Tapear en Venecia. I bacari

Un bacaro es un bar de vinos característico de Venecia, una tasca o taberna en la que tomar un ombra (una copa de vino) en la barra acompañada de algo rápido como los cichetti, típicas tapas venecianas.

En los bacari, encontraréis una amplia oferta de vinos locales y regionales, que a menudo se degustan de pie, por lo que lo mejor de ellos es que puedes montarte una ruta de bacari y probar los vinos y cichetti de varios bares.

Como los primeros bacari se abrieron alrededor de Rialto, es en esta zona donde se concentra la mayor oferta de estas encantadoras tabernas, que abren a primera hora del día y cierran, si abren por la tarde, sobre las 9:00 de la noche. Pero en todos los sestieri hallaréis locales donde pasar un rato delicioso y divertido.

Algunos bacari tienen cocina y ofrecen menú del día, pero los más clásicos suelen tener tan solamente las tapas que os comento, los cichetti. Suelen ser pequeños fritos o montados de pan con todo tipo de embutidos, quesos, cremas variadas, encurtidos o cualquier otro ingrediente. Rienda suelta a la imaginación. Pero fundamental… los cichetti no se comparten!. Si no queréis que os miren mal, no pidáis que os los corten por la mitad ni un cuchillo para ello. Dicen que cada vez que alguien pide compartir un cichetti, un veneciano muere de pena en algún lugar…

Podéis haceros una idea de la cantidad de vinos que encontraréis en un bacaro, dando un repaso al mapa vitícola del Norte de Italia. En él hallaréis muchas Denominaciones de Origen y tanto Venecia como el resto del Véneto son uno de los mayores productores de esos vinos. No dejéis de probar el Soave blanco, el tinto Valpolicella, el Bardolino, el Recioto de Soave (ideal a los postres) y el Prosecco, un espumoso suave, que es uno de los principales componentes del spritz.

¿Y sabéis de donde proviene la palabra bacaro? Pues a pesar de que se suele decir que viene del dios del vino Baco, esto no es así. Lo cierto es que proviene de la forma veneciana de decir “far bàcara”, es decir, “ir de fiesta”.

Y la denominación de la copa de vino como “ombra” (sombra), tiene su origen en los vendedores de vino que se colocaban al pie del Campanile, en la Plaza de San Marcos, e iban rodeándolo buscando la sombra para mantener la mercancía a salvo del sol y que, de este modo, estuviese más fresquita. En algunos cuadros de Canaletto podéis ver esa disposición de los puestos al pie del Campanile… así que “le ombre” tienen varios siglos a sus espaldas. Y es que Venecia, los venecianos y el vino, están indisolublemente unidos. Y nosotros cuando estamos allí, nos dejamos llevar…

Si queréis haceros una buena ruta de bacari, tomad nota de mis preferidos que, os advierto, no tienen por qué ser los mejores. Como siempre, es una opinión subjetiva basada en mis vivencias. Mis zonas favoritas son los alrededores del Mercado de Rialto y las Fondamente de detrás del Ghetto.  En Santa Croce, seguro que hay locales que desconozco porque salvo que estéis alojados allí puede pillar más a desmano y no es un sestiere que solamos frecuentar, pero en el resto de sestieri tengo unos cuantos “fijos” que me gusta visitar en cada viaje.

En el SESTIERE DI SAN POLO, en la zona de Rialto, se encuentran varios de nuestros imprescindibles:

Al Mercá, en el Campo Bella Vienna. Es un pequeño bacaro en el que el vino se toma en la misma calle. La oferta de vinos es fabulosa y podéis tomar unos mini bocadillos, parecidos a las pulguitas españolas, de embutidos y quesos variados.

All´Arco, detrás de la Ruga Vecchia San Giovanni. Tiene unos crostini fabulosos, mi favorito es el de baccalá, pero todo está riquísimo y también tienen una cerveza artesana de producción local de muy buena calidad.

Bancogiro, en la misma plaza San Giacomo di Rialto, cuando bajáis del Puente de Rialto. Los calamares con polenta son increíbles pero tiene bastantes opciones y de más contundencia.

Diavolo, L´acquasanta, en Calle della Madonna. Son conocidas las polpette, albóndigas de arroz a las que añaden carne y verduras o atún, pero tiene muchas más tapas en la alta vitrina tras la que encontraréis a Silvano, “il Diavolo”. Dispone de comedor para comidas y cenas más al uso, con comida tradicional y sencilla de la que se puede pedir media ración. Es muy familiar y acogedor y los precios están en la media de Venecia.

Dai Zemei, en Calle L´ogio.Me gusta mucho este estrecho bacaro en el que codearse literalmente con los venecianos. EL mostrador está repleto de cichetti y pequeños bocadillos de todo tipo de los riquíso embutidos italianos. Lo regentan dos hermanos gemelos y las paredes están forradas con cientos de fotos de gemelos enviadas desde todas las partes del mundo.

