El cementerio de San Michele

En Venecia, la vida sucede por, para y sobre el agua. Y también, cuando llega el momento, la muerte.

En la Serenissima, los muertos se enterraban en las Iglesias y en los Campi, pero llegó Napoleón a ocupar la ciudad, dijo que aquello no era muy salubre y mandó que estos entierros se realizaran fuera de Venecia.

Es por ello que el cementerio de Venecia, como no podía ser de otra manera, es una isla, más bien dos. Porque es la unión de las islas de San Michele y San Cristoforo della Pace, cuyo canal de separación fue rellenado para convertirlas en una única isla, la “isola dei morti”. Por eso el cementerio tiene dos Iglesias, la de San Michelle y la de San Cristoforo, la primera de mayores dimensiones que la segunda. Y además podréis visitar la capilla Emiliana, que tiene una preciosa y extraña cúpula.

No es el único cementerio de Venecia, pues en el Lido hay dos más, pero sí el que tiene más encanto, auspiciado por las ruinas del Monasterio de San Michele y los cientos de losas y lápidas por suelo y paredes de su claustro. También por la equilibrada muralla de ladrillo que la rodea, guardando de las miradas curiosas lo que esconde en su interior.

Allí se encuentran los restos de miles de venecianos anónimos pero, también, los de personajes ilustres que a lo largo de su vida sucumbieron al encantamiento de la ciudad como Christian Doppler, Ezra Pound o Ígor Stravinski.

Dividido por confesiones religiosas y otros gremios, de especial curiosidad es la zona dedicada a los gondoleros, ejemplo de la vida acuática que gobierna la ciudad. También la zona destinada a cementerio militar, que más bien parece un parque, al estilo de los cementerios americanos. Y algunas esculturas que cubren las tumbas son de una belleza inefable.

A mí me encanta la vista que de la isla se tiene desde Fondamenta Nuove, a pie del embarcadero, camino de las islas, la visión del ladrillo, la piedra blanca y las cúpulas de los cipreses en el agua de la laguna, en un día claro, de cielo despejado. Y si al fondo se ven los Dolomitas nevados… hay imágenes que se quedan en la retina para siempre y esta es una de ellas.

Il Ponte dei Pugni

El Puente de los Puños es un pequeño puente situado en el sestiere de Dorsoduro, a medio camino entre el Campo San Barnaba y el Campo Santa Margherita, que podría pasar desapercibido si no fuese por las huellas marcadas en el suelo, en color blanco.

Estas huellas, marcan el lugar en el que se situaban los luchadores de dos familias venecianas muy poderosas: los Nicolotti y los Castellani, que se citaban aquí para pelearse a puñetazos (pugni). Dado que por entonces los puentes no tenían barandilla, el perdedor caía al agua, así que gana la banda que más contendientes conseguía mantener sobre el puente.

La verdad es que estas peleas eran de gran violencia y evolucionaron de los puñetazos a las armas provocando incluso muertos. Por eso se prohibieron en el siglo XVIII y se colocaron barandas en todos los puentes.

Si recordáis, en esta entrada os hablé del único puente que queda en Venecia sin parapeto, el puente Chiodo.Personalmente este puente dei Pugni me gusta mucho por la historia que tiene detrás pero también por su ubicación entre esos dos Campi y por su fantástico entorno. Campo Santa Barnaba tiene una pequeña anécdota personal que repetimos siempre que pasamos por allí y Campo Santa Margherita es uno de mis preferidos, así que por su ubicación cercana a éste, hay un ambiente fantástico de estudiantes y lugareños en los alrededores.

Junto al puente suele haber una barca amarrada en la Fondamenta que vende verduras y frutas frescas, con lo que el rinconcito se convierte en una preciosidad.

Y a sus pies, se encuentra la Osteria Ai Pugni, cuyos vinos y cichetti me gustan mucho. Qué más se puede pedir!

El agua alta (l´acqua alta)

La primera vez que me topé con la Plaza de San Marcos, la escasa iluminación que suele tener por la noche, se veía amplificada por los reflejos del agua que bañaba algunas losetas del suelo. Aquello no era más que el leve resultado de la marea cumpliendo su función, de subida a aquella hora que dejaba su rastro en esta zona, la más baja de la ciudad y la que antes sufre el acqua alta. Entonces, solamente se trataba de unos pocos charcos aquí y allá que en mi opinión contribuían a mostrar la Plaza más bella aún de lo que ya de por sí es, ofreciéndose esplendorosa a los que por allí paseábamos. Y así era, por supuesto. Venecia está construida en el agua, desafiando a la naturaleza, y paga su precio dejándose bañar por ella cuando las mareas actúan según su ciclo natural.

Sorprendentemente, pues la posibilidad de toparte con ella al viajar en invierno es elevada, tardé 14 años y 9 visitas en vivir una auténtica acqua alta. Durante algunos años, solíamos llegar antes o después de ella y lo único que la presagiaba eran las pasarelas amontonadas en las calles, listas para ser usadas en caso de necesidad. Y, no puedo negarlo, deseaba verla, vivirla y sí, también disfrutarla.

Así que en enero de 2014, todo se conjuró para que yo tuviera mi oportunidad. Llegamos a las 12 de la noche, lloviendo a mares, a la estación de Santa Lucía vía Roma, porque nuestro vuelo, que debería habernos dejado en la ciudad muchas horas antes,  había sido cancelado a última hora. La verdad es que suelo mirar el nivel de la marea en esta página web, pero aquel viaje, imagino que a causa de la cancelación del vuelo y del stress que supuso buscar una alternativa, no lo hice, así que no la vi venir. Tampoco caí en la cuenta cuando durante aquella primera noche, el sonido de las sirenas anunciaba a la ciudad lo que venía. Me limité a escucharlas, agotada como estaba tras un larguísimo día, en mi ensoñación nocturna, sin darle más importancia que la que daría a la alarma disparada de algún edificio cercano o de algún coche en otra ciudad.

Aquella mañana, tras el desayuno, Antonio salió a fumar… pero volvió enseguida: no podía salir a la calle porque estaba inundada. Me sentí feliz, a pesar de que durante los siguientes 4 días no paró de llover y de que cada 12 horas, con la subida de la marea, la ciudad se inundaba y las sirenas avisaban con tiempo de ello. Recuerdo aquel viaje como uno de los mejores, a pesar de toda la incomodidad, la humedad, la lluvia, la dificultad para caminar dentro del agua con las botas puestas, los rodeos que debíamos dar para llegar a algunos sitios y la imposibilidad de llegar hasta otros. No puedo negar lo que disfruté, lo preciosa que me parecía la ciudad y cómo de afortunada me sentía por haberla visto así por fin.

Pero ahora, con el paso del tiempo, he aprendido que la belleza de Venecia es ella misma. Y me siento algo avergonzada. Porque todas esas crecidas que anegan la ciudad, le hacen muchísimo daño, contribuyendo a su deterioro. Ahora la conozco mejor y con ello, o por ello, lo que supone para su continuidad el éxodo de habitantes, la llegada de grandes embarcaciones o la propia agua alta. Porque el agua alta es un desastre para la ciudad, para los venecianos y para el mundo. No tiene nada de Instagrameable, a pesar de que hasta yo misma me dejé llevar por la curiosidad, la ignorancia y el deseo de experimentarlo todo, y “disfruté” de mi agua alta con la pasión con la que todo lo vivo allí.

El acqua alta se refiere a los picos de marea que ocurren periódicamente en la Laguna de Venecia, causando inundaciones, especialmente en Venecia y en la vecina y preciosa ciudad de Chioggia, pero también en el resto del litoral cercano. Este fenómeno es frecuente en otoño y primavera, cuando se combinan el viento Siroco que empuja el agua hacia la costa y la luna llena, provocando inundaciones en la ciudad en mayor o menor medida y en ocasiones, mareas excepcionales como las que han ocurrido estos meses atrás. Lo habréis visto en medios diversos: la ciudad de Venecia ha sufrido, en las últimas semanas, las peores inundaciones desde hace muchos años, de tal alcance que se llegó a declarar la situación de emergencia climática de la ciudad.

Las consecuencias de esas inundaciones han sido bastante dramáticas y las imágenes que he visto me daban ganas de llorar. La peor noche fue la del 12 de noviembre, con una marea de 187 cm (la segunda más alta de la Historia tras la del 4 de noviembre de 1966) y ráfagas de viento de 100 Km por hora que empujaban el mar hacia el interior. Los daños son cuantiosos a simple vista, pero a posteriori, cuando el mar vuelve a su lugar y las aguas desaparecen, queda lo peor, el salitre, que se cuela por todas partes, metiéndose tras los mosaicos de la Basílica de San Marcos, entre los mármoles del Palazzo Ducale, en los comercios históricos o con encanto como la Librería Acqua Alta, por las ranuras de los primi piani de los centenarios edificios…

Y yo me siento impotente e indignada… Porque esto no es solamente causa de la madre naturaleza, ni del cambio climático, que también, pues las inundaciones han existido desde la fundación de la ciudad, recordad que Venecia está “casada” con el mar… no, lo de los últimos años es además y principalmente consecuencia de la intervención humana, de políticos que no saben lo que tienen entre manos y han permitido que los grandes barcos de los cruceros lleguen hasta el corazón de la ciudad.

Existe un gran movimiento que cobra fuerza cada día, que pretende sacar a las grandes naves de la laguna. Esta semana he leído que por fin parece que se han tomado medidas en serio y se están buscando bases alternativas donde estos grandes barcos puedan dejar a los turistas. Ojalá no se quede en una intención más o en otro fracaso como el lamentable sistema MOSE.


Hace unos años, se excavaron algunos canales de la ciudad para aumentar su profundidad y facilitar el paso de los enormes barcos de los cruceros. Estos cruceros sueltan marabuntas de turistas que pasan unas pocas horas en la ciudad (me pregunto cuál es entonces el prometido beneficio que dejan), causan accidentes (dos muy aparatosos en 2019), pero sobre todo, provocan un daño irreparable en el ecosistema de la laguna con sus grandes hélices y las sustancias que sueltan al mar, y lo peor, han modificado el asentamiento de la ciudad contribuyendo de gran manera a las inundaciones actuales.

Es necesario actuar ya, cuidar y conservar el Patrimonio de la ciudad si queremos seguir disfrutando de ella y de sus construcciones centenarias. Cuando oigo aquello de “Venecia se hunde”, me da mucha rabia, pero algo se me rompe por dentro…porque tienen razón.  

La niebla en Venecia

Si viajáis a Venecia en invierno, una de las cosas que os encontrareis con mucha probabilidad es la niebla. 

