La primera mujer Doctorada: Elena Cornaro.

En un día como el de hoy, plagado de reivindicaciones, me gustaría presentaros a Elena Lucrezia Cornaro Piscopia, que nació en Venecia en 1646, en el seno de la familia Loredan.

Los Loredan fueron muy influyentes en la época y construyeron varios Palacios en la ciudad y los alrededores. Cuando os hablé de Campo Santa Margherita, os mencioné el Palacio Corner Foscolo, una de las posesiones familiares donde Lucrezia vivió algún tiempo y cuya fachada me fascina. 

Elena tuvo que enfrentarse desde su nacimiento a los prejuicios de una sociedad masculina, clasista y patriarcal y es una mujer más, de tantas, a las que la Historia no les ha proporcionado el lugar que les corresponde. Tiene el honor y el mérito de ser la “prima donna laureata nel mondo” es decir, la primera mujer en conseguir un Doctorado en una Universidad.

Nació en el Palacio Loredan, situado junto al Puente de Rialto. Su padre, Giovanni Battista Cornaro-Piscopia, fue Procurador y Tesorero de la República Veneciana y su alta posición le permitió vivir en la mismísima Plaza de San Marcos. Su madre, Zanetta Boni, era una campesina pobre con quien Giovanni tuvo varios hijos. Sin embargo, en el momento del nacimiento de Elena, sus padres no estaban legalmente casados. Cuando finalmente Giovanni y Zanetta se casaron, su situación de hija ilegítima no cambió: la ley veneciana excluía de cualquier privilegio noble a los hijos nacidos fuera del matrimonio aunque su padre la reconociera.  

A pesar de ello, por ser hija de quién era, disfrutó de muchos privilegios y también tuvo muchos pretendientes, a los que rechazó pues desde bien temprano fue consciente de que su talento sería olvidado en cuanto tuviera edad de casarse. Por ello, con tan solo 14 años, decidió hacer en secreto votos de castidad para alejarse de los roles tradicionales de la mujer e incluso más adelante, sin llegar a convertirse en monja por la “negativa paterna”, tomó los hábitos benedictinos. 

La posición social de los Cornaro le proporcionó la posibilidad de estudiar y con 7 años ya hablaba a la perfección latín y griego. Ahí es nada. También aprendió hebreo, español, francés y árabe, lo que le valió el título de “Oraculum Septilingue”. Y dominó las materias de matemáticas, astronomía, gramática, música, teología y filosofía, llegando a ser una virtuosa compositora.

Con estos méritos, no tardó en correrse la voz de su talento y su fama se extendió rápidamente. Se convirtió en todo un acontecimiento, una mujer sabia, que lo manifestaba sin pudor ni oposición familiar, era algo curioso y exótico en la arcaica sociedad del XVII, así que le invitaban a reuniones y sociedades de eruditos para escucharle hablar. Fue admitida en la Universidad de Padua y sus admiradores, entre los que se encontraban algunos de sus propios compañeros teólogos, propusieron a la Universidad que se le otorgara el título de Doctora en Teología, pero el Obispo de la ciudad se negó… alegando que era mujer. 

Para “compensarle”, le ofrecieron la posibilidad de Doctorarse en Filosofía, Doctorado que consiguió con honores después de un curso brillante y un discurso magistral de una hora de duración en latín clásico. Su examen, que debía realizarse en la Universidad, levantó tanta expectación que fue necesario buscar un lugar con más aforo.

Y fue así como en una ceremonia en la Catedral de Padua, ante las autoridades universitarias, estudiantes, senadores venecianos y diversos invitados de otras universidades, el 25 de junio de 1678 dejó a todos boquiabiertos y pasó a su notable y merecidísimo lugar en la Historia. El Tribunal evaluador, que debía deliberar y votar en privado, no dudó en emitir su veredicto públicamente, tremendamente impactados por la inteligencia y la erudición de Elena. La escena de su Graduación, fue inmortalizada en la Ventana Cornaro, una vidriera ubicada en la Biblioteca del Vassar College, una prestigiosa Universidad privada creada inicialmente para poner en valor el talento femenino.

Elena dedicó los siguientes años de su vida al estudio, a la impartición de clases de matemáticas en la Universidad de Padua y a obras de caridad. Falleció en Padua en 1684 de tuberculosis y a su muerte se le hicieron servicios funerarios en varias ciudades. Pero no fue hasta 1895, que una abadesa benedictina, decidió ir más allá: abrió su tumba, colocó sus restos en un ataúd y la señaló con una placa conmemorativa. Tal y como era su deseo, está enterrada en el Monasterio de San Giustina de Padua. 

Poco queda de sus escritos y trabajos, pero sí hay documentos de su influencia en la época a pesar de que murió muy joven. Desgraciadamente, el camino que parecía abrirse con Elena para las mujeres, fue olvidado durante siglos: 300 años tardó la Universidad de Padua en otorgar un Doctorado a otra mujer. 