Do Mori, en Calle Do Mori. Para ser sincera me gustaba mucho más hace unos años pero el sitio es muy chulo, con decenas de vasijas de cobre colgadas por el techo y la oferta de vinos y cichetti es muy amplia. Yo lo conocí por los libros de Donna Leon y me atrevería a decir que ha muerto de éxito. Este último viaje de enero, vimos un grupo guiado de turistas dentro y no me gustó, le ha quitado el “sabor” que tenía antes, de taberna para venecianos. Y, además, se ha encarecido. ¿Por qué lo pongo pues? Pues porque ha sido durante 20 años uno de nuestros TOP y al menos por los buenos tiempos merece estar en mi lista. Soy una romántica…

Antico Dolo, en Ruga Rialto. Otro de esos sitios a los que volver y volver. La selección de tapas no es excesiva pero la calidad es increíble. Debéis sentaros sí o sí porque no tiene más que una pequeña barra en la que caben dos o tres personas. Sin duda, debéis probar la trippa, un plato similar a los callos españoles que a mí no me gustan nada pero que a Antonio le encantan.

En el SESTIERE DI DORSODURO, hay zonas en las que el ambiente a la hora del vermut o del aperitivo de la tarde os volverá locos y os costará decidir dónde entrar. Me gustan estos, pero seguro que no conozco otros muchos… de momento:

Al Bottegon (o Cantine del Vino Gia Schiavi), en la Fondamenta Nani. Una locura la cantidad de vinos que tienen. También variedad de tapas para acompañarlos, no dudéis hacer una visita si pasáis por ahí.

Osteria Al Squero, también en Fondamenta Nani. Tiene montones de pequeños cichetti, con decenas de variedad de ingredientes, para hacer las delicias de turistas y lugareños. Solo hay unas pocas mesitas bajas, muy juntas, pero lo ideal, si el tiempo lo permite y no estáis muy cansados, es salir al exterior y, apoyados en el muro de la Fondamenta, tomarse allí el aperitivo con vistas al Squero di San Trovaso. Es de mis sitios favoritos.

Osteria Ai Pugni, al pie del puente dei Pugni en Fondamenta Gherardini. Hay pocas mesas pero una buena barra y amplia selección de vinos. La entrada suele estar muy concurrida de venecianos porque no es muy grande y los clientes salen a la calle copa de vino en mano. Los cichetti están ricos y los embutidos son deliciosos. De precio moderado y personal amabilísimo.   

En el SESTIERE DI SANTA CROCE, donde las masas de turistas no son tan abultadas, especialmente me gusta éste:

Bacareto da Lele, en Campo dei Tolentini, un pequeño y acogedor bacaro donde hacer una parada al salir de la visita a la preciosa Iglesia de San Nicolás. Panecillos y crostini de calidad y alguna tablita de embutidos. Vino de la casa, tinto y blanco, rico y económico.

En el SESTIERE DI CASTELLO, nos gusta mucho pararnos en las tabernas de Via Garibaldi donde resulta fácil entablar conversación y también en las situadas entre Campo Santa Maria Formosa y Campo San Giovanni e Paolo. Estas son algunas:

Osteria Salumeria, en Via Garibaldi. Comparados con otros locales, este no tiene cientos de vinos o tapas, pero lo que tiene es de calidad y el dueño es amabilísimo.

Bacaro Risorto en Campo San Provolo. Buenos bocadillos y tapas variadas de calidad. Hay otro en Cannaregio. A la hora del aperitivo, se llena de lugareños con ombra en una mano y cichetti en la otra. Si hace buen tiempo, los clientes salen al Campo con sus bebidas y tiene un ambiente muy majo.

Enoteca Mascareta, en Calle Lunga Santa Maria Formosa.Si paráis en esta enoteca, os encantará la decoración, los increíbles vinos que poblan los estantes y el ambiente al más puro estilo veneciano. Si os gusta el queso, tienen cosas muy interesantes.

En el SESTIERE DI CANNAREGIO, nos encanta pasar un rato por la tarde en la zona de Strada Nuova y las Fondamente de detrás del Ghetto. Allí paramos sí o sí en estos bacari:

Cà D’Oro alla Vedova, en una pequeña bocacalle sin salida de Strada Nuova, frente al Campo Santa Sofia. Sus exquisitas polpette son muy conocidas y solicitadas y el vino de la casa no está nada mal. Si queréis comer algo más contundente, tiene servicio de mesas y platos muy ricos.

Sbarlefo, en Salizzada del Pistor. Lo descubrimos porque está debajo de nuestro hotel y nos gustó el ambiente de venecianos con la copa de vino en la calle. Tiene cichetti que son “fritos”, lo más parecido que he visto en Venecia a los de aquí y, como son las tapas favoritas de Antonio, entramos para probar. Aquí descubrimos el Hugo, un spritz veneciano a base de sambuco y hierbabuena que está delicioso y el Select, el bitter veneciano para spritz del que luego nos trajimos unas cuantas botellas para nuestra vermutería.

Baccaro Risorto Venecia, en Campo drio la Chiesa. De los mismos propietarios que el de Castello, rico spritz y precios asequibles.