A mí no me gusta el invierno. Me gusta el calor, el sol y los días largos del verano. El invierno es gris, apenas hay luz, los días son cortos y yo siempre tengo frío. No me gusta nada…excepto en Venecia.

Allí el frío también es húmedo y también se mete en los huesos. Recuerdo un año que éramos incapaces de estar en la calle más de media hora porque hacía un frío terrible. Una ligera brisa traía agua que se nos congelaba en la cara. Nada me hacía entrar en calor.

Pero no me importa. Es Venecia y allí ninguna incomodidad me afecta. Y además, está la niebla.

Os he hablado ya de la luz de la ciudad. De cómo cambia conforme el día avanza. Pues bien, cuando el día sale con niebla, algo altamente probable en los fríos y húmedos días del invierno, la luz es especial. Los edificios, el agua, los puentes, todo tiene otro color, otro matiz, todo se ve con esa pátina húmeda que acaricia la ciudad y la cubre con su manto para hacerla aún más bella y misteriosa.

Aquí en Zaragoza también hay muchas jornadas de niebla en invierno por las características de la ciudad, pero es más densa, más baja, más cerrada. En Venecia, la niebla parece suspendida sobre la laguna, quizá porque las estrechas calles le impiden penetrar hasta los edificios. Si sales al Bacino de San Marcos e intentas vislumbrar San Giorgio o La Salute o la Punta della Dogana, apenas ves más que un leve boceto de ellos. Y a mí me parece preciosa, sí, también así.

Y ahora, imaginadlo de noche…

Qué hacer en Venecia

Habitualmente entre mis amigos y conocidos, cuando alguien va a viajar a Venecia, me suelen preguntan por lugares que ver, por aquello que no deben perderse o por los mejores sitios donde comer. Y además últimamente, he recibido mensajes privados desde el blog, en el que también, seguidores, me han consultado algunas de sus dudas.

La verdad es que, esto de dar consejos, me pone algo nerviosa porque, claro, yo tengo mis favoritos, mis imprescindibles, y me resulta difícil hacer un resumen de ellos porque al ser un punto de vista totalmente subjetivo, puede resultar decepcionante para los demás. Pero reconozco que también me gusta comprobar que mis favoritos se convierten en favoritos de otros visitantes, y que la ciudad os acaba gustando tanto como a mí.

En cualquier caso, y con la esperanza de que os ayude en lo posible, he pensado en compartir con vosotros ese pequeño resumen que, insisto, es una opinión totalmente personal, por lo que seguro que ni es la mejor, ni estará todo lo que allí luego veáis, ni por supuesto lo más importante o imprescindible y además, como suele decirse: son todas las que están…pero no están todas las que son. Es una aproximación a la ciudad de forma genérica, que podéis aplicar vayáis los días que vayáis. Para itinerarios o paseos más concretos aquí o aquí tenéis algunas opciones para visitar la ciudad en un día y os seguiré dando ideas en adelante.

Bien, como ya sabréis, Venecia se divide en seis barrios llamados Sestiere (a un lado del Gran Canal, San Marco, Castello y Canareggio y al otro lado, Santa Croce, San Polo y Dorsoduro) y además hay otras muchas islas cuya visita, si tenéis tiempo, merece la pena: San Giorgio Maggiore, Giudecca, Murano, Torcello y mi favorita, Burano. 

De entrada puede parecer difícil moverse porque la ciudad es un maravilloso laberinto de calles, canales y puentes, pero no debéis preocuparos por ello, pues es un lujo perderse por ellos y deambular sin prisa, disfrutando de todo aquello que vuestra vista pueda alcanzar. Aprovechadlo porque así es como Venecia se muestra de verdad!

Para llegar a la ciudad tenéis varias opciones. En esta entrada os hablé sobre ello y os conté también que a mí me gusta entrar desde Piazzale Roma y recorrer el Gran Canal en el vaporetto, dejándome envolver en ese halo de misterio y decadencia que transmite la ciudad desde el agua. Así que desde Piazzale Roma o desde la estación de Santa Lucía si llegáis en tren, podéis coger el vaporetto 1 (o la línea número 2, que hace menos paradas, aunque tendréis que averiguar si os deja cerca de vuestro alojamiento) y una vez en el bus acuático, solamente disfrutad.

El paseo en vaporetto hasta San Marcos es una de las mejores cosas que hacer en Venecia, si no la mejor. Tendréis que hacerlo sí o sí, y si no es en el momento de la llegada porque vuestro alojamiento o vuestro destino se encuentra antes, buscad el momento durante vuestra estancia. Y es imprescindible repetirlo de noche, al menos hasta el Ghetto o de vuelta de él. Recorrer el Gran Canal por la noche es una experiencia inolvidable. 

Lo ideal es coger sitio en el exterior, en la parte de delante. Tendréis que ser rápidos porque hay pocos sitios y están muy cotizados y, según la época, lidiar con la humedad, el frío, el calor o los mosquitos…pero merece la pena. Validad el billete SIEMPRE antes de entrar en el embarcadero o tendréis problemas si sube el controlador. No es suficiente con haberlo validado la primera vez que hacéis uso de él si es un bono de varios días, sino que debéis hacerlo cada vez que cojáis un vaporetto.

Y, ¿qué visitar? Pues indudablemente, la Basílica de San Marcos, está en el Top Ten. Es una preciosidad bizantina que se convierte en el primer imprescindible. La mejor hora para visitarla es sobre las 11, intentad llegar sobre esa hora, veis la nave de abajo y después subís al museo (en el que se encuentran los caballos de bronce originales) y salís a la terraza sobre la Piazza. En esta terraza exterior hay réplicas de los caballos traídos de Constantinopla y una vista preciosa de la Piazza y la Piazzetta desde arriba. A las 11:30 y hasta las 12:30, iluminan la Basílica (excepto los domingos). Por eso es importante que lleguéis antes. Os sorprenderá más si no la encontráis iluminada de entrada. Los techos y paredes están forrados de millones de teselas. No os cuento más…

Junto a la Basílica, encontraréis el Palacio Ducal, otra maravilla histórica que no os dejará indiferentes. La verdad es que dependiendo de los días que vayáis a pasar en la ciudad, puede que no no os merezca la pena entrar y “perder” varias horas en la visita. Es una decisión que tendréis que tomar personalmente, aunque os diré, para ayudaros a decidir, que el lienzo de Tintoretto y la visita de los itinerarios secretos, os compensará si entráis…podréis caminar por dentro del Puente de los Suspiros y admirar el lienzo más grande del mundo.

En la Piazza, está el Campanile de San Marcos. Os recomendaría que elijáis entre él y el de San Giorgio, en una pequeña isla enfrente de San Marcos. En mi opinión, las vistas son más bonitas desde San Giorgio y tiene la ventaja de que según la époc a en la que viajéis, está menos concurrido. Pero desde el campanile de San Marcos, tendréis unas maravillosas vistas de la Piazza y de los tejados de la ciudad. Si os decidís por San Giorgio, cuando bajéis del vaporetto, entrad en la iglesia y dirigiros al fondo a la izquierda, hacia el ascensor. Podréis visitar la iglesia al bajar y así es más fácil evitarse esperas a pie del ascensor.

Si habéis ido a San Giorgio, de vuelta, cruzad a dar un paseo por los Zattere y haced una parada en la terraza flotante de Nico’s a tomar un café o un helado. Estaréis ya en el sestiere de Dorsoduro, que entre mis tips preferidos tiene unas vistas preciosas de la laguna desde la Aduana además de la Iglesia de “la Salute” cuya silueta al atardecer, dicho sea de paso, es preciosa desde la Piazzeta. La entrada es gratuita y se ve rápido, y aunque me parece más impresionante desde fuera, en el interior guarda obras de Tiziano y una planta octogonal que permite admirar la cúpula central… y me encanta el suelo!!

En Venecia hay montones de museos y si vais poquitos días, tendréis que seleccionar alguno porque es imposible verlos todos. Si os gusta la pintura, os recomiendo sí o sí visitar la Escuela de San Rocco: una clase magistral de la pintura de Tintoretto. Yo no me lo perdería, por delante incluso de las Galerías de la Academia o el Palacio Ducal pues la visita es más corta y la eleccion merecerá la pena. No en vano, le llaman la Capilla Sixtina veneciana.

Castello, es un sestiere que nos encanta por varios motivos, y uno de ellos es que en la zona entre Vía Garibaldi y la Isola di San Pietro, os parecerá estar en una Venecia diferente. Tenéis que llegar hasta el “ospedale” (el hospital que tiene una fachada preciosa) en Campo San Giovanni e Paolo”, y junto a él, la Basílica en la que se enterraron muchos dux, lasí como otros personajes: artistas, militares o políticos. San Giovanni e Paolo, sobria y enorme, contiene obras de Bellini, Lombardo o Veronés entre otros. En este Campo, se encuentra Rosa Salva una de nuestras cafeterías imprescindibles, en la que donde está muy rico, cómo no, el café y además tienen unos de los mejores brioches de la ciudad…probadlos!. De camino os encontraréis con Campo Santa Maria Formosa, una plaza con mucho ambiente por las mañanas cuya Iglesia homónima entra en el Chorus Pass y un poquito más adelante mi librería favorita “Acqua Alta”. Buscad fotos en google…y no querréis perdérosla. Llegar hasta aquí es nuestro recorrido habitual para ir a coger el barco que os llevará a las islas, en Fondamenta Nuove.

¿Y dónde podéis tapear, comer o cenar? Pues cómo supondréis, la oferta es tan amplia y variada que utilizando un poquito el sentido común y saliendo de las zonas turísticas, la experiencia puede ser de lo más gratificante.

Podéis comer en la zona de Rialto después de haber pasado un rato curioseando entre sus concurridos puestos: está bien Alla Madonna, en un callejón que da al Gran Canal. En toda esta zona de Rialto hay varios sitios cuya calidad precio es muy buena, por ejemplo A le Poste Vecie. También en Campo San Giovanni Crisostomo, al otro lado de Rialto, el Barababao tiene platos de pasta deliciosos. O en la Taberna de San Trovaso, junto al Squero (taller de góndolas), se come genial. Aquí os hablé de algunas opciones y tengo pendiente otro post sobre mis favoritos por sestieri.

Para cenar, nos gusta ir de ronda y tapear por las diversas opciones que encontraréis. Por ejemplo, en la zona de Rialto, aunque el tapeo veneciano no se parece en nada al español, nos encantan Do Mori, Antico Dolo, Al Diavolo y Ai Gemei . Una ruta tras los ricos cichetti venecianos y sus fabulosos vinos, es una manera fantástica de terminar el día. Y también nos gusta mucho la zona de Fondamenta della Misericordia, detrás del Ghetto, con un ambiente fantástico y que solemos recorrer para terminar en Cà D’Oro Alla Vedova, junto a Strada Nuova.

