El cementerio de San Michele

En Venecia, la vida sucede por, para y sobre el agua. Y también, cuando llega el momento, la muerte.

En la Serenissima, los muertos se enterraban en las Iglesias y en los Campi, pero llegó Napoleón a ocupar la ciudad, dijo que aquello no era muy salubre y mandó que estos entierros se realizaran fuera de Venecia.

Es por ello que el cementerio de Venecia, como no podía ser de otra manera, es una isla, más bien dos. Porque es la unión de las islas de San Michele y San Cristoforo della Pace, cuyo canal de separación fue rellenado para convertirlas en una única isla, la “isola dei morti”. Por eso el cementerio tiene dos Iglesias, la de San Michelle y la de San Cristoforo, la primera de mayores dimensiones que la segunda. Y además podréis visitar la capilla Emiliana, que tiene una preciosa y extraña cúpula.

No es el único cementerio de Venecia, pues en el Lido hay dos más, pero sí el que tiene más encanto, auspiciado por las ruinas del Monasterio de San Michele y los cientos de losas y lápidas por suelo y paredes de su claustro. También por la equilibrada muralla de ladrillo que la rodea, guardando de las miradas curiosas lo que esconde en su interior.

Allí se encuentran los restos de miles de venecianos anónimos pero, también, los de personajes ilustres que a lo largo de su vida sucumbieron al encantamiento de la ciudad como Christian Doppler, Ezra Pound o Ígor Stravinski.

Dividido por confesiones religiosas y otros gremios, de especial curiosidad es la zona dedicada a los gondoleros, ejemplo de la vida acuática que gobierna la ciudad. También la zona destinada a cementerio militar, que más bien parece un parque, al estilo de los cementerios americanos. Y algunas esculturas que cubren las tumbas son de una belleza inefable.

A mí me encanta la vista que de la isla se tiene desde Fondamenta Nuove, a pie del embarcadero, camino de las islas, la visión del ladrillo, la piedra blanca y las cúpulas de los cipreses en el agua de la laguna, en un día claro, de cielo despejado. Y si al fondo se ven los Dolomitas nevados… hay imágenes que se quedan en la retina para siempre y esta es una de ellas.

Il Ponte dei Pugni

El Puente de los Puños es un pequeño puente situado en el sestiere de Dorsoduro, a medio camino entre el Campo San Barnaba y el Campo Santa Margherita, que podría pasar desapercibido si no fuese por las huellas marcadas en el suelo, en color blanco.

Estas huellas, marcan el lugar en el que se situaban los luchadores de dos familias venecianas muy poderosas: los Nicolotti y los Castellani, que se citaban aquí para pelearse a puñetazos (pugni). Dado que por entonces los puentes no tenían barandilla, el perdedor caía al agua, así que gana la banda que más contendientes conseguía mantener sobre el puente.

La verdad es que estas peleas eran de gran violencia y evolucionaron de los puñetazos a las armas provocando incluso muertos. Por eso se prohibieron en el siglo XVIII y se colocaron barandas en todos los puentes.

Si recordáis, en esta entrada os hablé del único puente que queda en Venecia sin parapeto, el puente Chiodo.Personalmente este puente dei Pugni me gusta mucho por la historia que tiene detrás pero también por su ubicación entre esos dos Campi y por su fantástico entorno. Campo Santa Barnaba tiene una pequeña anécdota personal que repetimos siempre que pasamos por allí y Campo Santa Margherita es uno de mis preferidos, así que por su ubicación cercana a éste, hay un ambiente fantástico de estudiantes y lugareños en los alrededores.

Junto al puente suele haber una barca amarrada en la Fondamenta que vende verduras y frutas frescas, con lo que el rinconcito se convierte en una preciosidad.

Y a sus pies, se encuentra la Osteria Ai Pugni, cuyos vinos y cichetti me gustan mucho. Qué más se puede pedir!

Qué hacer en Venecia

Habitualmente entre mis amigos y conocidos, cuando alguien va a viajar a Venecia, me suelen preguntan por lugares que ver, por aquello que no deben perderse o por los mejores sitios donde comer. Y además últimamente, he recibido mensajes privados desde el blog, en el que también, seguidores, me han consultado algunas de sus dudas.

La verdad es que, esto de dar consejos, me pone algo nerviosa porque, claro, yo tengo mis favoritos, mis imprescindibles, y me resulta difícil hacer un resumen de ellos porque al ser un punto de vista totalmente subjetivo, puede resultar decepcionante para los demás. Pero reconozco que también me gusta comprobar que mis favoritos se convierten en favoritos de otros visitantes, y que la ciudad os acaba gustando tanto como a mí.

En cualquier caso, y con la esperanza de que os ayude en lo posible, he pensado en compartir con vosotros ese pequeño resumen que, insisto, es una opinión totalmente personal, por lo que seguro que ni es la mejor, ni estará todo lo que allí luego veáis, ni por supuesto lo más importante o imprescindible y además, como suele decirse: son todas las que están…pero no están todas las que son. Es una aproximación a la ciudad de forma genérica, que podéis aplicar vayáis los días que vayáis. Para itinerarios o paseos más concretos aquí o aquí tenéis algunas opciones para visitar la ciudad en un día y os seguiré dando ideas en adelante.

Bien, como ya sabréis, Venecia se divide en seis barrios llamados Sestiere (a un lado del Gran Canal, San Marco, Castello y Canareggio y al otro lado, Santa Croce, San Polo y Dorsoduro) y además hay otras muchas islas cuya visita, si tenéis tiempo, merece la pena: San Giorgio Maggiore, Giudecca, Murano, Torcello y mi favorita, Burano. 

De entrada puede parecer difícil moverse porque la ciudad es un maravilloso laberinto de calles, canales y puentes, pero no debéis preocuparos por ello, pues es un lujo perderse por ellos y deambular sin prisa, disfrutando de todo aquello que vuestra vista pueda alcanzar. Aprovechadlo porque así es como Venecia se muestra de verdad!

Para llegar a la ciudad tenéis varias opciones. En esta entrada os hablé sobre ello y os conté también que a mí me gusta entrar desde Piazzale Roma y recorrer el Gran Canal en el vaporetto, dejándome envolver en ese halo de misterio y decadencia que transmite la ciudad desde el agua. Así que desde Piazzale Roma o desde la estación de Santa Lucía si llegáis en tren, podéis coger el vaporetto 1 (o la línea número 2, que hace menos paradas, aunque tendréis que averiguar si os deja cerca de vuestro alojamiento) y una vez en el bus acuático, solamente disfrutad.

El paseo en vaporetto hasta San Marcos es una de las mejores cosas que hacer en Venecia, si no la mejor. Tendréis que hacerlo sí o sí, y si no es en el momento de la llegada porque vuestro alojamiento o vuestro destino se encuentra antes, buscad el momento durante vuestra estancia. Y es imprescindible repetirlo de noche, al menos hasta el Ghetto o de vuelta de él. Recorrer el Gran Canal por la noche es una experiencia inolvidable. 

Lo ideal es coger sitio en el exterior, en la parte de delante. Tendréis que ser rápidos porque hay pocos sitios y están muy cotizados y, según la época, lidiar con la humedad, el frío, el calor o los mosquitos…pero merece la pena. Validad el billete SIEMPRE antes de entrar en el embarcadero o tendréis problemas si sube el controlador. No es suficiente con haberlo validado la primera vez que hacéis uso de él si es un bono de varios días, sino que debéis hacerlo cada vez que cojáis un vaporetto.