Al Mariner, en la Fondamenta dei Ormesini. Esta zona es nuestra favorita porque tiene un ambiente fantástico al pie del canal y las ofertas son amplias, un lugar ideal para descansar si estáis por la zona del Ghetto o la de los Mori. En Al Mariner, podéis tomar un spritz a media mañana o al caer la tarde y picar algún cichetti, pero también tienen comedor y un risotto de morirse. Para darse un goloso capricho.

Al Timon, también en la Fondamenta dei Ormesini. Ya os digo que esta zona nos gusta mucho, y en Al Timon encontraréis gente a cualquier hora del día. La vitrina de cichetti es apabullante y el spritz está bien de precio y riquísimo. Si sois muy carnívoros y la echáis de menos en Venecia, este es un buen sitio para daros un gustazo, pues los platos de carne aunque no son baratos, son muy completos y el producto es bueno. Me apasionan la tablas de embutidos, los embutidos italianos están muy ricos!!!

Paradiso Perduto en Fondamenta della Misericordia. Buenas tapas y también comida de menú o carta, con mucho interés en los productos de mercado y de cercanía y rotación periódica de la carta de vinos. El ambiente es fabuloso, con música en vivo y otras actividades. No deberías dejar de probar el “gran fritoin” un plato a base de pescado frito que sirven acompañado de polenta blanca. 

En el SESTIERE DI SAN MARCO, nos resulta más difícil detenernos a tomar algo porque es la zona más turística y por tanto puede subir más la cuenta sin más justificación que la cercanía a la Piazza San Marco. Aun así, tenemos algunos “fijos” y otros que hemos visitado en alguna ocasión y que nos gustan mucho:

Bar Ducale, en Calle delle Ostreghe. Al pie de un canal y un puesto de góndolas, nos gusta porque los vinos son buenos, aunque algo más caros de lo habitual por su cercanía a la Piazza. Y la verdad es que tenemos una historia personal con él que le hace más atractivo para nosotros. Es pequeño y sin mesas, lo que le permite legalmente no tener tampoco WC, pero qué le vamos a hacer… es como “nuestro”. Más que cichetti, lo que tienen son una gran variedad de bocadillos en todo tipo de pan, que los pasan por el grill. Es una buena opción para una comida rápida y barata o si estáis cansados, para llevar.

Bacarando in Corte dell´Orso, en Corte dell´Orso.Otro lugar donde probar las polpette (de carne o de atún) y tomarse un buen vino en un acogedor ambiente. En ocasiones hay música en directo para una velada completa. El personal tiene mala fama, pero para ser sincera, yo nunca he tenido esa sensación y mis experiencias siempre han sido buenas.    

Si os gusta alguno que yo no conozca, sed generosos y contádmelo! Venecia hay que descubrirla también en sus bares y tabernas, así que estoy siempre deseando localizar sitios nuevos. Cin cin!

Le moèche. Cangrejos fritos

Durante estos meses primaverales, entre abril y mayo (y también en otoño, entre octubre y noviembre) los cangrejos pierden su cáscara para poder crecer. Y es precisamente en ese momento, que dura un día, a lo sumo dos, en el que resultan un manjar exquisito. Tiernos y blandos, en Venecia se les llama precisamente moèche o moleche, que en dialecto veneciano significa “suave”.

Le moeche son los cangrejos en su fase de muda, nada más perder el caparazón, ese período en que resultan muy tiernos y deliciosos. La fugacidad del tiempo en que permanecen sin cáscara, hace que sea laborioso elegirlos entre cientos para su captura, y por ende, los convierte en un producto muy apreciado, y no precisamente barato. Desde 35€ el kilo, que puede llegar a los 50€ o 70€.

Al igual que las alcachofas de Sant’ Erasmo, son un producto de temporada, y en estos días comer moéche se convierte en un acontecimiento muy esperado por los venecianos que los consumen fritos tras enharinarlos ligeramente, o tras haberlos dejado remojar en huevo batido un par de horas, hasta que éstos lo han absorbido por completo. Se suelen acompañar de polenta, otro plato típico veneciano a base de harina de maíz.

Y en algunos restaurantes de la ciudad, se ofrecen como una de sus especialidades, como en la Trattoria Da Romano o en la Osteria Al Gatto Nero, ambas en Burano.

Le moèche se pescan en la laguna véneta, especialmente en la zona de Burano, Giudecca y Chioggia utilizando le trezze, unas redes que se colocan en las aguas poco profundas de la laguna y se recogen en zig zag. Los pescadores que se dedican a la captura de la moèca, se llaman “moécanti” y cuando sacan las redes del agua, seleccionan los cangrejos que ya están listos y se devuelve el resto al agua. Los machos, sólo los cangrejos machos. Las hembras siguen un ciclo diferente.

Así que cuidado porque, si os ofrecen cangrejos fuera de temporada, ciertamente serán cangrejos… pero no moèche. La cosa cambia y el precio también. Que no os den gato por liebre.