Además, no dejéis de ir hasta Campo Santa Margarita, y comer pizza al taglio en “al volo”, un pequeño local en este campo, en el barrio de Dorsoduro. Esta plaza es bonita de día pero también de noche y hay varios locales donde tomar una copa. Al Volo es un pequeño local, sin mesas, cuyo encanto radica, además de en sus riquísimas pizzas, en tomar la pizza en el bar exterior, en uno de los bancos del Campo. Si os encontráis con la Pizzeria Al Angelo cuando estéis paseando, también es una gran opción del mismo tipo, está cerca de San Stefano, al otro lado del Gran Canal. 

En Tonolo, nuestra pastelería favorita tenéis que tomar unos pastelitos con capuchino. Lo del café en Venecia e Italia en general, juega en otra liga, ya me lo contaréis. Por cierto que el capuchino solamente se toma por las mañanas. Por la tarde, café expresso o macchiato (cortado). 

La bebida que veréis en manos de muchísima gente se llama spritz y lleva a partes iguales soda, prosseco y un bitter, principalmente Aperol. Está muy rico y aunque últimamente se ha extendido a toda Italia y al resto de Europa, su origen es veneciano de cuando la ocupación austríaca. Os encontraréis con variedades de bitter para hacerlo, no solamente Aperol, e incluso diversos spritz como el refrescante Hugo.

El prosecco es el vino espumoso veneciano, más suave que el cava y muy rico pero además, el véneto tiene vinos riquísimos, probad de ellos en los bacari, os resultará difícil elegir.

En este post os hablé de los platos típicos venecianos. Echadle un vistazo y haceros vuestra propia lista, las posibilidades son inmensas.

Algunas cosas que no me perdería y que no me canso de repetir: tomar muchos capucchini, muchos brioches y beber Prosecco. Comer pizza, cichetti, tramezzini y envoltini, pasta al nero di seppia, bacalà mantecato, sarde in saor, risotto y pescados de la laguna. Ver el amanecer y el atardecer, si es posible desde Burano, donde la luz es fabulosa. Y pasear…todo el rato, mirando al cielo y al suelo! 

Que disfrutéis de mi Venezia!

El Puente Chiodo

Una particularidad de Venecia, es la gran cantidad de puentes que unen entre sí las pequeñas islas que componen el Casco Histórico.

Entre todos esos puentes, uno de mis favoritos es el Ponte Chiodo, en la Fondamenta de San Felice. Es un puente pequeñito, escondido tras la abarrotada Strada Nuova en el sestiere de Cannaregio, sobre el Rio de San Felice. Conecta la Fondamenta del mismo nombre con una casa particular, por lo que es propiedad privada.

Su curiosidad radica en que es el único puente que queda en Venecia sin barandilla. Los puentes en Venecia son unos 445 y,originalmente, todos fueron construidos en piedra y sin las protecciones laterales llamadas spalletti, a excepción de aquellos por los que pasaban las procesiones ducales, que se protegían para seguridad del dux y su comitiva. Esto conllevaba un serio peligro, principalmente en las horas nocturnas, así que en el siglo XIX, por razones de seguridad, se decidió colocar parapetos o barandillas y, solamente dos, han sobrevivido sin ellos: el Ponte Chiodo en Cannaregio y el Ponte del Diavolo, en la isla de Torcello.

Su nombre, Chiodo, proviene de la noble familia veneciana que una vez fue dueña del puente, algo bastante común en la Serenissima y que obligaba a los transeúntes a pagar el pontazgo si querían atravesar el puente en cuestión.

Merece la pena localizarlo en un paseo de camino a la Fondamenta Misericordia, uno de nuestros lugares TOP para tomar un aperitivo a última hora de la tarde, cuando la tenue luz de algún farol lo ilumina y lo envuelve en un halo de misterio.

Y si no estáis muy cansados, en las cercanías, encontraréis la Scuola Grande della Misericordia, una de las obras maestras de Sansovino de la que os hablaré en otra ocasión y la imprescindible Cà D´Oro alla Vedova, cuyas polpetti son una delicia que no debéis dejar de probar.

¿Conocéis este curioso puente? Contadme!

Qué comer en Venecia. Platos típicos

En esta entrada, os contaba cómo distinguir los distintos establecimientos y dónde comer en Venecia. Hoy os cuento qué comer, los platos típicos y las costumbres venecianas a la hora de sentarse a la mesa.

Venecia tiene opciones gastronómicas para todos los gustos y bolsillos. Puesto que estamos en Italia, la pasta y la pizza ocupan un lugar privilegiado en las mesas de los venecianos. Pero en esta entrada quiero contaros, además de cuáles son los platos típicos de la laguna en los que los pescados y mariscos tienen gran protagonismo, aquellas otras sorpresas que la cocina veneciana esconde y que debéis conocer para saber apreciar y disfrutar ya que, como en todos los lugares con una gran historia y una profunda tradición, existen platos y recetas que llevan siglos cocinándose en los hogares, restaurantes y tabernas.

Siempre me sorprende cuando leo algún libro ambientado en Venecia siglos atrás y me encuentro con que algunos de esos platos ya se cocinaban entonces y que han llegado hasta nuestros días gracias a su buen hacer y a esa pasión por la comida que, afortunadamente, tienen los venecianos. Por algo será, no creéis?

La cocina veneciana está basada en los productos del mar porque, la laguna, ofrece una amplia variedad de pescados y mariscos de calidad como las moeche o las schie pero, también, en los productos de la cercana huerta, de la que se obtienen verduras y hortalizas exquisitas (ummmm… esas flores de calabacín rebozadas… o las fabulosas alcachofas de Sant’Erasmo). Y por supuesto, la pasta, el arroz convertido en risotto y la pizza, son un pilar fundamental de su gastronomía que no puede faltar en ninguna mesa.

Un menú veneciano se compone de un entrante llamado antipasto, un plato de pasta, sopa o arroz como primo piatto y otro de carne o pescado como secondo piatto con su contorno (guarnición). Por supuesto, debemos terminar con un buen dolce de postre y un café que se acompaña a menudo con un vasito de grappa (un aguardiente).

El antipasto puede ser un solo plato, para abrir la comida o, también, un surtido de ellos, servido en una bandeja en la que hay varias tapas. Pero además, la mayoría de los productos que os encontraréis como antipasto, los hallaréis también en formato cichetti en las tabernas y bacari, a la hora del ombra.

Para comer, a mí me gusta pedir los antipasti como entrantes y después pedir un plato de una buena pasta. Raramente pido segundo plato, más teniendo en cuenta que suelo llegar a la comida tras algún “vermut” a la italiana. Eso sí, me gusta que mi antipasto lleve baccalà mantecato y algún marisco o molusco.

Entre los antipasti típicos venecianos, están:

  • Sepias en su tinta, o chipirones, en ambos casos, una delicia.
  • Baccalà mantecato (bacalao desecado, mantecado en leche y mantequilla, una verdadera delicatessen)
  • Polenta con le schie (son unas gambas grises, típicas de la laguna veneciana, riquísimas)
  • Moeche fritte: unos cangrejos deliciosos, de temporada. En primavera y otoño, se fríen enteros para que queden crujientes. Es un producto caro pero exquisito.
  • Sarde in saor: unas sardinas marinadas en vinagre. Saor se refiere a la cocción lenta de las cebollas, que se mezclan con pasas y piñones y se vuelcan sobre las sardinas.
  • Fritto mixto: como su nombre indica es una fritura mixta que puede llevar camarones, calamares, anchoas y trozos diversos de pescado. Imperdible.

En muchos cafés, durante todo el día pero especialmente en las mañanas, veréis unos sandwiches de pan blanco, tipo de molde, con rellenos múltiples. Se llamantramezziniy os pueden sacar de muchos apuros si se os ha hecho tarde para comer. En las vitrinas los encontraréis junto a muchos otros tipos de paninicon rellenos variados a cual más apetecible.

Como os dije antes, la pasta, el arroz, las verduras y, las sopas en invierno, forman parte de los primeros platos de los menús. Entre ellos, la variedad es enorme. La pasta en general, con pescados y/o mariscos principalmente, ocupa un lugar privilegiado y, como curiosidad, os diré que no se suele comer pan con la pasta, salvo que queráis rebañar al final la rica salsa que quede en el plato.

Especialmente típicos en Venecia son los spaguetti alle vongole o al nero di sepia, ambos platos muy solicitados. Los primeros, llevan almejas; los segundos, calamar, salsa de tomate y la tinta del animal. No dejéis de probarlos! Me estoy relamiendo solamente de pensar en los spaguetti al nero di sepia de la Taverna San Trovaso, mis favoritos!.

Otro plato de pasta muy típico son los bigoli en salsa: unos spaguetti típicos de Venecia, gruesos y rugosos, que se toman con cebollas, anchoas e hinojo o con una salsa a la que se añade carne de pato.

Un plato muy venerado en invierno es la pasta e fagioli, un plato de pasta al que se le añaden alubias. Y los gnocchi, unas bolitas de patata que suelen acompañarse de pesto pero que admiten también otras muchas salsas.

Respecto a las verduras, las deliciosas castraure, las alcachofas moradas de San´t Erasmo, son muy veneradas. Sus primeros brotes son tan tiernos que ni siquiera hace falta pelarlas. También veréis en muchos sitios el radicchio, una especie de coliflor de color morado con el que se hacen deliciosos risotti.

Un plato curioso es el Risi e Bisi.Los venecianos le tienen mucho cariño porqueera la comida típica de los Dux durante la celebración del patrón de Venecia, el 25 de abril. Se trata de un plato de guisantes, verduras y arroz, una mezcla entre una sopa y un risotto, que se come en verano e invierno por igual.

Y las sopas, de cebolla, de verduras con alubias, o de pescado. Casi tanta variedad como cocineros cocinándola.

Comed pizza, a la hora que queráis, pero comedla. No tienen nada que ver con las españolas y no podéis marcharos de Venecia sin probarla ya sea “al taglio”, ya sea en una pizzería.

Y por supuesto, no os olvidéis de los risotti, en todas sus elaboraciones posibles, pero especialmente con los productos del mar y la laguna. Un imprescindible en mis visitas es el risotto de la Trattoria Il Gatto Nero, elaborado con caldo de pescados de la laguna.