Y, ¿qué visitar? Pues indudablemente, la Basílica de San Marcos, está en el Top Ten. Es una preciosidad bizantina que se convierte en el primer imprescindible. La mejor hora para visitarla es sobre las 11, intentad llegar sobre esa hora, veis la nave de abajo y después subís al museo (en el que se encuentran los caballos de bronce originales) y salís a la terraza sobre la Piazza. En esta terraza exterior hay réplicas de los caballos traídos de Constantinopla y una vista preciosa de la Piazza y la Piazzetta desde arriba. A las 11:30 y hasta las 12:30, iluminan la Basílica (excepto los domingos). Por eso es importante que lleguéis antes. Os sorprenderá más si no la encontráis iluminada de entrada. Los techos y paredes están forrados de millones de teselas. No os cuento más…

Junto a la Basílica, encontraréis el Palacio Ducal, otra maravilla histórica que no os dejará indiferentes. La verdad es que dependiendo de los días que vayáis a pasar en la ciudad, puede que no no os merezca la pena entrar y “perder” varias horas en la visita. Es una decisión que tendréis que tomar personalmente, aunque os diré, para ayudaros a decidir, que el lienzo de Tintoretto y la visita de los itinerarios secretos, os compensará si entráis…podréis caminar por dentro del Puente de los Suspiros y admirar el lienzo más grande del mundo.

En la Piazza, está el Campanile de San Marcos. Os recomendaría que elijáis entre él y el de San Giorgio, en una pequeña isla enfrente de San Marcos. En mi opinión, las vistas son más bonitas desde San Giorgio y tiene la ventaja de que según la époc a en la que viajéis, está menos concurrido. Pero desde el campanile de San Marcos, tendréis unas maravillosas vistas de la Piazza y de los tejados de la ciudad. Si os decidís por San Giorgio, cuando bajéis del vaporetto, entrad en la iglesia y dirigiros al fondo a la izquierda, hacia el ascensor. Podréis visitar la iglesia al bajar y así es más fácil evitarse esperas a pie del ascensor.

Si habéis ido a San Giorgio, de vuelta, cruzad a dar un paseo por los Zattere y haced una parada en la terraza flotante de Nico’s a tomar un café o un helado. Estaréis ya en el sestiere de Dorsoduro, que entre mis tips preferidos tiene unas vistas preciosas de la laguna desde la Aduana además de la Iglesia de “la Salute” cuya silueta al atardecer, dicho sea de paso, es preciosa desde la Piazzeta. La entrada es gratuita y se ve rápido, y aunque me parece más impresionante desde fuera, en el interior guarda obras de Tiziano y una planta octogonal que permite admirar la cúpula central… y me encanta el suelo!!

En Venecia hay montones de museos y si vais poquitos días, tendréis que seleccionar alguno porque es imposible verlos todos. Si os gusta la pintura, os recomiendo sí o sí visitar la Escuela de San Rocco: una clase magistral de la pintura de Tintoretto. Yo no me lo perdería, por delante incluso de las Galerías de la Academia o el Palacio Ducal pues la visita es más corta y la eleccion merecerá la pena. No en vano, le llaman la Capilla Sixtina veneciana.

Castello, es un sestiere que nos encanta por varios motivos, y uno de ellos es que en la zona entre Vía Garibaldi y la Isola di San Pietro, os parecerá estar en una Venecia diferente. Tenéis que llegar hasta el “ospedale” (el hospital que tiene una fachada preciosa) en Campo San Giovanni e Paolo”, y junto a él, la Basílica en la que se enterraron muchos dux, lasí como otros personajes: artistas, militares o políticos. San Giovanni e Paolo, sobria y enorme, contiene obras de Bellini, Lombardo o Veronés entre otros. En este Campo, se encuentra Rosa Salva una de nuestras cafeterías imprescindibles, en la que donde está muy rico, cómo no, el café y además tienen unos de los mejores brioches de la ciudad…probadlos!. De camino os encontraréis con Campo Santa Maria Formosa, una plaza con mucho ambiente por las mañanas cuya Iglesia homónima entra en el Chorus Pass y un poquito más adelante mi librería favorita “Acqua Alta”. Buscad fotos en google…y no querréis perdérosla. Llegar hasta aquí es nuestro recorrido habitual para ir a coger el barco que os llevará a las islas, en Fondamenta Nuove.

¿Y dónde podéis tapear, comer o cenar? Pues cómo supondréis, la oferta es tan amplia y variada que utilizando un poquito el sentido común y saliendo de las zonas turísticas, la experiencia puede ser de lo más gratificante.

Podéis comer en la zona de Rialto después de haber pasado un rato curioseando entre sus concurridos puestos: está bien Alla Madonna, en un callejón que da al Gran Canal. En toda esta zona de Rialto hay varios sitios cuya calidad precio es muy buena, por ejemplo A le Poste Vecie. También en Campo San Giovanni Crisostomo, al otro lado de Rialto, el Barababao tiene platos de pasta deliciosos. O en la Taberna de San Trovaso, junto al Squero (taller de góndolas), se come genial. Aquí os hablé de algunas opciones y tengo pendiente otro post sobre mis favoritos por sestieri.

Para cenar, nos gusta ir de ronda y tapear por las diversas opciones que encontraréis. Por ejemplo, en la zona de Rialto, aunque el tapeo veneciano no se parece en nada al español, nos encantan Do Mori, Antico Dolo, Al Diavolo y Ai Gemei . Una ruta tras los ricos cichetti venecianos y sus fabulosos vinos, es una manera fantástica de terminar el día. Y también nos gusta mucho la zona de Fondamenta della Misericordia, detrás del Ghetto, con un ambiente fantástico y que solemos recorrer para terminar en Cà D’Oro Alla Vedova, junto a Strada Nuova.

Además, no dejéis de ir hasta Campo Santa Margarita, y comer pizza al taglio en “al volo”, un pequeño local en este campo, en el barrio de Dorsoduro. Esta plaza es bonita de día pero también de noche y hay varios locales donde tomar una copa. Al Volo es un pequeño local, sin mesas, cuyo encanto radica, además de en sus riquísimas pizzas, en tomar la pizza en el bar exterior, en uno de los bancos del Campo. Si os encontráis con la Pizzeria Al Angelo cuando estéis paseando, también es una gran opción del mismo tipo, está cerca de San Stefano, al otro lado del Gran Canal. 

En Tonolo, nuestra pastelería favorita tenéis que tomar unos pastelitos con capuchino. Lo del café en Venecia e Italia en general, juega en otra liga, ya me lo contaréis. Por cierto que el capuchino solamente se toma por las mañanas. Por la tarde, café expresso o macchiato (cortado). 

La bebida que veréis en manos de muchísima gente se llama spritz y lleva a partes iguales soda, prosseco y un bitter, principalmente Aperol. Está muy rico y aunque últimamente se ha extendido a toda Italia y al resto de Europa, su origen es veneciano de cuando la ocupación austríaca. Os encontraréis con variedades de bitter para hacerlo, no solamente Aperol, e incluso diversos spritz como el refrescante Hugo.

El prosecco es el vino espumoso veneciano, más suave que el cava y muy rico pero además, el véneto tiene vinos riquísimos, probad de ellos en los bacari, os resultará difícil elegir.

En este post os hablé de los platos típicos venecianos. Echadle un vistazo y haceros vuestra propia lista, las posibilidades son inmensas.

Algunas cosas que no me perdería y que no me canso de repetir: tomar muchos capucchini, muchos brioches y beber Prosecco. Comer pizza, cichetti, tramezzini y envoltini, pasta al nero di seppia, bacalà mantecato, sarde in saor, risotto y pescados de la laguna. Ver el amanecer y el atardecer, si es posible desde Burano, donde la luz es fabulosa. Y pasear…todo el rato, mirando al cielo y al suelo! 

