La Teriaca

Seguramente cuando estéis preparando vuestro viaje a Venecia, os encontraréis con esta palabra más de una vez. Pero ¿qué es, exactamente, la Teriaca?

La Teriaca era una sustancia, una medicina, a la que se le atribuían poderes curativos de un montón de enfermedades.  Es importante tener en cuenta que Venecia, hasta el siglo XIX, era famosa por la calidad de sus productos farmacéuticos, a menudo preparados con especias importadas de Oriente.  De hecho, en Venecia uno de los comercios más florecientes y rentables era precisamente ese, el de las especias, sobre el que la Serenísima tenía una especie de monopolio, no porque solo se vendiesen allí, sino porque era la única ciudad donde se podían comprar a un precio razonable y todo gracias a las relaciones comerciales que se habían establecido con las ciudades de Oriente.

Se elaboraba en las spezziere, que es como en Venecia se denominaba a las actuales farmacias, y que llegaron a ser casi un centenar en la ciudad. En el sigo XVII, el comercio farmacéutico, era tan floreciente que había 90 farmacias en la ciudad así que el gobierno decidió limitar las aperturas, exigiendo que entre una farmacia y otra hubiera al menos “100 escalones venecianos” (unos 35 metros). Y con ello, también se reguló la fabricación: para tener la fortuna de poder elaborar esta medicina milagrosa, se exigía el cumplimiento de unas normas muy estrictas que tan solo la mitad de las farmacias existentes podían cumplir y que pasaba por obtener un permiso especial del gobierno de la Serenissima y exponer, durante al menos 15 días, los ingredientes que luego serían utilizados en la confección. El incumplimiento de las normas de elaboración de la Teriaca, acarreaba sanciones muy graves, pues ya sabéis que a la hora de castigar, la Serenissima no tenía remilgos. 

La producción, a pie de calle y en grandes vasijas de bronce, se hacía a la vista de todo el mundo y se convertía en todo un espectáculo controlado por el Estado, para evitar fraudes. En esos recipientes de bronce, se vertían las más de cincuenta sustancias utilizadas, entre las que se encontraban el polvo de testículos de ciervo, el opio, la genziana, la raíz de jengibre o el cuerno de unicornio (tal cual) pero, sobre todo, el polvo de víbora, que debía obtenerse de estos animales vivos, de ahí la popularidad de los lugares donde se fabricaba. Dado que estas víboras debían estar vivas, inicialmente se confeccionaba tan solo una vez al año, coincidiendo con la época de su captura, y éstas eran expuestas en la puerta de los establecimientos. Puedo imaginar la atracción que provocaban y cómo se agolpaban los transeúntes para verlas… debía ser todo un espectáculo!

Con el paso del tiempo, se autorizó a algunas farmacias para realizarla varias veces al año, como a la famosa farmacia Alla testa d’oro, junto al Puente de Rialto en el lado de San Marco, donde todavía existe la cabeza dorada, insignia del establecimiento, junto a una inscripción que recuerda que allí, se curaban todos los males.

Por desgracia, en el siglo XIX, la Teriaca murió de éxito y dejó de fabricarse. Como suele ocurrir en estos casos, no faltaron abusadores y falsificadores que elaboraban sustancias que vendían bajo esta denominación sin ningún control, lo que la convertía ya no en ineficaz, sino en peligrosa para la salud.

Porque no penséis que solamente se elaboraba en Venecia. Sus propiedades y cualidades atribuidas la convirtieron en una medicina muy notoria, que muchos países se apresuraron a elaborar. Pero la causa de que en Venecia se hiciera tan popular fue su probada calidad. Como os decía más arriba, la posición estratégica de la ciudad en el comercio de especias, comportaba que los ingredientes utilizados fuesen muy buenos y que, conseguirlo a precios más económicos que en el resto de países, resultara mucho más fácil.

Precisamente el comercio de estos productos está muy ligado al nacimiento del término “cuarentena”: tanto los marineros, como los productos, que volvían de Oriente, eran obligados a pasar 40 días en la isla del Lazzaretto Nuovo para evitar la propagación en la ciudad de la peste y otras enfermedades que pudieran haber contraído en la navegación, de ahí el nombre otorgado a ese tipo de confinamiento que hoy tenemos tan vigente.

Los elaboradores de la Teriaca eran tenidos en muy alta consideración y disfrutaban de algunos privilegios. Al igual que los hijos de los maestros vidrieros de Murano, podían casarse con personas de la nobleza, hecho de gran relevancia si tenemos en cuenta que la fragmentación en clases sociales, entonces, era muy estricta.

En la ciudad quedan todavía algunos vestigios que recuerdan los lugares en los que llegó a elaborarse la Teriaca: en Campo Santo Stefano hay una marca en el suelo en el lugar donde se colocaba el recipiente utilizado para la elaboración de la Teriaca. Y también en San Canciano, delante de la histórica farmacia Alle due Colonne, que todavía existe. Si tenéis ocasión de pasar por allí, buscarlas, os prometo que, ahora, ya no veréis víboras.

2 comentarios sobre “La Teriaca

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