Ciao!

¿Sabéis que el origen de “ciao” es veneciano? Seguro que utilizáis esta palabra a menudo en vuestro día a día. De hecho, es una palabra italiana muy utilizada en todo el mundo, ya que se ha extendido como una forma coloquial de despedirnos de alguien.

Pero lo que quizá no sepáis, es que “ciao” tiene su origen en Venecia. En dialecto veneciano, “s’ciào vostro” equivale a “vuestro servidor” y era utilizado por los esclavos para dirigirse a sus señores.

Más tarde, pasó a utilizarse por el resto de la población sin distinción y, la evolución de la expresión, derivó en el “ciao” que conocemos actualmente.

Lo cierto es que en España y, supongo que también en el resto del mundo, lo utilizamos solamente para decir adiós, pero los italianos lo usan tanto para decir hola, como para despedirse, siempre de manera coloquial y poco formal.

Seguro que si estáis paseando por Venecia, la oiréis un montón de veces. Y es que suena tan alegre… ¿no os parece?


Dónde comer y beber en Venecia

En Venecia, como en el resto de Italia, hay muchos tipos de establecimientos donde tomar un buen vino o disfrutar de una excelente comida.

Para que os resulte más fácil saber qué encontrar en cada uno y elegir dónde deteneros, en esta entrada voy a intentar ayudaros a distinguirlos y, ya que estoy en ello, os recomendaré algunos de mis favoritos.

BACARO

Un bacaro es un bar de vinos, típico de Venecia, en el que se suelen servir, además de una extensa oferta de vinos locales y regionales, los cichetti, las típicas tapas venecianas que consisten habitualmente en fritos diversos o pequeños crostini (tostada de pan) con ingredientes variados encima.

Entre mis favoritos están la Cà D’Oro alla Vedova, en Canareggio, Al Bottegon (o Cantine del Vino Gia Schiavi) en la Fondamenta Nani y Al Mercá y All´Arco junto al Mercado de Rialto.

ENOTECA

Una enoteca es, principalmente,  una bodega. Es posible que ofrezcan alguna tapa para acompañar los vinos pero nada muy elaborado o de alto nivel.  A las enotecas se va a beber vino y os aseguro que no saldréis defraudados.

Sin duda, tenéis que probar Ai Artisti en Fondamenta della Toletta; o la Cantina Do Mori junto al Mercado de Rialto.

BAR

Es análogo al establecimiento español y en él, podéis tomar bocadillos y sobre todo beber café o tomar el aperitivo al mediodía o por la tarde.

Entre mis favoritos, el Bar Orange en Campo Santa Margherita, el Bacaro Jazz, al pie del Puente de Rialto y Il Mercante frente al Campo dei Frari.

Il Mercante

OSTERIA

Las osterie provienen de las antiguas posadas o fondas que se encontraban en los caminos como sitio de descanso donde beber y comer algo sencillo y poder pasar la noche. Eran establecimientos humildes en los que el vino era fundamental e imprescindible. Actualmente una osteria es un lugar popular, que se diferencia de las trattorie por ofrecer, principalmente, vinos de la región y más exclusivos, junto con algunas tapas o platos de pasta para acompañarlos.

Algunas de mis favoritas en Venecia son: Osteria Giorgione en Dorsoduro, cerca de la Ca D’Oro y Osteria Al Squero en la Fondamenta Nani.

TRATTORIA

Las trattorie son locales, generalmente de regencia familiar, en los que se cocina comida casera local a precios económicos, con un servicio cercano y sencillo. Podríamos asemejarlas a nuestros mesones. Los vinos ofrecidos son también de cercanía y servidos, generalmente, a granel es decir, en botellas de boca ancha y vasos pequeños. La gran diferencia con un ristorante es el ambiente familiar y popular.

Antipasti de Gatto Nero

Me gustan Trattoria Alla Rampa, en Via Garibaldi en Castello y nuestro lugar imprescindible: la Trattoria Al Gatto Nero da Ruggero en mi adorada isla de Burano.

RISTORANTE

Como en España, un ristorante es aquél lugar en el que se sirven bebidas y comidas algo más elaboradas que las de una trattoria. El servicio también es más organizado y suele haber un maitre y un chef. En los restaurantes no suele haber pizzas, salvo turísticas excepciones, sino platos y menús más elaborados para comer a la carta o de menú del día.

En Venecia son fantásticos el Ristorante Al Theatro, junto a la Fenice y Al Covo, muy cerquita de la Piazza San Marco.

PIZZERIA

Como su nombre indica, la pizza es el producto estrella en las pizzerías. Encontréis a montones con diferentes calidades y tipos de masa e ingredientes. La pizza en Italia es una institución y en Venezia no iba a ser menos. Podéis tomar la pizza en el local o cogerla para llevar. Algunas tienen entrega a domicilio.

Entre mis favoritas Pizza Al Volo en Campo Santa Margherita y Pizzeria L´Angelo junto a Campo Santo Stefano .

Además de las pizzerías, es bastante común una combinación pizzería-restaurante o restaurante-pizzería. La diferencia es que en el primer caso, la pizza tiene gran importancia en el local y hay otros platos básicos de cocina, principalmente pasta y algún segundo plato con postres básicos. En el segundo, sin embargo, la cocina es algo más profesional y elaborada pero, además, se ofrecen pizzas que se cocinan fuera de la cocina, en un lugar habilitado para ello, con un horno de leña normalmente y a la vista del comensal.

Para probar, Ristorante Pizzeria Al Sportivi en Campo Santa Margherita, y Pizzeria Ristorante Ai Botegi junto a Rialto.  

PANINOTECA

Un panino es, básicamente, un bocadillo. En Venecia encontraréis muchos locales abiertos a la calle en los que la oferta de estos panini es amplia, tanto en los tipos de pan (involtini, focaccia, pan de molde, de semillas…), como en los rellenos (ensaladas variadas con quesos, embutidos, atún…). En estos establecimientos, además de los panini, se ofertan bebidas para acompañarlos y se pueden tomar en el propio local o llevároslo para comerlo fuera.

Me resulta difícil recomendaros alguno porque hay cientos y seguramente hay sitios con una variedad y calidad estupenda que desconozco y porque quizá, por el tipo de comida tan sencilla, no merezca la pena moveros buscando uno en concreto. Sin embargo, si os topáis con él, probad los panini que tienen en el Bar Ducale, entre Giglio y San Moise. A mí me encantan y le tengo un cariño muy especial al sitio por diversos motivos.

Estos son los principales establecimientos que os encontraréis en Venecia, aunque hay otros también típicos en Italia que no veréis tan a menudo en esta ciudad como las rosticcerie (en las que se vende la comida preparada para llevar) o las “tavolacalda o fredda que hacen mención a la temperatura en la que se sirven las comidas (generalmente para comer rápidamente como bocadillos, ensaladas o platos de pasta y pizza).

Como veis, la oferta es amplia y para todos los gustos y bolsillos, así que no tenéis excusa para comer y beber bien en la ciudad. No en vano la gastronomía veneciana ocupa un lugar especial entre la ya de por sí ensalzada gastronomía italiana. Y es que los venecianos saben bastante del buen beber, del buen comer y de disfrutar de ello. Hasta tienen una expresión para referirse a ello, “far bacará” de donde proviene precisamente el término bacaro y que significa “ir de fiesta” en dialecto veneciano.  

Estad atentos al blog porque, en breves, os mostraré en otra entrada muchos más de nuestros lugares de cabecera, los que solemos visitar para tapear, comer, tomar un ombra o una copa y que no debéis perderos en vuestra visita a la ciudad.

Campo Santa Margherita

Uno de mis campos favoritos de Venecia es Santa Margherita. En este inmenso campo del sestiere de Dorsoduro, discurre el día a día de los venecianos y se siente el alma de la ciudad. Aquí hallaréis buen ambiente a cualquier hora del día, ese ambiente de plaza de barrio en el que los vecinos disfrutan de la vida, de la compañía y de la amistad.

Por la mañana, vendedores ambulantes que, desde primera hora, montan sus puestos de fruta, verduras, flores o pescado para tener los productos listos cuando comiencen a llegar los primeros madrugadores; o venecianos y turistas que a lo largo de la mañana se sientan en las terrazas de sus alegres cafés para tomar un capuchino o un ombra, según la hora en que se encuentren.

A media tarde, tras la hora del café, de las siestas y de las clases, estudiantes y grupos de amigos tomando un spritz a la hora del aperitivo; o niños jugando y correteando al salir de la escuela.

Al caer la noche, hambrientos en busca de una de las mejores pizzas de la ciudad a la hora de la cena; o de las exquisiteces de las osterie que pueblan la plaza. Y, a última hora del día, trasnochadores que buscan dónde tomar una copa antes de volver a casa.

Esta plaza me enganchó ya en mi primer viaje a Venecia, cuando nos sentamos a tomar un café, a media mañana, en la animada terraza del Caffe Rosso. Una simpática viejecita, consciente de nuestro recién estrenado estado civil, intentó entablar conversación con nosotros en su escaso pero esforzado castellano. Nos sentimos tan a gusto que no puedo dejar de recordar aquel momento como uno de esos que te hacen sonreír cuando piensas en ello, un instante banal pero feliz. Allí, al sol matutino de finales de mayo, nos dejamos envolver por el ambiente del día a día de los venecianos y desde entonces en cada viaje a Venecia, pasamos por ella en más de una ocasión, de día o de noche, con distintos propósitos, pero siempre disfrutando de su inmensidad. Merece la pena visitarla a diferentes horas del día y dejarse engullir por el ambiente.

Pero, además de su riqueza humana, este Campo tiene otras atracciones, como el curioso edificio de ladrillo de la antigua Scuola dei Varoteri (curtidores) con un precioso relieve en la fachada, que domina el centro de la plaza. O la Scuola Grande dei Carmini, con su bella fachada barroca de piedra de Istria y varias obras de Tiepolo. O el Palazzo Corner Foscolo, ahora convertido en hotel, que tiene una de las fachadas góticas más impresionantes de Venecia y una bonita historia que os contaré en otra ocasión protagonizada por Elena Lucrezia Cornaro.

Y, gastronómicamente hablando, en este Campo se ubica nuestra pizzería favorita, Al Volo, en la que es obligado comer pizza “al taglio” sentados en un banco pero, también, otras opciones muy recomendables, como la vinería Nave de Oro (donde comprar vino a granel a muy buen precio) o la Osteria alla Bifora (con su bifora real al fondo del local y ricas tablas de embutidos locales). Y, para el aperitivo o las copas nocturnas, dos clásicos de la ciudad: el Bar Orange y el Duchamp, abiertos hasta más allá de la medianoche.

Todo pasa por Santa Margherita. La vida de Dorsoduro, la vida de Venecia, pasa por Campo Santa Margherita. Y no podéis iros de allí sin haberlo sentido… y vivido.

Venecia en un día (II)

Un día en cualquier ciudad no da para mucho, y en Venecia, el tiempo tiene otro sentido, ya que hay mucho que ver y hacer. Pero como no siempre podemos disfrutar de las ciudades como queremos, debemos aprovechar al máximo el tiempo del que disponemos, así que a un día puede sacársele mucho partido si os organizáis bien.

En esta entrada os planteé un primer itinerario por la ciudad en un día. Ya entonces os explicaba lo difícil que me resultaba seleccionar sitios que ver y dejar otros de lado. Hoy quiero mostraros una alternativa a ese primer paseo por Venecia, comenzando también en la Piazza de San Marco, y visitándola como os explicaba en dicho post. Y una vez que hayáis disfrutado de su belleza, podéis elegir la ruta que más os guste.

Campanile de San Giorgio Maggiore

Si queréis subir al Campanile porque os encantan las vistas (y las de Venecia son apabullantes) pero la espera es demasiado larga, una buena opción es tomar el vaporetto y cruzar a la isla de San Giorgio, cuya silueta aparece frente al Bacino de San Marcos en una de las mejores fotos de la ciudad. Allí, podéis subir al Campanile de la Iglesia de San Giorgio Maggiore. Las vistas son también una preciosidad y no suele haber tanta gente como en el de San Marcos. Eso sí, atentos a la hora en que subís porque ¡el tañido de las campanas es ensordecedor!

La Giudecca desde el Zattere

Si habéis cruzado a San Giorgio, en lugar de volver a San Marcos, cruzad a los Zattere, los muelles frente a la Giudecca desde los que se os ofrecen unas vistas espectaculares de esa isla. Un paseo por ellos en un día soleado hacia la Punta de la Dogana (Aduana), es una grata experiencia y podéis aprovechar para, en uno de sus cafés, tomar un exquisito cappuccino. El café en Venecia en particular, y en toda Italia en general es una delicia para el paladar. Los venecianos toman el cappuccino solamente hasta las 12 del mediodía, así que si lo pedís más tarde puede que algún lugareño os mire con mal disimulada condescendencia… pero es que está tannnn rico…

Punta de la Dogana

Desde la Aduana, siguiendo el muelle al pie del Gran Canal, llegaréis a la Iglesia de Santa María de la Salute, construida en agradecimiento a la liberación de la ciudad de una epidemia. Su silueta desde el Bacino al atardecer es de lo más bonito que veréis y en su interior guarda algunas sorpresas. Se ve en poquito tiempo y la entrada en gratuita.