Que disfrutéis de mi Venezia!

El Puente Chiodo

Una particularidad de Venecia, es la gran cantidad de puentes que unen entre sí las pequeñas islas que componen el Casco Histórico.

Entre todos esos puentes, uno de mis favoritos es el Ponte Chiodo, en la Fondamenta de San Felice. Es un puente pequeñito, escondido tras la abarrotada Strada Nuova en el sestiere de Cannaregio, sobre el Rio de San Felice. Conecta la Fondamenta del mismo nombre con una casa particular, por lo que es propiedad privada.

Su curiosidad radica en que es el único puente que queda en Venecia sin barandilla. Los puentes en Venecia son unos 445 y,originalmente, todos fueron construidos en piedra y sin las protecciones laterales llamadas spalletti, a excepción de aquellos por los que pasaban las procesiones ducales, que se protegían para seguridad del dux y su comitiva. Esto conllevaba un serio peligro, principalmente en las horas nocturnas, así que en el siglo XIX, por razones de seguridad, se decidió colocar parapetos o barandillas y, solamente dos, han sobrevivido sin ellos: el Ponte Chiodo en Cannaregio y el Ponte del Diavolo, en la isla de Torcello.

Su nombre, Chiodo, proviene de la noble familia veneciana que una vez fue dueña del puente, algo bastante común en la Serenissima y que obligaba a los transeúntes a pagar el pontazgo si querían atravesar el puente en cuestión.

Merece la pena localizarlo en un paseo de camino a la Fondamenta Misericordia, uno de nuestros lugares TOP para tomar un aperitivo a última hora de la tarde, cuando la tenue luz de algún farol lo ilumina y lo envuelve en un halo de misterio.

Y si no estáis muy cansados, en las cercanías, encontraréis la Scuola Grande della Misericordia, una de las obras maestras de Sansovino de la que os hablaré en otra ocasión y la imprescindible Cà D´Oro alla Vedova, cuyas polpetti son una delicia que no debéis dejar de probar.

¿Conocéis este curioso puente? Contadme!

Qué comer en Venecia. Platos típicos

En esta entrada, os contaba cómo distinguir los distintos establecimientos y dónde comer en Venecia. Hoy os cuento qué comer, los platos típicos y las costumbres venecianas a la hora de sentarse a la mesa.

Venecia tiene opciones gastronómicas para todos los gustos y bolsillos. Puesto que estamos en Italia, la pasta y la pizza ocupan un lugar privilegiado en las mesas de los venecianos. Pero en esta entrada quiero contaros, además de cuáles son los platos típicos de la laguna en los que los pescados y mariscos tienen gran protagonismo, aquellas otras sorpresas que la cocina veneciana esconde y que debéis conocer para saber apreciar y disfrutar ya que, como en todos los lugares con una gran historia y una profunda tradición, existen platos y recetas que llevan siglos cocinándose en los hogares, restaurantes y tabernas.

Siempre me sorprende cuando leo algún libro ambientado en Venecia siglos atrás y me encuentro con que algunos de esos platos ya se cocinaban entonces y que han llegado hasta nuestros días gracias a su buen hacer y a esa pasión por la comida que, afortunadamente, tienen los venecianos. Por algo será, no creéis?

La cocina veneciana está basada en los productos del mar porque, la laguna, ofrece una amplia variedad de pescados y mariscos de calidad como las moeche o las schie pero, también, en los productos de la cercana huerta, de la que se obtienen verduras y hortalizas exquisitas (ummmm… esas flores de calabacín rebozadas… o las fabulosas alcachofas de Sant’Erasmo). Y por supuesto, la pasta, el arroz convertido en risotto y la pizza, son un pilar fundamental de su gastronomía que no puede faltar en ninguna mesa.

Un menú veneciano se compone de un entrante llamado antipasto, un plato de pasta, sopa o arroz como primo piatto y otro de carne o pescado como secondo piatto con su contorno (guarnición). Por supuesto, debemos terminar con un buen dolce de postre y un café que se acompaña a menudo con un vasito de grappa (un aguardiente).

El antipasto puede ser un solo plato, para abrir la comida o, también, un surtido de ellos, servido en una bandeja en la que hay varias tapas. Pero además, la mayoría de los productos que os encontraréis como antipasto, los hallaréis también en formato cichetti en las tabernas y bacari, a la hora del ombra.

Para comer, a mí me gusta pedir los antipasti como entrantes y después pedir un plato de una buena pasta. Raramente pido segundo plato, más teniendo en cuenta que suelo llegar a la comida tras algún “vermut” a la italiana. Eso sí, me gusta que mi antipasto lleve baccalà mantecato y algún marisco o molusco.

Entre los antipasti típicos venecianos, están:

  • Sepias en su tinta, o chipirones, en ambos casos, una delicia.
  • Baccalà mantecato (bacalao desecado, mantecado en leche y mantequilla, una verdadera delicatessen)
  • Polenta con le schie (son unas gambas grises, típicas de la laguna veneciana, riquísimas)
  • Moeche fritte: unos cangrejos deliciosos, de temporada. En primavera y otoño, se fríen enteros para que queden crujientes. Es un producto caro pero exquisito.
  • Sarde in saor: unas sardinas marinadas en vinagre. Saor se refiere a la cocción lenta de las cebollas, que se mezclan con pasas y piñones y se vuelcan sobre las sardinas.
  • Fritto mixto: como su nombre indica es una fritura mixta que puede llevar camarones, calamares, anchoas y trozos diversos de pescado. Imperdible.

En muchos cafés, durante todo el día pero especialmente en las mañanas, veréis unos sandwiches de pan blanco, tipo de molde, con rellenos múltiples. Se llamantramezziniy os pueden sacar de muchos apuros si se os ha hecho tarde para comer. En las vitrinas los encontraréis junto a muchos otros tipos de paninicon rellenos variados a cual más apetecible.

Como os dije antes, la pasta, el arroz, las verduras y, las sopas en invierno, forman parte de los primeros platos de los menús. Entre ellos, la variedad es enorme. La pasta en general, con pescados y/o mariscos principalmente, ocupa un lugar privilegiado y, como curiosidad, os diré que no se suele comer pan con la pasta, salvo que queráis rebañar al final la rica salsa que quede en el plato.

Especialmente típicos en Venecia son los spaguetti alle vongole o al nero di sepia, ambos platos muy solicitados. Los primeros, llevan almejas; los segundos, calamar, salsa de tomate y la tinta del animal. No dejéis de probarlos! Me estoy relamiendo solamente de pensar en los spaguetti al nero di sepia de la Taverna San Trovaso, mis favoritos!.

Otro plato de pasta muy típico son los bigoli en salsa: unos spaguetti típicos de Venecia, gruesos y rugosos, que se toman con cebollas, anchoas e hinojo o con una salsa a la que se añade carne de pato.

Un plato muy venerado en invierno es la pasta e fagioli, un plato de pasta al que se le añaden alubias. Y los gnocchi, unas bolitas de patata que suelen acompañarse de pesto pero que admiten también otras muchas salsas.

Respecto a las verduras, las deliciosas castraure, las alcachofas moradas de San´t Erasmo, son muy veneradas. Sus primeros brotes son tan tiernos que ni siquiera hace falta pelarlas. También veréis en muchos sitios el radicchio, una especie de coliflor de color morado con el que se hacen deliciosos risotti.

Un plato curioso es el Risi e Bisi.Los venecianos le tienen mucho cariño porqueera la comida típica de los Dux durante la celebración del patrón de Venecia, el 25 de abril. Se trata de un plato de guisantes, verduras y arroz, una mezcla entre una sopa y un risotto, que se come en verano e invierno por igual.