Actualmente, en Rialto, en el lugar donde nació junto al Ayuntamiento, una placa que suele pasar desapercibida conmemora sus logros. Grabada con la fecha de su Doctorado, reza literalmente “Elena Lucrezia Cornaro Piscopia, nacida en el lugar de la placa en 1646, “prima donna laureata nel mondo”. 

En este último viaje a Venecia, fui tras los pasos de Elena Lucrezia en busca de la placa, había leído sobre ella y quería localizar el lugar donde la primera mujer Doctorada tenía su homenaje en la ciudad. Me costó localizarla más de lo que habría querido y creo que se merece algo más que una losa por encima de las cabezas en un lateral del Palacio. Pero era mujer. Y me gustaría pensar que tras su reconicimeinto por sus contemporáneos hay más que curiosidad por la existencia de un talento femenino. No en vano, su padre, que tanto le alentó en sus estudios, utilizó su poder y su influencia para impedir que otras mujeres después de Elena siguieran sus pasos, para evitar que eclipsaran a su hija.

Por eso hoy, que quería aportar mi granito de arena homenajeando a una gran mujer, no se me ocurrió nadie mejor que la Doctora Cornaro-Piscopia.  

Qué hacer en Venecia

Habitualmente entre mis amigos y conocidos, cuando alguien va a viajar a Venecia, me suelen preguntan por lugares que ver, por aquello que no deben perderse o por los mejores sitios donde comer. Y además últimamente, he recibido mensajes privados desde el blog, en el que también, seguidores, me han consultado algunas de sus dudas.

La verdad es que, esto de dar consejos, me pone algo nerviosa porque, claro, yo tengo mis favoritos, mis imprescindibles, y me resulta difícil hacer un resumen de ellos porque al ser un punto de vista totalmente subjetivo, puede resultar decepcionante para los demás. Pero reconozco que también me gusta comprobar que mis favoritos se convierten en favoritos de otros visitantes, y que la ciudad os acaba gustando tanto como a mí.

En cualquier caso, y con la esperanza de que os ayude en lo posible, he pensado en compartir con vosotros ese pequeño resumen que, insisto, es una opinión totalmente personal, por lo que seguro que ni es la mejor, ni estará todo lo que allí luego veáis, ni por supuesto lo más importante o imprescindible y además, como suele decirse: son todas las que están…pero no están todas las que son. Es una aproximación a la ciudad de forma genérica, que podéis aplicar vayáis los días que vayáis. Para itinerarios o paseos más concretos aquí o aquí tenéis algunas opciones para visitar la ciudad en un día y os seguiré dando ideas en adelante.

Bien, como ya sabréis, Venecia se divide en seis barrios llamados Sestiere (a un lado del Gran Canal, San Marco, Castello y Canareggio y al otro lado, Santa Croce, San Polo y Dorsoduro) y además hay otras muchas islas cuya visita, si tenéis tiempo, merece la pena: San Giorgio Maggiore, Giudecca, Murano, Torcello y mi favorita, Burano. 

De entrada puede parecer difícil moverse porque la ciudad es un maravilloso laberinto de calles, canales y puentes, pero no debéis preocuparos por ello, pues es un lujo perderse por ellos y deambular sin prisa, disfrutando de todo aquello que vuestra vista pueda alcanzar. Aprovechadlo porque así es como Venecia se muestra de verdad!

Para llegar a la ciudad tenéis varias opciones. En esta entrada os hablé sobre ello y os conté también que a mí me gusta entrar desde Piazzale Roma y recorrer el Gran Canal en el vaporetto, dejándome envolver en ese halo de misterio y decadencia que transmite la ciudad desde el agua. Así que desde Piazzale Roma o desde la estación de Santa Lucía si llegáis en tren, podéis coger el vaporetto 1 (o la línea número 2, que hace menos paradas, aunque tendréis que averiguar si os deja cerca de vuestro alojamiento) y una vez en el bus acuático, solamente disfrutad.

El paseo en vaporetto hasta San Marcos es una de las mejores cosas que hacer en Venecia, si no la mejor. Tendréis que hacerlo sí o sí, y si no es en el momento de la llegada porque vuestro alojamiento o vuestro destino se encuentra antes, buscad el momento durante vuestra estancia. Y es imprescindible repetirlo de noche, al menos hasta el Ghetto o de vuelta de él. Recorrer el Gran Canal por la noche es una experiencia inolvidable. 

Lo ideal es coger sitio en el exterior, en la parte de delante. Tendréis que ser rápidos porque hay pocos sitios y están muy cotizados y, según la época, lidiar con la humedad, el frío, el calor o los mosquitos…pero merece la pena. Validad el billete SIEMPRE antes de entrar en el embarcadero o tendréis problemas si sube el controlador. No es suficiente con haberlo validado la primera vez que hacéis uso de él si es un bono de varios días, sino que debéis hacerlo cada vez que cojáis un vaporetto.

