La piedra blanca de San Pietro

En alguna ocasión, al hablaros de la Basílica de San Pietro o del campo homónimo en el que se encuentra, os he mencionado esta piedra de color blanco, bien diferente al resto del pavimento, y que resalta entre el resto de piedras del suelo.

Como sabéis, la importancia de la iglesia de San Pietro, fue en aumento desde su construcción al ser un pilar fundamental en la vida religiosa de la ciudad, convirtiéndose en sede del Obispado y luego del Patriarcado de Venecia.

Bien, pues frente a la iglesia hay una piedra blanca que perpetúa el punto en el que el Patriarca de Venecia y el Dux, se encontraban cada año.

Recordad que San Pietro fue la catedral de Venecia hasta 1807, fecha en la que la catedral se trasladó a la Basílica de San Marcos (ya que hasta entonces, esta maravilla que domina la Plaza de San Marcos, era solamente la capilla privada del Dux). Estaba pues destinada a formar parte de los acontecimientos religiosos más señalados y en esos momentos, el Dux, debía desplazarse hasta ella para asistir a los oficios religiosos. El día de San Pedro, el 29 de junio, el Dux llegaba hasta San Pietro, para asistir a la misa y al resto de celebraciones de esta festividad.

Y claro, se producía una situación un poco embarazosa que el protocolo no era capaz de solucionar: ¿quién de los dos tenía prelación? ¿El Patriarca debía salir a recibir al Dux al canal, a donde llegaba con su séquito? ¿O era el Dux quien debía acercarse hasta la iglesia y ser recibido allí? La Serenissima encontró la solución perfecta: se encontrarían a mitad de camino, de manera que ninguno de los dos se sintiera por encima ni por debajo del otro.

Y esta piedra es el lugar en el que ambos poderes, el terrenal y el eclesiástico, se encontraban en cada ocasión en que debían reunirse en Castello. Al estar equidistante de la iglesia y del agua, se reconocía el mismo poder a ambos, de modo que ninguno de los dos representantes debía considerarse más que el otro. La ciudad demostraba así que tenía a sus mandatarios bien avenidos y ensalzaba un poderoso compromiso de respeto mutuo. A la piedra se le llama popularmente “la pietra del bacio”, la piedra del beso, por ser el lugar en el que se encontraban y se saludaban con un beso.

Ya sabéis que todavía hoy, anualmente, en el día de la Ascensión, se sigue celebrando la ceremonia de los esponsales con el mar. Y es que en una ciudad como Venecia, de tradiciones tan arraigadas, todos aquellos actos que recuerden el esplendor del que un día gozó, son muy populares, celebrados y queridos.

¿Os habías fijado en esta piedra? ¿Os habíais preguntado su sentido? Ahora ya conocéis su historia, así cuando estéis en este oasis de Castello, podréis sentir la emoción que debieron sentir aquellos personajes históricos y que hoy rememoran los venecianos y visitantes en la Festa della Sensa.

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