Y las sopas, de cebolla, de verduras con alubias, o de pescado. Casi tanta variedad como cocineros cocinándola.

Comed pizza, a la hora que queráis, pero comedla. No tienen nada que ver con las españolas y no podéis marcharos de Venecia sin probarla ya sea “al taglio”, ya sea en una pizzería.

Y por supuesto, no os olvidéis de los risotti, en todas sus elaboraciones posibles, pero especialmente con los productos del mar y la laguna. Un imprescindible en mis visitas es el risotto de la Trattoria Il Gatto Nero, elaborado con caldo de pescados de la laguna.

Como segundos platos, además de los platos de pescado y marisco que os mencionaba en los antipasti y que pueden serviros como segundo plato, se elaboran platos de carne de cerdo, ternera y pollo con mayor o menor dedicación.

Especialmente rico es un plato llamado sorpressa con polenta que se elabora con guanciale, una panceta con mucho tocino a la que se le añade la polenta como contorno. Lo del contorno tiene su aquél, pues en Italia no existen las ensaladas que se ponen en el centro para compartir, por lo que la ensalada suele añadirse al plato como acompañamiento, aunque éste puede también consistir en patatas u otras verduras y hortalizas.

Y veréis en muchos menús turísticos un plato llamado fegato alla veneziana. Se trata de hígado salteado, que se sirve sobre una capa de cebollas y que se suele acompañar de polenta, una masa de harina de maíz que se pasa a la plancha habitualmente.

También es típica la trippa, el mondongo o callos al estilo veneciano. Es conocida la Trippa rissa de la Osteria Antico Dolo, en Rialto.

Y, por supuesto, todos los platos de pescados y mariscos que el Adriático proporciona tienen un protagonismo especial en las mesas: doradas, cigalas, Cappe Sante (vieiras con mantequilla al horno)…

Toda comida que se precie debe terminarse con un buen postre, y los venecianos no andan escasos en propuestas. Raramente se come fruta en el postre y desde luego no veréis a nadie tomando yogur. Seguro que conocéis el tiramisú, pero además, ya sea como postre o como capricho en cualquier momento del día, debéis probar los bussolai, los buranesi, el pan del dux con pasas y azúcar, los zaeti empapados en grappa, los biscotti con zabaione y por supuesto! los fantásticos helados italianos en toda su variedad de sabores.

Mención aparte merecen los vinos vénetos…así que mejor lo dejo para otra entrada, pues os aseguro que dan bastante de sí y que lo tendréis difícil para elegir. Y también estoy preparando un post con mis lugares favoritos para comer o tapear. Ya os adelanté algunos al hablaros de los diferentes tipos de establecimientos, pero en breve, os hago una lista por sestiere para que podáis disfrutar de ellos sin dar saltos de un barrio a otro.

El Palacio Contarini del Bovolo

La primera vez que me topé con esta obra maestra de finales del siglo XV fue en mi primer viaje a Venecia… y me lo quedé para siempre.

Como con casi todas las sorpresas de Venecia, surgió ante nosotros en un inocente paseo por las calles adyacentes a San Marcos, entre la Piazza y Rialto, cerca de campo Manin. La verdad es que bien habríamos podido pasarlo de largo si no llega a ser porque coincidió que varios turistas entraban y salían de un estrecho callejón que, a priori, no tenía nada de especial y claro, aquello nos llamó la atención. Actualmente, un letrero a la entrada del callejón, señala la presencia de esta joya, pero entonces no lo había, así que adentrarnos en la estrecha callejuela nos llevó a un pequeño Campo en el que la impresionante torre del Palacio se nos mostró con toda su majestuosidad. 

Y es que el Palacio Contarini del Bovolo, sorprende en sí por su belleza y por la serenidad de su torre en forma de escalera de caracol; pero, además, contribuyendo a esa sensación de opresión en el estómago que produce la vista de muchos espacios venecianos, que se halle en un campo tan pequeño convirtiéndolo en casi su único huésped, provoca en el visitante un impacto difícil de olvidar.

Y es que en realidad, estamos contemplando la parte de atrás de este Palazzo. Su fachada principal, se vuelca sobre el Gran Canal, ocultando el bello secreto que se esconde en la parte trasera, algo inusual en Venecia, donde los propietarios dedicaban sus esfuerzos, y sus fortunas, a la decoración de la fachada del Canal. En este caso, la entrada destinada en tiempos de la Serenissima al servicio y a la descarga de mercancías, no tiene nada que envidiar a la del Canalazzo.

Para encontrar el Palacio, tendréis que estar muy atentos a las indicaciones y a vuestra guía o plano. Por su escondida situación, es fácil pasarlo de largo. Pero una vez lleguéis hasta él os aseguro que os fascinará. 

El palacio está construido en estilo gótico y renacentista y la torre trasera, en piedra y ladrillo, está conectada al Palacio por varias logias. Alcanza los 28 metros de alto y consta de cinco plantas más un mirador desde el que se tiene una fabulosa panorámica de la ciudad y de las cercanas cúpulas de San Marcos y del Palacio Ducal. 

La entrada en el Palacio es posible hoy en día pagando 7€. No lo era cuando lo vi por primera vez ni tampoco cuando he llegado hasta él en viajes posteriores, pues ha estado en reconstrucción durante varios años pero, en el último viaje, tenía claro que era un asunto pendiente que debía saldar y así lo hice. En la siguiente foto podéis ver el estado original del Palacio, con las logias todavía cubiertas y el mirador, hoy abierto, con persianas.

La entrada os dará la oportunidad de subir a lo alto de la torre, cuya escalera helicoidal pronto le dio el nombre popular al Palacio (bovolo, significa caracol en dialecto veneciano). La logia de la segunda planta, lleva a la Sala del Tintoretto que acoge algunas obras venecianas de los siglos XVI al XVIII. Actualmente es la sede del organismo público que se encarga de los Hogares de Acogida en Venecia. 

Y en el patio de entrada, tras la reja de hierro que domina el Campo, veréis varios brocales de pozos recuperados de una Iglesia derruida. 

Os recomiendo encarecidamente que lo visitéis. Puede resultar un poco costosa la entrada pero, en mi opinión, merece la pena. Subí despacio, disfrutando de la arquitectura y de las vistas que se iban abriendo ante mí conforme alcanzaba altura. Me dejé cegar por la imagen de las cúpulas de San Marcos que casi sentía que podía tocar, la enorme San Giovanni e Paolo, el Campanario de Santo Stefano y, como el día era claro y soleado, por las primeras montañas de los Alpes. Y estuve allí durante casi 30 minutos… completamente sola, contemplando los tejados, escuchando los sonidos de la ciudad y sintiéndome parte de ella.

Campo Santa Margherita

Uno de mis campos favoritos de Venecia es Santa Margherita. En este inmenso campo del sestiere de Dorsoduro, discurre el día a día de los venecianos y se siente el alma de la ciudad. Aquí hallaréis buen ambiente a cualquier hora del día, ese ambiente de plaza de barrio en el que los vecinos disfrutan de la vida, de la compañía y de la amistad.

Por la mañana, vendedores ambulantes que, desde primera hora, montan sus puestos de fruta, verduras, flores o pescado para tener los productos listos cuando comiencen a llegar los primeros madrugadores; o venecianos y turistas que a lo largo de la mañana se sientan en las terrazas de sus alegres cafés para tomar un capuchino o un ombra, según la hora en que se encuentren.

A media tarde, tras la hora del café, de las siestas y de las clases, estudiantes y grupos de amigos tomando un spritz a la hora del aperitivo; o niños jugando y correteando al salir de la escuela.