Si tenéis la suerte de que caigan en vuestras manos y queréis prepararlas, comparto con vosotros la receta de la Academia Italiana de la Cocina, para 4 personas.

INGREDIENTES

400 g de moéche

2 huevos

Harina

Aceite

Sal

PREPARACIÓN

Sumergir los cangrejos vivos en un tazón donde se hayan batido los huevos. Dejar absorber y luego enharinar y freír en abundante aceite bien caliente. Colocar las moéche fritas sobre papel absorbente y espolvorear con sal. Servir caliente acompañado de polenta a la plancha y un fresquito vino blanco… buon appetito!

El café y los Cafés venecianos

Os he hablado ya en varias ocasiones de mi pasión por el café italiano. Y es que el café en Italia, en general y en Venecia en particular, juega en otra dimensión.

Me gusta el café. Me gusta para comenzar el día sea la hora que sea cuando abro los ojos, como estímulo despertador pues, no en vano, la palabra “café” procede de la palabra árabe “qahwah” que significa “estimulante”. Me gusta también como elemento socializador a media mañana, cuando alguien propone una pausa a la jornada laboral. Y sobre todo, me gusta después de comer, en ese momento que se comparte en la sobremesa. 

La primera vez que llegué a Venecia fue también la primera vez que visité el “Bel Paese”, y el café me pareció fabuloso. Esa sensación de estar tomando café de verdad sigo experimentándola cada vez que visito Italia; tanto, que cuando vuelvo de allí, tardo varios días en volver a tomar café en los bares, porque en España a veces no es fácil encontrar un buen café y sin embargo, en Italia, lo difícil es encontrarlo malo.

A nosotros nos gusta tomar café en los lugares que con el paso de los años y las visitas a Venecia, hemos ido descubriendo. Seguro que hay cientos de sitios más en los que el café merece la pena. Pero estos son nuestros favoritos y nuestros imprescindibles, aquellos a los que vamos “de propio”. Porque al fin y al cabo las vivencias también forman parte de los favoritismos, y mis viajes a la Serenissima están plagados de bellos y románticos momentos en torno, también, a un café. 

Tomad nota y si descubrís algún lugar que merezca la pena, no dudéis en contármelo.

Rosa Salva: hay sitios que solo con nombrarlos te alegran el día, y este es uno de ellos. Situado en Campo San Giovanni e Paolo, no hay viaje en el que paremos al menos una vez. Y por supuesto, todas las que pasamos por su puerta. Nos gusta el ambiente, el local, los brioches, el café, le fritelleimposible pasar de largo y, seguramente, imperdonable.

Café Florián: un clásico entre los clásicos. El café más antiguo de Italia, en plena Plaza de San Marcos. Su interior tiene ese aire antiquísimo y romántico, en el que puedes sentirte como un veneciano más de siglos atrás. Merece la pena hacer una parada y disfrutar de un rico espresso entre sus mesas y paredes acristaladas. En verano, una elegante orquesta ameniza la terraza. Se paga, evidentemente, pero tomarse un café o cualquier otra cosa en el “salón más bello de Europa”, es uno de esos caprichos que hay que darse una vez en la vida. 

Bar Ducale: sin mesas, sin lavabos, sin turistas… este pequeño bar nos encanta porque está en los bajos de uno de nuestros hoteles de cabecera, porque el café está rico, es barato (es más fácil de lo que podáis pensar encontrar café barato) y porque allí es fácil sentirse uno más. Podréis tomaros el café “al banco” porque no hay ni una mesa,  rodeados de los lugareños y de los gondoleros del canal aledaño que entran a calentarse mientras llega su siguiente cliente.

Ballarin: en Canareggio, entre el Puente de Rialto y Strada Nuova. Uno de esos sitios por el que seguramente pasaréis de camino o de vuelta a Rialto desde el Ghetto. Vitrinas atiborradas de dulces donde la elección es difícil… si no es Carnaval. Porque entonces no hay duda: fritelle y cappuccino.

Mercato: en la zona del Mercado de Rialto, otro local diminuto en el que tomarse el café “al banco” por 1€. No tiene nada de particular más allá de nuestras propias vivencias, y es que este es uno de esos sitios que hemos ido visitando un viaje tras otro hasta hacerlo casi nuestro. Por eso lo añado a esta lista tan subjetiva, no esperéis más del lugar.

Nico´s: la “gelateria” Nico aparece en todas las guías turísticas como destino indispensable a la hora de tomar un rico helado italiano. Y os aseguro que no defrauda. El helado es fabuloso y el café, de calidad, a media mañana, se comparte con los venecianos que hacen su pausa antes de volver al trabajo. Si el tiempo es bueno, tiene una increíble terraza flotante sobre el Canal de la Giudecca con unas vistas, a esta isla, de quitar el hipo.  