Como segundos platos, además de los platos de pescado y marisco que os mencionaba en los antipasti y que pueden serviros como segundo plato, se elaboran platos de carne de cerdo, ternera y pollo con mayor o menor dedicación.

Especialmente rico es un plato llamado sorpressa con polenta que se elabora con guanciale, una panceta con mucho tocino a la que se le añade la polenta como contorno. Lo del contorno tiene su aquél, pues en Italia no existen las ensaladas que se ponen en el centro para compartir, por lo que la ensalada suele añadirse al plato como acompañamiento, aunque éste puede también consistir en patatas u otras verduras y hortalizas.

Y veréis en muchos menús turísticos un plato llamado fegato alla veneziana. Se trata de hígado salteado, que se sirve sobre una capa de cebollas y que se suele acompañar de polenta, una masa de harina de maíz que se pasa a la plancha habitualmente.

También es típica la trippa, el mondongo o callos al estilo veneciano. Es conocida la Trippa rissa de la Osteria Antico Dolo, en Rialto.

Y, por supuesto, todos los platos de pescados y mariscos que el Adriático proporciona tienen un protagonismo especial en las mesas: doradas, cigalas, Cappe Sante (vieiras con mantequilla al horno)…

Toda comida que se precie debe terminarse con un buen postre, y los venecianos no andan escasos en propuestas. Raramente se come fruta en el postre y desde luego no veréis a nadie tomando yogur. Seguro que conocéis el tiramisú, pero además, ya sea como postre o como capricho en cualquier momento del día, debéis probar los bussolai, los buranesi, el pan del dux con pasas y azúcar, los zaeti empapados en grappa, los biscotti con zabaione y por supuesto! los fantásticos helados italianos en toda su variedad de sabores.

Mención aparte merecen los vinos vénetos…así que mejor lo dejo para otra entrada, pues os aseguro que dan bastante de sí y que lo tendréis difícil para elegir. Y también estoy preparando un post con mis lugares favoritos para comer o tapear. Ya os adelanté algunos al hablaros de los diferentes tipos de establecimientos, pero en breve, os hago una lista por sestiere para que podáis disfrutar de ellos sin dar saltos de un barrio a otro.

El Palacio Contarini del Bovolo

La primera vez que me topé con esta obra maestra de finales del siglo XV fue en mi primer viaje a Venecia… y me lo quedé para siempre.

Como con casi todas las sorpresas de Venecia, surgió ante nosotros en un inocente paseo por las calles adyacentes a San Marcos, entre la Piazza y Rialto, cerca de campo Manin. La verdad es que bien habríamos podido pasarlo de largo si no llega a ser porque coincidió que varios turistas entraban y salían de un estrecho callejón que, a priori, no tenía nada de especial y claro, aquello nos llamó la atención. Actualmente, un letrero a la entrada del callejón, señala la presencia de esta joya, pero entonces no lo había, así que adentrarnos en la estrecha callejuela nos llevó a un pequeño Campo en el que la impresionante torre del Palacio se nos mostró con toda su majestuosidad. 

Y es que el Palacio Contarini del Bovolo, sorprende en sí por su belleza y por la serenidad de su torre en forma de escalera de caracol; pero, además, contribuyendo a esa sensación de opresión en el estómago que produce la vista de muchos espacios venecianos, que se halle en un campo tan pequeño convirtiéndolo en casi su único huésped, provoca en el visitante un impacto difícil de olvidar.

Y es que en realidad, estamos contemplando la parte de atrás de este Palazzo. Su fachada principal, se vuelca sobre el Gran Canal, ocultando el bello secreto que se esconde en la parte trasera, algo inusual en Venecia, donde los propietarios dedicaban sus esfuerzos, y sus fortunas, a la decoración de la fachada del Canal. En este caso, la entrada destinada en tiempos de la Serenissima al servicio y a la descarga de mercancías, no tiene nada que envidiar a la del Canalazzo.

Para encontrar el Palacio, tendréis que estar muy atentos a las indicaciones y a vuestra guía o plano. Por su escondida situación, es fácil pasarlo de largo. Pero una vez lleguéis hasta él os aseguro que os fascinará. 

El palacio está construido en estilo gótico y renacentista y la torre trasera, en piedra y ladrillo, está conectada al Palacio por varias logias. Alcanza los 28 metros de alto y consta de cinco plantas más un mirador desde el que se tiene una fabulosa panorámica de la ciudad y de las cercanas cúpulas de San Marcos y del Palacio Ducal. 

La entrada en el Palacio es posible hoy en día pagando 7€. No lo era cuando lo vi por primera vez ni tampoco cuando he llegado hasta él en viajes posteriores, pues ha estado en reconstrucción durante varios años pero, en el último viaje, tenía claro que era un asunto pendiente que debía saldar y así lo hice. En la siguiente foto podéis ver el estado original del Palacio, con las logias todavía cubiertas y el mirador, hoy abierto, con persianas.

La entrada os dará la oportunidad de subir a lo alto de la torre, cuya escalera helicoidal pronto le dio el nombre popular al Palacio (bovolo, significa caracol en dialecto veneciano). La logia de la segunda planta, lleva a la Sala del Tintoretto que acoge algunas obras venecianas de los siglos XVI al XVIII. Actualmente es la sede del organismo público que se encarga de los Hogares de Acogida en Venecia. 

Y en el patio de entrada, tras la reja de hierro que domina el Campo, veréis varios brocales de pozos recuperados de una Iglesia derruida. 

Os recomiendo encarecidamente que lo visitéis. Puede resultar un poco costosa la entrada pero, en mi opinión, merece la pena. Subí despacio, disfrutando de la arquitectura y de las vistas que se iban abriendo ante mí conforme alcanzaba altura. Me dejé cegar por la imagen de las cúpulas de San Marcos que casi sentía que podía tocar, la enorme San Giovanni e Paolo, el Campanario de Santo Stefano y, como el día era claro y soleado, por las primeras montañas de los Alpes. Y estuve allí durante casi 30 minutos… completamente sola, contemplando los tejados, escuchando los sonidos de la ciudad y sintiéndome parte de ella.

Ciao!

¿Sabéis que el origen de “ciao” es veneciano? Seguro que utilizáis esta palabra a menudo en vuestro día a día. De hecho, es una palabra italiana muy utilizada en todo el mundo, ya que se ha extendido como una forma coloquial de despedirnos de alguien.

Pero lo que quizá no sepáis, es que “ciao” tiene su origen en Venecia. En dialecto veneciano, “s’ciào vostro” equivale a “vuestro servidor” y era utilizado por los esclavos para dirigirse a sus señores.

Más tarde, pasó a utilizarse por el resto de la población sin distinción y, la evolución de la expresión, derivó en el “ciao” que conocemos actualmente.

Lo cierto es que en España y, supongo que también en el resto del mundo, lo utilizamos solamente para decir adiós, pero los italianos lo usan tanto para decir hola, como para despedirse, siempre de manera coloquial y poco formal.

Seguro que si estáis paseando por Venecia, la oiréis un montón de veces. Y es que suena tan alegre… ¿no os parece?


Dónde comer y beber en Venecia

En Venecia, como en el resto de Italia, hay muchos tipos de establecimientos donde tomar un buen vino o disfrutar de una excelente comida.

Para que os resulte más fácil saber qué encontrar en cada uno y elegir dónde deteneros, en esta entrada voy a intentar ayudaros a distinguirlos y, ya que estoy en ello, os recomendaré algunos de mis favoritos.

BACARO

Un bacaro es un bar de vinos, típico de Venecia, en el que se suelen servir, además de una extensa oferta de vinos locales y regionales, los cichetti, las típicas tapas venecianas que consisten habitualmente en fritos diversos o pequeños crostini (tostada de pan) con ingredientes variados encima.

Entre mis favoritos están la Cà D’Oro alla Vedova, en Canareggio, Al Bottegon (o Cantine del Vino Gia Schiavi) en la Fondamenta Nani y Al Mercá y All´Arco junto al Mercado de Rialto.

ENOTECA

Una enoteca es, principalmente,  una bodega. Es posible que ofrezcan alguna tapa para acompañar los vinos pero nada muy elaborado o de alto nivel.  A las enotecas se va a beber vino y os aseguro que no saldréis defraudados.

Sin duda, tenéis que probar Ai Artisti en Fondamenta della Toletta; o la Cantina Do Mori junto al Mercado de Rialto.

BAR

Es análogo al establecimiento español y en él, podéis tomar bocadillos y sobre todo beber café o tomar el aperitivo al mediodía o por la tarde.

Entre mis favoritos, el Bar Orange en Campo Santa Margherita, el Bacaro Jazz, al pie del Puente de Rialto y Il Mercante frente al Campo dei Frari.

Il Mercante

OSTERIA

Las osterie provienen de las antiguas posadas o fondas que se encontraban en los caminos como sitio de descanso donde beber y comer algo sencillo y poder pasar la noche. Eran establecimientos humildes en los que el vino era fundamental e imprescindible. Actualmente una osteria es un lugar popular, que se diferencia de las trattorie por ofrecer, principalmente, vinos de la región y más exclusivos, junto con algunas tapas o platos de pasta para acompañarlos.

Algunas de mis favoritas en Venecia son: Osteria Giorgione en Dorsoduro, cerca de la Ca D’Oro y Osteria Al Squero en la Fondamenta Nani.

TRATTORIA

Las trattorie son locales, generalmente de regencia familiar, en los que se cocina comida casera local a precios económicos, con un servicio cercano y sencillo. Podríamos asemejarlas a nuestros mesones. Los vinos ofrecidos son también de cercanía y servidos, generalmente, a granel es decir, en botellas de boca ancha y vasos pequeños. La gran diferencia con un ristorante es el ambiente familiar y popular.

Antipasti de Gatto Nero

Me gustan Trattoria Alla Rampa, en Via Garibaldi en Castello y nuestro lugar imprescindible: la Trattoria Al Gatto Nero da Ruggero en mi adorada isla de Burano.

RISTORANTE

Como en España, un ristorante es aquél lugar en el que se sirven bebidas y comidas algo más elaboradas que las de una trattoria. El servicio también es más organizado y suele haber un maitre y un chef. En los restaurantes no suele haber pizzas, salvo turísticas excepciones, sino platos y menús más elaborados para comer a la carta o de menú del día.

En Venecia son fantásticos el Ristorante Al Theatro, junto a la Fenice y Al Covo, muy cerquita de la Piazza San Marco.

PIZZERIA

Como su nombre indica, la pizza es el producto estrella en las pizzerías. Encontréis a montones con diferentes calidades y tipos de masa e ingredientes. La pizza en Italia es una institución y en Venezia no iba a ser menos. Podéis tomar la pizza en el local o cogerla para llevar. Algunas tienen entrega a domicilio.