Más adelante, el edificio de la Colección Peggy Guggenheim, os sorprenderá con la cantidad de obras de arte vanguardista que atesora. Esta colección de arte se encuentra en el palacio Venier dei Leoni, adquirido por Peggy Guggenheim en 1948 y que vivió allí hasta su muerte en 1979. De hecho, está enterrada en su jardín.

Venecia se llena de arte en el sestiere de Dorsoduro. El recorrido por este sestiere, si os atrevéis a adentraros en él, os llevará por calles menos transitadas en las que descubrir galerías de artistas y artesanos de diferentes oficios.

Encaminaros después hacia las Galerías de la Academia, al pie del puente homónimo, uno de los 4 que cruzan el Gran Canal. En esta pinacoteca, se encuentra una excepcional colección de pintura veneciana y del resto del Véneto, entre las que se incluyen algunas de las mejores obras de Canalleto, Tiziano, Tintoretto o Bellini.

Galerías de la Academia

Si seguís el itinerario natural hasta Rialto, atravesaréis los Campi más populares: San Barnaba, Santa Margherita y San Polo son 3 bulliciosas plazas en las que podéis deteneros a tomar un ombra para abrir el apetito. Así llegaréis hasta el Mercado de Rialto, una zona ideal para almorzar, si todavía no lo habéis hecho, en el que las ofertas son abundantes y variadas.

Vista desde el Puente de Rialto

Después cruzad el puente de Rialto desde el que tendréis unas vistas fantásticas del Gran Canal y, al otro lado, subid al Fondaco dei Tedeschi, un Palazzo rehabilitado que os ofrecerá una visión de la ciudad sorprendente y muy emocionante al atardecer.

Una vez aquí, podéis tomar dirección al Guetto hacia Strada Nuova o ir hacia Santa María Formosa hasta alcanzar San Giovanni e Paolo.

Ghetto veneciano

En el primer caso, tras visitar el Ghetto judío, podéis cruzar a la Fondamenta de la Misericordia y terminar la tarde tomando un Spritz en uno de sus bacari. Me encanta el ambiente de esta zona al atardecer, con la gente tomando sus vinos y sus variados  spritz en la calle a orillas de los canales, mientras se pone el sol. Podéis cenar tapeando en esta zona y llegaros hasta Cà D´Oro alla Vedova, que tiene unas polpette exquisitas.

Libreria Acqua Alta

Si tomáis dirección a San Giovanni e Paolo, os estaréis adentrando en Castello, un sestiere que me encanta y, quizá, el más auténtico de todos. Sin duda os toparéis en algún momento con mi librería favorita, Acqua Alta, un lugar donde los libros dejan el protagonismo a sus contenedores. En Castello también hay preciosos lugares en los que tomar un vino y tapear o cenar alguna de los platos típicos venecianos.

Y para terminar el día, salid al Gran Canal y tomad un vaporetto. Volveros locos con el Canalesso nocturno… si no sois de piedra, comenzaréis a planificar vuestra vuelta a la Serenissima…

Gran Canal

La fiesta del Redentore

En el siglo XVI, una terrible epidemia de peste azotaba toda Europa. La peste llegó a Venecia y mermó un tercio de su población en apenas dos años. Por entonces había una fuerte convicción religiosa y la peste se consideraba un castigo divino, así que el Dux pidió a Dios la salvación de la ciudad y prometió que levantaría una Iglesia en agradecimiento si terminaba con la epidemia.

Antes incluso de que la peste se erradicara, se encargó a Andrea Palladio la construcción de un templo en los terrenos de un antiguo convento franciscano, en la isla de la Giudecca, que se levantó en tan solo 15 años. Y cuando por fin, la ciudad se vio libre de la enfermedad, se acordó que cada año se conmemoraría este hecho visitando la Iglesia y dando gracias por el fin de la enfermedad.

La Iglesia del Redentore desde el Zattere

Así, cada año en Venecia, el tercer domingo del mes de julio, se conmemora la salvación de la ciudad. Se construye un puente votivo (llamado así porque se considera que la Iglesia es el resultado de una promesa solemne) entre el Zattere y la Giudecca, y se abre al público el sábado anterior y tras ser bendecido por el Patriarca, los venecianos lo atraviesan para acceder al templo. El puente lleva hasta la Iglesia del Redentore en la que se celebra cada año, rigurosamente desde 1577 una solemne misa de agradecimiento.

Es una fiesta muy querida por los habitantes de la ciudad, que disfrutan durante todo el fin de semana no solo de los actos religiosos sino también de otras actividades muy populares. El sábado, los venecianos salen en sus embarcaciones decoradas e iluminadas para la ocasión y disfrutan de una especie de picnic a bordo de ellas. Montan largas mesas en las Fondamenta, sobre todo en la de la Giudecca, y disfrutan de horas de hermandad y buena vecindad comiendo platos típicos. 

Entre la Giudecca y San Marcos se concentra una multitud de barcos y los habitantes y visitantes esperan con emoción el momento en que comience el gran espectáculo de fuegos artificiales cerca de la medianoche, que dura unos 45 minutos e ilumina las aguas de la Serenissima con su reflejo. Es un espectáculo pirotécnico espectacular, en un escenario único y muy esperado y a su término, algunas personas acuden a continuar la noche en el Lido.

La fiesta continúa la mañana del domingo, con la celebración de la Regata del Redentor, en la que típicas embarcaciones venecianas recorren el Canal de la Giudecca para poner un broche de oro al fin de semana.

Presenciar un situ esta fiesta es uno de mis pendientes en Venecia. De momento, tengo que conformarme con verlo desde la cámara web de este enlace ¿Y vosotros? ¿Habéis tenido la suerte de vivirla? ¡Contádmelo y dejad que rabie de envidia!

El sestiere de Castello

Castello es uno de los 6 sestieri de Venecia. Llamado así por la fortaleza del siglo VIII que se alzaba donde ahora está la isla de San Pietro, es el sestiere más grande de la ciudad. Castello sería la cola del pez que es Venecia, el primer barrio en el que los vénetos se asentaron cuando, huyendo de las invasiones germanas, comenzaron a habitar estos asentamientos y, también, el sestiere que más se ha modernizado con su expansión urbanística hacia Santa Elena. Aquí se instalaron las órdenes mendicantes de los dominicos y franciscanos que contribuyeron de gran manera en la construcción de edificios de gran calidad artística.

Algunas de sus calles y edificios de interés son de los más visitados de Venecia, pero además, alejado de las masas de turistas, en un paseo por Castello, podréis descubrir un barrio tranquilo y sereno, donde la vida se vive con otro ritmo.

Castello

Adentraros en Castello os llevará hasta el Campo San Giovanni e Paolo, llamado durante siglos el Campo de las Maravillas, donde disfrutaréis, entre otras atracciones turísticas, de la Iglesia del mismo nombre o de la preciosa fachada del Ospedale Civile.

También en Castello, el Arsenal, el gran astillero donde se construía la enorme flota veneciana, os transportará a los tiempos en que la Serenissima era la reina del Adriático.

Entrada al Arsenal

O quizá os apetezca sentaros a tomar un Spritz en la preciosa plaza de Santa Maria Formosa, tras una visita al curioso y poco conocido Museo Querini Stampalia.

Pero además, en Castello, os encontrareis con los venecianos que por las mañanas, llenan tiendas, mercados y bacari, durante el atardecer se sientan en las terrazas con un vino a comentar la jornada, o por la noche abandonan las calles dejando a la ciudad sumida en la tranquilidad y la penumbra.

Os recomiendo que deis un paseo desde la Piazza San Marcos por la Riva degli Schiavoni hasta Vía Garibaldi, cuya entrada desde el Gran Canal tiene forma de quilla de barco. Nos encanta esta calle, creada cuando Napoleón ordenó enterrar el río de Santa Anna. En ella es imprescindible sentarse a tomar un café, un ombra o un spritz, según el momento del día, y observar la vida veneciana a vuestro alrededor.

Via Garibaldi

Podéis adentraros en los Giardini, una de las escasas zonas verdes de la ciudad, que acoge bianualmente la Biennale de Venezia, un acontecimiento artístico y cultural que transforma este barrio tranquilo. Allí, podéis hacer una parada en la cafetería del invernadero, situado en una calle sin pavimentar cuya arboleda desemboca en el mastodóntico monumento a Garibaldi.

O quizá llegaros hasta la moderna Santa Elena, nada que ver con el resto del casco histórico de Venecia, y que os mostrará la ciudad más actual.

Desde Vía Garibaldi, un bonito paseo os acercará hasta la isla de San Pietro donde, la Iglesia homónima de fachada palladiana, os recibirá con su majestuoso campanario de piedra de Istria a los pies de una preciosa explanada, donde el tiempo se ha detenido. En su interior se encuentra la Cátedra de San Pedro, y al pie del canal de San Pietro, los restos de los antiguos squeri Quintavalle, dos talleres contiguos que ocupaban toda la Fondamenta de Quintavalle destinados a la reparación de embarcaciones de tonelaje medio o grande. En los canales y casas de los alrededores será fácil encontraros con los pescadores que tienden sus redes al sol o preparan sus barcas para un día de trabajo en el mar.

Puente de Quintavalle

De vuelta, podréis asomaros a la librería Acqua Alta y rebuscar entre sus montones de libros, revistas y folletos en busca de algún ejemplar que llevaros a casa y deambular por las callejuelas en busca de artesanos escondidos hasta la maraña de calles de la Mercerie que desembocan en Piazza San Marcos.

Y no dejéis en vuestro recorrido de visitar algunas de las osterias, bacari y trattorias de entre la cantidad de propuestas que os encontrareis. Venecia está llena de oportunidades gastronómicas y Castello no se queda rezagada. Aquí podéis tomar un buen café en Rosa Salva, un ombra a media mañana en la Enoteca Mascareta, daros un homenaje para comer en Al Covo, beber un sprtiz al atardecer en Bacaro Risorto y terminar el día con pizza o cualquier otra opción de las que ofrece El Refolo.

Un campo en Castello

Un sestiere, sin duda, lleno de contrastes que os encandilará y os dará otro motivo más para volver a Venecia, porque seguro que algo se os quedará por hacer…

La Fiesta de San Pedro

La fiesta de San Pedro se celebra en Venecia la semana del 29 de junio, día de San Pedro. Se trata de una fiesta típica veneciana, que los turistas no suelen conocer y cuyo escenario es el sestiere de Castello, más concretamente, los alrededores de la explanada donde se encuentra la Basílica de San Pedro, que fue la sede religiosa de la ciudad hasta el siglo IX.

Con esta popular fiesta, se conmemora el momento del año en que el Dux se acercaba hasta San Pietro en barca para mostrar sus respetos al Patriarca de Venecia, encontrándose así el poder terrenal y el religioso en el exterior de la Iglesia, en el lugar señalizado con una baldosa blanca.

La explanada delante de la Iglesia de San Pietro

Durante la semana festiva, en las cercanías de la Basílica de San Pietro di Castello, se celebran conciertos, espectáculos y eventos muy variados. Por ejemplo, podéis subir a un barco en el que realizar una visita guiada gratuita que, partiendo de San Pietro, llega hasta el Arsenal. Durante la travesía se puede disfrutar de historias y leyendas relacionadas con la festividad.

Además, podréis disfrutar de un mercadillo solidario a cargo de varias asociaciones; exposiciones fotográficas; un espectáculo de cabaret musical; visitas guiadas gratuitas a la Basílica de San Pietro di Castello; La regata de le Marie, acto también que se celebra en la apertura del Carnaval y que recuerda la dote tradicional que ofrecía el dux en la época de la Serenissima; así como de espectáculos callejeros de marionetas.

¿Conocéis esta fiesta? Un bonito motivo para una escapada a Venecia a finales de este mes de junio, antes de que el calor y los turistas la tomen durante el resto del verano.

El Puente de la Libertad

Si llegáis a Venecia por tierra, solamente hay una forma de hacerlo: atravesando el Puente de la Libertad, el puente que os adentrará en una ciudad milenaria, donde apenas nada ha cambiado en los últimos siglos.

Este puente, que une tierra firme desde Mestre con el centro histórico de Venecia, se inauguró en 1933 y para su construcción, realizada junto al antiguo puente ferroviario del reino Lombardo-Véneto, se suprimió parte del Canal Salso, que hasta entonces era la vía de conexión con la Península a través de embarcaciones varias.