Martini: en Strada Nuova, junto a nuestro hotel favorito. Curiosamente mantiene un cartel de “puerta estropeada” desde hace más de dos años, desconozco el motivo. En cualquier otro sitio me molestaría, pero aquí… le busco el punto de vista positivo a todo, así que forma parte de su encanto. El café es delicioso y las “fritelle” de Carnaval son de lo mejorcito. Cuenta con una vitrina de pastelitos surtidos y preciosas cajas de bombones y galletitas venecianas de las que podría llevarme una de cada. Algunas veces me dejo llevar por la tentación y pico alguna cosilla… me vuelven loca las cajas-lata.

Le Café: en Campo Santo Stefano, frente al “cagalibros”, es otra de esas cafetería – pastelería con preciosa vajilla de porcelana, vitrina a rebosar de dulces y personal de sonrisa permanente. Si nos alojamos en San Marcos nos acercamos más de una vez. Si lo hacemos en Santi Apostoli u otro lugar, paramos cuando pasamos por la puerta en alguno de nuestros paseos. Aquí siempre encontraréis lugareños charlando o leyendo el periódico. Me encanta el ambiente de camaradería que hay.

Tonolo: otro de nuestros TOP. No importa que no se encuentre en nuestra ruta. Este es uno de esos sitios a los que ir de propio. De toda formas, seguramente pasaréis por él de camino o de vuelta a Santa Margherita. Deteneros. El café merece la pena, y la vitrina de pastelitos, brioches y exquisiteces varias, invita a organizar allí una bacanal.  

Pero si no os pilla de paso cualquiera de estos sitios, no os preocupéis. Como os digo, es muy fácil tomarse un café de calidad a cualquier hora del día en esta preciosa ciudad. Una recomendación: el cappuccino se toma solamente hasta medio día, así que a partir de entonces, probad el macchiato (nuestro cortado) o el espresso (café solo, muy corto). Y por supuesto, acompañadlo de todas esas delicatessen que encontraréis esparcidas por la ciudad. Pura gula…

Rosa Salva

En el Campo San Giovanni e Paolo, se encuentra una de nuestras cafeterías favoritas y una de las visitas indispensables en nuestros viajes a Venecia. 

Se trata de la pasticceria Rosa Salva, cuyo café es espléndido, servido en bonita porcelana pintada de azul y su vitrina de brioches, pastas y pequeños bocadillos no os dejará indiferentes. Los precios son más que asequibles: el café entre 1,10€ y 1,50€ según cómo lo pidáis y los brioches en torno a los 2,00€ e incluso menos. 

Solemos parar aquí en nuestro camino hacia Fondamenta Nuove, donde cogemos el vaporetto que nos llevará a Burano. Pero además, aunque no vayamos hacia la Fondamenta, siempre encontramos un momento para atravesar su encantadora puerta de madera y cristal y dar rienda suelta a nuestra gula con los manjares expuestos en las vitrinas. 

Si el Carnaval está cerca, tienen de las mejores fritelle de la ciudad, con rellenos diferentes a cuál más apetecible. A mí me encanta de crema, a Antonio de Savaione. En cualquier caso, debéis probarlas si estáis en Venecia en las fechas pre-carnavaleras y también durante la celebración del mágico Carnaval.

Dispone de un saloncito con pequeñas mesas de sobre de mármol y pie de hierro, que suelen estar ocupadas de ociosos a media mañana o durante el descanso de la tarde, cuando las tertulias con amigos toman el relevo a la jornada laboral. Pero el lugar se presta a tomar el café en la barra, “al banco”, en una rápida parada para continuar el paseo o la jornada porque así podéis observar el devenir de los parroquianos. 

Rosa Salva es toda una institución en la ciudad, presente en la restauración desde 1879, y un sitio que no debéis perderos en vuestra visita a Venecia. Después del café, en el Campo San Giovanni e Paolo (Zanipolo en dialecto veneciano), podéis pasar un rato disfrutando del ambiente y de sus tesoros, ya que el canal que lo bordea le confiere una serenidad que enlaza perfectamente con el resto del conjunto: la impresionante Basilica di San Giovanni e Paolo, la estatua ecuestre de Colleoni y la magnífica fachada del Ospedale Civile. 

Y si el tiempo lo permite, un ratito sentados en un banco del Campo, os hará sentiros parte de la vida diaria de la ciudad. Si nos encontramos por allí… nos tomamos un café?, para mí, expreso, “al banco” y sin azúcar.

Dónde comer y beber en Venecia

En Venecia, como en el resto de Italia, hay muchos tipos de establecimientos donde tomar un buen vino o disfrutar de una excelente comida.

Para que os resulte más fácil saber qué encontrar en cada uno y elegir dónde deteneros, en esta entrada voy a intentar ayudaros a distinguirlos y, ya que estoy en ello, os recomendaré algunos de mis favoritos.

BACARO

Un bacaro es un bar de vinos, típico de Venecia, en el que se suelen servir, además de una extensa oferta de vinos locales y regionales, los cichetti, las típicas tapas venecianas que consisten habitualmente en fritos diversos o pequeños crostini (tostada de pan) con ingredientes variados encima.