Entre mis favoritas Pizza Al Volo en Campo Santa Margherita y Pizzeria L´Angelo junto a Campo Santo Stefano .

Además de las pizzerías, es bastante común una combinación pizzería-restaurante o restaurante-pizzería. La diferencia es que en el primer caso, la pizza tiene gran importancia en el local y hay otros platos básicos de cocina, principalmente pasta y algún segundo plato con postres básicos. En el segundo, sin embargo, la cocina es algo más profesional y elaborada pero, además, se ofrecen pizzas que se cocinan fuera de la cocina, en un lugar habilitado para ello, con un horno de leña normalmente y a la vista del comensal.

Para probar, Ristorante Pizzeria Al Sportivi en Campo Santa Margherita, y Pizzeria Ristorante Ai Botegi junto a Rialto.  

PANINOTECA

Un panino es, básicamente, un bocadillo. En Venecia encontraréis muchos locales abiertos a la calle en los que la oferta de estos panini es amplia, tanto en los tipos de pan (involtini, focaccia, pan de molde, de semillas…), como en los rellenos (ensaladas variadas con quesos, embutidos, atún…). En estos establecimientos, además de los panini, se ofertan bebidas para acompañarlos y se pueden tomar en el propio local o llevároslo para comerlo fuera.

Me resulta difícil recomendaros alguno porque hay cientos y seguramente hay sitios con una variedad y calidad estupenda que desconozco y porque quizá, por el tipo de comida tan sencilla, no merezca la pena moveros buscando uno en concreto. Sin embargo, si os topáis con él, probad los panini que tienen en el Bar Ducale, entre Giglio y San Moise. A mí me encantan y le tengo un cariño muy especial al sitio por diversos motivos.

Estos son los principales establecimientos que os encontraréis en Venecia, aunque hay otros también típicos en Italia que no veréis tan a menudo en esta ciudad como las rosticcerie (en las que se vende la comida preparada para llevar) o las “tavolacalda o fredda que hacen mención a la temperatura en la que se sirven las comidas (generalmente para comer rápidamente como bocadillos, ensaladas o platos de pasta y pizza).

Como veis, la oferta es amplia y para todos los gustos y bolsillos, así que no tenéis excusa para comer y beber bien en la ciudad. No en vano la gastronomía veneciana ocupa un lugar especial entre la ya de por sí ensalzada gastronomía italiana. Y es que los venecianos saben bastante del buen beber, del buen comer y de disfrutar de ello. Hasta tienen una expresión para referirse a ello, “far bacará” de donde proviene precisamente el término bacaro y que significa “ir de fiesta” en dialecto veneciano.  

Estad atentos al blog porque, en breves, os mostraré en otra entrada muchos más de nuestros lugares de cabecera, los que solemos visitar para tapear, comer, tomar un ombra o una copa y que no debéis perderos en vuestra visita a la ciudad.

Campo Santa Margherita

Uno de mis campos favoritos de Venecia es Santa Margherita. En este inmenso campo del sestiere de Dorsoduro, discurre el día a día de los venecianos y se siente el alma de la ciudad. Aquí hallaréis buen ambiente a cualquier hora del día, ese ambiente de plaza de barrio en el que los vecinos disfrutan de la vida, de la compañía y de la amistad.

Por la mañana, vendedores ambulantes que, desde primera hora, montan sus puestos de fruta, verduras, flores o pescado para tener los productos listos cuando comiencen a llegar los primeros madrugadores; o venecianos y turistas que a lo largo de la mañana se sientan en las terrazas de sus alegres cafés para tomar un capuchino o un ombra, según la hora en que se encuentren.

A media tarde, tras la hora del café, de las siestas y de las clases, estudiantes y grupos de amigos tomando un spritz a la hora del aperitivo; o niños jugando y correteando al salir de la escuela.

Al caer la noche, hambrientos en busca de una de las mejores pizzas de la ciudad a la hora de la cena; o de las exquisiteces de las osterie que pueblan la plaza. Y, a última hora del día, trasnochadores que buscan dónde tomar una copa antes de volver a casa.

Esta plaza me enganchó ya en mi primer viaje a Venecia, cuando nos sentamos a tomar un café, a media mañana, en la animada terraza del Caffe Rosso. Una simpática viejecita, consciente de nuestro recién estrenado estado civil, intentó entablar conversación con nosotros en su escaso pero esforzado castellano. Nos sentimos tan a gusto que no puedo dejar de recordar aquel momento como uno de esos que te hacen sonreír cuando piensas en ello, un instante banal pero feliz. Allí, al sol matutino de finales de mayo, nos dejamos envolver por el ambiente del día a día de los venecianos y desde entonces en cada viaje a Venecia, pasamos por ella en más de una ocasión, de día o de noche, con distintos propósitos, pero siempre disfrutando de su inmensidad. Merece la pena visitarla a diferentes horas del día y dejarse engullir por el ambiente.

Pero, además de su riqueza humana, este Campo tiene otras atracciones, como el curioso edificio de ladrillo de la antigua Scuola dei Varoteri (curtidores) con un precioso relieve en la fachada, que domina el centro de la plaza. O la Scuola Grande dei Carmini, con su bella fachada barroca de piedra de Istria y varias obras de Tiepolo. O el Palazzo Corner Foscolo, ahora convertido en hotel, que tiene una de las fachadas góticas más impresionantes de Venecia y una bonita historia que os contaré en otra ocasión protagonizada por Elena Lucrezia Cornaro.

Y, gastronómicamente hablando, en este Campo se ubica nuestra pizzería favorita, Al Volo, en la que es obligado comer pizza “al taglio” sentados en un banco pero, también, otras opciones muy recomendables, como la vinería Nave de Oro (donde comprar vino a granel a muy buen precio) o la Osteria alla Bifora (con su bifora real al fondo del local y ricas tablas de embutidos locales). Y, para el aperitivo o las copas nocturnas, dos clásicos de la ciudad: el Bar Orange y el Duchamp, abiertos hasta más allá de la medianoche.

Todo pasa por Santa Margherita. La vida de Dorsoduro, la vida de Venecia, pasa por Campo Santa Margherita. Y no podéis iros de allí sin haberlo sentido… y vivido.

Venecia en un día (II)

Un día en cualquier ciudad no da para mucho, y en Venecia, el tiempo tiene otro sentido, ya que hay mucho que ver y hacer. Pero como no siempre podemos disfrutar de las ciudades como queremos, debemos aprovechar al máximo el tiempo del que disponemos, así que a un día puede sacársele mucho partido si os organizáis bien.

En esta entrada os planteé un primer itinerario por la ciudad en un día. Ya entonces os explicaba lo difícil que me resultaba seleccionar sitios que ver y dejar otros de lado. Hoy quiero mostraros una alternativa a ese primer paseo por Venecia, comenzando también en la Piazza de San Marco, y visitándola como os explicaba en dicho post. Y una vez que hayáis disfrutado de su belleza, podéis elegir la ruta que más os guste.

Campanile de San Giorgio Maggiore

Si queréis subir al Campanile porque os encantan las vistas (y las de Venecia son apabullantes) pero la espera es demasiado larga, una buena opción es tomar el vaporetto y cruzar a la isla de San Giorgio, cuya silueta aparece frente al Bacino de San Marcos en una de las mejores fotos de la ciudad. Allí, podéis subir al Campanile de la Iglesia de San Giorgio Maggiore. Las vistas son también una preciosidad y no suele haber tanta gente como en el de San Marcos. Eso sí, atentos a la hora en que subís porque ¡el tañido de las campanas es ensordecedor!

La Giudecca desde el Zattere

Si habéis cruzado a San Giorgio, en lugar de volver a San Marcos, cruzad a los Zattere, los muelles frente a la Giudecca desde los que se os ofrecen unas vistas espectaculares de esa isla. Un paseo por ellos en un día soleado hacia la Punta de la Dogana (Aduana), es una grata experiencia y podéis aprovechar para, en uno de sus cafés, tomar un exquisito cappuccino. El café en Venecia en particular, y en toda Italia en general es una delicia para el paladar. Los venecianos toman el cappuccino solamente hasta las 12 del mediodía, así que si lo pedís más tarde puede que algún lugareño os mire con mal disimulada condescendencia… pero es que está tannnn rico…

Punta de la Dogana

Desde la Aduana, siguiendo el muelle al pie del Gran Canal, llegaréis a la Iglesia de Santa María de la Salute, construida en agradecimiento a la liberación de la ciudad de una epidemia. Su silueta desde el Bacino al atardecer es de lo más bonito que veréis y en su interior guarda algunas sorpresas. Se ve en poquito tiempo y la entrada en gratuita.

Más adelante, el edificio de la Colección Peggy Guggenheim, os sorprenderá con la cantidad de obras de arte vanguardista que atesora. Esta colección de arte se encuentra en el palacio Venier dei Leoni, adquirido por Peggy Guggenheim en 1948 y que vivió allí hasta su muerte en 1979. De hecho, está enterrada en su jardín.

Venecia se llena de arte en el sestiere de Dorsoduro. El recorrido por este sestiere, si os atrevéis a adentraros en él, os llevará por calles menos transitadas en las que descubrir galerías de artistas y artesanos de diferentes oficios.

Encaminaros después hacia las Galerías de la Academia, al pie del puente homónimo, uno de los 4 que cruzan el Gran Canal. En esta pinacoteca, se encuentra una excepcional colección de pintura veneciana y del resto del Véneto, entre las que se incluyen algunas de las mejores obras de Canalleto, Tiziano, Tintoretto o Bellini.

Galerías de la Academia

Si seguís el itinerario natural hasta Rialto, atravesaréis los Campi más populares: San Barnaba, Santa Margherita y San Polo son 3 bulliciosas plazas en las que podéis deteneros a tomar un ombra para abrir el apetito. Así llegaréis hasta el Mercado de Rialto, una zona ideal para almorzar, si todavía no lo habéis hecho, en el que las ofertas son abundantes y variadas.

Vista desde el Puente de Rialto

Después cruzad el puente de Rialto desde el que tendréis unas vistas fantásticas del Gran Canal y, al otro lado, subid al Fondaco dei Tedeschi, un Palazzo rehabilitado que os ofrecerá una visión de la ciudad sorprendente y muy emocionante al atardecer.

Una vez aquí, podéis tomar dirección al Guetto hacia Strada Nuova o ir hacia Santa María Formosa hasta alcanzar San Giovanni e Paolo.

