L´acqua bassa

En estos días del año, el acqua alta de Venecia, tiene su alter ego: el acqua bassa.

Durante esta época y especialmente cuando hay luna llena, es fácil que los canales aparezcan con el nivel del agua bastante bajo. Tanto que en algunos puntos de la ciudad, se puede ver el lodo en el fondo y, el olor, es algo desagradable. Seguramente habréis oído a alguien decir aquello de que “Venecia huele mal”. Pues esta es la temporada y la causa. 

La marea, es cíclica, y la bajamar aparece cada año en esta época, un periodo que recibe el nombre de “secche de la Berola” porque se produce en las fechas cercanas al día de la Befana. Berola hace referencia a la Befana, la bruja buena que, el 6 de enero, sobrevuela la ciudad montada sobre su escoba para repartir dulces a los niños que han sido buenos. 

Las bajas mareas se producen por la combinación de factores climáticos caracterizados por altas presiones y vientos del norte. Pensad que la marea media en Venecia está en unos niveles de entre 80 y 100 centímetros. Cuando sobrepasa los 110, se considera ya acqua alta. Pues bien, en este periodo pueden darse niveles de marea baja de hasta -50 centímetros. Incluso en febrero de 2008 se registró una marea baja excepcional de -83 centímetros! 

Pero, lejos de verle solamente aspectos negativos, es un momento en que se produce la renovación del flujo de agua y, a pesar de provocar molestias en cuanto a olores o dificultades en la navegación, no podemos olvidar que este fenómeno forma parte de la naturaleza y que en nuestras manos está saber aprovecharlo para eliminar, por ejemplo, de los canales todo tipo de objetos y desechos que suelen salir a flote.

En cualquier caso, el espectáculo, quizá desagradable a la vista o al olfato en algunos puntos, está garantizado: emerge vegetación que no se ve habitualmente y siempre sorprende encontrar los más diversos objetos que la estupidez humana tira a los canales: cámaras de ruedas, bicicletas y hasta un frigorífico han sido vistas en el fondo de los ríos con ocasión de la marea baja. 

Y, por último, nos hace pensar en cómo sería la laguna si los primeros asentamientos de venecianos no hubieran desviado el curso de los ríos; quién sabe, tal vez en lugar de la maravillosa ciudad que vemos ahora, habría centenares de kilómetros sumergidos dando forma a un precioso delta, marismas de rica fauna y flora o sencillamente la nada, consumida ya por el infame cambio climático. ¿Qué pensáis? Agradecemos a aquellos hombres cansados de huir que se quedaran aquí, ¿no?

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