Entre mis favoritos están la Cà D’Oro alla Vedova, en Canareggio, Al Bottegon (o Cantine del Vino Gia Schiavi) en la Fondamenta Nani y Al Mercá y All´Arco junto al Mercado de Rialto.

ENOTECA

Una enoteca es, principalmente,  una bodega. Es posible que ofrezcan alguna tapa para acompañar los vinos pero nada muy elaborado o de alto nivel.  A las enotecas se va a beber vino y os aseguro que no saldréis defraudados.

Sin duda, tenéis que probar Ai Artisti en Fondamenta della Toletta; o la Cantina Do Mori junto al Mercado de Rialto.

BAR

Es análogo al establecimiento español y en él, podéis tomar bocadillos y sobre todo beber café o tomar el aperitivo al mediodía o por la tarde.

Entre mis favoritos, el Bar Orange en Campo Santa Margherita, el Bacaro Jazz, al pie del Puente de Rialto y Il Mercante frente al Campo dei Frari.

Il Mercante

OSTERIA

Las osterie provienen de las antiguas posadas o fondas que se encontraban en los caminos como sitio de descanso donde beber y comer algo sencillo y poder pasar la noche. Eran establecimientos humildes en los que el vino era fundamental e imprescindible. Actualmente una osteria es un lugar popular, que se diferencia de las trattorie por ofrecer, principalmente, vinos de la región y más exclusivos, junto con algunas tapas o platos de pasta para acompañarlos.

Algunas de mis favoritas en Venecia son: Osteria Giorgione en Dorsoduro, cerca de la Ca D’Oro y Osteria Al Squero en la Fondamenta Nani.

TRATTORIA

Las trattorie son locales, generalmente de regencia familiar, en los que se cocina comida casera local a precios económicos, con un servicio cercano y sencillo. Podríamos asemejarlas a nuestros mesones. Los vinos ofrecidos son también de cercanía y servidos, generalmente, a granel es decir, en botellas de boca ancha y vasos pequeños. La gran diferencia con un ristorante es el ambiente familiar y popular.

Antipasti de Gatto Nero

Me gustan Trattoria Alla Rampa, en Via Garibaldi en Castello y nuestro lugar imprescindible: la Trattoria Al Gatto Nero da Ruggero en mi adorada isla de Burano.

RISTORANTE

Como en España, un ristorante es aquél lugar en el que se sirven bebidas y comidas algo más elaboradas que las de una trattoria. El servicio también es más organizado y suele haber un maitre y un chef. En los restaurantes no suele haber pizzas, salvo turísticas excepciones, sino platos y menús más elaborados para comer a la carta o de menú del día.

En Venecia son fantásticos el Ristorante Al Theatro, junto a la Fenice y Al Covo, muy cerquita de la Piazza San Marco.

PIZZERIA

Como su nombre indica, la pizza es el producto estrella en las pizzerías. Encontréis a montones con diferentes calidades y tipos de masa e ingredientes. La pizza en Italia es una institución y en Venezia no iba a ser menos. Podéis tomar la pizza en el local o cogerla para llevar. Algunas tienen entrega a domicilio.

Entre mis favoritas Pizza Al Volo en Campo Santa Margherita y Pizzeria L´Angelo junto a Campo Santo Stefano .

Además de las pizzerías, es bastante común una combinación pizzería-restaurante o restaurante-pizzería. La diferencia es que en el primer caso, la pizza tiene gran importancia en el local y hay otros platos básicos de cocina, principalmente pasta y algún segundo plato con postres básicos. En el segundo, sin embargo, la cocina es algo más profesional y elaborada pero, además, se ofrecen pizzas que se cocinan fuera de la cocina, en un lugar habilitado para ello, con un horno de leña normalmente y a la vista del comensal.

Para probar, Ristorante Pizzeria Al Sportivi en Campo Santa Margherita, y Pizzeria Ristorante Ai Botegi junto a Rialto.  

PANINOTECA

Un panino es, básicamente, un bocadillo. En Venecia encontraréis muchos locales abiertos a la calle en los que la oferta de estos panini es amplia, tanto en los tipos de pan (involtini, focaccia, pan de molde, de semillas…), como en los rellenos (ensaladas variadas con quesos, embutidos, atún…). En estos establecimientos, además de los panini, se ofertan bebidas para acompañarlos y se pueden tomar en el propio local o llevároslo para comerlo fuera.

Me resulta difícil recomendaros alguno porque hay cientos y seguramente hay sitios con una variedad y calidad estupenda que desconozco y porque quizá, por el tipo de comida tan sencilla, no merezca la pena moveros buscando uno en concreto. Sin embargo, si os topáis con él, probad los panini que tienen en el Bar Ducale, entre Giglio y San Moise. A mí me encantan y le tengo un cariño muy especial al sitio por diversos motivos.

Estos son los principales establecimientos que os encontraréis en Venecia, aunque hay otros también típicos en Italia que no veréis tan a menudo en esta ciudad como las rosticcerie (en las que se vende la comida preparada para llevar) o las “tavolacalda o fredda que hacen mención a la temperatura en la que se sirven las comidas (generalmente para comer rápidamente como bocadillos, ensaladas o platos de pasta y pizza).