Y, ¿qué visitar? Pues indudablemente, la Basílica de San Marcos, está en el Top Ten. Es una preciosidad bizantina que se convierte en el primer imprescindible. La mejor hora para visitarla es sobre las 11, intentad llegar sobre esa hora, veis la nave de abajo y después subís al museo (en el que se encuentran los caballos de bronce originales) y salís a la terraza sobre la Piazza. En esta terraza exterior hay réplicas de los caballos traídos de Constantinopla y una vista preciosa de la Piazza y la Piazzetta desde arriba. A las 11:30 y hasta las 12:30, iluminan la Basílica (excepto los domingos). Por eso es importante que lleguéis antes. Os sorprenderá más si no la encontráis iluminada de entrada. Los techos y paredes están forrados de millones de teselas. No os cuento más…

Junto a la Basílica, encontraréis el Palacio Ducal, otra maravilla histórica que no os dejará indiferentes. La verdad es que dependiendo de los días que vayáis a pasar en la ciudad, puede que no no os merezca la pena entrar y “perder” varias horas en la visita. Es una decisión que tendréis que tomar personalmente, aunque os diré, para ayudaros a decidir, que el lienzo de Tintoretto y la visita de los itinerarios secretos, os compensará si entráis…podréis caminar por dentro del Puente de los Suspiros y admirar el lienzo más grande del mundo.

En la Piazza, está el Campanile de San Marcos. Os recomendaría que elijáis entre él y el de San Giorgio, en una pequeña isla enfrente de San Marcos. En mi opinión, las vistas son más bonitas desde San Giorgio y tiene la ventaja de que según la époc a en la que viajéis, está menos concurrido. Pero desde el campanile de San Marcos, tendréis unas maravillosas vistas de la Piazza y de los tejados de la ciudad. Si os decidís por San Giorgio, cuando bajéis del vaporetto, entrad en la iglesia y dirigiros al fondo a la izquierda, hacia el ascensor. Podréis visitar la iglesia al bajar y así es más fácil evitarse esperas a pie del ascensor.

Si habéis ido a San Giorgio, de vuelta, cruzad a dar un paseo por los Zattere y haced una parada en la terraza flotante de Nico’s a tomar un café o un helado. Estaréis ya en el sestiere de Dorsoduro, que entre mis tips preferidos tiene unas vistas preciosas de la laguna desde la Aduana además de la Iglesia de “la Salute” cuya silueta al atardecer, dicho sea de paso, es preciosa desde la Piazzeta. La entrada es gratuita y se ve rápido, y aunque me parece más impresionante desde fuera, en el interior guarda obras de Tiziano y una planta octogonal que permite admirar la cúpula central… y me encanta el suelo!!

En Venecia hay montones de museos y si vais poquitos días, tendréis que seleccionar alguno porque es imposible verlos todos. Si os gusta la pintura, os recomiendo sí o sí visitar la Escuela de San Rocco: una clase magistral de la pintura de Tintoretto. Yo no me lo perdería, por delante incluso de las Galerías de la Academia o el Palacio Ducal pues la visita es más corta y la eleccion merecerá la pena. No en vano, le llaman la Capilla Sixtina veneciana.

Castello, es un sestiere que nos encanta por varios motivos, y uno de ellos es que en la zona entre Vía Garibaldi y la Isola di San Pietro, os parecerá estar en una Venecia diferente. Tenéis que llegar hasta el “ospedale” (el hospital que tiene una fachada preciosa) en Campo San Giovanni e Paolo”, y junto a él, la Basílica en la que se enterraron muchos dux, lasí como otros personajes: artistas, militares o políticos. San Giovanni e Paolo, sobria y enorme, contiene obras de Bellini, Lombardo o Veronés entre otros. En este Campo, se encuentra Rosa Salva una de nuestras cafeterías imprescindibles, en la que donde está muy rico, cómo no, el café y además tienen unos de los mejores brioches de la ciudad…probadlos!. De camino os encontraréis con Campo Santa Maria Formosa, una plaza con mucho ambiente por las mañanas cuya Iglesia homónima entra en el Chorus Pass y un poquito más adelante mi librería favorita “Acqua Alta”. Buscad fotos en google…y no querréis perdérosla. Llegar hasta aquí es nuestro recorrido habitual para ir a coger el barco que os llevará a las islas, en Fondamenta Nuove.

¿Y dónde podéis tapear, comer o cenar? Pues cómo supondréis, la oferta es tan amplia y variada que utilizando un poquito el sentido común y saliendo de las zonas turísticas, la experiencia puede ser de lo más gratificante.