Al caer la noche, hambrientos en busca de una de las mejores pizzas de la ciudad a la hora de la cena; o de las exquisiteces de las osterie que pueblan la plaza. Y, a última hora del día, trasnochadores que buscan dónde tomar una copa antes de volver a casa.

Esta plaza me enganchó ya en mi primer viaje a Venecia, cuando nos sentamos a tomar un café, a media mañana, en la animada terraza del Caffe Rosso. Una simpática viejecita, consciente de nuestro recién estrenado estado civil, intentó entablar conversación con nosotros en su escaso pero esforzado castellano. Nos sentimos tan a gusto que no puedo dejar de recordar aquel momento como uno de esos que te hacen sonreír cuando piensas en ello, un instante banal pero feliz. Allí, al sol matutino de finales de mayo, nos dejamos envolver por el ambiente del día a día de los venecianos y desde entonces en cada viaje a Venecia, pasamos por ella en más de una ocasión, de día o de noche, con distintos propósitos, pero siempre disfrutando de su inmensidad. Merece la pena visitarla a diferentes horas del día y dejarse engullir por el ambiente.

Pero, además de su riqueza humana, este Campo tiene otras atracciones, como el curioso edificio de ladrillo de la antigua Scuola dei Varoteri (curtidores) con un precioso relieve en la fachada, que domina el centro de la plaza. O la Scuola Grande dei Carmini, con su bella fachada barroca de piedra de Istria y varias obras de Tiepolo. O el Palazzo Corner Foscolo, ahora convertido en hotel, que tiene una de las fachadas góticas más impresionantes de Venecia y una bonita historia que os contaré en otra ocasión protagonizada por Elena Lucrezia Cornaro.

Y, gastronómicamente hablando, en este Campo se ubica nuestra pizzería favorita, Al Volo, en la que es obligado comer pizza “al taglio” sentados en un banco pero, también, otras opciones muy recomendables, como la vinería Nave de Oro (donde comprar vino a granel a muy buen precio) o la Osteria alla Bifora (con su bifora real al fondo del local y ricas tablas de embutidos locales). Y, para el aperitivo o las copas nocturnas, dos clásicos de la ciudad: el Bar Orange y el Duchamp, abiertos hasta más allá de la medianoche.

Todo pasa por Santa Margherita. La vida de Dorsoduro, la vida de Venecia, pasa por Campo Santa Margherita. Y no podéis iros de allí sin haberlo sentido… y vivido.

Venecia en un día (II)

Un día en cualquier ciudad no da para mucho, y en Venecia, el tiempo tiene otro sentido, ya que hay mucho que ver y hacer. Pero como no siempre podemos disfrutar de las ciudades como queremos, debemos aprovechar al máximo el tiempo del que disponemos, así que a un día puede sacársele mucho partido si os organizáis bien.

En esta entrada os planteé un primer itinerario por la ciudad en un día. Ya entonces os explicaba lo difícil que me resultaba seleccionar sitios que ver y dejar otros de lado. Hoy quiero mostraros una alternativa a ese primer paseo por Venecia, comenzando también en la Piazza de San Marco, y visitándola como os explicaba en dicho post. Y una vez que hayáis disfrutado de su belleza, podéis elegir la ruta que más os guste.

Campanile de San Giorgio Maggiore

Si queréis subir al Campanile porque os encantan las vistas (y las de Venecia son apabullantes) pero la espera es demasiado larga, una buena opción es tomar el vaporetto y cruzar a la isla de San Giorgio, cuya silueta aparece frente al Bacino de San Marcos en una de las mejores fotos de la ciudad. Allí, podéis subir al Campanile de la Iglesia de San Giorgio Maggiore. Las vistas son también una preciosidad y no suele haber tanta gente como en el de San Marcos. Eso sí, atentos a la hora en que subís porque ¡el tañido de las campanas es ensordecedor!

La Giudecca desde el Zattere

Si habéis cruzado a San Giorgio, en lugar de volver a San Marcos, cruzad a los Zattere, los muelles frente a la Giudecca desde los que se os ofrecen unas vistas espectaculares de esa isla. Un paseo por ellos en un día soleado hacia la Punta de la Dogana (Aduana), es una grata experiencia y podéis aprovechar para, en uno de sus cafés, tomar un exquisito cappuccino. El café en Venecia en particular, y en toda Italia en general es una delicia para el paladar. Los venecianos toman el cappuccino solamente hasta las 12 del mediodía, así que si lo pedís más tarde puede que algún lugareño os mire con mal disimulada condescendencia… pero es que está tannnn rico…

Punta de la Dogana

Desde la Aduana, siguiendo el muelle al pie del Gran Canal, llegaréis a la Iglesia de Santa María de la Salute, construida en agradecimiento a la liberación de la ciudad de una epidemia. Su silueta desde el Bacino al atardecer es de lo más bonito que veréis y en su interior guarda algunas sorpresas. Se ve en poquito tiempo y la entrada en gratuita.

Más adelante, el edificio de la Colección Peggy Guggenheim, os sorprenderá con la cantidad de obras de arte vanguardista que atesora. Esta colección de arte se encuentra en el palacio Venier dei Leoni, adquirido por Peggy Guggenheim en 1948 y que vivió allí hasta su muerte en 1979. De hecho, está enterrada en su jardín.

Venecia se llena de arte en el sestiere de Dorsoduro. El recorrido por este sestiere, si os atrevéis a adentraros en él, os llevará por calles menos transitadas en las que descubrir galerías de artistas y artesanos de diferentes oficios.

Encaminaros después hacia las Galerías de la Academia, al pie del puente homónimo, uno de los 4 que cruzan el Gran Canal. En esta pinacoteca, se encuentra una excepcional colección de pintura veneciana y del resto del Véneto, entre las que se incluyen algunas de las mejores obras de Canalleto, Tiziano, Tintoretto o Bellini.

Galerías de la Academia

Si seguís el itinerario natural hasta Rialto, atravesaréis los Campi más populares: San Barnaba, Santa Margherita y San Polo son 3 bulliciosas plazas en las que podéis deteneros a tomar un ombra para abrir el apetito. Así llegaréis hasta el Mercado de Rialto, una zona ideal para almorzar, si todavía no lo habéis hecho, en el que las ofertas son abundantes y variadas.

Vista desde el Puente de Rialto

Después cruzad el puente de Rialto desde el que tendréis unas vistas fantásticas del Gran Canal y, al otro lado, subid al Fondaco dei Tedeschi, un Palazzo rehabilitado que os ofrecerá una visión de la ciudad sorprendente y muy emocionante al atardecer.

Una vez aquí, podéis tomar dirección al Guetto hacia Strada Nuova o ir hacia Santa María Formosa hasta alcanzar San Giovanni e Paolo.

Ghetto veneciano

En el primer caso, tras visitar el Ghetto judío, podéis cruzar a la Fondamenta de la Misericordia y terminar la tarde tomando un Spritz en uno de sus bacari. Me encanta el ambiente de esta zona al atardecer, con la gente tomando sus vinos y sus variados  spritz en la calle a orillas de los canales, mientras se pone el sol. Podéis cenar tapeando en esta zona y llegaros hasta Cà D´Oro alla Vedova, que tiene unas polpette exquisitas.

Libreria Acqua Alta

Si tomáis dirección a San Giovanni e Paolo, os estaréis adentrando en Castello, un sestiere que me encanta y, quizá, el más auténtico de todos. Sin duda os toparéis en algún momento con mi librería favorita, Acqua Alta, un lugar donde los libros dejan el protagonismo a sus contenedores. En Castello también hay preciosos lugares en los que tomar un vino y tapear o cenar alguna de los platos típicos venecianos.