Como veis, la oferta es amplia y para todos los gustos y bolsillos, así que no tenéis excusa para comer y beber bien en la ciudad. No en vano la gastronomía veneciana ocupa un lugar especial entre la ya de por sí ensalzada gastronomía italiana. Y es que los venecianos saben bastante del buen beber, del buen comer y de disfrutar de ello. Hasta tienen una expresión para referirse a ello, “far bacará” de donde proviene precisamente el término bacaro y que significa “ir de fiesta” en dialecto veneciano.  

Estad atentos al blog porque, en breves, os mostraré en otra entrada muchos más de nuestros lugares de cabecera, los que solemos visitar para tapear, comer, tomar un ombra o una copa y que no debéis perderos en vuestra visita a la ciudad.

Il risotto

La gastronomía veneciana es rica, amplia y variada, fruto de esa mezcolanza de culturas, civilizaciones y poblaciones que la han habitado y dejado huella desde siglos inmemoriales.

Como resultado, existen multitud de recetas con base en los productos autóctonos, pero también con mucha influencia de la tradición de la Serenissima.

En la cocina veneciana

En toda Italia la gastronomía es una maravilla y en Venecia, los platos y caldos de la ciudad en particular y de la región Véneta en general, son toda una experiencia que merece la pena descubrir. Cuando estéis en Venecia, la ineludible tentación será comer pizza, pasta, helados… Hacedlo. Las propuestas son innumerables y, salvo excepciones, todas de una altísima calidad. Pero la cocina veneciana es mucho más: baccalà mantecato, sarde en saor, risi e bisi, seppie al nero o risotto, son platos que no debéis dejar de probar antes de partir.

Desde nuestro primer viaje, en cada uno de ellos, cargamos nuestra maleta de vuelta con las especialidades venecianas que luego nos permiten disfrutar de alguno de esos platos en casa. Y entre esos manjares que meto en la maleta no puede faltar arroz para hacer risotto.

Arroz para risotto

El risotto es mi especialidad en la cocina y cocinarlo lo convierto en todo un acto íntimo y trascendental: abro el vino, siempre blanco, con el que voy a cocinar, me sirvo una copa y me recreo mientras preparo el resto de ingredientes.

El ingrediente principal, por supuesto, es el arroz. El arroz que debe usarse para hacer un buen risotto es un arroz de una calidad especial, de unas características tales que permite que el caldo de cocción penetre en él mientras suelta el almidón para darle ese punto cremoso sin que llegue a estar pastoso. En casa, nuestro favorito se hace con un buen caldo de pescado al que le añadimos gambones al retirarlo del fuego, para que se hagan con el calor residual…delicioso. Pero la variedad de risotti diferentes que podéis preparar es infinita, así que dejaros llevar por la imaginación y probad a cocinarlo.

El arroz usado para hacer risotto es de grano corto y duro. Se utilizan las variedades Carnaroli, Arborio y uno típico del Véneto, la variedad Vialone Nano, cultivado en el norte de Italia. Este último es ideal para mi gusto, pues consigue que el risotto quede fluido y mantecoso y permite comerlo con tenedor. Hay una expresión para describirlo: “all’onda”. Se refiere a que al deslizarse por el plato inclinado, el arroz forma una especie de ola.

Cuando termino las existencias que me he traído de Venecia, uso Carnaroli. No es tan espectacular el resultado pero está también muy rico. Es España el más fácil de conseguir es el Arborio, pero no me gusta mucho porque no aguanta la cocción como los otros dos y puede romperse el grano.

Risotto alla Buranella de la trattoria “Al Gato Nero” (Burano)

Además del arroz, para hacer un buen risotto, la base es un buen caldo. Puede utilizarse de lo que queráis, en función del resto de ingredientes, pero es fundamental que esté hirviendo cuando se añada a la cazuela, porque en caso contrario, podría cortar la cocción del arroz y echar a perder el plato. El caldo se debe ir incorporando al arroz poco a poco, a medida que éste va absorbiendo el líquido, y no debéis dejar de remover con una cucharada de palo y mucho cuidado para no romper el grano, para que el almidón del arroz haga su función. Yo utilizo una cuchara de madera con un agujero en medio para facilitar el paso de los granos al moverlos sin que sufran demasiado. Unos 15-18 minutos de cocción serán suficientes.

Os dejo la receta de mi risotto favorito, probadlo y os haréis incondicionales de él. Y si no, también podéis ir a Venecia y comerlo allí…los pescados de la laguna le dan un toque peculiar y las propuestas son muchas. Un buen vino blanco de la multitud de ricos caldos del Véneto o en su defecto cualquier otro de buena calidad y será una comida perfecta. ¿Os animáis a cocinarlo?