Podéis comer en la zona de Rialto después de haber pasado un rato curioseando entre sus concurridos puestos: está bien Alla Madonna, en un callejón que da al Gran Canal. En toda esta zona de Rialto hay varios sitios cuya calidad precio es muy buena, por ejemplo A le Poste Vecie. También en Campo San Giovanni Crisostomo, al otro lado de Rialto, el Barababao tiene platos de pasta deliciosos. O en la Taberna de San Trovaso, junto al Squero (taller de góndolas), se come genial. Aquí os hablé de algunas opciones y tengo pendiente otro post sobre mis favoritos por sestieri.

Para cenar, nos gusta ir de ronda y tapear por las diversas opciones que encontraréis. Por ejemplo, en la zona de Rialto, aunque el tapeo veneciano no se parece en nada al español, nos encantan Do Mori, Antico Dolo, Al Diavolo y Ai Gemei . Una ruta tras los ricos cichetti venecianos y sus fabulosos vinos, es una manera fantástica de terminar el día. Y también nos gusta mucho la zona de Fondamenta della Misericordia, detrás del Ghetto, con un ambiente fantástico y que solemos recorrer para terminar en Cà D’Oro Alla Vedova, junto a Strada Nuova.

Además, no dejéis de ir hasta Campo Santa Margarita, y comer pizza al taglio en “al volo”, un pequeño local en este campo, en el barrio de Dorsoduro. Esta plaza es bonita de día pero también de noche y hay varios locales donde tomar una copa. Al Volo es un pequeño local, sin mesas, cuyo encanto radica, además de en sus riquísimas pizzas, en tomar la pizza en el bar exterior, en uno de los bancos del Campo. Si os encontráis con la Pizzeria Al Angelo cuando estéis paseando, también es una gran opción del mismo tipo, está cerca de San Stefano, al otro lado del Gran Canal. 

En Tonolo, nuestra pastelería favorita tenéis que tomar unos pastelitos con capuchino. Lo del café en Venecia e Italia en general, juega en otra liga, ya me lo contaréis. Por cierto que el capuchino solamente se toma por las mañanas. Por la tarde, café expresso o macchiato (cortado). 

La bebida que veréis en manos de muchísima gente se llama spritz y lleva a partes iguales soda, prosseco y un bitter, principalmente Aperol. Está muy rico y aunque últimamente se ha extendido a toda Italia y al resto de Europa, su origen es veneciano de cuando la ocupación austríaca. Os encontraréis con variedades de bitter para hacerlo, no solamente Aperol, e incluso diversos spritz como el refrescante Hugo.

El prosecco es el vino espumoso veneciano, más suave que el cava y muy rico pero además, el véneto tiene vinos riquísimos, probad de ellos en los bacari, os resultará difícil elegir.

En este post os hablé de los platos típicos venecianos. Echadle un vistazo y haceros vuestra propia lista, las posibilidades son inmensas.

Algunas cosas que no me perdería y que no me canso de repetir: tomar muchos capucchini, muchos brioches y beber Prosecco. Comer pizza, cichetti, tramezzini y envoltini, pasta al nero di seppia, bacalà mantecato, sarde in saor, risotto y pescados de la laguna. Ver el amanecer y el atardecer, si es posible desde Burano, donde la luz es fabulosa. Y pasear…todo el rato, mirando al cielo y al suelo! 

Que disfrutéis de mi Venezia!

Venecia en un día (II)

Un día en cualquier ciudad no da para mucho, y en Venecia, el tiempo tiene otro sentido, ya que hay mucho que ver y hacer. Pero como no siempre podemos disfrutar de las ciudades como queremos, debemos aprovechar al máximo el tiempo del que disponemos, así que a un día puede sacársele mucho partido si os organizáis bien.

En esta entrada os planteé un primer itinerario por la ciudad en un día. Ya entonces os explicaba lo difícil que me resultaba seleccionar sitios que ver y dejar otros de lado. Hoy quiero mostraros una alternativa a ese primer paseo por Venecia, comenzando también en la Piazza de San Marco, y visitándola como os explicaba en dicho post. Y una vez que hayáis disfrutado de su belleza, podéis elegir la ruta que más os guste.

Campanile de San Giorgio Maggiore

Si queréis subir al Campanile porque os encantan las vistas (y las de Venecia son apabullantes) pero la espera es demasiado larga, una buena opción es tomar el vaporetto y cruzar a la isla de San Giorgio, cuya silueta aparece frente al Bacino de San Marcos en una de las mejores fotos de la ciudad. Allí, podéis subir al Campanile de la Iglesia de San Giorgio Maggiore. Las vistas son también una preciosidad y no suele haber tanta gente como en el de San Marcos. Eso sí, atentos a la hora en que subís porque ¡el tañido de las campanas es ensordecedor!

