El ejercicio de la prostitución en Venecia

Si recordáis, en la última entrada os hablaba del Puente de las Tetas, situado entre los sestieri de San Polo y Santa Croce. En las casas del complejo de la familia Rampani, se reguló el ejercicio de la prostitución por el Estado, de manera que las prostitutas estuviesen controladas y no se diseminaran por toda la ciudad.

Al ser un oficio controlado, al frente de estas casas la Serenísima colocó una “matrona” que dirigía las casas y dividía el salario cada mes a partes iguales entre las chicas. La matrona no era ni la propietaria, ni la explotadora del negocio, era simplemente la administradora, un cargo público nombrado por el Estado del que cobraba su salario.

De este modo, el ejercicio de la prostitución se convertía en una transacción entre el pueblo y el Estado y, en caso de infracción, se castigaba a los trasgresores con penas severísimas para ambas partes: tanto para las prostitutas como para los que contrataban sus servicios.

Las reglas para las carampane eran rígidas e inflexibles; por ejemplo, si querían moverse por la ciudad solamente podían hacerlo en algunas franjas horarias y debían ser siempre perfectamente reconocibles, por lo que tenían la obligación de llevar un pañuelo amarillo a la vista, en el cuello o en la espalda. En caso contrario se les castigaba con 25 latigazos y una multa elevada en dinero. No podían ir a las iglesias durante la misa, no podían transitar a bordo de barcas en el Gran Canal y no podían ejercer su profesión, ni la víspera ni el día de Navidad, ni tampoco durante la Pascua.

Pero si las penas contra las carampane eran rigurosas todavía lo eran más aquellas que, “en su defensa” la Serenísima imponía a los explotadores; de hecho, para éstos, y especialmente para los que utilizaban a niñas menores de 12 años, los castigos eran muy severos: se les obligaba a recorrer el trayecto desde San Marco hasta Rialto mientras la multitud les apedreaba, les azotaba y les insultaba y a su llegada (aquí os hablé del Gobbo de Rialto y de una de sus funciones), se les marcaba en la frente a fuego para que fuesen reconocidos durante el resto de su vida. Las leyes contra la pedofilia eran tan severas que, incluso, estaba prevista la pena de muerte por decapitación, entre las dos columnas de la Piazzeta de San Marco, seguido de la quema del cuerpo. Afortunadamente, la evolución rechazó este oficio como un trabajo público y regulado, a pesar de que queda mucho por hacer y su ejercicio no ha desaparecido de nuestra sociedad. Lo cierto es que mientras escribo esta entrada me subleva la realidad de aquellas mujeres porque resulta difícil en este caso extrapolarlo a la época histórica en cuestión. Pero tenía que contaros cómo se regulaba porque forma parte de la historia de la ciudad y porque al pasar por el Ponte delle Tette, solemos frivolizar con su denominación sin tener en cuenta lo que significó para miles de mujeres.

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