Sus 3850 metros de largo terminan en el Piazzale Roma, último paso permitido para el tráfico de vehículos y a partir de ahí, todo el transporte se realiza a pie o en la multitud de variadas embarcaciones que discurren por las calzadas-canales venecianos. El transporte público se realiza en vaporetto, un autobús acuático que discurre por el Gran Canal en ambos sentidos y conecta Venecia con el resto de islas de la Laguna.

Vista aérea del Puente de la Libertad. Fuente: Wikipedia

El Puente de la Libertad se llama así desde el final de la Segunda Guerra Mundial, para conmemorar la liberación del fascismo, pero inicialmente, cuando se inauguró por Benito Mussolini, se llamó Puente Littorio, evocando la simbología fascista.

El Puente consta de dos carriles de circulación por cada sentido para vehículos a motor, el puente ferroviario que termina en la Estación de Santa Lucía y dos aceras – ciclo vías. Además, desde hace unos años, un trolebús conecta terra firme con Piazzale Roma.

Tiziano Scarpa, en su libro “Venecia es un pez”, describe el Puente como el sedal que la une a tierra firme, una ciudad que ha mordido el anzuelo de manera que no pueda escaparse mar Adriático adentro. Cuando estéis atravesándolo, abrid bien los ojos,  pues estaréis entrando en la boca del pez, un pez que al engulliros os mostrará su belleza serena y soberbia.

A mí, es el medio que más me gusta para llegar a la ciudad, pues la entrada se realiza lentamente, con el agua que rodea Venecia a ambos lados del puente y que durante toda vuestra estancia será la protagonista indiscutible. Y una vez atravesado, ya solo queda disfrutar de su magia. Ohhh Venecia…

Los esponsales con el mar

Los esponsales con el mar

Hoy, 2 de junio, es un día importante en Venecia. Es el día en que se renuevan los esponsales con el mar, el día de la “Sensa”.

La Sensa se celebra en Venecia desde mayo de 998, cuando el Dogo Pietro II Orseolo conquistó Dalmacia. Pero fue a partir de 1177 cuando se convirtió en una celebración anual de recreación histórica, gracias a la firma del tratado de paz entre el Papa Alejandro III y Federico Barbarroja, que tuvo lugar en presencia del Dogo Sebastiano Ziani.

Con motivo de la firma de este tratado, el Dogo recibió un anillo del Papa que representaba el poderío y dominio de los mares de la Serenissima, simbolizando el matrimonio de Venecia con el mar.

Desde entonces, el día de la Ascensión, el Dux, a bordo del Bucintoro, una enorme galera de dos plantas recubierta de oro, y su séquito formado por diversas embarcaciones, se acercaba hasta la isla de Sant’Elena y, en el punto más alto de San Pietro di Castello, se encontraba con el Obispo, quien le daba su bendición. Todavía en la explanada frente a San Pietro podéis ver la piedra de color blanco que señala el lugar exacto donde ambos representantes de la ciudad, el terrenal y el eclesiástico, se encontraban. Luego, el Dogo acudía a la desembocadura del puerto de San Nicolò desde donde lanzaba un anillo de oro a las aguas de la laguna para conmemorar y confirmar el vínculo entre Venecia y el mar.

El Bucintoro según Canaletto

Con la caída de la República de Venecia y la destrucción del Bucintoro por las tropas napoleónicas, la fiesta de la Sensa se suspendió hasta 1965, pero a partir de esa fecha se recuperó y desde entonces, anualmente, el domingo siguiente al día de la Ascensión, tiene lugar el desfile de embarcaciones encabezada ahora por el alcalde de la ciudad.

Como antaño, la procesión parte de San Marco y llega a San Nicolò, donde, frente a la iglesia homónima, se recuerda la ceremonia del matrimonio del mar con el lanzamiento simbólico del anillo a las aguas. Es un día muy festivo y querido por los venecianos y la ciudad se engalana para celebrarlo, se montan puestos callejeros y varias regatas discurren desde San Marcos hasta el Lido, con las embarcaciones decoradas para la ocasión. Disfrutar de esta fiesta en Venecia es una de las cosas que tengo pendientes de hacer allí… otro motivo para volver.

Los esponsales con el mar

El Chorus Pass

El Chorus Pass

En Venecia hay más de 50 Iglesias. Además de la Basílica de San Marcos, la Iglesia de la Salute y otras de determinado tamaño e importancia, existe un bono, el “Chorus Pass”, que permite visitar 17 de esas Iglesias, repartidas por toda la ciudad, en horario de lunes a sábado de 10:30 a 16:30 mayoritariamente (algunas tienen horario especial).

El coste del Chorus es de 12 € la entrada general, 8€ para estudiantes menores de 29 años y 24€ para familias con dos adultos y niños menores de 18 años. Se adquiere en cualquiera de las Iglesias adheridas, online en su página web oficial y en las oficinas de turismo. Tiene validez durante un año desde la primera vez que lo uséis al entrar en una de las iglesias. Con el bono os entregarán un mapa con las localizaciones y una breve reseña sobre cada una de ellas.

En muchos de los templos, existen fichas informativas en varios idiomas, de prestado, con la historia del edificio y un plano con la ubicación de las obras que contienen.

Fachada principal San Pietro di Castello

Nosotros llevábamos muchos viajes pensando en adquirir el Chorus y dedicarnos a visitarlas, pues el coste se amortiza una vez que has entrado en cuatro de ellas. Así que, en el viaje de enero pasado,  nos decidimos, ya que tenía en mente visitar la iglesia de Santa María dei Miracoli, una preciosa construcción con una maravillosa escalinata en su interior que hace las delicias de las novias venecianas. Puesto que ésta es una de las que entran con el bono, lo adquirimos allí y, plano en mano, dedicamos un par de días a recorrer la ciudad de Iglesia en Iglesia.

Lo cierto es que me decepcionó un poco. Exceptuando Miracoli y San Pietro, el resto no merecen mucho la pena si vais a estar poco tiempo en la ciudad, a no ser que seáis grandes expertos, os guste mucho el arte que contienen o, simplemente, sea una de vuestras prioridades cuando viajáis. Personalmente creo que hay otras iglesias que merecen más la pena ver antes que la mitad al menos de las del Chorus y además, un par de las incluidas en el bono, suelen ser de entrada libre, con lo que podríais verlas de todas formas si pasarais por delante en vuestros paseos y os apeteciese entrar.

Tendréis también que tener en cuenta que durante las celebraciones religiosas no se pueden visitar, ni tampoco los domingos ni los festivos oficiales, pero no os preocupéis, pues todo ello viene indicado en el plano que os entregarán.

San Giacomo di Rialto

Éstas son las iglesias que entran en el Chorus Pass organizadas por Sestieri:

Cannaregio:

  • San Giobbe
  • Sant´Alvise
  • Santa Maria del Miracoli

San Polo:

  • San Giovanni Elemosinario
  • San Polo
  • Santa Maria Gloriosa dei Frari
  • San Giacomo di Rialto

Santa Croce:

  • San Stae
  • San Giacomo dall´Orio

Dorsoduro y Giudecca:

  • San Sebastian
  • Santa Maria del Rosario (I Gesuiti)
  • Santissimo Redentore

Castello:

  • San Pietro di Castello
  • Santa Maria Formosa

San Marco:

  • Santa Maria del Giglio
  • Santo Stefano
  • San Vidal

En algunos días concretos, existe la posibilidad de realizar visitas guiadas gratuitas a algunas de las Iglesias. Os informarán allí mismo, en las oficinas de turismo o también podéis consultarlo en la web de Chorus Pass, por si queréis planificarlo con antelación.

Fachada Santa Maria dei Miracoli

Mi recomendación personal: San Pietro de Castello es la historia viva de Venecia. Fue la primera catedral de la ciudad y sede del Patriarca de la Serenissima. Merece la pena acercarse hasta ella, retirada de las zonas turísticas habituales y disfrutar aquí de un paseo entre las tranquilas calles del barrio de Castello, el precioso campanario de piedra de Istria, el claustro de ladrillo rosáceo y el interesante interior en el que se encuentra la llamada Cátedra de San Pedro. Santa Maria dei Miracoli, de una sola nave, con el presbiterio elevado sobre la escalinata de mármol y decorada con decenas de estatuas de profetas y patriarcas es una obra de arte de Pietro Lombardo que he tardado demasiado tiempo en descubrir. Si podéis, no os las perdáis.

Gastronomía veneciana: risotto

La gastronomía veneciana es rica, amplia y variada, fruto de esa mezcolanza de culturas, civilizaciones y poblaciones que la han habitado y dejado huella desde siglos inmemoriales.

Como resultado, existen multitud de recetas con base en los productos autóctonos, pero también con mucha influencia de la tradición de la Serenissima.

En la cocina veneciana

En toda Italia la gastronomía es una maravilla y en Venecia, los platos y caldos de la ciudad en particular y de la región Véneta en general, son toda una experiencia que merece la pena descubrir. Cuando estéis en Venecia, la ineludible tentación será comer pizza, pasta, helados… Hacedlo. Las propuestas son innumerables y, salvo excepciones, todas de una altísima calidad. Pero la cocina veneciana es mucho más: baccalà mantecato, sarde en saor, risi e bisi, seppie al nero o risotto, son platos que no debéis dejar de probar antes de partir.

Desde nuestro primer viaje, en cada uno de ellos, cargamos nuestra maleta de vuelta con las especialidades venecianas que luego nos permiten disfrutar de alguno de esos platos en casa. Y entre esos manjares que meto en la maleta no puede faltar arroz para hacer risotto.

Arroz para risotto

El risotto es mi especialidad en la cocina y cocinarlo lo convierto en todo un acto íntimo y trascendental: abro el vino, siempre blanco, con el que voy a cocinar, me sirvo una copa y me recreo mientras preparo el resto de ingredientes.

El ingrediente principal, por supuesto, es el arroz. El arroz que debe usarse para hacer un buen risotto es un arroz de una calidad especial, de unas características tales que permite que el caldo de cocción penetre en él mientras suelta el almidón para darle ese punto cremoso sin que llegue a estar pastoso. En casa, nuestro favorito se hace con un buen caldo de pescado al que le añadimos gambones al retirarlo del fuego, para que se hagan con el calor residual…delicioso. Pero la variedad de risotti diferentes que podéis preparar es infinita, así que dejaros llevar por la imaginación y probad a cocinarlo.

El arroz usado para hacer risotto es de grano corto y duro. Se utilizan las variedades Carnaroli, Arborio y uno típico del Véneto, la variedad Vialone Nano, cultivado en el norte de Italia. Este último es ideal para mi gusto, pues consigue que el risotto quede fluido y mantecoso y permite comerlo con tenedor. Hay una expresión para describirlo: “all’onda”. Se refiere a que al deslizarse por el plato inclinado, el arroz forma una especie de ola.

Cuando termino las existencias que me he traído de Venecia, uso Carnaroli. No es tan espectacular el resultado pero está también muy rico. Es España el más fácil de conseguir es el Arborio, pero no me gusta mucho porque no aguanta la cocción como los otros dos y puede romperse el grano.

Risotto alla Buranella de la trattoria “Al Gato Nero” (Burano)

Además del arroz, para hacer un buen risotto, la base es un buen caldo. Puede utilizarse de lo que queráis, en función del resto de ingredientes, pero es fundamental que esté hirviendo cuando se añada a la cazuela, porque en caso contrario, podría cortar la cocción del arroz y echar a perder el plato. El caldo se debe ir incorporando al arroz poco a poco, a medida que éste va absorbiendo el líquido, y no debéis dejar de remover con una cucharada de palo y mucho cuidado para no romper el grano, para que el almidón del arroz haga su función. Yo utilizo una cuchara de madera con un agujero en medio para facilitar el paso de los granos al moverlos sin que sufran demasiado. Unos 15-18 minutos de cocción serán suficientes.

Os dejo la receta de mi risotto favorito, probadlo y os haréis incondicionales de él. Y si no, también podéis ir a Venecia y comerlo allí…los pescados de la laguna le dan un toque peculiar y las propuestas son muchas. Un buen vino blanco de la multitud de ricos caldos del Véneto o en su defecto cualquier otro de buena calidad y será una comida perfecta. ¿Os animáis a cocinarlo?

Risotto marinero

Ingredientes para 4 personas:

  • 350 gramos de arroz para risotto, preferiblemente Vialone Nano
  • 1,5 litros de caldo de pescado aproximadamente
  • 1 cebolla mediana
  • Aceite de oliva
  • Vino blanco seco
  • 20 gramos de mantequilla
  • 20 gramos de queso parmesano
  • 8 gambones o los que deseéis por persona
Mise en place

Ponemos a hervir el caldo en un cazo y lo mantendremos así durante todo el cocinado. En una cazuela o sartén ancha de fondo grueso (mejor si es de hierro fundido, que reparte muy bien el calor), calentamos el aceite, añadimos la cebolla picada fina y pochamos.

Cuando la cebolla esté transparente, añadimos el arroz y lo mezclamos bien, hasta que se torne translúcido. Entonces regamos con un chorrito de vino y, sin dejar de remover, dejamos que se evapore.