La Giudecca desde el Zattere

Si habéis cruzado a San Giorgio, en lugar de volver a San Marcos, cruzad a los Zattere, los muelles frente a la Giudecca desde los que se os ofrecen unas vistas espectaculares de esa isla. Un paseo por ellos en un día soleado hacia la Punta de la Dogana (Aduana), es una grata experiencia y podéis aprovechar para, en uno de sus cafés, tomar un exquisito cappuccino. El café en Venecia en particular, y en toda Italia en general es una delicia para el paladar. Los venecianos toman el cappuccino solamente hasta las 12 del mediodía, así que si lo pedís más tarde puede que algún lugareño os mire con mal disimulada condescendencia… pero es que está tannnn rico…

Punta de la Dogana

Desde la Aduana, siguiendo el muelle al pie del Gran Canal, llegaréis a la Iglesia de Santa María de la Salute, construida en agradecimiento a la liberación de la ciudad de una epidemia. Su silueta desde el Bacino al atardecer es de lo más bonito que veréis y en su interior guarda algunas sorpresas. Se ve en poquito tiempo y la entrada en gratuita.

Más adelante, el edificio de la Colección Peggy Guggenheim, os sorprenderá con la cantidad de obras de arte vanguardista que atesora. Esta colección de arte se encuentra en el palacio Venier dei Leoni, adquirido por Peggy Guggenheim en 1948 y que vivió allí hasta su muerte en 1979. De hecho, está enterrada en su jardín.

Venecia se llena de arte en el sestiere de Dorsoduro. El recorrido por este sestiere, si os atrevéis a adentraros en él, os llevará por calles menos transitadas en las que descubrir galerías de artistas y artesanos de diferentes oficios.

Encaminaros después hacia las Galerías de la Academia, al pie del puente homónimo, uno de los 4 que cruzan el Gran Canal. En esta pinacoteca, se encuentra una excepcional colección de pintura veneciana y del resto del Véneto, entre las que se incluyen algunas de las mejores obras de Canalleto, Tiziano, Tintoretto o Bellini.

Galerías de la Academia

Si seguís el itinerario natural hasta Rialto, atravesaréis los Campi más populares: San Barnaba, Santa Margherita y San Polo son 3 bulliciosas plazas en las que podéis deteneros a tomar un ombra para abrir el apetito. Así llegaréis hasta el Mercado de Rialto, una zona ideal para almorzar, si todavía no lo habéis hecho, en el que las ofertas son abundantes y variadas.

Vista desde el Puente de Rialto

Después cruzad el puente de Rialto desde el que tendréis unas vistas fantásticas del Gran Canal y, al otro lado, subid al Fondaco dei Tedeschi, un Palazzo rehabilitado que os ofrecerá una visión de la ciudad sorprendente y muy emocionante al atardecer.

Una vez aquí, podéis tomar dirección al Guetto hacia Strada Nuova o ir hacia Santa María Formosa hasta alcanzar San Giovanni e Paolo.

Ghetto veneciano

En el primer caso, tras visitar el Ghetto judío, podéis cruzar a la Fondamenta de la Misericordia y terminar la tarde tomando un Spritz en uno de sus bacari. Me encanta el ambiente de esta zona al atardecer, con la gente tomando sus vinos y sus variados  spritz en la calle a orillas de los canales, mientras se pone el sol. Podéis cenar tapeando en esta zona y llegaros hasta Cà D´Oro alla Vedova, que tiene unas polpette exquisitas.

Libreria Acqua Alta

Si tomáis dirección a San Giovanni e Paolo, os estaréis adentrando en Castello, un sestiere que me encanta y, quizá, el más auténtico de todos. Sin duda os toparéis en algún momento con mi librería favorita, Acqua Alta, un lugar donde los libros dejan el protagonismo a sus contenedores. En Castello también hay preciosos lugares en los que tomar un vino y tapear o cenar alguna de los platos típicos venecianos.

Y para terminar el día, salid al Gran Canal y tomad un vaporetto. Volveros locos con el Canalesso nocturno… si no sois de piedra, comenzaréis a planificar vuestra vuelta a la Serenissima…

Gran Canal

Venecia en un día

Había pensado escribir una entrada en la que os propusiera un par de itinerarios para pasar un día en Venezia que suele ser el tiempo que muchos de los visitantes dedican a ella. Pero una vez que me puse a escribir, me estaba resultando muy difícil seleccionar o, mejor dicho, dejar de seleccionar algunos lugares. Así que he decidido crear un apartado en el blog, que podréis ver en las categorías, y llamarlo “Paseos por Venecia”.  Por ello, en las siguientes líneas, os voy a proponer un primer itinerario por la ciudad, que os lleve por los lugares más turísticos y, quizá, imprescindibles, en una primera visita cuya duración sea tan solo de un día, pero no tiene por qué ser el paseo perfecto. Cada visitante es único y únicos son sus gustos. Quizá no queráis pasar tiempo entrando en las atracciones más turísticas y os baste con ver el exterior; o quizá seáis de los que prefieren sentarse en una terraza a disfrutar de un buen capuchino o de los fabulosos vinos del Véneto y no ir corriendo de visita en visita; o tal vez vuestras preferencias pasen por visitar aquel lugar con el que lleváis años soñando… En cualquier caso, creo que es un recorrido apto para la mayoría de los viajeros, y ya de vosotros depende a qué le dediquéis más tiempo. Y si queréis conocer, ampliar o simplemente curiosear otros paseos, siempre podéis echar un vistazo a los que vaya contando.

