al Volo es un pequeño local, sin mesas, cuyo encanto radica, además de en sus riquísimas pizzas, en tomar la pizza en el bar exterior, en uno de los bancos del Campo. Si os encontráis con la Pizzeria Al Angelo cuando estéis paseando, también es una gran opción del mismo tipo, está cerca de San Stefano, al otro lado del Gran Canal. 

En Tonolo, nuestra pastelería favorita tenéis que tomar unos pastelitos con capuchino. Lo del café en Venecia e Italia en general, juega en otra liga, ya me lo contaréis. Por cierto que el capuchino solamente se toma por las mañanas. Por la tarde, café espresso o macchiato (cortado). 

La bebida que veréis en manos de muchísima gente se llama spritz y lleva a partes iguales soda, prosseco y un bitter, principalmente Aperol. Está muy rico y aunque últimamente se ha extendido a toda Italia y al resto de Europa, su origen es veneciano de cuando la ocupación austríaca. Os encontraréis con variedades de bitter para hacerlo, no solamente Aperol, e incluso diversos spritz como el refrescante Hugo.

El prosecco es el vino espumoso veneciano, más suave que el cava y muy rico pero además, el Véneto tiene vinos riquísimos, probad de ellos en los bacari, os resultará difícil elegir.

En este post os hablé de los platos típicos venecianos. Echadle un vistazo y haceros vuestra propia lista, las posibilidades son inmensas.

Algunas cosas que no me perdería y que no me canso de repetir: tomar muchos capucchini, muchos brioches y beber Prosecco. Comer pizza, cichetti, tramezzini y envoltini, pasta al nero di seppia, bacalà mantecato, sarde in saor, risotto y pescados de la laguna. Ver el amanecer y el atardecer, si es posible desde Burano, donde la luz es fabulosa. Y pasear…todo el rato, mirando al cielo y al suelo! 

Que disfrutéis de mi Venezia!

El Puente Chiodo

Una particularidad de Venecia, es la gran cantidad de puentes que unen entre sí las pequeñas islas que componen el Casco Histórico.

Entre todos esos puentes, uno de mis favoritos es el Ponte Chiodo, en la Fondamenta de San Felice. Es un puente pequeñito, escondido tras la abarrotada Strada Nuova en el sestiere de Cannaregio, sobre el Rio de San Felice. Conecta la Fondamenta del mismo nombre con una casa particular, por lo que es propiedad privada.

Su curiosidad radica en que es el único puente que queda en Venecia sin barandilla. Los puentes en Venecia son unos 445 y, originalmente, todos fueron construidos en piedra y sin las protecciones laterales llamadas spalletti, a excepción de aquellos por los que pasaban las procesiones ducales, que se protegían para seguridad del dux y su comitiva. Esto conllevaba un serio peligro, principalmente en las horas nocturnas, así que en el siglo XIX, por razones de seguridad, se decidió colocar parapetos o barandillas y, solamente dos, han sobrevivido sin ellos: el Ponte Chiodo en Cannaregio y el Ponte del Diavolo, en la isla de Torcello.

Su nombre, Chiodo, proviene de la noble familia veneciana que una vez fue dueña del puente, algo bastante común en la Serenissima y que obligaba a los transeúntes a pagar el pontazgo si querían atravesar el puente en cuestión.

Merece la pena localizarlo en un paseo de camino a la Fondamenta Misericordia, uno de nuestros lugares TOP para tomar un aperitivo a última hora de la tarde, cuando la tenue luz de algún farol lo ilumina y lo envuelve en un halo de misterio.

Y si no estáis muy cansados, en las cercanías, encontraréis la Scuola Grande della Misericordia, una de las obras maestras de Sansovino y la imprescindible Cà D´Oro alla Vedova, cuyas polpetti son una delicia que no debéis dejar de probar.

¿Conocéis este curioso puente? Contadme!

Qué comer en Venecia. Platos típicos

En esta entrada, os contaba cómo distinguir los distintos establecimientos y dónde comer en Venecia. Hoy os cuento qué comer, los platos típicos y las costumbres venecianas a la hora de sentarse a la mesa.