Y para terminar el día, salid al Gran Canal y tomad un vaporetto. Volveros locos con el Canalesso nocturno… si no sois de piedra, comenzaréis a planificar vuestra vuelta a la Serenissima…

Gran Canal

El Chorus Pass

El Chorus Pass

En Venecia hay más de 50 Iglesias. Además de la Basílica de San Marcos, la Iglesia de la Salute y otras de determinado tamaño e importancia, existe un bono, el “Chorus Pass”, que permite visitar 17 de esas Iglesias, repartidas por toda la ciudad, en horario de lunes a sábado de 10:30 a 16:30 mayoritariamente (algunas tienen horario especial).

El coste del Chorus es de 12 € la entrada general, 8€ para estudiantes menores de 29 años y 24€ para familias con dos adultos y niños menores de 18 años. Se adquiere en cualquiera de las Iglesias adheridas, online en su página web oficial y en las oficinas de turismo. Tiene validez durante un año desde la primera vez que lo uséis al entrar en una de las iglesias. Con el bono os entregarán un mapa con las localizaciones y una breve reseña sobre cada una de ellas.

En muchos de los templos, existen fichas informativas en varios idiomas, de prestado, con la historia del edificio y un plano con la ubicación de las obras que contienen.

Fachada principal San Pietro di Castello

Nosotros llevábamos muchos viajes pensando en adquirir el Chorus y dedicarnos a visitarlas, pues el coste se amortiza una vez que has entrado en cuatro de ellas. Así que, en el viaje de enero pasado,  nos decidimos, ya que tenía en mente visitar la iglesia de Santa María dei Miracoli, una preciosa construcción con una maravillosa escalinata en su interior que hace las delicias de las novias venecianas. Puesto que ésta es una de las que entran con el bono, lo adquirimos allí y, plano en mano, dedicamos un par de días a recorrer la ciudad de Iglesia en Iglesia.

Lo cierto es que me decepcionó un poco. Exceptuando Miracoli y San Pietro, el resto no merecen mucho la pena si vais a estar poco tiempo en la ciudad, a no ser que seáis grandes expertos, os guste mucho el arte que contienen o, simplemente, sea una de vuestras prioridades cuando viajáis. Personalmente creo que hay otras iglesias que merecen más la pena ver antes que la mitad al menos de las del Chorus y además, un par de las incluidas en el bono, suelen ser de entrada libre, con lo que podríais verlas de todas formas si pasarais por delante en vuestros paseos y os apeteciese entrar.

Tendréis también que tener en cuenta que durante las celebraciones religiosas no se pueden visitar, ni tampoco los domingos ni los festivos oficiales, pero no os preocupéis, pues todo ello viene indicado en el plano que os entregarán.

San Giacomo di Rialto

Éstas son las iglesias que entran en el Chorus Pass organizadas por Sestieri:

Cannaregio:

  • San Giobbe
  • Sant´Alvise
  • Santa Maria del Miracoli

San Polo:

  • San Giovanni Elemosinario
  • San Polo
  • Santa Maria Gloriosa dei Frari
  • San Giacomo di Rialto

Santa Croce:

  • San Stae
  • San Giacomo dall´Orio

Dorsoduro y Giudecca:

  • San Sebastian
  • Santa Maria del Rosario (I Gesuiti)
  • Santissimo Redentore

Castello:

  • San Pietro di Castello
  • Santa Maria Formosa

San Marco:

  • Santa Maria del Giglio
  • Santo Stefano
  • San Vidal

En algunos días concretos, existe la posibilidad de realizar visitas guiadas gratuitas a algunas de las Iglesias. Os informarán allí mismo, en las oficinas de turismo o también podéis consultarlo en la web de Chorus Pass, por si queréis planificarlo con antelación.

Fachada Santa Maria dei Miracoli

Mi recomendación personal: San Pietro de Castello es la historia viva de Venecia. Fue la primera catedral de la ciudad y sede del Patriarca de la Serenissima. Merece la pena acercarse hasta ella, retirada de las zonas turísticas habituales y disfrutar aquí de un paseo entre las tranquilas calles del barrio de Castello, el precioso campanario de piedra de Istria, el claustro de ladrillo rosáceo y el interesante interior en el que se encuentra la llamada Cátedra de San Pedro. Santa Maria dei Miracoli, de una sola nave, con el presbiterio elevado sobre la escalinata de mármol y decorada con decenas de estatuas de profetas y patriarcas es una obra de arte de Pietro Lombardo que he tardado demasiado tiempo en descubrir. Si podéis, no os las perdáis.

10 razones para volver a Venecia

Si habéis llegado hasta aquí, seguramente será porque no tuvisteis suficiente con una primera visita a Venecia y es lógico, pues Venecia, contrariamente a lo que la gente suele pensar, da para mucho y para muchos días. En vuestra primera visita habréis visto los lugares más turísticos, lugares que por supuesto no tenéis que perderos. Pero según el tiempo que hayáis pasado en ella, habréis dejado de ver y vivir sitios y momentos inolvidables. Éstos son algunos de los motivos que podéis tener en cuenta para volver si los pasasteis por alto la primera vez:

1.- El amanecer. Despertarse en Venecia ya es de por sí algo mágico, pero si además madrugáis lo suficiente para ver amanecer desde el Bacino de San Marcos, el día comenzará de la mejor manera posible. Los primeros trabajadores porteando sus mercancías y los gondoleros preparando sus embarcaciones, os acompañarán mientras el sol se levanta desde detrás de la Iglesia de San Giorgio Maiore para teñir las aguas de la laguna de naranjas y rojos. Merece la pena el madrugón, os lo aseguro.

Amanecer en Venecia

2.- El atardecer desde Riva degli Schiavoni. Si el amanecer es precioso en Venecia, no lo es menos la caída del sol vista desde la Riva.  Acompañar al astro mientras se oculta lentamente detrás de la Iglesia de la Salute es el broche de oro para un día perfecto en la ciudad. Mucha de la fascinación que Venecia ejerce sobre mí se debe a su luz, esa luz que va cambiando a lo largo del día según se va reflejando en los mármoles o en el agua de la laguna… y, antes de caer la noche, el sol poniente brinda un espectáculo increíble.

Atardecer tras la Aduana y La Salute

3.- La niebla. Las probabilidades de que en Venecia haya niebla en invierno son altas. Hay mucha humedad y la brisa marina a veces es tan gélida que corta la cara. Pero la luz tamizada y la atmósfera gris y borrosa, son mágicas. Me encanta el sol, de hecho, no me gusta nada el invierno…salvo por Venecia. Es la estación del año en que me escapo allí y el único lugar del mundo en el que no me importa que no salga el sol. Venezia con niebla es muy romántica…atreveros a visitarla entonces y me contáis.

Niebla en Venecia

4.- La Scuola Grande de San Rocco. Venecia está plagada de arte, museos, galerías, iglesias que acumulan lienzos, esculturas y otros objetos que merecen la pena. Hay tanto que ver que inevitablemente deberéis elegir. Cuando alguien me pregunta qué ver en Venecia y sé que va a pasar apenas dos o tres días en ella, sin duda le recomiendo que entre tanto por ver, visite San Rocco. La obra culminante de Tintoretto es un imprescindible en la ciudad. La he visitado en varias ocasiones y cada una de ellas me impresiona. Si os gusta el arte y no tenéis mucho tiempo en la ciudad pero queréis visitar alguna pinacoteca, os aconsejo que os decidáis por esta antigua Scuola Grande.