La primera vez que fui a Venecia, fue en mi viaje de novios. Desde que tengo uso de razón, recuerdo haber querido ir, aunque nunca imaginé que aquel deseo se convertiría en esta irracional obsesión que me tiene tan encandilada. Tuve la gran suerte de que a mi, por entonces, novio le pareciese una buena idea este destino así que, sin dudarlo si quiera, nos embarcamos en nuestro primer viaje a Venezia.

Gran Canal

Una semana, siete días con sus noches planeamos que, todo el mundo nos decía, eran demasiado para Venecia. Afortunadamente, no hicimos caso y pasamos una semana inolvidable descubriendo y disfrutando la ciudad. Nos dio para mucho claro, quizá por eso nos quedamos con tan buen recuerdo y, cuando celebramos nuestro quinto aniversario, volvimos. Fue entonces cuando nos enganchó. Se nos pegó a la piel, nos sedujo su decadencia, su arte milenario, su romanticismo… y se convirtió en nuestro viaje anual imprescindible. 19 años y 13 viajes después, seguimos encontrando cosas nuevas que ver en cada viaje. 19 años y 13 viajes tras los que todavía nos queda mucho por descubrir.

Si tenéis la “desgracia” de pasar solamente un día en Venecia, os dará tristemente para una primera toma de contacto y, seguramente, para ver las zonas más turísticas pero espero que os guste tanto como para querer volver con más tiempo y descubrir todo lo que allí se oculta. Este es el itinerario que os propongo, partiendo del punto neurálgico de la ciudad, la Plaza de San Marcos, a donde seguramente os dirigiréis una vez en ella, independientemente de cómo lleguéis o del tiempo que tengáis. En barco, autobús, tren… sea como sea vuestros pasos os llevarán hasta ella, porque allí converge todo el pasado de la Serenissima.

Si llegáis por medio terrestre, lo haréis a Piazzale Roma. Desde aquí, podéis tomar el vaporetto, líneas 1 o 2, que recorre el Gran Canal en dirección a Piazza San Marco. Lo mismo si llegáis en tren. La estación de ferrocarril de Santa Lucía está una parada de vaporetto después de Piazzale Roma, por lo que la opción del vaporetto es la más adecuada para llegar hasta San Marcos. El paseo en vaporetto os dará la oportunidad de descubrir la calle más bella del mundo y tendréis una primera toma de contacto con la ciudad y sus más de 200 palacios que caen sobre el Canalasso, como llaman los venecianos al Gran Canal. Si no llegáis a Venecia a través de Piazzale Roma porque lo hacéis a través de Alilaguna o de cualquier otra embarcación, o porque llegáis a la terminal de cruceros, es necesario que encontréis un hueco a lo largo del día para hacer este trayecto, de San Marcos hasta la estación de trenes o viceversa. De día o de noche, es indispensable, así que no os lo perdáis.

Plaza San Marcos

Como os digo pues, desde San Marcos comenzará vuestro paseo por Venecia. Una vez en la Piazza, podéis recorrerla admirando sus soportales y las fachadas de las Procuradurías, la Biblioteca Marciana, la Torre del Reloj o el Museo Correr y entrar a visitar la Basílica de San Marcos, subir al Campanile o realizar la visita de los itinerarios secretos del Palacio Ducal. Sinceramente creo que en tan solo un día no merece la pena malgastar tiempo entrando al Ducal o subiendo al Campanile pero como todo va en gustos, dependerá de vuestras prioridades. Sin embargo, sí que os recomiendo entrar a la Basílica, que es gratuita y subir a la terraza sobre la Piazza, no os llevará mucho tiempo y seguro que no os arrepentiréis.

Después, asomaros al Bacino para poder admirar las vistas a la isla de San Giorgio, la Punta de la Dogana y la Iglesia de la Salute. Y por supuesto, pasear por la Riva degli Schiavoni hacia el Ponte della Paglia para fotografiaros con el Puente de los Suspiros de fondo.