Venecia tiene opciones gastronómicas para todos los gustos y bolsillos. Puesto que estamos en Italia, la pasta y la pizza ocupan un lugar privilegiado en las mesas de los venecianos. Pero en esta entrada quiero contaros, además de cuáles son los platos típicos de la laguna en los que los pescados y mariscos tienen gran protagonismo, aquellas otras sorpresas que la cocina veneciana esconde y que debéis conocer para saber apreciar y disfrutar ya que, como en todos los lugares con una gran historia y una profunda tradición, existen platos y recetas que llevan siglos cocinándose en los hogares, restaurantes y tabernas.

Siempre me sorprende cuando leo algún libro ambientado en Venecia siglos atrás y me encuentro con que algunos de esos platos ya se cocinaban entonces y que han llegado hasta nuestros días gracias a su buen hacer y a esa pasión por la comida que, afortunadamente, tienen los venecianos. Por algo será, no creéis?

La cocina veneciana está basada en los productos del mar porque, la laguna, ofrece una amplia variedad de pescados y mariscos de calidad como las moeche o las schie pero, también, en los productos de la cercana huerta, de la que se obtienen verduras y hortalizas exquisitas (ummmm… esas flores de calabacín rebozadas… o las fabulosas alcachofas de Sant’Erasmo). Y por supuesto, la pasta, el arroz convertido en risotto y la pizza, son un pilar fundamental de su gastronomía que no puede faltar en ninguna mesa.

Un menú veneciano se compone de un entrante llamado antipasto, un plato de pasta, sopa o arroz como primo piatto y otro de carne o pescado como secondo piatto con su contorno (guarnición). Por supuesto, debemos terminar con un buen dolce de postre y un café que se acompaña a menudo con un vasito de grappa (un aguardiente).

El antipasto puede ser un solo plato, para abrir la comida o, también, un surtido de ellos, servido en una bandeja en la que hay varias tapas. Pero además, la mayoría de los productos que os encontraréis como antipasto, los hallaréis también en formato cichetti en las tabernas y bacari, a la hora del ombra.

Para comer, a mí me gusta pedir los antipasti como entrantes y después pedir un plato de una buena pasta. Raramente pido segundo plato, más teniendo en cuenta que suelo llegar a la comida tras algún “vermut” a la italiana. Eso sí, me gusta que mi antipasto lleve baccalà mantecato y algún marisco o molusco.

Entre los antipasti típicos venecianos, están:

  • Sepias en su tinta, o chipirones, en ambos casos, una delicia.
  • Baccalà mantecato (bacalao desecado, mantecado en leche y mantequilla, una verdadera delicatessen)
  • Polenta con le schie (son unas gambas grises, típicas de la laguna veneciana, riquísimas)
  • Moeche fritte: unos cangrejos deliciosos, de temporada. En primavera y otoño, se fríen enteros para que queden crujientes. Es un producto caro pero exquisito.
  • Sarde in saor: unas sardinas marinadas en vinagre. Saor se refiere a la cocción lenta de las cebollas, que se mezclan con pasas y piñones y se vuelcan sobre las sardinas.
  • Fritto mixto: como su nombre indica es una fritura mixta que puede llevar camarones, calamares, anchoas y trozos diversos de pescado. Imperdible.

En muchos cafés, durante todo el día pero especialmente en las mañanas, veréis unos sandwiches de pan blanco, tipo de molde, con rellenos múltiples. Se llaman tramezzini y os pueden sacar de muchos apuros si se os ha hecho tarde para comer. En las vitrinas los encontraréis junto a muchos otros tipos de panini con rellenos variados a cual más apetecible.

Como os dije antes, la pasta, el arroz, las verduras y, las sopas en invierno, forman parte de los primeros platos de los menús. Entre ellos, la variedad es enorme. La pasta en general, con pescados y/o mariscos principalmente, ocupa un lugar privilegiado y, como curiosidad, os diré que no se suele comer pan con la pasta, salvo que queráis rebañar al final la rica salsa que quede en el plato.