Si el caldo de pescado utilizado es de calidad, seguramente no os hará falta sal. Yo no le pongo. Pero si queréis usarla, este es el momento de salar el risotto.

Añadimos un cucharón de caldo y removemos con frecuencia hasta que se evapore. Continuamos añadiendo caldo a medida que éste se absorbe. Pasados 15-18 minutos el risotto estará listo.

Lo retiramos del fuego e incorporamos la mantequilla y el parmesano mezclándolos enérgicamente para mantecarlo, es decir, para darle ese punto mantecoso característico. Añadimos los gambones pelados, tapamos y reposamos 2 minutos. Listo para deleitarnos.

A comer!

10 razones para volver a Venecia

Si habéis llegado hasta aquí, seguramente será porque no tuvisteis suficiente con una primera visita a Venecia y es lógico, pues Venecia, contrariamente a lo que la gente suele pensar, da para mucho y para muchos días. En vuestra primera visita habréis visto los lugares más turísticos, lugares que por supuesto no tenéis que perderos. Pero según el tiempo que hayáis pasado en ella, habréis dejado de ver y vivir sitios y momentos inolvidables. Éstos son algunos de los motivos que podéis tener en cuenta para volver si los pasasteis por alto la primera vez:

1.- El amanecer. Despertarse en Venecia ya es de por sí algo mágico, pero si además madrugáis lo suficiente para ver amanecer desde el Bacino de San Marcos, el día comenzará de la mejor manera posible. Los primeros trabajadores porteando sus mercancías y los gondoleros preparando sus embarcaciones, os acompañarán mientras el sol se levanta desde detrás de la Iglesia de San Giorgio Maiore para teñir las aguas de la laguna de naranjas y rojos. Merece la pena el madrugón, os lo aseguro.

Amanecer en Venecia

2.- El atardecer desde Riva degli Schiavoni. Si el amanecer es precioso en Venecia, no lo es menos la caída del sol vista desde la Riva.  Acompañar al astro mientras se oculta lentamente detrás de la Iglesia de la Salute es el broche de oro para un día perfecto en la ciudad. Mucha de la fascinación que Venecia ejerce sobre mí se debe a su luz, esa luz que va cambiando a lo largo del día según se va reflejando en los mármoles o en el agua de la laguna… y, antes de caer la noche, el sol poniente brinda un espectáculo increíble.

Atardecer tras la Aduana y La Salute

3.- La niebla. Las probabilidades de que en Venecia haya niebla en invierno son altas. Hay mucha humedad y la brisa marina a veces es tan gélida que corta la cara. Pero la luz tamizada y la atmósfera gris y borrosa, son mágicas. Me encanta el sol, de hecho, no me gusta nada el invierno…salvo por Venecia. Es la estación del año en que me escapo allí y el único lugar del mundo en el que no me importa que no salga el sol. Venezia con niebla es muy romántica…atreveros a visitarla entonces y me contáis.

Niebla en Venecia

4.- La Scuola Grande de San Rocco. Venecia está plagada de arte, museos, galerías, iglesias que acumulan lienzos, esculturas y otros objetos que merecen la pena. Hay tanto que ver que inevitablemente deberéis elegir. Cuando alguien me pregunta qué ver en Venecia y sé que va a pasar apenas dos o tres días en ella, sin duda le recomiendo que entre tanto por ver, visite San Rocco. La obra culminante de Tintoretto es un imprescindible en la ciudad. La he visitado en varias ocasiones y cada una de ellas me impresiona. Si os gusta el arte y no tenéis mucho tiempo en la ciudad pero queréis visitar alguna pinacoteca, os aconsejo que os decidáis por esta antigua Scuola Grande.

Detalle

5.- El Ghetto judío. En Venecia se originó el primer ghetto del mundo y, de hecho, el vocablo tiene origen veneciano. Procede de las fundiciones de hierro que existían en la zona en la que los judíos fueron recluidos, de manera que durante la noche se cerraban las rejas y se les encerraba en el sestiere de Canareggio. Hoy en día todavía podéis ver las marcas de los goznes de las rejas en el sottoportego de acceso. Pero pasear por los Ghettos Nuovo y Vecchio es mucho más. La judería más antigua del mundo, que data de 385, contiene el homenaje que la ciudad dedicó a los judíos después del holocausto nazi, y aún hoy viven allí muchas familias dotando a la zona de una calma abrumadora. Para mí, el mejor momento para visitarlo es al final de la tarde, cuando comienza a caer la noche y la tranquilidad se palpa en el ambiente, los pasos resuenan en cada ladrillo y los residentes se van retirando a sus viviendas. Visitar las sinagogas, tomar un tentempié de comida kosher o paladear alguno de los dulces típicos, os transportará a otra dimensión. Curiosamente, aunque ya no existen rejas ni cadenas, a mí todavía me parece entrar en otro mundo dentro de la propia Venecia.

Edificio del Ghetto de Venecia

6.- Castello. En Castello, la vida veneciana bulle en las calles, en las tabernas y en los campi. Algo alejado de las rutas más turísticas, un paseo por Vía Garibaldi a media mañana y un ombra en una de sus terrazas, os dará la oportunidad de ver otra Venecia. Y si tenéis tiempo, acercaros hasta San Pietro de Castello. La primera catedral de Venecia, con su precioso campanario de mármol blanco y su claustro milenario, es una joya de la arquitectura veneciana y en un recorrido por las calles aledañas, podréis saludar a los venecianos que habitan este antiguo barrio.

Via Garibaldi

7.- Palacio Contarini dei Bovolo. La preciosa escalera renacentista de este palacio, que se encuentra en un pequeño campo escondido de las rutas de más afluencia, es una pequeña joya que os sorprenderá. Tendréis que estar atentos para encontrarla y una vez lo hayáis hecho, subir para disfrutar de su preciosa hechura. Las vistas desde arriba quizá no sean las mejores, pero merece la pena el ascenso por descubrir toda su belleza y estar tan cerca de las cúpulas de la Basílica de San Marcos.

Escalera del Palacio Contarini del Bovolo

8.- San Giovanni e Paolo. Esta hermosa Iglesia, en la que se encuentran los panteones de muchos dux de la Serenissima, es una obra de arte del gótico tardío veneciano. El campo homónimo en que se encuentra, tiene otras atracciones que merecen la pena como el Ospedale o la estatua ecuestre de Colleoni y, por supuesto, una de mis cafeterías favoritas: Rosa Salva.

Fachada de San Giovanni e Paolo

9.- La librería Acqua Alta. Entre el campo Santa María Formosa y el campo San Giovanni e Paolo se encuentra en una pequeña plaza esta librería de viejo que, como todo en Venecia, tiene su encanto en lo decadente y pintoresco de la disposición de sus ejemplares. Bañeras, góndolas y cualquier otro objeto que salve a los libros del fenómeno del Acqua Alta convierten la visita en imprescindible. No puedo resistirme a comprar algo cada vez que entro allí, una antigua postal, una curiosa libreta, una vieja edición de algún librito… y varias de las fotos que he tomado allí, adornan una de las paredes de mi biblioteca, en la buhardilla de casa.

Librería Acqua Alta

10.- Burano. Desde hace bastante viajes, una de nuestras mañanas en la ciudad comienza con un paseo desde nuestro alojamiento a Fondamenta Nuove para coger el vaporetto que nos lleve a Burano. Allí, damos un paseo, comemos en Gatto Nero un exquisito risotto alla buranesa y después bajamos la comida paseando por la isla, visitando nuestros rincones favoritos y esperando el atardecer desde la parte de atrás de la isla y de frente a Venecia. Si solamente vais a estar un día o dos en Venecia, no merecerá la pena perder medio día en ir a la isla. Pero sin duda es uno de los pendientes que deberéis apuntar para vuestra próxima visita.

Casas típicas de Burano

Se me ocurren muchas más razones para volver a Venecia, no terminaría nunca de enumerarlas, os las iré contando en pequeñas dosis…y ¿a vosotros? ¿Qué os apetece hacer en la Serenísima?

Venecia en un día

Había pensado escribir una entrada en la que os propusiera un par de itinerarios para pasar un día en Venezia que suele ser el tiempo que muchos de los visitantes dedican a ella. Pero una vez que me puse a escribir, me estaba resultando muy difícil seleccionar o, mejor dicho, dejar de seleccionar algunos lugares. Así que he decidido crear un apartado en el blog, que podréis ver en las categorías, y llamarlo “Paseos por Venecia”.  Por ello, en las siguientes líneas, os voy a proponer un primer itinerario por la ciudad, que os lleve por los lugares más turísticos y, quizá, imprescindibles, en una primera visita cuya duración sea tan solo de un día, pero no tiene por qué ser el paseo perfecto. Cada visitante es único y únicos son sus gustos. Quizá no queráis pasar tiempo entrando en las atracciones más turísticas y os baste con ver el exterior; o quizá seáis de los que prefieren sentarse en una terraza a disfrutar de un buen capuchino o de los fabulosos vinos del Véneto y no ir corriendo de visita en visita; o tal vez vuestras preferencias pasen por visitar aquel lugar con el que lleváis años soñando… En cualquier caso, creo que es un recorrido apto para la mayoría de los viajeros, y ya de vosotros depende a qué le dediquéis más tiempo. Y si queréis conocer, ampliar o simplemente curiosear otros paseos, siempre podéis echar un vistazo a los que vaya contando.

La primera vez que fui a Venecia, fue en mi viaje de novios. Desde que tengo uso de razón, recuerdo haber querido ir, aunque nunca imaginé que aquel deseo se convertiría en esta irracional obsesión que me tiene tan encandilada. Tuve la gran suerte de que a mi, por entonces, novio le pareciese una buena idea este destino así que, sin dudarlo si quiera, nos embarcamos en nuestro primer viaje a Venezia.

Gran Canal

Una semana, siete días con sus noches planeamos que, todo el mundo nos decía, eran demasiado para Venecia. Afortunadamente, no hicimos caso y pasamos una semana inolvidable descubriendo y disfrutando la ciudad. Nos dio para mucho claro, quizá por eso nos quedamos con tan buen recuerdo y, cuando celebramos nuestro quinto aniversario, volvimos. Fue entonces cuando nos enganchó. Se nos pegó a la piel, nos sedujo su decadencia, su arte milenario, su romanticismo… y se convirtió en nuestro viaje anual imprescindible. 19 años y 13 viajes después, seguimos encontrando cosas nuevas que ver en cada viaje. 19 años y 13 viajes tras los que todavía nos queda mucho por descubrir.

Si tenéis la “desgracia” de pasar solamente un día en Venecia, os dará tristemente para una primera toma de contacto y, seguramente, para ver las zonas más turísticas pero espero que os guste tanto como para querer volver con más tiempo y descubrir todo lo que allí se oculta. Este es el itinerario que os propongo, partiendo del punto neurálgico de la ciudad, la Plaza de San Marcos, a donde seguramente os dirigiréis una vez en ella, independientemente de cómo lleguéis o del tiempo que tengáis. En barco, autobús, tren… sea como sea vuestros pasos os llevarán hasta ella, porque allí converge todo el pasado de la Serenissima.

Si llegáis por medio terrestre, lo haréis a Piazzale Roma. Desde aquí, podéis tomar el vaporetto, líneas 1 o 2, que recorre el Gran Canal en dirección a Piazza San Marco. Lo mismo si llegáis en tren. La estación de ferrocarril de Santa Lucía está una parada de vaporetto después de Piazzale Roma, por lo que la opción del vaporetto es la más adecuada para llegar hasta San Marcos. El paseo en vaporetto os dará la oportunidad de descubrir la calle más bella del mundo y tendréis una primera toma de contacto con la ciudad y sus más de 200 palacios que caen sobre el Canalasso, como llaman los venecianos al Gran Canal. Si no llegáis a Venecia a través de Piazzale Roma porque lo hacéis a través de Alilaguna o de cualquier otra embarcación, o porque llegáis a la terminal de cruceros, es necesario que encontréis un hueco a lo largo del día para hacer este trayecto, de San Marcos hasta la estación de trenes o viceversa. De día o de noche, es indispensable, así que no os lo perdáis.

Plaza San Marcos

Como os digo pues, desde San Marcos comenzará vuestro paseo por Venecia. Una vez en la Piazza, podéis recorrerla admirando sus soportales y las fachadas de las Procuradurías, la Biblioteca Marciana, la Torre del Reloj o el Museo Correr y entrar a visitar la Basílica de San Marcos, subir al Campanile o realizar la visita de los itinerarios secretos del Palacio Ducal. Sinceramente creo que en tan solo un día no merece la pena malgastar tiempo entrando al Ducal o subiendo al Campanile pero como todo va en gustos, dependerá de vuestras prioridades. Sin embargo, sí que os recomiendo entrar a la Basílica, que es gratuita y subir a la terraza sobre la Piazza, no os llevará mucho tiempo y seguro que no os arrepentiréis.