Detalle

5.- El Ghetto judío. En Venecia se originó el primer ghetto del mundo y, de hecho, el vocablo tiene origen veneciano. Procede de las fundiciones de hierro que existían en la zona en la que los judíos fueron recluidos, de manera que durante la noche se cerraban las rejas y se les encerraba en el sestiere de Canareggio. Hoy en día todavía podéis ver las marcas de los goznes de las rejas en el sottoportego de acceso. Pero pasear por los Ghettos Nuovo y Vecchio es mucho más. La judería más antigua del mundo, que data de 385, contiene el homenaje que la ciudad dedicó a los judíos después del holocausto nazi, y aún hoy viven allí muchas familias dotando a la zona de una calma abrumadora. Para mí, el mejor momento para visitarlo es al final de la tarde, cuando comienza a caer la noche y la tranquilidad se palpa en el ambiente, los pasos resuenan en cada ladrillo y los residentes se van retirando a sus viviendas. Visitar las sinagogas, tomar un tentempié de comida kosher o paladear alguno de los dulces típicos, os transportará a otra dimensión. Curiosamente, aunque ya no existen rejas ni cadenas, a mí todavía me parece entrar en otro mundo dentro de la propia Venecia.

Edificio del Ghetto de Venecia

6.- Castello. En Castello, la vida veneciana bulle en las calles, en las tabernas y en los campi. Algo alejado de las rutas más turísticas, un paseo por Vía Garibaldi a media mañana y un ombra en una de sus terrazas, os dará la oportunidad de ver otra Venecia. Y si tenéis tiempo, acercaros hasta San Pietro de Castello. La primera catedral de Venecia, con su precioso campanario de mármol blanco y su claustro milenario, es una joya de la arquitectura veneciana y en un recorrido por las calles aledañas, podréis saludar a los venecianos que habitan este antiguo barrio.

Via Garibaldi

7.- Palacio Contarini dei Bovolo. La preciosa escalera renacentista de este palacio, que se encuentra en un pequeño campo escondido de las rutas de más afluencia, es una pequeña joya que os sorprenderá. Tendréis que estar atentos para encontrarla y una vez lo hayáis hecho, subir para disfrutar de su preciosa hechura. Las vistas desde arriba quizá no sean las mejores, pero merece la pena el ascenso por descubrir toda su belleza y estar tan cerca de las cúpulas de la Basílica de San Marcos.

Escalera del Palacio Contarini del Bovolo

8.- San Giovanni e Paolo. Esta hermosa Iglesia, en la que se encuentran los panteones de muchos dux de la Serenissima, es una obra de arte del gótico tardío veneciano. El campo homónimo en que se encuentra, tiene otras atracciones que merecen la pena como el Ospedale o la estatua ecuestre de Colleoni y, por supuesto, una de mis cafeterías favoritas: Rosa Salva.

Fachada de San Giovanni e Paolo

9.- La librería Acqua Alta. Entre el campo Santa María Formosa y el campo San Giovanni e Paolo se encuentra en una pequeña plaza esta librería de viejo que, como todo en Venecia, tiene su encanto en lo decadente y pintoresco de la disposición de sus ejemplares. Bañeras, góndolas y cualquier otro objeto que salve a los libros del fenómeno del Acqua Alta convierten la visita en imprescindible. No puedo resistirme a comprar algo cada vez que entro allí, una antigua postal, una curiosa libreta, una vieja edición de algún librito… y varias de las fotos que he tomado allí, adornan una de las paredes de mi biblioteca, en la buhardilla de casa.

Librería Acqua Alta

10.- Burano. Desde hace bastante viajes, una de nuestras mañanas en la ciudad comienza con un paseo desde nuestro alojamiento a Fondamenta Nuove para coger el vaporetto que nos lleve a Burano. Allí, damos un paseo, comemos en Gatto Nero un exquisito risotto alla buranesa y después bajamos la comida paseando por la isla, visitando nuestros rincones favoritos y esperando el atardecer desde la parte de atrás de la isla y de frente a Venecia. Si solamente vais a estar un día o dos en Venecia, no merecerá la pena perder medio día en ir a la isla. Pero sin duda es uno de los pendientes que deberéis apuntar para vuestra próxima visita.

Casas típicas de Burano

Se me ocurren muchas más razones para volver a Venecia, no terminaría nunca de enumerarlas, os las iré contando en pequeñas dosis…y ¿a vosotros? ¿Qué os apetece hacer en la Serenísima?

Venecia en un día

Había pensado escribir una entrada en la que os propusiera un par de itinerarios para pasar un día en Venezia que suele ser el tiempo que muchos de los visitantes dedican a ella. Pero una vez que me puse a escribir, me estaba resultando muy difícil seleccionar o, mejor dicho, dejar de seleccionar algunos lugares. Así que he decidido crear un apartado en el blog, que podréis ver en las categorías, y llamarlo “Paseos por Venecia”.  Por ello, en las siguientes líneas, os voy a proponer un primer itinerario por la ciudad, que os lleve por los lugares más turísticos y, quizá, imprescindibles, en una primera visita cuya duración sea tan solo de un día, pero no tiene por qué ser el paseo perfecto. Cada visitante es único y únicos son sus gustos. Quizá no queráis pasar tiempo entrando en las atracciones más turísticas y os baste con ver el exterior; o quizá seáis de los que prefieren sentarse en una terraza a disfrutar de un buen capuchino o de los fabulosos vinos del Véneto y no ir corriendo de visita en visita; o tal vez vuestras preferencias pasen por visitar aquel lugar con el que lleváis años soñando… En cualquier caso, creo que es un recorrido apto para la mayoría de los viajeros, y ya de vosotros depende a qué le dediquéis más tiempo. Y si queréis conocer, ampliar o simplemente curiosear otros paseos, siempre podéis echar un vistazo a los que vaya contando.

La primera vez que fui a Venecia, fue en mi viaje de novios. Desde que tengo uso de razón, recuerdo haber querido ir, aunque nunca imaginé que aquel deseo se convertiría en esta irracional obsesión que me tiene tan encandilada. Tuve la gran suerte de que a mi, por entonces, novio le pareciese una buena idea este destino así que, sin dudarlo si quiera, nos embarcamos en nuestro primer viaje a Venezia.

Gran Canal

Una semana, siete días con sus noches planeamos que, todo el mundo nos decía, eran demasiado para Venecia. Afortunadamente, no hicimos caso y pasamos una semana inolvidable descubriendo y disfrutando la ciudad. Nos dio para mucho claro, quizá por eso nos quedamos con tan buen recuerdo y, cuando celebramos nuestro quinto aniversario, volvimos. Fue entonces cuando nos enganchó. Se nos pegó a la piel, nos sedujo su decadencia, su arte milenario, su romanticismo… y se convirtió en nuestro viaje anual imprescindible. 19 años y 13 viajes después, seguimos encontrando cosas nuevas que ver en cada viaje. 19 años y 13 viajes tras los que todavía nos queda mucho por descubrir.

Si tenéis la “desgracia” de pasar solamente un día en Venecia, os dará tristemente para una primera toma de contacto y, seguramente, para ver las zonas más turísticas pero espero que os guste tanto como para querer volver con más tiempo y descubrir todo lo que allí se oculta. Este es el itinerario que os propongo, partiendo del punto neurálgico de la ciudad, la Plaza de San Marcos, a donde seguramente os dirigiréis una vez en ella, independientemente de cómo lleguéis o del tiempo que tengáis. En barco, autobús, tren… sea como sea vuestros pasos os llevarán hasta ella, porque allí converge todo el pasado de la Serenissima.