Especialmente típicos en Venecia son los spaguetti alle vongole o al nero di sepia, ambos platos muy solicitados. Los primeros, llevan almejas; los segundos, calamar, salsa de tomate y la tinta del animal. No dejéis de probarlos! Me estoy relamiendo solamente de pensar en los spaguetti al nero di sepia de la Taverna San Trovaso, mis favoritos!.

Otro plato de pasta muy típico son los bigoli en salsa: unos spaguetti típicos de Venecia, gruesos y rugosos, que se toman con cebollas, anchoas e hinojo o con una salsa a la que se añade carne de pato.

Un plato muy venerado en invierno es la pasta e fagioli, un plato de pasta al que se le añaden alubias. Y los gnocchi, unas bolitas de patata que suelen acompañarse de pesto pero que admiten también otras muchas salsas.

Respecto a las verduras, las deliciosas castraure, las alcachofas moradas de San´t Erasmo, son muy veneradas. Sus primeros brotes son tan tiernos que ni siquiera hace falta pelarlas. También veréis en muchos sitios el radicchio, una especie de coliflor de color morado con el que se hacen deliciosos risotti.

Un plato curioso es el Risi e Bisi.Los venecianos le tienen mucho cariño porqueera la comida típica de los Dux durante la celebración del patrón de Venecia, el 25 de abril. Se trata de un plato de guisantes, verduras y arroz, una mezcla entre una sopa y un risotto, que se come en verano e invierno por igual.

Y las sopas, de cebolla, de verduras con alubias, o de pescado. Casi tanta variedad como cocineros cocinándola.

Comed pizza, a la hora que queráis, pero comedla. No tienen nada que ver con las españolas y no podéis marcharos de Venecia sin probarla ya sea “al taglio”, ya sea en una pizzeria.

Y por supuesto, no os olvidéis de los risotti, en todas sus elaboraciones posibles, pero especialmente con los productos del mar y la laguna. Un imprescindible en mis visitas es el risotto de la Trattoria Il Gatto Nero, elaborado con caldo de pescados de la laguna.

Como segundos platos, además de los platos de pescado y marisco que os mencionaba en los antipasti y que pueden serviros como segundo plato, se elaboran platos de carne de cerdo, ternera y pollo con mayor o menor dedicación.

Especialmente rico es un plato llamado sorpressa con polenta que se elabora con guanciale, una panceta con mucho tocino a la que se le añade la polenta como contorno. Lo del contorno tiene su aquél, pues en Italia no existen las ensaladas que se ponen en el centro para compartir, por lo que la ensalada suele añadirse al plato como acompañamiento, aunque éste puede también consistir en patatas u otras verduras y hortalizas.

Y veréis en muchos menús turísticos un plato llamado fegato alla veneziana. Se trata de hígado salteado, que se sirve sobre una capa de cebollas y que se suele acompañar de polenta, una masa de harina de maíz que se pasa a la plancha habitualmente.

También es típica la trippa, el mondongo o callos al estilo veneciano. Es conocida la Trippa rissa de la Osteria Antico Dolo, en Rialto.

Y, por supuesto, todos los platos de pescados y mariscos que el Adriático proporciona tienen un protagonismo especial en las mesas: doradas, cigalas, Cappe Sante (vieiras con mantequilla al horno)…

Toda comida que se precie debe terminarse con un buen postre, y los venecianos no andan escasos en propuestas. Raramente se come fruta en el postre y desde luego no veréis a nadie tomando yogur. Seguro que conocéis el tiramisu, pero además, ya sea como postre o como capricho en cualquier momento del día, debéis probar los bussolai, los buranesi, el pan del dux con pasas y azúcar, los zaeti empapados en grappa, los biscotti con zabaione y por supuesto! los fantásticos helados italianos en toda su variedad de sabores.

Mención aparte merecen los vinos vénetos…así que mejor lo dejo para otra entrada, pues os aseguro que dan bastante de sí y que lo tendréis difícil para elegir. Y también estoy preparando un post con mis lugares favoritos para comer o tapear. Ya os adelanté algunos al hablaros de los diferentes tipos de establecimientos, pero en breve, os hago una lista por sestiere para que podáis disfrutar de ellos sin dar saltos de un barrio a otro.