Riva degli Schiavonni

A continuación podéis dirigir vuestros pasos hacia Rialto. Adentraros en las Mercerie y callejear siguiendo el ritmo de la gente, hacia Campo Manin y Campo San Luca, o La Fenice y Campo Santo Stefano, disfrutando de los escaparates y la actividad diurna de la ciudad. Quizá en vuestro paseo os crucéis con el Palazzo Contarini dei Bovolo que tiene una preciosa escalera de caracol renacentista. Y digo quizá, porque lo único que debéis tener claro es vuestro destino, el Puente de Rialto: los nizzioti os indicarán la dirección correcta así que dejaros llevar y callejear, estáis en la ciudad donde los trayectos son imposibles de controlar, donde cualquier giro mal calculado puede haceros desembocar en un canal y tener que volver sobre vuestros pasos. Abrid bien los ojos, mirad arriba, abajo y a todos lados, pues nunca sabes donde aparecerá el detalle que os sorprenda. Parad en cualquier café y tomad un rico capucchino con algún brioche, deteneros en lo alto de los muchos puentes que cruzaréis y contemplar las fachadas de los palacios en los campi más bulliciosos. Sin prisa, solamente disfrutando del paseo.

Una vez en Rialto, cruzad el puente y deteneros en lo alto. Ante vosotros se extiende el Gran Canal y una de las vistas más fotografiadas de la ciudad. Apoyados en la barandilla de mármol, el tiempo parecerá que se detiene. Dedicad unos minutos a ello, con los cinco sentidos puestos en lo que hay a vuestro alrededor, y a continuación bajad hacia el Mercado de Rialto donde, en sus puestos, se exponen los productos del día, frutas, verduras, especias y sobre todo los pescados más frescos de la laguna. El Mercado de Rialto es todo un espectáculo muy recomendable, eso sí, solamente por la mañana, así que intentad organizaros para poder llegar hasta él antes de las 14:00 horas.

El Gran Canal desde el Puente de Rialto

Y como colofón a vuestra primera mañana en Venecia, tomad un ombra en cualquiera de los bacari que rodean el Mercado. Allí os mezclaréis con los venecianos que hacen su pausa rigurosamente para tomar un aperitivo antes de comer. Si la hora del almuerzo os sorprende por esta zona, buscad dónde hacerlo. Hay montones de opciones para todos los bolsillos y posibilidades, desde trattorie históricas a puestos de pasta fresca recién hecha que sirven para llevar, pasando por pizza al taglio o una amplia variedad de bocadillos. La cocina veneciana es amplia y variada y casi nunca decepciona.

Tras el parón para reponer fuerzas, encaminaros a desde Campo San Silvestro a Campo San Polo, el más grande de la ciudad tras la Plaza de San Marcos y desde él iniciad un paseo hasta la Iglesia de la Salute. El recorrido os llevará por algunos de los Campi más populares:

Pasaréis por Campo dei Frari, donde se encuentra la Scuola Grande de San Rocco, la Iglesia del mismo nombre y la imponente Iglesia de Santa Maria dei Frari.

En Campo San Pantalón, en el techo de la Iglesia homónima, se encuentra la pintura más grande del mundo, un lienzo de Fiumani, que se dejó la vida literalmente en su realización; y en Campo San Barnaba, donde Indiana Jones rodó algunas escenas (mi marido me repite siempre que pasamos que Indiana salió del brocal de pozo que hay en mitad del campo), su Iglesia alberga una exposición sobre algunos de los inventos de Leonardo da Vinci.

Antes, habréis pasado por Campo Santa Margherita, una preciosa plaza en la que durante todo el día hay un ambiente fantástico y que al caer la noche se llena de jóvenes y estudiantes con su spritz en la mano que al aire libre en la plaza. El Puente dei Pugni la une a San Barnaba y a la Fondamenta del Squero, donde varias tabernas a media tarde ofrecen una gran variedad de cichetti para tomarlos en la Fondamenta con un rico vino veneciano.

Momento del aperitivo

Callejear por esta zona de los sestieri de San Polo y Dorsoduro puede ser un poco agobiante en algunos tramos, pero si os salís de la ruta que todo el mundo sigue, seguro que os encontráis rincones preciosos, admirables galerías de arte, talleres de máscaras y otras tiendas artesanas con mucho encanto.

En vuestro itinerario, pasaréis también por la Accademia de Arte de Venecia, la galería Peggy Guggenheim y la citada Escuela Grande de San Rocco, tres maravillas para los amantes del arte en la ciudad a los que seguramente no podréis dedicar un rato en solamente un día pero que se convierten en un motivo para volver.

Llegaréis así a la Iglesia de la Salud, cuyo espléndido exterior se divisa de lejos. La visita es gratuita y se hace rápida aunque, salvando su precioso suelo geométrico, a mí me parece mucho más bella por fuera. Una vez aquí acercaros a la Punta de la Dogana, al final del edificio de la antigua Aduana, pues las vistas de San Marcos desde ella son hermosísimas.

La Aduana. Detrás, la Iglesia de la Salute

El día puede terminar dando un paseo por los Zattere desde la Punta de la Dogana, donde el atardecer refleja los colores de Venecia en las piedras milenarias. En alguna de las terrazas podéis tomar un helado, que como sabréis en toda Italia son exquisitos o si se os ha hecho ya la hora de cenar, probar la pizza en cualquiera de las trattorie que encontraréis a vuestro paso o volver sobre ellos hasta mi lugar favorito: Al Volo en Campo Santa Margherita.