Ghetto veneciano

En el primer caso, tras visitar el Ghetto judío, podéis cruzar a la Fondamenta de la Misericordia y terminar la tarde tomando un Spritz en uno de sus bacari. Me encanta el ambiente de esta zona al atardecer, con la gente tomando sus vinos y sus variados  spritz en la calle a orillas de los canales, mientras se pone el sol. Podéis cenar tapeando en esta zona y llegaros hasta Cà D´Oro alla Vedova, que tiene unas polpette exquisitas.

Libreria Acqua Alta

Si tomáis dirección a San Giovanni e Paolo, os estaréis adentrando en Castello, un sestiere que me encanta y, quizá, el más auténtico de todos. Sin duda os toparéis en algún momento con mi librería favorita, Acqua Alta, un lugar donde los libros dejan el protagonismo a sus contenedores. En Castello también hay preciosos lugares en los que tomar un vino y tapear o cenar alguna de los platos típicos venecianos.

Y para terminar el día, salid al Gran Canal y tomad un vaporetto. Volveros locos con el Canalesso nocturno… si no sois de piedra, comenzaréis a planificar vuestra vuelta a la Serenissima…

Gran Canal

La fiesta del Redentore

En el siglo XVI, una terrible epidemia de peste azotaba toda Europa. La peste llegó a Venecia y mermó un tercio de su población en apenas dos años. Por entonces había una fuerte convicción religiosa y la peste se consideraba un castigo divino, así que el Dux pidió a Dios la salvación de la ciudad y prometió que levantaría una Iglesia en agradecimiento si terminaba con la epidemia.

Antes incluso de que la peste se erradicara, se encargó a Andrea Palladio la construcción de un templo en los terrenos de un antiguo convento franciscano, en la isla de la Giudecca, que se levantó en tan solo 15 años. Y cuando por fin, la ciudad se vio libre de la enfermedad, se acordó que cada año se conmemoraría este hecho visitando la Iglesia y dando gracias por el fin de la enfermedad.

La Iglesia del Redentore desde el Zattere

Así, cada año en Venecia, el tercer domingo del mes de julio, se conmemora la salvación de la ciudad. Se construye un puente votivo (llamado así porque se considera que la Iglesia es el resultado de una promesa solemne) entre el Zattere y la Giudecca, y se abre al público el sábado anterior y tras ser bendecido por el Patriarca, los venecianos lo atraviesan para acceder al templo. El puente lleva hasta la Iglesia del Redentore en la que se celebra cada año, rigurosamente desde 1577 una solemne misa de agradecimiento.

Es una fiesta muy querida por los habitantes de la ciudad, que disfrutan durante todo el fin de semana no solo de los actos religiosos sino también de otras actividades muy populares. El sábado, los venecianos salen en sus embarcaciones decoradas e iluminadas para la ocasión y disfrutan de una especie de picnic a bordo de ellas. Montan largas mesas en las Fondamenta, sobre todo en la de la Giudecca, y disfrutan de horas de hermandad y buena vecindad comiendo platos típicos. 

Entre la Giudecca y San Marcos se concentra una multitud de barcos y los habitantes y visitantes esperan con emoción el momento en que comience el gran espectáculo de fuegos artificiales cerca de la medianoche, que dura unos 45 minutos e ilumina las aguas de la Serenissima con su reflejo. Es un espectáculo pirotécnico espectacular, en un escenario único y muy esperado y a su término, algunas personas acuden a continuar la noche en el Lido.

La fiesta continúa la mañana del domingo, con la celebración de la Regata del Redentor, en la que típicas embarcaciones venecianas recorren el Canal de la Giudecca para poner un broche de oro al fin de semana.

Presenciar un situ esta fiesta es uno de mis pendientes en Venecia. De momento, tengo que conformarme con verlo desde la cámara web de este enlace ¿Y vosotros? ¿Habéis tenido la suerte de vivirla? ¡Contádmelo y dejad que rabie de envidia!

El sestiere de Castello

Castello es uno de los 6 sestieri de Venecia. Llamado así por la fortaleza del siglo VIII que se alzaba donde ahora está la isla de San Pietro, es el sestiere más grande de la ciudad. Castello sería la cola del pez que es Venecia, el primer barrio en el que los vénetos se asentaron cuando, huyendo de las invasiones germanas, comenzaron a habitar estos asentamientos y, también, el sestiere que más se ha modernizado con su expansión urbanística hacia Santa Elena. Aquí se instalaron las órdenes mendicantes de los dominicos y franciscanos que contribuyeron de gran manera en la construcción de edificios de gran calidad artística.

Algunas de sus calles y edificios de interés son de los más visitados de Venecia, pero además, alejado de las masas de turistas, en un paseo por Castello, podréis descubrir un barrio tranquilo y sereno, donde la vida se vive con otro ritmo.

Castello

Adentraros en Castello os llevará hasta el Campo San Giovanni e Paolo, llamado durante siglos el Campo de las Maravillas, donde disfrutaréis, entre otras atracciones turísticas, de la Iglesia del mismo nombre o de la preciosa fachada del Ospedale Civile.

También en Castello, el Arsenal, el gran astillero donde se construía la enorme flota veneciana, os transportará a los tiempos en que la Serenissima era la reina del Adriático.

Entrada al Arsenal

O quizá os apetezca sentaros a tomar un Spritz en la preciosa plaza de Santa Maria Formosa, tras una visita al curioso y poco conocido Museo Querini Stampalia.

Pero además, en Castello, os encontrareis con los venecianos que por las mañanas, llenan tiendas, mercados y bacari, durante el atardecer se sientan en las terrazas con un vino a comentar la jornada, o por la noche abandonan las calles dejando a la ciudad sumida en la tranquilidad y la penumbra.

Os recomiendo que deis un paseo desde la Piazza San Marcos por la Riva degli Schiavoni hasta Vía Garibaldi, cuya entrada desde el Gran Canal tiene forma de quilla de barco. Nos encanta esta calle, creada cuando Napoleón ordenó enterrar el río de Santa Anna. En ella es imprescindible sentarse a tomar un café, un ombra o un spritz, según el momento del día, y observar la vida veneciana a vuestro alrededor.

Via Garibaldi

Podéis adentraros en los Giardini, una de las escasas zonas verdes de la ciudad, que acoge bianualmente la Biennale de Venezia, un acontecimiento artístico y cultural que transforma este barrio tranquilo. Allí, podéis hacer una parada en la cafetería del invernadero, situado en una calle sin pavimentar cuya arboleda desemboca en el mastodóntico monumento a Garibaldi.

O quizá llegaros hasta la moderna Santa Elena, nada que ver con el resto del casco histórico de Venecia, y que os mostrará la ciudad más actual.

Desde Vía Garibaldi, un bonito paseo os acercará hasta la isla de San Pietro donde, la Iglesia homónima de fachada palladiana, os recibirá con su majestuoso campanario de piedra de Istria a los pies de una preciosa explanada, donde el tiempo se ha detenido. En su interior se encuentra la Cátedra de San Pedro, y al pie del canal de San Pietro, los restos de los antiguos squeri Quintavalle, dos talleres contiguos que ocupaban toda la Fondamenta de Quintavalle destinados a la reparación de embarcaciones de tonelaje medio o grande. En los canales y casas de los alrededores será fácil encontraros con los pescadores que tienden sus redes al sol o preparan sus barcas para un día de trabajo en el mar.

Puente de Quintavalle

De vuelta, podréis asomaros a la librería Acqua Alta y rebuscar entre sus montones de libros, revistas y folletos en busca de algún ejemplar que llevaros a casa y deambular por las callejuelas en busca de artesanos escondidos hasta la maraña de calles de la Mercerie que desembocan en Piazza San Marcos.

Y no dejéis en vuestro recorrido de visitar algunas de las osterias, bacari y trattorias de entre la cantidad de propuestas que os encontrareis. Venecia está llena de oportunidades gastronómicas y Castello no se queda rezagada. Aquí podéis tomar un buen café en Rosa Salva, un ombra a media mañana en la Enoteca Mascareta, daros un homenaje para comer en Al Covo, beber un sprtiz al atardecer en Bacaro Risorto y terminar el día con pizza o cualquier otra opción de las que ofrece El Refolo.

Un campo en Castello

Un sestiere, sin duda, lleno de contrastes que os encandilará y os dará otro motivo más para volver a Venecia, porque seguro que algo se os quedará por hacer…

La Fiesta de San Pedro

La fiesta de San Pedro se celebra en Venecia la semana del 29 de junio, día de San Pedro. Se trata de una fiesta típica veneciana, que los turistas no suelen conocer y cuyo escenario es el sestiere de Castello, más concretamente, los alrededores de la explanada donde se encuentra la Basílica de San Pedro, que fue la sede religiosa de la ciudad hasta el siglo IX.

Con esta popular fiesta, se conmemora el momento del año en que el Dux se acercaba hasta San Pietro en barca para mostrar sus respetos al Patriarca de Venecia, encontrándose así el poder terrenal y el religioso en el exterior de la Iglesia, en el lugar señalizado con una baldosa blanca.

La explanada delante de la Iglesia de San Pietro

Durante la semana festiva, en las cercanías de la Basílica de San Pietro di Castello, se celebran conciertos, espectáculos y eventos muy variados. Por ejemplo, podéis subir a un barco en el que realizar una visita guiada gratuita que, partiendo de San Pietro, llega hasta el Arsenal. Durante la travesía se puede disfrutar de historias y leyendas relacionadas con la festividad.

Además, podréis disfrutar de un mercadillo solidario a cargo de varias asociaciones; exposiciones fotográficas; un espectáculo de cabaret musical; visitas guiadas gratuitas a la Basílica de San Pietro di Castello; La regata de le Marie, acto también que se celebra en la apertura del Carnaval y que recuerda la dote tradicional que ofrecía el dux en la época de la Serenissima; así como de espectáculos callejeros de marionetas.

¿Conocéis esta fiesta? Un bonito motivo para una escapada a Venecia a finales de este mes de junio, antes de que el calor y los turistas la tomen durante el resto del verano.

El Puente de la Libertad

Si llegáis a Venecia por tierra, solamente hay una forma de hacerlo: atravesando el Puente de la Libertad, el puente que os adentrará en una ciudad milenaria, donde apenas nada ha cambiado en los últimos siglos.

Este puente, que une tierra firme desde Mestre con el centro histórico de Venecia, se inauguró en 1933 y para su construcción, realizada junto al antiguo puente ferroviario del reino Lombardo-Véneto, se suprimió parte del Canal Salso, que hasta entonces era la vía de conexión con la Península a través de embarcaciones varias.