El Palacio Contarini del Bovolo

La primera vez que me topé con esta obra maestra de finales del siglo XV fue en mi primer viaje a Venecia… y me lo quedé para siempre.

Como con casi todas las sorpresas de Venecia, surgió ante nosotros en un inocente paseo por las calles adyacentes a San Marcos, entre la Piazza y Rialto, cerca de Campo Manin. La verdad es que bien habríamos podido pasarlo de largo si no llega a ser porque coincidió que varios turistas entraban y salían de un estrecho callejón que, a priori, no tenía nada de especial y claro, aquello nos llamó la atención. Actualmente, un letrero a la entrada del callejón, señala la presencia de esta joya, pero entonces no lo había, así que adentrarnos en la estrecha callejuela nos llevó a un pequeño Campo en el que la impresionante torre del Palacio se nos mostró con toda su majestuosidad. 

Y es que el Palazzo Contarini del Bovolo, sorprende en sí por su belleza y por la serenidad de su torre en forma de escalera de caracol; pero, además, contribuyendo a esa sensación de opresión en el estómago que produce la vista de muchos espacios venecianos, que se halle en un campo tan pequeño convirtiéndolo en casi su único huésped, provoca en el visitante un impacto difícil de olvidar.

Y es que en realidad, estamos contemplando la parte de atrás de este Palazzo. Su fachada principal, se vuelca sobre el Gran Canal, ocultando el bello secreto que se esconde en la parte trasera, algo inusual en Venecia, donde los propietarios dedicaban sus esfuerzos, y sus fortunas, a la decoración de la fachada del Canal. En este caso, la entrada destinada en tiempos de la Serenissima al servicio y a la descarga de mercancías, no tiene nada que envidiar a la del Canalazzo.

Para encontrar el Palacio, tendréis que estar muy atentos a las indicaciones y a vuestra guía o plano. Por su escondida situación, es fácil pasarlo de largo. Pero una vez lleguéis hasta él os aseguro que os fascinará. 

El palacio está construido en estilo gótico y renacentista y la torre trasera, en piedra y ladrillo, está conectada al Palacio por varias logias. Alcanza los 28 metros de alto y consta de cinco plantas más un mirador desde el que se tiene una fabulosa panorámica de la ciudad y de las cercanas cúpulas de San Marcos y del Palacio Ducal. 

La entrada en el Palacio es posible hoy en día pagando 7€. No lo era cuando lo vi por primera vez ni tampoco cuando he llegado hasta él en viajes posteriores, pues ha estado en reconstrucción durante varios años pero, en el último viaje, tenía claro que era un asunto pendiente que debía saldar y así lo hice. En la siguiente foto podéis ver el estado original del Palacio, con las logias todavía cubiertas y el mirador, hoy abierto, con persianas.

La entrada os dará la oportunidad de subir a lo alto de la torre, cuya escalera helicoidal pronto le dio el nombre popular al Palacio (bovolo, significa caracol en dialecto veneciano). La logia de la segunda planta, lleva a la Sala del Tintoretto que acoge algunas obras venecianas de los siglos XVI al XVIII. Actualmente es la sede del organismo público que se encarga de los Hogares de Acogida en Venecia. 

Y en el patio de entrada, tras la reja de hierro que domina el Campo, veréis varios brocales de pozos recuperados de una Iglesia derruida. 

Os recomiendo encarecidamente que lo visitéis. Puede resultar un poco costosa la entrada pero, en mi opinión, merece la pena. Subí despacio, disfrutando de la arquitectura y de las vistas que se iban abriendo ante mí conforme alcanzaba altura. Me dejé cegar por la imagen de las cúpulas de San Marcos que casi sentía que podía tocar, la enorme San Giovanni e Paolo, el Campanario de Santo Stefano y, como el día era claro y soleado, por las primeras montañas de los Alpes. Y estuve allí durante casi 30 minutos… completamente sola, contemplando los tejados, escuchando los sonidos de la ciudad y sintiéndome parte de ella.