Risotto marinero

Ingredientes para 4 personas:

  • 350 gramos de arroz para risotto, preferiblemente Vialone Nano
  • 1,5 litros de caldo de pescado aproximadamente
  • 1 cebolla mediana
  • Aceite de oliva
  • Vino blanco seco
  • 20 gramos de mantequilla
  • 20 gramos de queso parmesano
  • 8 gambones o los que deseéis por persona
Mise en place

Ponemos a hervir el caldo en un cazo y lo mantendremos así durante todo el cocinado. En una cazuela o sartén ancha de fondo grueso (mejor si es de hierro fundido, que reparte muy bien el calor), calentamos el aceite, añadimos la cebolla picada fina y pochamos.

Cuando la cebolla esté transparente, añadimos el arroz y lo mezclamos bien, hasta que se torne translúcido. Entonces regamos con un chorrito de vino y, sin dejar de remover, dejamos que se evapore.

Si el caldo de pescado utilizado es de calidad, seguramente no os hará falta sal. Yo no le pongo. Pero si queréis usarla, este es el momento de salar el risotto.

Añadimos un cucharón de caldo y removemos con frecuencia hasta que se evapore. Continuamos añadiendo caldo a medida que éste se absorbe. Pasados 15-18 minutos el risotto estará listo.

Lo retiramos del fuego e incorporamos la mantequilla y el parmesano mezclándolos enérgicamente para mantecarlo, es decir, para darle ese punto mantecoso característico. Añadimos los gambones pelados, tapamos y reposamos 2 minutos. Listo para deleitarnos.

A comer!

Le fritelle

Una de las ventajas de ir en invierno a Venezia, es poder disfrutar de las fritelle. Durante el Carnaval, y las semanas previas, las veréis por toda la ciudad junto con otros dulces y bebidas típicos de estas fechas.

Se trata de una especie de buñuelos, una masa de huevo frita con variados rellenos de crema, chocolate, pasas o zabaione que, por un precio medio de 1,50€, podéis encontrar en cualquier pastelería o cafetería. Las hay de mejor y peor calidad como en todo, pero allá donde las comáis, no os dejarán indiferentes.

Hay momentos en la vida que no tienen precio, ya lo decía un conocido anuncio televisivo. Y uno de ellos es ese en el que llegamos a Venezia y, sin siquiera dejar las maletas, tomamos el primer cappuccino, de muchos que vendrán durante los próximos días, con la “fritella” de rigor. Ritual, tradición, llamadlo como queráis, pero produce en mí una especie de catarsis que marca el comienzo de unos días en los que me abandono a la glotonería con avidez, es uno de esos momentos imprescindibles e imperdonables.

Estos buñuelos, que se cocinan y se venden por las calles desde los tiempos de la Serenissima, se comen en todo el Véneto y también en la región de Friuli. La fritella típicamente veneciana no lleva relleno sino que contiene pasas o piñones, fruta confitada y azúcar glass. Pero en los escaparates veréis una gran variedad de ellas, para poneros difícil la elección. Mi favorita es la rellena de crema y la de Antonio la rellena de zabaione (una crema de huevo con vino, a medio camino entre las natillas españolas y una mousse). ¿No se os hace la boca agua? Pues si queréis probarlas, ya sabéis, el próximo viaje a Venezia, intentad que coincida, si no con el Carnaval, al menos con las semanas precedentes.

Como os digo, las venden por toda la ciudad en pastelerías, panaderías y cafeterías, pero os recomiendo que no dejéis de probarlas en nuestros imprescindibles: Tonolo, en las proximidades de Campo Santa Margherita; Rosa Salva, en Campo San Giovanni e Paolo;, Le Cafè, en Campo Santo Stefano; Rizzardini, en San Polo y Ballarin, cerca de Rialto. Os aseguro que no os defraudarán y si, a la vuelta, las añoráis aquí os dejo la receta para que sorprendáis a vuestros amigos y familiares:

Ingredientes para 6 personas:
400 g de harina, 100 g de uva pasa (podéis sustituirlo por cualquier otro relleno, al gusto), 1 cuchara de azúcar, 2 huevos, 1 vaso de leche, 1 vasito de ron, 30 g de levadura de cerveza, sal, aceite de cacahuete para freír (o de girasol si no lo encontráis), azúcar en polvo.

La elaboración es sencilla: lavad las uvas pasas y dejad que se hidraten en agua tibia. Desmigajad la levadura en una taza y disolvedla con 3 cucharas de agua tibia. Tamizad la harina en una taza y mezclad todo con azúcar y una pizca de sal. Colocad la masa en una fuente y añadid los huevos, el ron y la levadura diluida. Mezclad todos los ingredientes y añadid leche tibia, lo necesario para obtener una masa densa, y después colad las uvas pasas y secadlas. Cubrid la fuente y poned la masa a fermentar en un lugar tibio, hasta que doble su volumen. Poned en el fuego una sartén con bastante aceite para que los buñuelos floten dentro; cuando esté muy caliente, echad la masa a cucharadas. Cuando estén dorados, sacadlos del fuego, escurridlos sobre papel absorbente y espolvoreadlos con azúcar glas.

Ya solo os queda disfrutar de este manjar con un buen vino dulce o un espumoso y me contáis que os han parecido.