Después, asomaros al Bacino para poder admirar las vistas a la isla de San Giorgio, la Punta de la Dogana y la Iglesia de la Salute. Y por supuesto, pasear por la Riva degli Schiavoni hacia el Ponte della Paglia para fotografiaros con el Puente de los Suspiros de fondo.

Riva degli Schiavonni

A continuación podéis dirigir vuestros pasos hacia Rialto. Adentraros en las Mercerie y callejear siguiendo el ritmo de la gente, hacia Campo Manin y Campo San Luca, o La Fenice y Campo Santo Stefano, disfrutando de los escaparates y la actividad diurna de la ciudad. Quizá en vuestro paseo os crucéis con el Palazzo Contarini dei Bovolo que tiene una preciosa escalera de caracol renacentista. Y digo quizá, porque lo único que debéis tener claro es vuestro destino, el Puente de Rialto: los nizzioti os indicarán la dirección correcta así que dejaros llevar y callejear, estáis en la ciudad donde los trayectos son imposibles de controlar, donde cualquier giro mal calculado puede haceros desembocar en un canal y tener que volver sobre vuestros pasos. Abrid bien los ojos, mirad arriba, abajo y a todos lados, pues nunca sabes donde aparecerá el detalle que os sorprenda. Parad en cualquier café y tomad un rico capucchino con algún brioche, deteneros en lo alto de los muchos puentes que cruzaréis y contemplar las fachadas de los palacios en los campi más bulliciosos. Sin prisa, solamente disfrutando del paseo.

Una vez en Rialto, cruzad el puente y deteneros en lo alto. Ante vosotros se extiende el Gran Canal y una de las vistas más fotografiadas de la ciudad. Apoyados en la barandilla de mármol, el tiempo parecerá que se detiene. Dedicad unos minutos a ello, con los cinco sentidos puestos en lo que hay a vuestro alrededor, y a continuación bajad hacia el Mercado de Rialto donde, en sus puestos, se exponen los productos del día, frutas, verduras, especias y sobre todo los pescados más frescos de la laguna. El Mercado de Rialto es todo un espectáculo muy recomendable, eso sí, solamente por la mañana, así que intentad organizaros para poder llegar hasta él antes de las 14:00 horas.

El Gran Canal desde el Puente de Rialto

Y como colofón a vuestra primera mañana en Venecia, tomad un ombra en cualquiera de los bacari que rodean el Mercado. Allí os mezclaréis con los venecianos que hacen su pausa rigurosamente para tomar un aperitivo antes de comer. Si la hora del almuerzo os sorprende por esta zona, buscad dónde hacerlo. Hay montones de opciones para todos los bolsillos y posibilidades, desde trattorie históricas a puestos de pasta fresca recién hecha que sirven para llevar, pasando por pizza al taglio o una amplia variedad de bocadillos. La cocina veneciana es amplia y variada y casi nunca decepciona.

Tras el parón para reponer fuerzas, encaminaros a desde Campo San Silvestro a Campo San Polo, el más grande de la ciudad tras la Plaza de San Marcos y desde él iniciad un paseo hasta la Iglesia de la Salute. El recorrido os llevará por algunos de los Campi más populares:

Pasaréis por Campo dei Frari, donde se encuentra la Scuola Grande de San Rocco, la Iglesia del mismo nombre y la imponente Iglesia de Santa Maria dei Frari.

En Campo San Pantalón, en el techo de la Iglesia homónima, se encuentra la pintura más grande del mundo, un lienzo de Fiumani, que se dejó la vida literalmente en su realización; y en Campo San Barnaba, donde Indiana Jones rodó algunas escenas (mi marido me repite siempre que pasamos que Indiana salió del brocal de pozo que hay en mitad del campo), su Iglesia alberga una exposición sobre algunos de los inventos de Leonardo da Vinci.

Antes, habréis pasado por Campo Santa Margherita, una preciosa plaza en la que durante todo el día hay un ambiente fantástico y que al caer la noche se llena de jóvenes y estudiantes con su spritz en la mano que al aire libre en la plaza. El Puente dei Pugni la une a San Barnaba y a la Fondamenta del Squero, donde varias tabernas a media tarde ofrecen una gran variedad de cichetti para tomarlos en la Fondamenta con un rico vino veneciano.

Momento del aperitivo

Callejear por esta zona de los sestieri de San Polo y Dorsoduro puede ser un poco agobiante en algunos tramos, pero si os salís de la ruta que todo el mundo sigue, seguro que os encontráis rincones preciosos, admirables galerías de arte, talleres de máscaras y otras tiendas artesanas con mucho encanto.

En vuestro itinerario, pasaréis también por la Accademia de Arte de Venecia, la galería Peggy Guggenheim y la citada Escuela Grande de San Rocco, tres maravillas para los amantes del arte en la ciudad a los que seguramente no podréis dedicar un rato en solamente un día pero que se convierten en un motivo para volver.

Llegaréis así a la Iglesia de la Salud, cuyo espléndido exterior se divisa de lejos. La visita es gratuita y se hace rápida aunque, salvando su precioso suelo geométrico, a mí me parece mucho más bella por fuera. Una vez aquí acercaros a la Punta de la Dogana, al final del edificio de la antigua Aduana, pues las vistas de San Marcos desde ella son hermosísimas.

La Aduana. Detrás, la Iglesia de la Salute

El día puede terminar dando un paseo por los Zattere desde la Punta de la Dogana, donde el atardecer refleja los colores de Venecia en las piedras milenarias. En alguna de las terrazas podéis tomar un helado, que como sabréis en toda Italia son exquisitos o si se os ha hecho ya la hora de cenar, probar la pizza en cualquiera de las trattorie que encontraréis a vuestro paso o volver sobre ellos hasta mi lugar favorito: Al Volo en Campo Santa Margherita.

Y si todavía podéis alargar más la visita en la ciudad, subid de nuevo al vaporetto y repetir el recorrido por el Gran Canal, esta vez de noche, y comparad la experiencia con el paseo diurno… si la ciudad no os ha enganchado todavía, no dudo que lo hará entonces. ¿Listos para volver?

La noche en el Gran Canal

El callejero veneciano

Os he comentado ya en alguna ocasión que Venecia es un laberinto de calles, puentes y canales por los que es fácil moverse y, también, perderse (en el sentido más bello de la palabra). Sin embargo, callejear sin rumbo y sin prisa entre esa maraña de inusual construcción formada por unos 450 puentes y 120 islas, os dará la oportunidad de descubrir las curiosidades del urbanismo veneciano.

El casco histórico de Venecia se divide en 6 barrios o sestieri: al norte del Gran Canal, se encuentran Canareggio, Castello y San Marcos. Al sur, Santa Croce, San Polo y Dorsoduro. Alrededor, la isla de la Giudecca y el Lido. Y en la laguna, varias islas entre las que destacan las más visitadas Murano, Burano y Torcello.

En Venecia solamente hay una plaza, Piazza San Marco, y el resto se denominan campo o campiello porque en los primeros siglos se utilizaban como huertos, de ahí que todos ellos tengan un brocal de pozo en el centro.

Pozo en un Campo veneciano

Las calles no son “vie” sino “calli” y la más estrecha, la calle Varisco, mide 53 cms. En el siglo XVIII se repetían los nombres de las calles, por los que la dirección estaba compuesta por el barrio y la parroquia a la que pertenecía el edificio, y solían ayudarse nombrando algún monumento próximo.

Una ruga, rughe o rughette, determina una calle con casas y tiendas, importante y muy transitada.

Salizzada es un término que se utilizó para denominar a las primeras calles principales empedradas y pavimentadas con adoquines de silex, pues “salizo” quiere decir empedrado.

Nizziote, cartel típico veneciano

Lista se utiliza para denominar las calles de carácter extraterritorial por estar situadas en ellas las embajadas extranjeras. El listón, característico de la toponimia veneciana, se encuentra en la Plaza de San Marcos y es el camino entre las dos partes pavimentadas en mármol blanco desde debajo del reloj hasta las columnas de los Santos Marco y Teodoro.

Un ramo, es una calle corta o la extensión de otro de igual nombre, un tramo breve de calle que arranca en una principal y la une con otro o con un campo y crosera una calle principal que se cruza con una calle secundaria (deriva de encrucijada).

Sotoportego es un pasaje cubierto que se encuentra bajo edificios privados y que desembocan en algunas calles. Suelen unir dos edificios del mismo dueño y a menudo desembocar en una corte (patio común a varias casas, sin salida).

Sottoportego

Los barbacani son saledizos de madera que sostienen los salientes de los primeros pisos. El territorio de la ciudad era de propiedad privada hasta que la República obligó a los propietarios a dejar paso público. La distancia entre las viviendas quedó reducida al mínimo indispensable y, para aprovechar el espacio, se construyeron salientes en el primer piso, donde se apoyaba la construcción.

Los más de 400 canales de Venecia se llaman rii (rio) y son vías de agua utilizadas para el transporte de personas y cosas.

Una fondamenta es un tramo de calle que costea un canal o río y un rio terà, un río enterrado transformado en calle. Un precioso ejemplo es Via Garibaldi, en Castello. Nos encanta pasear por ella durante la mañana y tomar un ombra en las terracitas al sol mientras la vida veneciana bulle a nuestro alrededor.

Via Garibaldi

Riva se le llama a un tramo de canal utilizado como muelle; piscina al lugar donde existió una zona con agua, un estanque o área pantanosa que se inundaba durante la pleamar y en la que se nadaba y pescaba. Estas zonas se enterraron para permitir la construcción de edificios y el tránsito de personas.

Para denominar una casa noble o palacio se utiliza el término Ca’, no el término Palazzo y para nombrar a los edificios cuya entrada se realiza desde el agua, se usa fontego.

Borgoloco es el lugar donde se levantaban hoteles o posadas y Barbaria la zona de Castello donde se ubicaban los aserraderos de madera.

Como veis, la toponimia de la ciudad está llena de curiosidades que la hacen única, de ahí la dificultad de localizar una dirección concreta aún incluso para los propios venecianos. Afortunadamente, hoy en día es más fácil llegar a cualquier sitio gracias a los navegadores, pero si aun así os perdéis, recordad que forma parte del encanto de vuestra visita y no desesperéis. Siempre podéis tirar de los lugareños, igual tenéis suerte y reconocen la dirección a la que os dirigís… cruzad los dedos.

Las fritelle

Una de las ventajas de ir en invierno a Venezia, es poder disfrutar de las fritelle. Durante el Carnaval, y las semanas previas, las veréis por toda la ciudad junto con otros dulces y bebidas típicos de estas fechas.

Mostrador con variedad de fritelle y otros dulces típicos

Se trata de una especie de buñuelos, una masa de huevo frita con variados rellenos de crema, chocolate, pasas o zabaione que, por un precio medio de 1,50€, podéis encontrar en cualquier pastelería o cafetería. Las hay de mejor y peor calidad como en todo, pero allá donde las comáis, no os dejarán indiferentes.

Hay momentos en la vida que no tienen precio, ya lo decía un conocido anuncio televisivo. Y uno de ellos es ese en el que llegamos a Venezia y, sin siquiera dejar las maletas, tomamos el primer cappuccino, de muchos que vendrán durante los próximos días, con la “fritella” de rigor. Ritual, tradición, llamadlo como queráis, pero produce en mí una especie de catarsis que marca el comienzo de unos días en los que me abandono a la glotonería con avidez, es uno de esos momentos imprescindibles e imperdonables.

Cappuccini e fritelle

Estos buñuelos, que se cocinan y se venden por las calles desde los tiempos de la Serenissima, se comen en todo el Véneto y también en la región de Friuli. La fritella típicamente veneciana no lleva relleno sino que contiene pasas o piñones, fruta confitada y azúcar glass. Pero en los escaparates veréis una gran variedad de ellas, para poneros difícil la elección. Mi favorita es la rellena de crema y la de mi marido la rellena de zabaione (una crema de huevo con vino, a medio camino entre las natillas españolas y una mousse). ¿No se os hace la boca agua? Pues si queréis probarlas, ya sabéis, el próximo viaje a Venezia, intentad que coincida, si no con el Carnaval, al menos con las semanas precedentes.

Rosa Salva en Campo San Giovanni e Paolo

Como os digo, las venden por toda la ciudad en pastelerías, panaderías y cafeterías, pero os recomiendo que no dejéis de probarlas en nuestros imprescindibles: Tonolo, en las proximidades de Campo Santa Margherita; Rosa Salva, en Campo San Giovanni e Paolo;, Le Cafè, en Campo Santo Stefano; Rizzardini, en San Polo y Ballarin, cerca de Rialto. Os aseguro que no os defraudarán y si, a la vuelta, las añoráis aquí os dejo la receta para que sorprendáis a vuestros amigos y familiares:

Ingredientes para 6 personas:
400 g de harina, 100 g de uva pasa (podéis sustituirlo por cualquier otro relleno, al gusto), 1 cuchara de azúcar, 2 huevos, 1 vaso de leche, 1 vasito de ron, 30 g de levadura de cerveza, sal, aceite de cacahuete para freír (o de girasol si no lo encontráis), azúcar en polvo.