Sus 3850 metros de largo terminan en el Piazzale Roma, último paso permitido para el tráfico de vehículos y a partir de ahí, todo el transporte se realiza a pie o en la multitud de variadas embarcaciones que discurren por las calzadas-canales venecianos. El transporte público se realiza en vaporetto, un autobús acuático que discurre por el Gran Canal en ambos sentidos y conecta Venecia con el resto de islas de la Laguna.

Vista aérea del Puente de la Libertad. Fuente: Wikipedia

El Puente de la Libertad se llama así desde el final de la Segunda Guerra Mundial, para conmemorar la liberación del fascismo, pero inicialmente, cuando se inauguró por Benito Mussolini, se llamó Puente Littorio, evocando la simbología fascista.

El Puente consta de dos carriles de circulación por cada sentido para vehículos a motor, el puente ferroviario que termina en la Estación de Santa Lucía y dos aceras – ciclo vías. Además, desde hace unos años, un trolebús conecta terra firme con Piazzale Roma.

Tiziano Scarpa, en su libro “Venecia es un pez”, describe el Puente como el sedal que la une a tierra firme, una ciudad que ha mordido el anzuelo de manera que no pueda escaparse mar Adriático adentro. Cuando estéis atravesándolo, abrid bien los ojos,  pues estaréis entrando en la boca del pez, un pez que al engulliros os mostrará su belleza serena y soberbia.

A mí, es el medio que más me gusta para llegar a la ciudad, pues la entrada se realiza lentamente, con el agua que rodea Venecia a ambos lados del puente y que durante toda vuestra estancia será la protagonista indiscutible. Y una vez atravesado, ya solo queda disfrutar de su magia. Ohhh Venecia…

Los esponsales con el mar

Los esponsales con el mar

Hoy, 2 de junio, es un día importante en Venecia. Es el día en que se renuevan los esponsales con el mar, el día de la “Sensa”.

La Sensa se celebra en Venecia desde mayo de 998, cuando el Dogo Pietro II Orseolo conquistó Dalmacia. Pero fue a partir de 1177 cuando se convirtió en una celebración anual de recreación histórica, gracias a la firma del tratado de paz entre el Papa Alejandro III y Federico Barbarroja, que tuvo lugar en presencia del Dogo Sebastiano Ziani.

Con motivo de la firma de este tratado, el Dogo recibió un anillo del Papa que representaba el poderío y dominio de los mares de la Serenissima, simbolizando el matrimonio de Venecia con el mar.

Desde entonces, el día de la Ascensión, el Dux, a bordo del Bucintoro, una enorme galera de dos plantas recubierta de oro, y su séquito formado por diversas embarcaciones, se acercaba hasta la isla de Sant’Elena y, en el punto más alto de San Pietro di Castello, se encontraba con el Obispo, quien le daba su bendición. Todavía en la explanada frente a San Pietro podéis ver la piedra de color blanco que señala el lugar exacto donde ambos representantes de la ciudad, el terrenal y el eclesiástico, se encontraban. Luego, el Dogo acudía a la desembocadura del puerto de San Nicolò desde donde lanzaba un anillo de oro a las aguas de la laguna para conmemorar y confirmar el vínculo entre Venecia y el mar.

El Bucintoro según Canaletto

Con la caída de la República de Venecia y la destrucción del Bucintoro por las tropas napoleónicas, la fiesta de la Sensa se suspendió hasta 1965, pero a partir de esa fecha se recuperó y desde entonces, anualmente, el domingo siguiente al día de la Ascensión, tiene lugar el desfile de embarcaciones encabezada ahora por el alcalde de la ciudad.

Como antaño, la procesión parte de San Marco y llega a San Nicolò, donde, frente a la iglesia homónima, se recuerda la ceremonia del matrimonio del mar con el lanzamiento simbólico del anillo a las aguas. Es un día muy festivo y querido por los venecianos y la ciudad se engalana para celebrarlo, se montan puestos callejeros y varias regatas discurren desde San Marcos hasta el Lido, con las embarcaciones decoradas para la ocasión. Disfrutar de esta fiesta en Venecia es una de las cosas que tengo pendientes de hacer allí… otro motivo para volver.

Los esponsales con el mar

El Chorus Pass

El Chorus Pass

En Venecia hay más de 50 Iglesias. Además de la Basílica de San Marcos, la Iglesia de la Salute y otras de determinado tamaño e importancia, existe un bono, el “Chorus Pass”, que permite visitar 17 de esas Iglesias, repartidas por toda la ciudad, en horario de lunes a sábado de 10:30 a 16:30 mayoritariamente (algunas tienen horario especial).

El coste del Chorus es de 12 € la entrada general, 8€ para estudiantes menores de 29 años y 24€ para familias con dos adultos y niños menores de 18 años. Se adquiere en cualquiera de las Iglesias adheridas, online en su página web oficial y en las oficinas de turismo. Tiene validez durante un año desde la primera vez que lo uséis al entrar en una de las iglesias. Con el bono os entregarán un mapa con las localizaciones y una breve reseña sobre cada una de ellas.

En muchos de los templos, existen fichas informativas en varios idiomas, de prestado, con la historia del edificio y un plano con la ubicación de las obras que contienen.

Fachada principal San Pietro di Castello

Nosotros llevábamos muchos viajes pensando en adquirir el Chorus y dedicarnos a visitarlas, pues el coste se amortiza una vez que has entrado en cuatro de ellas. Así que, en el viaje de enero pasado,  nos decidimos, ya que tenía en mente visitar la iglesia de Santa María dei Miracoli, una preciosa construcción con una maravillosa escalinata en su interior que hace las delicias de las novias venecianas. Puesto que ésta es una de las que entran con el bono, lo adquirimos allí y, plano en mano, dedicamos un par de días a recorrer la ciudad de Iglesia en Iglesia.

Lo cierto es que me decepcionó un poco. Exceptuando Miracoli y San Pietro, el resto no merecen mucho la pena si vais a estar poco tiempo en la ciudad, a no ser que seáis grandes expertos, os guste mucho el arte que contienen o, simplemente, sea una de vuestras prioridades cuando viajáis. Personalmente creo que hay otras iglesias que merecen más la pena ver antes que la mitad al menos de las del Chorus y además, un par de las incluidas en el bono, suelen ser de entrada libre, con lo que podríais verlas de todas formas si pasarais por delante en vuestros paseos y os apeteciese entrar.

Tendréis también que tener en cuenta que durante las celebraciones religiosas no se pueden visitar, ni tampoco los domingos ni los festivos oficiales, pero no os preocupéis, pues todo ello viene indicado en el plano que os entregarán.

San Giacomo di Rialto

Éstas son las iglesias que entran en el Chorus Pass organizadas por Sestieri:

Cannaregio:

  • San Giobbe
  • Sant´Alvise
  • Santa Maria del Miracoli

San Polo:

  • San Giovanni Elemosinario
  • San Polo
  • Santa Maria Gloriosa dei Frari
  • San Giacomo di Rialto

Santa Croce:

  • San Stae
  • San Giacomo dall´Orio

Dorsoduro y Giudecca:

  • San Sebastian
  • Santa Maria del Rosario (I Gesuiti)
  • Santissimo Redentore

Castello:

  • San Pietro di Castello
  • Santa Maria Formosa

San Marco:

  • Santa Maria del Giglio
  • Santo Stefano
  • San Vidal

En algunos días concretos, existe la posibilidad de realizar visitas guiadas gratuitas a algunas de las Iglesias. Os informarán allí mismo, en las oficinas de turismo o también podéis consultarlo en la web de Chorus Pass, por si queréis planificarlo con antelación.

Fachada Santa Maria dei Miracoli

Mi recomendación personal: San Pietro de Castello es la historia viva de Venecia. Fue la primera catedral de la ciudad y sede del Patriarca de la Serenissima. Merece la pena acercarse hasta ella, retirada de las zonas turísticas habituales y disfrutar aquí de un paseo entre las tranquilas calles del barrio de Castello, el precioso campanario de piedra de Istria, el claustro de ladrillo rosáceo y el interesante interior en el que se encuentra la llamada Cátedra de San Pedro. Santa Maria dei Miracoli, de una sola nave, con el presbiterio elevado sobre la escalinata de mármol y decorada con decenas de estatuas de profetas y patriarcas es una obra de arte de Pietro Lombardo que he tardado demasiado tiempo en descubrir. Si podéis, no os las perdáis.

Il risotto

La gastronomía veneciana es rica, amplia y variada, fruto de esa mezcolanza de culturas, civilizaciones y poblaciones que la han habitado y dejado huella desde siglos inmemoriales.

Como resultado, existen multitud de recetas con base en los productos autóctonos, pero también con mucha influencia de la tradición de la Serenissima.

En la cocina veneciana

En toda Italia la gastronomía es una maravilla y en Venecia, los platos y caldos de la ciudad en particular y de la región Véneta en general, son toda una experiencia que merece la pena descubrir. Cuando estéis en Venecia, la ineludible tentación será comer pizza, pasta, helados… Hacedlo. Las propuestas son innumerables y, salvo excepciones, todas de una altísima calidad. Pero la cocina veneciana es mucho más: baccalà mantecato, sarde en saor, risi e bisi, seppie al nero o risotto, son platos que no debéis dejar de probar antes de partir.

Desde nuestro primer viaje, en cada uno de ellos, cargamos nuestra maleta de vuelta con las especialidades venecianas que luego nos permiten disfrutar de alguno de esos platos en casa. Y entre esos manjares que meto en la maleta no puede faltar arroz para hacer risotto.

Arroz para risotto

El risotto es mi especialidad en la cocina y cocinarlo lo convierto en todo un acto íntimo y trascendental: abro el vino, siempre blanco, con el que voy a cocinar, me sirvo una copa y me recreo mientras preparo el resto de ingredientes.

El ingrediente principal, por supuesto, es el arroz. El arroz que debe usarse para hacer un buen risotto es un arroz de una calidad especial, de unas características tales que permite que el caldo de cocción penetre en él mientras suelta el almidón para darle ese punto cremoso sin que llegue a estar pastoso. En casa, nuestro favorito se hace con un buen caldo de pescado al que le añadimos gambones al retirarlo del fuego, para que se hagan con el calor residual…delicioso. Pero la variedad de risotti diferentes que podéis preparar es infinita, así que dejaros llevar por la imaginación y probad a cocinarlo.