Y si todavía podéis alargar más la visita en la ciudad, subid de nuevo al vaporetto y repetir el recorrido por el Gran Canal, esta vez de noche, y comparad la experiencia con el paseo diurno… si la ciudad no os ha enganchado todavía, no dudo que lo hará entonces. ¿Listos para volver?

La noche en el Gran Canal

El callejero veneciano

Os he comentado ya en alguna ocasión que Venecia es un laberinto de calles, puentes y canales por los que es fácil moverse y, también, perderse (en el sentido más bello de la palabra). Sin embargo, callejear sin rumbo y sin prisa entre esa maraña de inusual construcción formada por unos 450 puentes y 120 islas, os dará la oportunidad de descubrir las curiosidades del urbanismo veneciano.

El casco histórico de Venecia se divide en 6 barrios o sestieri: al norte del Gran Canal, se encuentran Canareggio, Castello y San Marcos. Al sur, Santa Croce, San Polo y Dorsoduro. Alrededor, la isla de la Giudecca y el Lido. Y en la laguna, varias islas entre las que destacan las más visitadas Murano, Burano y Torcello.

En Venecia solamente hay una plaza, Piazza San Marco, y el resto se denominan campo o campiello porque en los primeros siglos se utilizaban como huertos, de ahí que todos ellos tengan un brocal de pozo en el centro.

Pozo en un Campo veneciano

Las calles no son “vie” sino “calli” y la más estrecha, la calle Varisco, mide 53 cms. En el siglo XVIII se repetían los nombres de las calles, por los que la dirección estaba compuesta por el barrio y la parroquia a la que pertenecía el edificio, y solían ayudarse nombrando algún monumento próximo.

Una ruga, rughe o rughette, determina una calle con casas y tiendas, importante y muy transitada.

Salizzada es un término que se utilizó para denominar a las primeras calles principales empedradas y pavimentadas con adoquines de silex, pues “salizo” quiere decir empedrado.

Nizziote, cartel típico veneciano

Lista se utiliza para denominar las calles de carácter extraterritorial por estar situadas en ellas las embajadas extranjeras. El listón, característico de la toponimia veneciana, se encuentra en la Plaza de San Marcos y es el camino entre las dos partes pavimentadas en mármol blanco desde debajo del reloj hasta las columnas de los Santos Marco y Teodoro.

Un ramo, es una calle corta o la extensión de otro de igual nombre, un tramo breve de calle que arranca en una principal y la une con otro o con un campo y crosera una calle principal que se cruza con una calle secundaria (deriva de encrucijada).

Sotoportego es un pasaje cubierto que se encuentra bajo edificios privados y que desembocan en algunas calles. Suelen unir dos edificios del mismo dueño y a menudo desembocar en una corte (patio común a varias casas, sin salida).

Sottoportego

Los barbacani son saledizos de madera que sostienen los salientes de los primeros pisos. El territorio de la ciudad era de propiedad privada hasta que la República obligó a los propietarios a dejar paso público. La distancia entre las viviendas quedó reducida al mínimo indispensable y, para aprovechar el espacio, se construyeron salientes en el primer piso, donde se apoyaba la construcción.

Los más de 400 canales de Venecia se llaman rii (rio) y son vías de agua utilizadas para el transporte de personas y cosas.

Una fondamenta es un tramo de calle que costea un canal o río y un rio terà, un río enterrado transformado en calle. Un precioso ejemplo es Via Garibaldi, en Castello. Nos encanta pasear por ella durante la mañana y tomar un ombra en las terracitas al sol mientras la vida veneciana bulle a nuestro alrededor.

Via Garibaldi

Riva se le llama a un tramo de canal utilizado como muelle; piscina al lugar donde existió una zona con agua, un estanque o área pantanosa que se inundaba durante la pleamar y en la que se nadaba y pescaba. Estas zonas se enterraron para permitir la construcción de edificios y el tránsito de personas.

Para denominar una casa noble o palacio se utiliza el término Ca’, no el término Palazzo y para nombrar a los edificios cuya entrada se realiza desde el agua, se usa fontego.

Borgoloco es el lugar donde se levantaban hoteles o posadas y Barbaria la zona de Castello donde se ubicaban los aserraderos de madera.

Como veis, la toponimia de la ciudad está llena de curiosidades que la hacen única, de ahí la dificultad de localizar una dirección concreta aún incluso para los propios venecianos. Afortunadamente, hoy en día es más fácil llegar a cualquier sitio gracias a los navegadores, pero si aun así os perdéis, recordad que forma parte del encanto de vuestra visita y no desesperéis. Siempre podéis tirar de los lugareños, igual tenéis suerte y reconocen la dirección a la que os dirigís… cruzad los dedos.