La elaboración es sencilla: lavad las uvas pasas y dejad que se hidraten en agua tibia. Desmigajad la levadura en una taza y disolvedla con 3 cucharas de agua tibia. Tamizad la harina en una taza y mezclad todo con azúcar y una pizca de sal. Colocad la masa en una fuente y añadid los huevos, el ron y la levadura diluida. Mezclad todos los ingredientes y añadid leche tibia, lo necesario para obtener una masa densa, y después colad las uvas pasas y secadlas. Cubrid la fuente y poned la masa a fermentar en un lugar tibio, hasta que doble su volumen. Poned en el fuego una sartén con bastante aceite para que los buñuelos floten dentro; cuando esté muy caliente, echad la masa a cucharadas. Cuando estén dorados, sacadlos del fuego, escurridlos sobre papel absorbente y espolvoreadlos con azúcar glas.

Ya solo os queda disfrutar de este manjar con un buen vino dulce o un espumoso y me contáis que os han parecido.

Fritelle

La estatua ecuestre de Colleoni

En Campo San Giovanni e Paolo, en el sestiere de Castello, se encuentran varias de mis atracciones favoritas de Venecia: la imponente Iglesia homónima, impresionante panteón de dogos; la antigua Escuela Grande de San Marco que, hoy en día, es un Hospital; las lanchas ambulancia “aparcadas” en el canal que recorre la fachada lateral del Ospedale; una de nuestras cafeterías favoritas de la ciudad, Rosa Salva y, en el centro de esta bulliciosa plaza, dominándola a lomos de su caballo, la estatua ecuestre de Colleoni, de la que quiero hablaros hoy.

Campo San Giovanni e Paolo

Por alguna extraña razón, las estatuas que encontrareis en vuestros paseos por Venecia, en su mayoría dominando los campi, tienen un significado importante para nosotros, un punto romántico que se suma al sentimiento por la ciudad, y solemos detenernos a admirarlas siempre que nos cruzamos con ellas. Y la estatua ecuestre de Colleoni es una de nuestras preferidas.

Bartolomeo Colleoni fue un condottiero, un mercenario, que prestó servicios a la República de Venecia durante varios años durante el siglo XV. Su relación con la Serenísima, estuvo llena de altibajos por su ambición desmedida pero precisamente esa ambición y su gran capacidad bélica, le hicieron amasar una gran fortuna. Se ganó la fama de bárbaro porque utilizaba la artillería en sus incursiones guerreras, algo muy mal considerado en la época, por lo que los dirigentes venecianos sentían una especie de amor-odio por él, ya que por un lado le necesitaban pero, por otro, se avergonzaban de sus dudosas prácticas.

Su enorme ego le llevó a exigir a la ciudad que su estatua ecuestre se erigiera en la plaza de San Marcos, pero Venecia, para evitar el culto al condottiero, encontró la forma de complacerle sin traicionar sus deseos: el monumento, que costearon sus herederos, se colocó en esta plaza que entonces aún conservaba el topónimo de San Marcos, ya que en ella se encontraba la Scuola Grande de San Marco, de modo que evitaron colocarla en la mismísima Piazza sin desobedecer los deseos del líder mercenario.

El condottiero Colleoni

La estatua, obra de Andrea del Verrocchio, intenta emular a Donatello, que había realizado una estatua al también condottiero Gattamelata pero, a diferencia de aquella, Verrocchio consiguió un gran dinamismo en todo el conjunto, ladeando las cabezas de los protagonistas, dotando al jinete de una expresión furiosa que le proporciona gran vitalidad. El caballo guarda gran similitud con los caballos de bronce de la Basílica de San Marcos.

Bartolomeo Colleoni

Existe una curiosidad que leí en algún sitio y me gusta contar: el escudo de la familia Colleoni, está compuesto por tres testículos, pues el apellido deriva del latín “coleo” que significa testículo. Pero si queréis verlo, tendréis que salir de Venecia y dirigiros a Bérgamo, donde se encuentra el panteón familiar y, a cuya entrada, se halla una representación de este escudo.

La estatua domina con sus dimensiones el campo, que como todos en Venecia es de irregular planta, formando un conjunto precioso con las fachadas del Ospedale y de San Giovanni e Paolo. Me gusta observar el trajín de los venecianos y visitantes desde el puente que desemboca en la plaza desde la calle Larga Giacinto Gallina. En invierno hay pocos turistas y muchos venecianos que van y vienen en su quehacer diario. En verano, la plaza se llena de veladores y tiene un ambiente diferente, pero no por ello menos encanto.

Vista del Campo San Giovanni e Paolo desde el puente

Cuando estéis en la ciudad, no olvidéis visitarla a media mañana y tomar un rico capuchino en Rosa Salva mientras disfrutáis a través de sus cristaleras de la majestuosidad del condottiero. Seguro que conocer quién fue Colleoni, os ayudará a contemplarla con otros ojos, pues no en vano contribuyó en gran manera a la formación de la gran potencia veneciana que llegó a ser la Serenissima.

El Carnaval de Venecia

El Carnaval de Venezia, el carnaval más antiguo del mundo, data del siglo XI, cuando los nobles salían con máscaras a mezclarse entre el pueblo y su objetivo original era conceder a la población más pobre un momento de diversión, de ahí lo de usar máscaras que pudieran ocultar la identidad facilitando el acercamiento entre las diferentes clases sociales.

La Bauta, típica máscara veneciana

La fiesta fue evolucionando hasta que en 1296, Christopher Tolive, Secretario del Dux, declaró festivo el día precedente al inicio de la Cuaresma, promoviendo así una festividad que mezclaba lo religioso y lo pagano; lo social y lo político; la desaparición de las clases sociales y el control de las tensiones de la época. Se construían grandes palcos en la Plaza de San Marcos y había, para deleite de la población, varias atracciones circenses, animales danzantes y acróbatas. Se comían frutas secas, fritos y dulces de todo tipo, algunos de los cuales siguen formando parte del Carnaval actual.

En los tiempos de la Serenissima, hubo épocas en las que el carnaval duraba 6 meses, desde octubre hasta el comienzo de la Cuaresma. En su máximo esplendor, durante el siglo XVIII, comenzaba el 26 de diciembre, después del día de Navidad, y su duración se extendía también hasta el miércoles de ceniza. Con la decadencia de la República Veneciana, Napoleón invadió la ciudad y prohibió los festejos del carnaval en 1797 por temor a que se generasen conspiraciones en su contra y no fue hasta principios del siglo XX cuando lentamente comenzaron a recuperarse. De forma oficial, el Carnaval de Venecia se rescató en 1979 y hoy en día recibe miles de turistas que a lo largo de sus tres semanas de duración, se funden con la población vistiéndose con multitud de máscaras, capas y trajes lujosos que se venden desde los puestos callejeros a los locales más selectos. El martes de carnaval, se alcanza la mayor cifra de visitantes y la ciudad bulle como en sus mejores tiempos.

Trajes de época

Durante el primer fin de semana del Carnaval tiene lugar la Festa sull’acqua. Un evento con varios actos que deja la ciudad en tensa espera durante el resto de la semana, pero sin desprenderse del ambiente festivo. Ese sábado, en el Rio di Canareggio, un desfile de carrozas acuáticas llena de luz y sonido los canales y en la Plaza de San Marcos se celebra el Gran Brindis, donde venecianos y turistas dan la bienvenida al Carnaval abriendo los bailes en la Piazza al estilo del siglo XIX.

Fiesta sobre el agua

El domingo por la mañana, desde la Punta de la Dogana, un desfile de diversas embarcaciones engalanadas, recorre el Gran Canal en dirección al Sestiere de Cannaregio. Es el cortejo acuático de la Asociación de Remo de Venecia en el que los participantes compiten por ser la embarcación mejor decorada y cuya protagonista es la Pantegana, una rata gigante que los venecianos adoran y que protagoniza el Svolo della Pantegana, desde el Puente de Tres Arcos parodiando el emblemático Volo dell´Angelo.

Cortejo acuático

Para los venecianos, la rata es todo un símbolo porque es el último animal en rendirse y morir cuando el barco se hunde, una metáfora de la resistencia de la Serenissima a desaparecer aun cuando su decadencia era ya irrevocable. Al término de la cabalgata, se premia a la embarcación elegida y se abren en la Fondamenta de Canareggio varios puestos en los que se reparten gratuitamente comida y platos típicos.

La Pantegana camino de Canareggio

El siguiente fin de semana, el sábado anterior al Vuelo del Ángel, tiene lugar la Festa delle Marie, un acto que, salvando las distancias, sería el equivalente a la elección de las reinas de las fiestas de las diversas localidades españolas. La fiesta es un momento único para admirar los trajes tradicionales venecianos. El cortejo sale de San Pietro in Castello y recorre la Riva degli Schiavoni hasta llegar a la Plaza de San Marcos, donde tiene lugar la presentación de las “Marías”. La coronación de la “María” ganadora se celebrará el martes Grasso, al finalizar el cortejo acuático que va de San Giacomo dell’Orio hasta la plaza de San Marcos. En otro momento os contaré su accidentado origen y porqué es un acto muy querido por los venecianos.

Desfile de las Marías

El domingo, tiene lugar el acto oficial del inicio del carnaval, Il Volo dell’Angelo. Tradicionalmente se lanzaba una paloma metálica desde el Campanile a la Plaza de San Marcos y posteriormente un acróbata ha sido durante años el encargado de lanzarse en tirolina, tirando confeti y caramelos y haciendo las delicias de la multitud que abarrota la Plaza de San Marcos y la Piazzetta desde primeras horas de la mañana. Desde 2011, es la María ganadora del año anterior quien desciende a través de la tirolina desde el Campanile hasta el Palacio Ducal.

Il Volo dell´Angelo

El acto es precedido por el Cortejo del Dux, que recorre la Plaza hasta el palco preparado a los pies del Palacio.. Il Volo dell’Angelo o della Colombina, da inicio oficialmente al Carnaval y a partir de entonces, habrá por delante 10 días de actividades lúdicas, diversión, juegos, bailes, actividades y fiestas privadas en los que los locales se ponen sus mejores galas y los turistas invaden la ciudad ávidos de disfrutar del ambiente festivo.

El Cortejo del Dux

Nuestras visitas a Venecia han coincidido con el primer fin de semana en varias ocasiones. Entonces todavía no hay demasiados visitantes y es un espectáculo disfrutar de la Fiesta sobre el agua en la tarde-noche veneciana del sábado. El domingo, la cabalgata acuática por el Gran Canal es un acontecimiento multitudinario en el que las embarcaciones se engalanan y los disfraces de los remeros son de lo más variopinto. Esos días la ciudad se ha vestido ya para el Carnaval pero sin las grandes afluencias de la semana siguiente, y aún es posible disfrutar sin demasiada aglomeración de los actos festivos, se ven ya los primeros trajes de época, las máscaras inundan las calles y los escaparates de las pastelerías y cafeterías comienzan a vender las fritelle, unos deliciosos buñuelos con rellenos diversos típicos del carnaval.

Rio di Canareggio

En uno de nuestros viajes, llegamos en el segundo fin de semana. Aquella vez, nos acompañaron mis padres y disfrutamos de la fiesta de las Marías en Castello y del Vuelo del Ángel desde la terraza de la Basílica. Fue una experiencia fantástica e inolvidable. Venecia, aun abarrotada, estaba preciosa, con los venecianos y visitantes paseando y dejándose ver y fotografiar con sus trajes de época, devolviéndole a la ciudad el lujo y la elegancia de los tiempos de la Serenissima. Puede que no sea la mejor época para descubrir Venecia por primera vez porque la multitud podría enmascarar su belleza atemporal, pero no hay duda que la manera de vivirlo contribuye a esa atemporalidad y, personalmente, creo que es imprescindible que al menos la visitéis una vez durante esas semanas mágicas. Por algo es el carnaval más antiguo del mundo. ¿Lo conocéis?

Comienza el Carnaval

La Basílica de San Marcos

Hace unas semanas os hablaba, en una entrada, de mi preciosa Piazza y os contaba los sentimientos que me embargan cuando estoy en ella. Hoy quiero detenerme en la protagonista indiscutible de la Piazza di San Marco: la imponente Basílica homónima, principal templo católico de la ciudad y un portento de la arquitectura bizantina.

Fachada principal de la Basílica de San Marcos

Basílica, Catedral desde 1807 e Iglesia Patriarcal, todos esos rangos que ostenta actualmente, nos permiten hacernos a la idea de la gran importancia que a lo largo de los siglos ha tenido en la vida de la ciudad; no en vano, su construcción comenzó cuando el cuerpo de San Marcos fue traído desde Alejandría, curiosamente, el 27 de mayo de 828, para después depositarse bajo su altar mayor.