Si llegáis por medio terrestre, lo haréis a Piazzale Roma. Desde aquí, podéis tomar el vaporetto, líneas 1 o 2, que recorre el Gran Canal en dirección a Piazza San Marco. Lo mismo si llegáis en tren. La estación de ferrocarril de Santa Lucía está una parada de vaporetto después de Piazzale Roma, por lo que la opción del vaporetto es la más adecuada para llegar hasta San Marcos. El paseo en vaporetto os dará la oportunidad de descubrir la calle más bella del mundo y tendréis una primera toma de contacto con la ciudad y sus más de 200 palacios que caen sobre el Canalasso, como llaman los venecianos al Gran Canal. Si no llegáis a Venecia a través de Piazzale Roma porque lo hacéis a través de Alilaguna o de cualquier otra embarcación, o porque llegáis a la terminal de cruceros, es necesario que encontréis un hueco a lo largo del día para hacer este trayecto, de San Marcos hasta la estación de trenes o viceversa. De día o de noche, es indispensable, así que no os lo perdáis.

Plaza San Marcos

Como os digo pues, desde San Marcos comenzará vuestro paseo por Venecia. Una vez en la Piazza, podéis recorrerla admirando sus soportales y las fachadas de las Procuradurías, la Biblioteca Marciana, la Torre del Reloj o el Museo Correr y entrar a visitar la Basílica de San Marcos, subir al Campanile o realizar la visita de los itinerarios secretos del Palacio Ducal. Sinceramente creo que en tan solo un día no merece la pena malgastar tiempo entrando al Ducal o subiendo al Campanile pero como todo va en gustos, dependerá de vuestras prioridades. Sin embargo, sí que os recomiendo entrar a la Basílica, que es gratuita y subir a la terraza sobre la Piazza, no os llevará mucho tiempo y seguro que no os arrepentiréis.

Después, asomaros al Bacino para poder admirar las vistas a la isla de San Giorgio, la Punta de la Dogana y la Iglesia de la Salute. Y por supuesto, pasear por la Riva degli Schiavoni hacia el Ponte della Paglia para fotografiaros con el Puente de los Suspiros de fondo.

Riva degli Schiavonni

A continuación podéis dirigir vuestros pasos hacia Rialto. Adentraros en las Mercerie y callejear siguiendo el ritmo de la gente, hacia Campo Manin y Campo San Luca, o La Fenice y Campo Santo Stefano, disfrutando de los escaparates y la actividad diurna de la ciudad. Quizá en vuestro paseo os crucéis con el Palazzo Contarini dei Bovolo que tiene una preciosa escalera de caracol renacentista. Y digo quizá, porque lo único que debéis tener claro es vuestro destino, el Puente de Rialto: los nizzioti os indicarán la dirección correcta así que dejaros llevar y callejear, estáis en la ciudad donde los trayectos son imposibles de controlar, donde cualquier giro mal calculado puede haceros desembocar en un canal y tener que volver sobre vuestros pasos. Abrid bien los ojos, mirad arriba, abajo y a todos lados, pues nunca sabes donde aparecerá el detalle que os sorprenda. Parad en cualquier café y tomad un rico capucchino con algún brioche, deteneros en lo alto de los muchos puentes que cruzaréis y contemplar las fachadas de los palacios en los campi más bulliciosos. Sin prisa, solamente disfrutando del paseo.

Una vez en Rialto, cruzad el puente y deteneros en lo alto. Ante vosotros se extiende el Gran Canal y una de las vistas más fotografiadas de la ciudad. Apoyados en la barandilla de mármol, el tiempo parecerá que se detiene. Dedicad unos minutos a ello, con los cinco sentidos puestos en lo que hay a vuestro alrededor, y a continuación bajad hacia el Mercado de Rialto donde, en sus puestos, se exponen los productos del día, frutas, verduras, especias y sobre todo los pescados más frescos de la laguna. El Mercado de Rialto es todo un espectáculo muy recomendable, eso sí, solamente por la mañana, así que intentad organizaros para poder llegar hasta él antes de las 14:00 horas.

El Gran Canal desde el Puente de Rialto

Y como colofón a vuestra primera mañana en Venecia, tomad un ombra en cualquiera de los bacari que rodean el Mercado. Allí os mezclaréis con los venecianos que hacen su pausa rigurosamente para tomar un aperitivo antes de comer. Si la hora del almuerzo os sorprende por esta zona, buscad dónde hacerlo. Hay montones de opciones para todos los bolsillos y posibilidades, desde trattorie históricas a puestos de pasta fresca recién hecha que sirven para llevar, pasando por pizza al taglio o una amplia variedad de bocadillos. La cocina veneciana es amplia y variada y casi nunca decepciona.

Tras el parón para reponer fuerzas, encaminaros a desde Campo San Silvestro a Campo San Polo, el más grande de la ciudad tras la Plaza de San Marcos y desde él iniciad un paseo hasta la Iglesia de la Salute. El recorrido os llevará por algunos de los Campi más populares:

Pasaréis por Campo dei Frari, donde se encuentra la Scuola Grande de San Rocco, la Iglesia del mismo nombre y la imponente Iglesia de Santa Maria dei Frari.

En Campo San Pantalón, en el techo de la Iglesia homónima, se encuentra la pintura más grande del mundo, un lienzo de Fiumani, que se dejó la vida literalmente en su realización; y en Campo San Barnaba, donde Indiana Jones rodó algunas escenas (mi marido me repite siempre que pasamos que Indiana salió del brocal de pozo que hay en mitad del campo), su Iglesia alberga una exposición sobre algunos de los inventos de Leonardo da Vinci.

Antes, habréis pasado por Campo Santa Margherita, una preciosa plaza en la que durante todo el día hay un ambiente fantástico y que al caer la noche se llena de jóvenes y estudiantes con su spritz en la mano que al aire libre en la plaza. El Puente dei Pugni la une a San Barnaba y a la Fondamenta del Squero, donde varias tabernas a media tarde ofrecen una gran variedad de cichetti para tomarlos en la Fondamenta con un rico vino veneciano.

Momento del aperitivo

Callejear por esta zona de los sestieri de San Polo y Dorsoduro puede ser un poco agobiante en algunos tramos, pero si os salís de la ruta que todo el mundo sigue, seguro que os encontráis rincones preciosos, admirables galerías de arte, talleres de máscaras y otras tiendas artesanas con mucho encanto.

En vuestro itinerario, pasaréis también por la Accademia de Arte de Venecia, la galería Peggy Guggenheim y la citada Escuela Grande de San Rocco, tres maravillas para los amantes del arte en la ciudad a los que seguramente no podréis dedicar un rato en solamente un día pero que se convierten en un motivo para volver.

Llegaréis así a la Iglesia de la Salud, cuyo espléndido exterior se divisa de lejos. La visita es gratuita y se hace rápida aunque, salvando su precioso suelo geométrico, a mí me parece mucho más bella por fuera. Una vez aquí acercaros a la Punta de la Dogana, al final del edificio de la antigua Aduana, pues las vistas de San Marcos desde ella son hermosísimas.

La Aduana. Detrás, la Iglesia de la Salute

El día puede terminar dando un paseo por los Zattere desde la Punta de la Dogana, donde el atardecer refleja los colores de Venecia en las piedras milenarias. En alguna de las terrazas podéis tomar un helado, que como sabréis en toda Italia son exquisitos o si se os ha hecho ya la hora de cenar, probar la pizza en cualquiera de las trattorie que encontraréis a vuestro paso o volver sobre ellos hasta mi lugar favorito: Al Volo en Campo Santa Margherita.

Y si todavía podéis alargar más la visita en la ciudad, subid de nuevo al vaporetto y repetir el recorrido por el Gran Canal, esta vez de noche, y comparad la experiencia con el paseo diurno… si la ciudad no os ha enganchado todavía, no dudo que lo hará entonces. ¿Listos para volver?

La noche en el Gran Canal