El arroz usado para hacer risotto es de grano corto y duro. Se utilizan las variedades Carnaroli, Arborio y uno típico del Véneto, la variedad Vialone Nano, cultivado en el norte de Italia. Este último es ideal para mi gusto, pues consigue que el risotto quede fluido y mantecoso y permite comerlo con tenedor. Hay una expresión para describirlo: “all’onda”. Se refiere a que al deslizarse por el plato inclinado, el arroz forma una especie de ola.

Cuando termino las existencias que me he traído de Venecia, uso Carnaroli. No es tan espectacular el resultado pero está también muy rico. Es España el más fácil de conseguir es el Arborio, pero no me gusta mucho porque no aguanta la cocción como los otros dos y puede romperse el grano.

Risotto alla Buranella de la trattoria “Al Gato Nero” (Burano)

Además del arroz, para hacer un buen risotto, la base es un buen caldo. Puede utilizarse de lo que queráis, en función del resto de ingredientes, pero es fundamental que esté hirviendo cuando se añada a la cazuela, porque en caso contrario, podría cortar la cocción del arroz y echar a perder el plato. El caldo se debe ir incorporando al arroz poco a poco, a medida que éste va absorbiendo el líquido, y no debéis dejar de remover con una cucharada de palo y mucho cuidado para no romper el grano, para que el almidón del arroz haga su función. Yo utilizo una cuchara de madera con un agujero en medio para facilitar el paso de los granos al moverlos sin que sufran demasiado. Unos 15-18 minutos de cocción serán suficientes.

Os dejo la receta de mi risotto favorito, probadlo y os haréis incondicionales de él. Y si no, también podéis ir a Venecia y comerlo allí…los pescados de la laguna le dan un toque peculiar y las propuestas son muchas. Un buen vino blanco de la multitud de ricos caldos del Véneto o en su defecto cualquier otro de buena calidad y será una comida perfecta. ¿Os animáis a cocinarlo?

Risotto marinero

Ingredientes para 4 personas:

  • 350 gramos de arroz para risotto, preferiblemente Vialone Nano
  • 1,5 litros de caldo de pescado aproximadamente
  • 1 cebolla mediana
  • Aceite de oliva
  • Vino blanco seco
  • 20 gramos de mantequilla
  • 20 gramos de queso parmesano
  • 8 gambones o los que deseéis por persona
Mise en place

Ponemos a hervir el caldo en un cazo y lo mantendremos así durante todo el cocinado. En una cazuela o sartén ancha de fondo grueso (mejor si es de hierro fundido, que reparte muy bien el calor), calentamos el aceite, añadimos la cebolla picada fina y pochamos.

Cuando la cebolla esté transparente, añadimos el arroz y lo mezclamos bien, hasta que se torne translúcido. Entonces regamos con un chorrito de vino y, sin dejar de remover, dejamos que se evapore.

Si el caldo de pescado utilizado es de calidad, seguramente no os hará falta sal. Yo no le pongo. Pero si queréis usarla, este es el momento de salar el risotto.

Añadimos un cucharón de caldo y removemos con frecuencia hasta que se evapore. Continuamos añadiendo caldo a medida que éste se absorbe. Pasados 15-18 minutos el risotto estará listo.

Lo retiramos del fuego e incorporamos la mantequilla y el parmesano mezclándolos enérgicamente para mantecarlo, es decir, para darle ese punto mantecoso característico. Añadimos los gambones pelados, tapamos y reposamos 2 minutos. Listo para deleitarnos.

A comer!

10 razones para volver a Venecia

Si habéis llegado hasta aquí, seguramente será porque no tuvisteis suficiente con una primera visita a Venecia y es lógico, pues Venecia, contrariamente a lo que la gente suele pensar, da para mucho y para muchos días. En vuestra primera visita habréis visto los lugares más turísticos, lugares que por supuesto no tenéis que perderos. Pero según el tiempo que hayáis pasado en ella, habréis dejado de ver y vivir sitios y momentos inolvidables. Éstos son algunos de los motivos que podéis tener en cuenta para volver si los pasasteis por alto la primera vez:

1.- El amanecer. Despertarse en Venecia ya es de por sí algo mágico, pero si además madrugáis lo suficiente para ver amanecer desde el Bacino de San Marcos, el día comenzará de la mejor manera posible. Los primeros trabajadores porteando sus mercancías y los gondoleros preparando sus embarcaciones, os acompañarán mientras el sol se levanta desde detrás de la Iglesia de San Giorgio Maiore para teñir las aguas de la laguna de naranjas y rojos. Merece la pena el madrugón, os lo aseguro.

Amanecer en Venecia

2.- El atardecer desde Riva degli Schiavoni. Si el amanecer es precioso en Venecia, no lo es menos la caída del sol vista desde la Riva.  Acompañar al astro mientras se oculta lentamente detrás de la Iglesia de la Salute es el broche de oro para un día perfecto en la ciudad. Mucha de la fascinación que Venecia ejerce sobre mí se debe a su luz, esa luz que va cambiando a lo largo del día según se va reflejando en los mármoles o en el agua de la laguna… y, antes de caer la noche, el sol poniente brinda un espectáculo increíble.

Atardecer tras la Aduana y La Salute

3.- La niebla. Las probabilidades de que en Venecia haya niebla en invierno son altas. Hay mucha humedad y la brisa marina a veces es tan gélida que corta la cara. Pero la luz tamizada y la atmósfera gris y borrosa, son mágicas. Me encanta el sol, de hecho, no me gusta nada el invierno…salvo por Venecia. Es la estación del año en que me escapo allí y el único lugar del mundo en el que no me importa que no salga el sol. Venezia con niebla es muy romántica…atreveros a visitarla entonces y me contáis.

Niebla en Venecia

4.- La Scuola Grande de San Rocco. Venecia está plagada de arte, museos, galerías, iglesias que acumulan lienzos, esculturas y otros objetos que merecen la pena. Hay tanto que ver que inevitablemente deberéis elegir. Cuando alguien me pregunta qué ver en Venecia y sé que va a pasar apenas dos o tres días en ella, sin duda le recomiendo que entre tanto por ver, visite San Rocco. La obra culminante de Tintoretto es un imprescindible en la ciudad. La he visitado en varias ocasiones y cada una de ellas me impresiona. Si os gusta el arte y no tenéis mucho tiempo en la ciudad pero queréis visitar alguna pinacoteca, os aconsejo que os decidáis por esta antigua Scuola Grande.

Detalle

5.- El Ghetto judío. En Venecia se originó el primer ghetto del mundo y, de hecho, el vocablo tiene origen veneciano. Procede de las fundiciones de hierro que existían en la zona en la que los judíos fueron recluidos, de manera que durante la noche se cerraban las rejas y se les encerraba en el sestiere de Canareggio. Hoy en día todavía podéis ver las marcas de los goznes de las rejas en el sottoportego de acceso. Pero pasear por los Ghettos Nuovo y Vecchio es mucho más. La judería más antigua del mundo, que data de 385, contiene el homenaje que la ciudad dedicó a los judíos después del holocausto nazi, y aún hoy viven allí muchas familias dotando a la zona de una calma abrumadora. Para mí, el mejor momento para visitarlo es al final de la tarde, cuando comienza a caer la noche y la tranquilidad se palpa en el ambiente, los pasos resuenan en cada ladrillo y los residentes se van retirando a sus viviendas. Visitar las sinagogas, tomar un tentempié de comida kosher o paladear alguno de los dulces típicos, os transportará a otra dimensión. Curiosamente, aunque ya no existen rejas ni cadenas, a mí todavía me parece entrar en otro mundo dentro de la propia Venecia.

Edificio del Ghetto de Venecia

6.- Castello. En Castello, la vida veneciana bulle en las calles, en las tabernas y en los campi. Algo alejado de las rutas más turísticas, un paseo por Vía Garibaldi a media mañana y un ombra en una de sus terrazas, os dará la oportunidad de ver otra Venecia. Y si tenéis tiempo, acercaros hasta San Pietro de Castello. La primera catedral de Venecia, con su precioso campanario de mármol blanco y su claustro milenario, es una joya de la arquitectura veneciana y en un recorrido por las calles aledañas, podréis saludar a los venecianos que habitan este antiguo barrio.

Via Garibaldi

7.- Palacio Contarini dei Bovolo. La preciosa escalera renacentista de este palacio, que se encuentra en un pequeño campo escondido de las rutas de más afluencia, es una pequeña joya que os sorprenderá. Tendréis que estar atentos para encontrarla y una vez lo hayáis hecho, subir para disfrutar de su preciosa hechura. Las vistas desde arriba quizá no sean las mejores, pero merece la pena el ascenso por descubrir toda su belleza y estar tan cerca de las cúpulas de la Basílica de San Marcos.

Escalera del Palacio Contarini del Bovolo

8.- San Giovanni e Paolo. Esta hermosa Iglesia, en la que se encuentran los panteones de muchos dux de la Serenissima, es una obra de arte del gótico tardío veneciano. El campo homónimo en que se encuentra, tiene otras atracciones que merecen la pena como el Ospedale o la estatua ecuestre de Colleoni y, por supuesto, una de mis cafeterías favoritas: Rosa Salva.

Fachada de San Giovanni e Paolo

9.- La librería Acqua Alta. Entre el campo Santa María Formosa y el campo San Giovanni e Paolo se encuentra en una pequeña plaza esta librería de viejo que, como todo en Venecia, tiene su encanto en lo decadente y pintoresco de la disposición de sus ejemplares. Bañeras, góndolas y cualquier otro objeto que salve a los libros del fenómeno del Acqua Alta convierten la visita en imprescindible. No puedo resistirme a comprar algo cada vez que entro allí, una antigua postal, una curiosa libreta, una vieja edición de algún librito… y varias de las fotos que he tomado allí, adornan una de las paredes de mi biblioteca, en la buhardilla de casa.

Librería Acqua Alta

10.- Burano. Desde hace bastante viajes, una de nuestras mañanas en la ciudad comienza con un paseo desde nuestro alojamiento a Fondamenta Nuove para coger el vaporetto que nos lleve a Burano. Allí, damos un paseo, comemos en Gatto Nero un exquisito risotto alla buranesa y después bajamos la comida paseando por la isla, visitando nuestros rincones favoritos y esperando el atardecer desde la parte de atrás de la isla y de frente a Venecia. Si solamente vais a estar un día o dos en Venecia, no merecerá la pena perder medio día en ir a la isla. Pero sin duda es uno de los pendientes que deberéis apuntar para vuestra próxima visita.

Casas típicas de Burano

Se me ocurren muchas más razones para volver a Venecia, no terminaría nunca de enumerarlas, os las iré contando en pequeñas dosis…y ¿a vosotros? ¿Qué os apetece hacer en la Serenísima?