Cuenta la leyenda que,para sacar el cuerpo del Santo de Alejandría, unos comerciantes italianos loocultaron entre su carga de cerdo, de manera que los musulmanes no pudieran sercapaces de detenerles. Al llegar a Venezia lo entregaron al dux, que ordenóerigir una Iglesia para albergar sus restos. Esta historia, se describe en ladecoración de los arcos de la fachada de la Basílica, junto a otrosacontecimientos de la vida de San Marcos.

Detalle de la fachada principal

La actual basílica, de estilo bizantino, se inició hacia 1063 tras el incendio de la anterior y fueconsagrada tan solo diez años después. Desde entonces, ha sido un icono en laciudad y, durante los años de la Serenissima, una ley de la República imponíacomo tributo que los mercaderes que hicieran negocios que llegaran a buenpuerto, debían hacer algún regalo para embellecerla. Este hecho, ha dado comofruto un magnífico templo de estilos, materiales y objetos diversos,convirtiendo a la Basílica en un museo de arte bizantino en el que destacan susmosaicos construidos con millones de doradas teselas.

En la inmensa cantidadde datos que podéis encontrar en internet, guías turísticas y otros medios, osinformarán exhaustivamente de su valor arquitectónico y artístico tantoexterior como interior. No quiero extenderme ya que, si os interesa y queréisleer sobre ella (os lo aconsejo), podéis acceder fácilmente a montón deinformación. Por ello, os daré una pincelada sobre lo principal y algunasugerencia totalmente subjetiva, pues cada viajero y cada turista es diferentey busca cosas distintas cuando viaja.

A la Basílica se debeingresar por la puerta principal, desde la Piazza. El acceso es gratuito y, sinentrar en polémicas, deberéis guardar un poco las formas en cuanto a vuestravestimenta: ni pantalones excesivamente cortos ni hombros al descubierto. No oslo permitirán con mochilas ni bolsos grandes, así que os enviarán a la consignasituada junto a la Piazzeta de los Leones,en la calle Basso. Allí os darán una ficha con la que podréis entrar sin tenerque volver a guardar la fila. Debéis comprobar los horarios porque varían enfunción de la estación del año y también según sea domingo y/o festivo. Yademás algunos días al año está cerrada. Al pie os pongo un enlace donde podéiscomprobar los días de cierre y algún otro dato de interés.

Una vez en el interior, dejaros llevar y observar con detenimiento la belleza que encontraréis ante vuestros ojos. Comprobaréis que las constantes subidas de las mareas han hecho estragos en el pavimento de mármol, que se muestra ostensiblemente levantado a lo largo de toda la planta de la Basílica.

Mosaicos en el interior de la Basílica

Como os digo, el acceso es gratuito pero una vez dentro, sí que deberéis pagar para ver la Pala de Oro. Es un retablo medieval de perlas, piedras preciosas y esmaltes dorados que se encuentra tras el altar mayor. Actualmente el importe es de 2€.

También de pago son elTesoro y el Museo, en la zona superior, a la que se accede por una preciosaescalera de mármol. En el Tesoro veréis varias piezas de oro, plata y vidrio deorígenes diversos pero mayoritariamente originarias del saqueo deConstantinopla y la entrada cuesta 3€.  

Personalmente creo que,lo que más merece la pena, es el Museo, en el que se encuentran los cuatrocaballos de bronce originales y toda una colección de obras de arte. Loscaballos formaban parte de una cuadriga que decoró el Hipódromo deConstantinopla y llegaron a Venecia tras la Cuarta Cruzada. Napoleón, cuandoocupó la ciudad, se los llevó a París, pero tras su derrota, volvieron al lugarque ocupan ahora. Subir al Museo, cuyo precio es de 5€, os dará la oportunidadde disfrutar, de cerca, de los techos de la Basílica. Intentad estar arribaantes de las 11:30. A esa hora, y hasta las 12:30, excepto domingos y festivos,iluminan los techos. El espectáculo os dejará boquiabiertos. No os cuento máspara no estropearos la sorpresa, ya me diréis…

Desde la zona superior,se accede a la Logia dei Cavalli, laterraza abierta sobre la Plaza de San Marcos, en la que hay una réplica de loscaballos de bronce. Las vistas de la Piazza, desde arriba, son preciosas y osquedaréis encandilados viendo a la muchedumbre que inunda la Plaza bajovuestros pies. La de ratos que he pasado ahí, embelesada, apoyada sobre labalaustrada y admirando la Torre del Reloj, las columnatas de la Piazzetta y la fachada del PalacioDucal, dejando pasar los minutos, sin más…

La Piazza desde la Loggia dei Cavalli

El año que nuestro viajecoincidió con el Carnaval, tuvimos la grandísima suerte de coger sitio en laterraza, en el lado del Palacio Ducal, y ver desde ese punto privilegiado Il Volo del Angelo, el acto inauguraldel carnaval veneciano. Era una mañana espléndida, fría pero soleada, entramosa la Basílica una hora antes aproximadamente y nos quedamos a hacer tiempo enla terraza. La experiencia fue irrepetible, veíamos cómo la Plaza se iballenando de gente, mucha de ella con sus disfraces de época y la mayoría conmáscaras recién adquiridas en los puestos callejeros. Fuimos espectadores enprimera fila del inicio del Carnaval. Es sin duda uno de los grandes momentosvividos en Venezia.

A menudo, amigos yconocidos cuando preparan su viaje a Venecia, suelen preguntarme por los sitiosy monumentos que no deben perderse y en función del tiempo que durará suestancia en la ciudad, suelo recomendar o no lugares como el Palacio Ducal,subir al Campanile, entrar en la Accademia o escaparse a Burano.

Pero, por supuesto, laBasílica es imprescindible siempre y merece la pena dedicarle al menos una horaa su visita aunque vuestro viaje a la ciudad dure un par de días. En ella estáacumulada la historia y el esplendor de los mejores siglos de la Serenissima y no podéis marcharos deVenecia sin haberla visitado ni haber fotografiado la Piazza desde el balcón.¡Os prometo que no os decepcionará!  

La Basílica nocturna

Basilica di San Marco
San Marco, 328
30124 Venezia

En esta páginaencontraréis más información sobre la Basílica y también, horarios y días decierre: http://www.basilicasanmarco.it

Cómo llegar a Venecia

Venecia es una ciudad de clima mediterráneo, lo que significa que la mejor época para visitarla es en primavera y en otoño, las estaciones más suaves y en las que podréis observar el ritmo de la ciudad a pesar de la cantidad de turistas que la visitan.

En verano, la humedad y el calor pueden resultar asfixiantes, y os aconsejo que lo evitéis. Pero si no podéis hacerlo en otro momento, no os preocupéis. Venecia es preciosa es cualquier época. Para disfrutarla, salid de las rutas y de las zonas más turísticas donde la gente nos os obligue a seguir sus pasos, perderos por sus callejones y disfrutad del paseo. Eso os dará un poco de aire y además os ayudará a conocerla mejor.

Pero yo suelo ir en invierno. En mi ciudad, a finales de enero es festivo local y eso conlleva poder visitar cualquier sitio, también Venecia, en temporada baja; con el plus añadido de que al no ser festivo nacional los vuelos resultan muy económicos. Así que, salvo que caiga en Carnaval, que la ciudad cambia por completo, para mí el invierno es una ocasión inmejorable para visitarla y disfrutarla.

En invierno apenas hay turistas, así que es fácil recorrer sus estrechas calles en soledad, donde los pasos sobre las losas centenarias retumban de fachada a fachada. Hay menos horas de luz, hace frío, a menudo niebla y el fenómeno del acqua alta os puede sorprender, pero nada de ello importa porque, para compensarlo, la ciudad se muestra adormecida y podréis encontrar estampas ideales… ¿os imagináis algo más bello que Venecia nevada, por ejemplo?

Venecia es una ciudad muy turística, de hecho es una ciudad que vive del turismo. Algunas fuentes dicen que más de 40 millones de personas la visitan al año. Como consecuencia, es fácil llegar hasta ella pues está muy bien comunicada por tierra, mar y aire. Seguramente habréis oído que en Venecia “no hay coches”. Es así. Salvo en la isla de Lido, el transporte público en la ciudad se hace a través de los vaporetti, una especie de autobuses acuáticos que circulan por el Gran Canal, además de conectar el centro histórico con las islas de la laguna. Por ello, los autobuses os dejarán en Piazzale Roma y los vehículos particulares deberéis dejarlos en los aparcamientos habilitados junto a él. A partir de ahí, vuestras piernas serán el mejor medio de transporte y cuando estéis cansados, siempre podréis tomar un vaporetto y dejaros llevar. 

¿Cómo podéis llegar hasta el centro histórico de Venecia? Os lo cuento en las líneas siguientes

La terminal de autobuses de Piazzale Roma

EN AVION

En avión llegaréis hasta el aeropuerto de Marco Polo, o al cercano de Treviso. Para llegar a Venecia desde España podéis coger un vuelo desde casi cualquier aeropuerto español. Hay vuelos diarios desde Madrid y Barcelona y vuelos habituales desde otras muchas ciudades. Lo mismo desde el resto de Europa. Tan solo necesitaréis vuestro documento de identidad o el pasaporte. Por precaución, no está de más para los ciudadanos de la Unión Europea, llevarse también la tarjeta sanitaria europea. Las aerolíneas, incluidas las de bajo coste, vuelan a Marco Polo (en Tessera, un barrio de Venecia cercano a Mestre a tan solo 8 kilómetros) o al aeropuerto Antonio Canova (en Treviso, a 40 kilómetros).

Una vez en el aeropuerto, deberéis elegir la forma de llegar hasta el centro histórico de la ciudad. No olvidéis revisar horarios e importes del medio elegido, pues los precios varían bastante y los horarios dependen de las temporadas. En las páginas web de cada compañía podéis informaros en tiempo real e incluso comprar los billetes, a veces con algún descuento.

Desde el aeropuerto de Treviso

El aeropuerto de Antonio Canova en Treviso, conecta con la terminal de autobuses de Piazzale Roma a través de autobuses de varias compañías. En una hora más o menos estaréis en Venecia.

ATVO es la empresa más utilizada. El billete sencillo cuesta 12€ y el de ida y vuelta 22€. Se compran en el mismo aeropuerto antes de subir al autobús o en su página web. Le cuesta unos 70 minutos llegar a Piazzale Roma.

BARZI es otra de las compañías que conectan con Venecia. La única diferencia es que va por la autopista, por lo que el tiempo del trayecto es menor, unos 40 minutos. Por lo demás, horarios y precios son los mismos.

También podéis utilizar un transfer, que es una opción más cara pero también más cómoda y rápida. Sale rentable si sois varios viajeros. Un chófer os recogerá en el aeropuerto y después montaréis en un taxi acuático que os lleve hasta el alojamiento. En internet podéis contratarlo por adelantado y ver las diferentes opciones y precios.

Desde el aeropuerto de Marco Polo

Lo más habitual es llegar al aeropuerto de Marco Polo que, además, tiene más opciones de transporte hasta la ciudad. Conecta con la estación de trenes de Mestre y con la terminal de autobuses de Piazzale Roma. Además, mediante taxi acuático conecta con varios puntos de la ciudad, entre ellos la Plaza de San Marcos.

Si llegáis a Marco Polo, estas son vuestras opciones:

1.- Taxi acuático: algo caro salvo que seáis un grupo. En 2019, el coste es de 120€. Funciona como el servicio de taxi en cualquier otra ciudad, por lo que tiene las ventajas de tener un vehículo para vosotros solos, poder ir en la cubierta y charlar con el chófer. Además os llevará hasta donde queráis ir, por lo que no tendréis que cargar con el equipaje por el laberinto de calles veneciano.

2.- Alilaguna: los Alilaguna son unos autobuses acuáticos que tienen varias líneas que conectan el aeropuerto con las islas de la laguna y la propia Venecia. El billete de un solo viaje cuesta 15€ y si compráis ida y vuelta os costará 27€. Para tomar un Alilaguna, antes de salir de la terminal de llegadas, subid a la primera planta y seguid las indicaciones de color azul que os llevarán hasta el embarcadero de transporte acuático, donde hay un montón de taxis y embarcaciones privadas de alquiler y de los alojamientos de Venecia. Las líneas que conectan con el centro histórico son la azul y la naranja.

Alilaguna

La línea naranja entra por el canal de Canareggio y llega a Rialto unos 50 minutos después tras varias paradas. La línea azul, va por el Gran Canal desde la Fondamenta Nove hasta la Plaza de San Marcos en unos 40 minutos. En función de la ubicación de vuestro alojamiento, podéis tomar una línea u otra. No os preocupéis, está todo bien indicado allí y en cualquier caso siempre hay personal dispuesto a ayudaros.

En mi opinión no merece la pena, salvo que vayáis de pie en el exterior, pues os acomodarán en la cabina del barco, abajo, sin apenas ver lo que hay sobre vuestras cabezas y sin disfrutar del espectáculo como se merece. Pero reconozco que es cómodo y según dónde vayáis, rápido, además de daros la oportunidad de tener un primer contacto con la ciudad y las islas.

3.- Autobús: otra opción es tomar el autobús de ACTV, la compañía municipal que gestiona el transporte público en Venecia (autobuses y vaporetti). La línea 5, es un autobús de línea regular que va haciendo paradas. Deberéis llevar con vosotros el equipaje porque no dispone de maleteros, por lo que si éste es muy voluminoso o extenso pueden poneros problemas para subir, ya que existen limitaciones. Le cuesta unos 45 minutos llegar a Piazzale Roma. Los abonos de transporte público para Venecia incluyen este autobús, por lo que podéis comprarlo en el mismo aeropuerto y utilizarlo ya para subir a autobús, en función del abono o billete que penséis que conviene a vuestra estancia y de los que os hablaré en otro momento. Si por el contrario adquirís el billete individual, su precio es de 2,50€.

Desde Marco Polo también podéis tomar el autobús de ATVO, de color azul, que va directo a Venecia, sin hacer paradas y en el que el equipaje se deja en los maleteros. Tarda unos 20 minutos en llegar a Piazzale Roma. La frecuencia es cada media hora aproximadamente y cuesta 3€. Los abonos de transporte público no incluyen el autobús de esta compañía, ésta es la desventaja, así que tenedlo en cuenta y no os equivoquéis porque los inspectores, si os pillan sin el billete adecuado, no tienen piedad.

4.- Tren: desde el aeropuerto también podéis coger el autobús que os deja en la cercana estación de Mestre (línea 15, precio 1,50€) y una vez allí, tomar un tren a la estación de ferrocarril de Santa Lucía, en Venecia por unos 2,00€. El tren atraviesa el Puente de la Libertad y es una bonita forma de llegar a la ciudad. Al salir de la estación al Gran Canal, os encontréis de frente la preciosa cúpula revestida de cobre de la Iglesia di San Simeon Piccolo. Es una visión impactante y si a eso le sumáis que ya habréis dejado atrás todos los vehículos, os daréis de bruces con la Venecia acuática. Esta opción es la más económica, pero la verdad es que se pierde algo de tiempo entre llegar a la estación de Mestre, esperar el tren y luego llegar a Venecia.

Por el contrario, el tren es una fantástica opción si estáis alojados en Mestre o si llegáis a Venecia desde cualquier otra localidad italiana, porque Italia tiene una fabulosa red de ferrocarril con muchos trenes de alta velocidad que conectan las principales capitales. Además, hay trenes a diario desde ciudades cercanas como Padua, Verona o la citada Mestre.

Tráfico acuático

EN COCHE

Llegar a Venecia en coche, es la peor opción con diferencia, pero si es inevitable, sabed que deberéis dejarlo en cualquiera de los aparcamientos de Piazzale Roma o Tronchetto que son bastante caros. Si lo dejáis en Tronchetto el tren automático People Mover os dejará en 5 minutos en Piazzale Roma. Los precios de los estacionamientos oscilan entre los 20 y los 40 euros diarios y en temporada alta puede resultar difícil encontrar hueco. Claro que siempre podéis dejar el coche antes de cruzar el Puente de la Libertad donde hay aparcamientos más económicos y tomar allí el autobús o el tranvía hasta Piazzale Roma.

EN BARCO

Para mi pesar, hay montones de cruceros con principio o final en Venecia. Los enormes barcos de los cruceros son muy invasivos con el medio ambiente de la Laguna y espero que en algún momento los responsables prohíban esta incursión, por muy bonita que pueda resultar. El barco os dejará en la terminal de cruceros al final de las Zattere y desde allí podéis tomar un vaporetto hacia el centro histórico o caminar dando un paseo por la preciosa Fondamenta frente a la isla de la Giudecca.

Y ¿cuál de todas las opciones os conviene más? ¿Cuál es la mejor? Pues, como todo, es para gustos y momentos. Dependerá de cuántos seáis, de dónde os alojéis o incluso a qué hora lo hagáis y el tiempo que vayáis a pasar en la ciudad. Mi cuñado dice que a Venecia se debe entrar por agua y puede que no le falte razón, es romántico y acertado, y además os pondrá en contacto rápidamente con ella.

Yo he probado todas las opciones y sin duda me quedo con la terrestre. Pero es una opinión muy subjetiva y personal. Ya os comentaba que el tren es una buena manera de encontrarse de frente con el esplendor de Venecia pero, para mí, es muy emocionante atravesar el Puente de la Libertad en autobús, dejando lentamente atrás tierra firme, con la laguna a ambos lados del puente como un pequeño avance de lo que espera después de él… me gusta el hervidero de vehículos en Piazzale Roma (autobuses, coches, o hasta el reciente tranvía) y saber que durante varios días no volveré a ver vehículos. Y me encanta saborear el momento, bajar las escaleras hacia el Gran Canal, subirme en la línea 1 del vaporetto y comenzar el trayecto en dirección a mi alojamiento… es como entrar en otro mundo, siempre, una y otra vez, siempre, me impresiona. Me siento delante, en el exterior, y disfruto: de los palacios con sus fachadas suntuosas o semi abandonadas que llevan siglos allí dejándose caer hacia el agua; del curioso tráfico acuático en el que confluyen góndolas, taxis y todo tipo de barcas de diferentes tamaños; del olor, ese olor tan característico de Venecia a salitre y humedad. Disfruto de todo ello.

Acceso a los embarcaderos de vaporetti

Sinceramente creo que es la manera más bonita de entrar en la ciudad, porque ésta se os irá mostrando lentamente, y os irá calando piano piano, iréis cayendo en ese embrujo mágico y nostálgico que entra por los poros y se queda ahí para siempre.

En ese trayecto, me gusta observar a los pasajeros que me rodean y envidio sanamente a los que llegan a Venecia por primera vez, porque tienen la suerte de vivir la sorpresa del descubrimiento, de lo inesperado. Luego me arrebullo en mi asiento y me dejo embargar por esa melancólica felicidad que no se disipará hasta que me vaya. Porque, como no me canso de decir, en Venecia nada ha cambiado desde hace siglos y ahí reside su belleza. Y, tal y como el amor de mi vida me susurró al oído en una ocasión, en Venecia… me siento en casa. 

Transportes venecianos

Un poco de historia

Cuando comienzo a preparar cualquier viaje, lo primero que hago es leer algo sobre mi destino: historia, cultura, forma de vida, peculiaridades… todo ello sirve para ponerme en situación y para entender mejor muchas de las cosas que me encontraré allí. En el caso de Venezia, esto se hace más que necesario, porque nada de lo que hayáis visto antes se asemeja lo más mínimo a esta ciudad. Y no será porque no hay sitios a los que les añaden “La Venecia de…” Pero, cuando lleguéis por primera vez, os daréis cuenta de que nada es como lo que hasta entonces habéis conocido, ni siquiera como lo habéis imaginado mientras preparabais vuestro viaje.

Venecia es una ciudad del noreste italiano, capital de la provincia homónima y de la región del Véneto. En la última glaciación, la subida del nivel del agua, formó una laguna y, durante siglos, los vénetos que habitaban la zona del continente, la aprovecharon para refugiarse en sus islas cada vez que sufrían ataques de los pueblos germanos. Pasada la amenaza, regresaban a sus pueblos en tierra firme, dejando atrás las aguas pantanosas de la desembocadura del río Po. Pero en el siglo V, algunos de esos habitantes del Véneto, no regresaron a sus hogares, de manera que aquella incursión que debía ser provisional, fue evolucionando hasta convertirse en La Serenissima, la ciudad más poderosa y rica de la Edad Media.

Gracias al comercio de sedas y especias de Constantinopla y Alejandría, al de productos exóticos y especias de Oriente y al de esclavos, madera o hierro con el centro de Europa, Venecia se transformó en la mayor ciudad portuaria del mundo y en el centro del comercio mundial, alcanzando los casi 200.000 habitantes. Para que os hagáis una idea de lo que esa población suponía para la ciudad, a finales de enero de 2019, su población es de 52.981 habitantes.

El esplendor de la ciudad es todavía visible en muchos de los Palacios que se conservan y especialmente en las fachadas de éstos que dan al Gran Canal. Un paseo por éste al anochecer, cuando la ciudad se dispone a dormir, es una experiencia imprescindible en vuestra visita a Venecia. Para ello, subiros a un vaporetto de las líneas 1 o 2, salid al exterior, y dejad que el reflejo de la tenue luz en el agua, las fachadas centenarias y los silencios nocturnos de la ciudad os embrujen. Hacedlo y me contáis, seguro que que será una experiencia inolvidable. Pero volvamos a La Serenissima…

El Gran Canal de noche

Su privilegiadasituación geográfica no evitó que fuese conquistada por el Imperio Bizantino enel siglo VI momento en que pasó a estar bajo su protección y su dependenciaadministrativa. Sin embargo, llegó un momento en que las familias ricasvenecianas quisieron ser gobernadas por uno de ellos y de ese modo eligieron alprimer Dux (Dogo en veneciano), que poco a poco se fue independizando delImperio Bizantino y adquiriendo un poder casi absoluto.

Los habitantes de lasislas de la laguna se concentraron en torno a Rivo Alto (Rialto), siendo éstala primera denominación de la ciudad, y se instaló allí la residencia del Dux.En el siglo X, la ciudad adoptó su nombre actual, Venezia y el título de LaSerenissima y se construyó el Palacio del Dogo en su lugar actual,extendiéndose desde la zona de la Plaza de San Marcos hasta Rialto.

Se cuenta que en el año 829, el cuerpo de San Marcos fue robado en Alejandría por dos mercaderes que lo sacaron entre un cargamento de carne de cerdo, de manera que los guardias musulmanes, no estuvieran muy tentados de comprobarlo. Al llegar a Venecia, se convirtió en el patrón de la ciudad y el león alado en su símbolo, una imagen que veréis a menudo en Venecia. Se levantó la primera iglesia de San Marcos para albergar el cuerpo en el lugar que ahora ocupa la actual Basílica. La historia del robo y traslado del cuerpo del evangelista, se cuenta en los mosaicos de la fachada de la Basílica de San Marcos.

El Dux, era un cargo vitalicio, al principio hereditario pero que terminó siendo electivo. Inicialmente concentraba todo el poder, lo que provocó grandes luchas entre las familias aristocráticas hasta el punto  de que en una rebelión se incendió la ciudad destruyéndose el Palacio del Dux y la primitiva Iglesia de San Marcos. Aquello sirvió para que paulatinamente fuese disminuyendo la autoridad del Dux, de manera que se elaboró todo un entramado de instituciones y figuras estatales que convirtieron al gobierno de la República Veneciana en algo único en la época: para evitar que un solo hombre detentase todo el poder, se constituyó la Signoria en la que además del Dux, el máximo representante de la República y paradójicamente el menos poderoso, se incluían el Consejo Menor y la Quarantia. Otros órganos de la organización administrativa y judicial de gran importancia y poder, fueron el Gran Consejo, el Senado y el Consejo de los diez. En total, unas 200 familias gobernaban Venecia, casi nada, ¿eh?

Cuando Venecia conquistóConstantinopla en el siglo XIII, comenzó su esplendor marítimo, naval,comercial y económico. Había nacido La Serenissima que, durante varios siglos,fue la gran potencia del Adriático. Con el inicio de las expediciones a lasIndias desde Occidente y el avance de los turcos desde Oriente, comenzó ladecadencia veneciana, que se veía siempre en el centro de los enfrentamientosde las potencias europeas, ávidas de terminar con su poder comercial. Lallegada de Napoleón en 1797 terminó con el último Dogo, Ludovico Manin y enmayo se declaró el fin de la República que pasó a estar bajo dominaciónfrancesa y austríaca alternativamente hasta su anexión a Italia en 1861.

Su intensa y extensa historia,sus pobladores, los pueblos bajo cuya influencia o dominación Venecia sedesarrolló, favorecieron la creación de un patrimonio cultural y artísticoenorme, que aún hoy podemos disfrutar. Porque como os contaba en la primeraentrada de este blog, el paso de los siglos ha cambiado pocas cosas en Venezia,que ha sabido mantener intacto el sentimiento de poder, independencia yexclusividad que la hizo ser la mayor ciudad del mundo conocido.

Cuando hablamos hoy de Venecia, nos referimos a su centro histórico, Patrimonio de la Humanidad, un conjunto de 119 islas y 420 puentes que las unen, formando un archipiélago al norte del Adriático, unido a tierra firme por el Puente de la libertad. En ese conglomerado de islas, puentes y canales, se guardan grandes tesoros que en próximas entradas os ayudaré a descubrir: palacios, iglesias, pinturas, esculturas, museos y comercios…bienvenidos a La Serenissima.

El esplendor de Venezia